Las películas de los Hermanos Marx están asociadas a deliciosas jornadas vespertinas de cine, en las que las cintas de humor de estos genios despertaban nuestras sonrisas y alguna que otra carcajada. Una vida en la que el humor traspasaba el celuloide - hay humoristas que cuando bajan de las tablas transforman su rictus en serio, no es ni mucho menos el caso que nos ocupa. Porque Groucho Marx, que fue una auténtica celebridad, se había convertido en el embajador del Séptimo Arte y participaba en largas recepciones donde se encontraba con personajes de lo más variopinto. Así, de esa guisa disfrazado de sí mismo, le espetó un conocido dictador que había visto todas sus películas. El tirano no se parecía a los retratos rejuvenecidos pero repasó su filmografía airosamente. Hasta que la conversación desembocó - se había aferrado a su codo y no dejaba a Groucho desprenderse - a los parabienes de la patria. Entonces el dictador dijo campanudo.- En mi patria somos todos muy machos...
Un viaje por la historia y la cultura