L os rieles del bigote del severo padre temblaron llenos de enojo. Estelle King le había rechazado, a pesar o precisamente por eso, pues habían convenido que se amarían en el resto de sus reencarnaciones, cuando paseaban por el estanque de la residencia familiar. - Fuimos egipcios, luego griegos y nos amamos, aunque ninguno de los dos lo supíéramos, Estelle. -Le dijo Robert Gilson , aún medroso y helado de la emoción por el reconocimiento de un sentimiento mutuo. Pero reverberaron las quejas de Wilson King , un cónsul americano retirado, padre de Estelle, porque le habían acogido con gran cariño, y de manera artera había seducido a su hija. Gilson le trató de convencer de la pureza de sus sentimientos, como si se tratase de un caballero de la vieja Nínive. Aunque estaban en Birmingham y era un simple alférez, con un futuro por labrarse. Humilde como un esquilador de ovejas sumerio, o un barbero en la antigua Istar, repuso el ex cónsul. Hablaban padre y el j...
Un viaje por la historia y la cultura