S u vida en las últimas semanas se había convertido en una completa farsa. Revelaciones habían arrojado luz o más bien tinieblas, sobre lo que creyó todo un cuento de hadas. Lucinda, una alemana rubia y de grandes ojos soñadores, trabajaba en la sala de cifrado del Ministerio del Exterior de la República Federal. Pero no podía creer la pesadilla en la que se había tornado toda su existencia, cuando desapareció Michael, su marido. Se miró otra vez en el azogue del espejo como si una veta de realismo brotase de cada una de sus facciones. El cartapacio y los pantalones oscuros de franela de él, seguían allí. Angela además, le había dado mala noche, pues le estaban saliendo los dientes. Un billete de cien marcos de la RDA - Espera, déjame que se lo diga yo.- Se le había acercado la tarde anterior, Peter, un compañero del Ministerio. Le tocó el hombro, para darle una carpeta en la que se desenmascaraba a Michael. Cámaras y micrófonos ocultos, legajos en los que aparecía su no...
Un viaje por la historia y la cultura