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Mostrando las entradas etiquetadas como Rubén Darío

Lorca y la Xirgu, amor en la escena.

  A rdía en celos, sobre todo de incomprensión. La diva lo habría querido para ella sola, pero le constaba que coqueteaba con la Membrives . Bodas de sangre debía haber figurado en su repertorio y por el contrario, su querido  Federico García Lorca  se la había vendido a la compañía de Josefina Díaz . Entretanto, el bonachón de Josep, su marido, renegaba con indulgencia sobre cualquier motivación oscura,  que llevase a Federico a hacerle un gran vacío.  -Margarita, querida, si le quieres, déjale ir. - Y con tono doctoral. - No hay ninguna conspiración en contra tuya por parte de nuestro Federico.   - Si, pero desde aquello.  La grandísima Margarita Xirgu. La diva del teatro dejó que sus ojos aguados, se bañasen en añoranzas. Esa obra imposible, con tantos saltos en el tiempo, un jugador de rugby.   Su sexto sentido le decía que la cuita   tenía su origen en ese bodrio: Así que pasen cinco años . Una acción que botaba en el tiempo y c...

El cerebro del bardo Darío.

¿D ónde está mi cerebro, desgraciado? - El interrogado le rondaba con el escalpelo sanguinolento, cortes allá y acullá, esto es, el Principe de las letras  castellanas había cogido infraganti al Doctor Luis H. Debayle , que solemne había proclamado unas horas antes :¨ ¡ Aquí está el depósito sagrado!" (1) Acababa de hacerle la incisión que levantó el tapete de pelos de la crisma, y el cholísimo , que había sido siempre muy coqueto, le resultó patético de esa guisa, por lo que el forense hubo de dominar una hilaridad, que le invadió a oleadas. Se hubiese muerto otra vez pensó, ya que si cualquier fémina entrase por la puerta de la morgue, y se topase con el cuerpo desmembrado, ni un poema le habría sacado del trámite. Porque el señor Rubén Darío  llevaba a gala la fama de seductor gracias a sus poemas inigualables, pero no le acompañaba un físico rechoncho y panzudo. Tanto que mientras el equipo de medicina forense de Debayle hacía la descripción previa a la autopsia, les pa...

Cafés de Madrid, parlamento y cuna de literatos.

S e sumaron varias mesas para recibir a la plétora de nuevos poetas entre las brumas de tabaco del Colonial . Con un fino bozo, albergaban sus congojas más secretas, en peregrinación a mendigar un veredicto de aquel tipo extraño, que parecía un chambón debido a su larga estatura. Más alto que la torre Eiffel, solían decir sus coetáneos, al divisarle con sus morosos trancos en el Paseo del Prado, mientras peroraba con un Borges , iniciado en los misteriosos mundos de la literatura gracias a él, Rafael Cansinos Assens . ¿Se habría inspirado el bonaerense en aquellos lejanos paseos por el Madrid del veinte, para escribir la parábola de la tortuga y Aquiles? El propio autor de Ficciones que se reconoció  mal versificador, se empapó en cualquier caso de la sapiencia del fundador del ultraísmo y hasta perpetró unos pésimos versos ultraístas, que había escondido para dejar inermes a sus críticos más acerados, pero que en su visita homenaje del 85 en el Centro de la Villa, había confes...