“ Si supiéramos por adelantado las intenciones del enemigo, lo venceríamos siempre con un ejército inferior al suyo ”. Federico II condensa perfectamente el objeto del espionaje, a pesar de que éste y su arte, no sólo contemplen la posibilidad de conocer las intenciones del enemigo. La movilización de unidades dependerá de las expectativas y visos que adivinemos en el adversario, pero también, cuestión que no es baladí ni mucho menos, que malinterprete nuestras intenciones en el campo de batalla como ocurrió en la operación “ carne picada ”, le llevará a gastar sus recursos donde no son necesarios y en flancos que no van a ser atacados. Tampoco dijo nada Federico II acerca de los fantasmas propios ni de las guerras intestinas que se libran en el interior de los distintos servicios de espionaje. En este caso, los movimientos se han de medir y como el ajedrecista, ser muy sutiles. Fue en un entorno de celadas internas, donde sobrevivió mucho tiempo el almirante Wilhelm ...
Un viaje por la historia y la cultura