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Mostrando entradas de agosto, 2016

Vetustos tangos de arrabal

Numerosa tinta ha destilado el tango con sus polémicas de arrabal, esparcidas en dominicales que lectores hojean desde la distancia,  con labios aparvados de asombro.Añadamos las cuitas entre seguidores de cantantes, que minusvaloran al presuntamente adversario - donde cabe uno no puede estar el otro- y que nos dejan boquiabiertos porque vienen cargadas de hiel. En el tango quizá lleguemos todavía más allá- no es cuestión de Julio Sosa o sólo el "polaco" Goyeneche - hasta denostamos países mientras discutimos por los orígenes de la estrella más emblemática, que reunía todo, una voz coloreada, un semblante de caballero por encima del bien y del mal, como aparece Carlos Gardelen las cintas que llegó a rodar  antes de su trágico final, que conmovió al mundo ( no alcanzó a los suicidios en masa que se produjeron tras el deceso de Rodolfo Valentino, pero Don Carlos era una estrella de proyección global en 1935).

¿Qué nos atrae realmente de esta melodía arrabalera ? Las letras que …

El tamaño sí que importa.

Sin duda una de las parejas eternas de la literatura, trufada de episodios hilarantes, sería la conformadapor Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway. Nos movemos en las arenas movedizas del primer siglo XX y llueven los testimonios sobre este dúo en París era una fiesta; o lumbreras de la metaliteratura como nuestro Enrique Vila-Matas han recurrido al bisturí de su agudeza, para  apreciar la figura y el rostro de Fitzgerald, oculto en alguno de los protagonistas de  los cuentos de Hem. Bien es cierto que otros autores se meten en el cieno freudiano, con el que sacarán a relucir  matices sexuales en la relación de estos dos monstruos . Afirman con rebozo, que entre ellos hubo un amor platónico en ciernes. Más a su favor juzgan la prescripción de Ernest respecto a las limitaciones que una  esposa acaparadora, Zelda, le imponía a su partenaire literario. Ese noray que le amarraba y le impedía despegar en la literatura a una dimensión más acorde con su talento. ¡¡¡ Si se desprendiese de ella…

¡LGM1, nos invaden los marcianos!

A escondidas, las tres figuras masculinas mascullaban soliviantadas qué fin dar a la paradoja que escondía la señal registrada por la antena del observatorio. Les ponía en una complicada tesitura, porque el radioespectro revelaba una frecuencia insospechadamente regular ¿Por qué?  ¿ Y sobre todo qué hacer? Son preguntas que aquella noche les reconcomieron por dentro, y que habían sobrevolado la pieza como fantasmas, sin saber ninguno  a qué atenerse. En cualquier caso, uno de los tres atribulados profesores recordó un viejo adagio de los astrónomos en cuanto a  que una repetición de la señal es algo excepcional, dos un hecho prodigioso pero tres un fenómeno imposible. Se habían quedado sin palabras, puesto que el pico en la gráfica se repetía con la misma frecuencia, un segundo, y eso sólo podía significar que era emitida por un ser inteligente, desde el otro lado del espacio. El más joven de ellos, con los ojos llorosos por el escozor que le produjeron el humo de los pitillos, sugiri…