Igual que en una ratonera elevo confuso mis pensamientos de tarde cenicienta, y con redobles metálicos. En el horizonte se barrunta tormenta, nubes de evolución como dice la mujer pimpolluda del tiempo . Algo me reconcome, un halo metafísico que se interpone para volver a las filosofías, que ruedan en mi cabeza nimbada de estrellas. Es entonces, que me asaltan unos versos de Charles Simic (1) . Y es que nos ponemos tristes en cuanto pensamos, ¿es esa nuestra enfermedad de hombres como afirmaba Nieztsche ? ¿Tener conciencia de nuestra propia existencia? Mis pisadas albergan un aliento impreciso en el parque espinariego de Cipriano Geromini , me deslizo de todas formas por su alfombra de polvo en la que los jacintos sueñan con flotar. Mientras, mastico los versos de Charles Simic. Extracto de C arta Queridos filósofos: me pongo triste cuando pienso. ¿A vosotr...
Un viaje por la historia y la cultura