U n joven al que los barros se le acumulaban en la frente, algo corcovado, acudía a la guerra con las esperanzas y ensoñaciones homéricas tan típicas de la época. La Ilíada y la Odisea , sus libros preferidos, ejemplares ajados de tanto manosearlos, le transportaban como un héroe más de las epopeyas griegas, a campos de batalla del siglo XIX. A su madre más escéptica y terrenal, le dolerá que su hijo parta a la barbarie. Aunque le encomendó para que siguiera las órdenes de sus superiores, puesto que para la familia era mucho peor una retirada llena de oprobio, que una muerte digna. - No te queremos recordar por actos de cobardía. - Balbució entre sollozos la irredenta fémina. - ¡Cosa de mujeres! - Se repitió nuestro héroe, con gran convencimiento, cuando observó el rostro afligido y arrugado de la madre, por el que asomaban las primeras canas. Pero él, más allá de la sensiblería materna, se imaginaba tan invencible como Aquiles o Héctor. A su...
Un viaje por la historia y la cultura