Ir al contenido principal

Oteros del dolor


Cuando el dolor se retrepaba deletéreo en mis huesos y me carcomía por dentro como las termitas, me vinieron las imágenes de Fatty, uno de los primeros actores en  besar el Olimpo del celuloide y en probar también, la amargura de su desdén. Evocaba entonces de manera tortuosa su celebridad, que habría de exaltar incluso a un iconoclasta como Lenin. El padre de la Revolución de Octubre que no creía en el individuo y sí en quimeras orgiásticas colectivas, quiso conocerle en persona cuando se enteró de que se hospedaba en el mismo hotel. Cuenta Jerry Dahl en Yo, Fatty, que la tiesura que siempre adornaba el semblante del revolucionario, se desvaneció en una sonrisa al observar a  aquella mole cerca de él. “ Con qué es él” debió pensar el sátrapa, el mismo saco de michelines y curvas que le hacía desternillarse con sus piruetas en la pantalla. "Más alto de lo que pensaba" seguiría  Vladimir  esbozando sonrisas, por un momento risueño y enternecido por el viaje inesperado a la infancia ,que le propició dicho encuentro



Magnífica elegía a una estrella repudiada,
de Jerry Stahl. Gentileza Ed. Anagrama


 Así  Dahl da con el tono de la biografía novelada en torno a la figura de este gigante, y discurre por los años de los pioneros del celuloide. Con anécdotas como la de Lenín va bosquejando la personalidad del primer actor de talla internacional; escarba en la psique como recurre al diálogo interior de Fatty, para pergeñar una de las piezas literarias y de cine más conmovedoras de los últimos años ( en cierto modo recuerda por su dureza a los ídolos convertidos en marionetas de sus propios vicios de la clásica Hollywood, Babilonia del cineasta Keneth Anger). Con su fábula psicológica, nos metemos en el terno de un adulto marcado por una infancia  en la que había predominado el miedo cerval a la figura paterna. Un Fatty joven que por este motivo deambula en compañías y triunfa en el vodevil (este hecho le unirá singularmente a Buster Keaton y Chaplin, que comenzarían en la tierna infancia en el espéctaculo de variedades y music hall).Al mismo tiempo, Roscoe Arbuckle comienza a sufrir el tormento derivado de una mala salud: la espalda y las rodillas son un endeble sostén para cientocuarenta kilos de humanidad. 


Chaplin y Fatty, compartieron cartel y amistad
Cortesía de Wikipedia.

Poco después,llega a un cine por supuesto mudo, con unos cineastas que como describe Jerry Stahl buscan contenidos, por lo que se apostaban pacientemente  en las estaciones de bomberos o de policía en pos de una secuencia trepidante, con la que saciar el ansia de metraje de las productoras de cine.Eran lugares donde la realidad tenía más posibilidades de hervir y proporcionar escenas de tropezones que despertaban la hilaridad del público. Podemos deducir de las páginas de Yo, Fatty, que se improvisaba en grado sumo puesto que los primeros guiones eran bastante simples y consistían en una serie de gags, con recursos primarios como el slapstick, que nos remiten a este cine prístino, sin casi elaboración.  Pero hemos de decir, que nunca estuvieron la ficción y la realidad más tenazmente entreveradas.En este entorno creativo donde las ideas caían del cielo o se hallan tras un incendio estrepitoso, Arbuckle se lanza en una carrera hacia el éxito casi imparable.

Como casi siempre, las dos almas de América salen a su encuentro y desfiguran al nuevo ídolo  a raíz de una juerga con un final dramático.  La América más pacata entrevé una oportunidad de escarmentar a la amoral industria del cine, y toma como chivo expiatorio a un Roscoe Arbuckle, cuya estrella declinará  es verdad, tras una muerte acaecida en circunstancias muy poco claras. La víctima, una hermosa  meritoria a actriz, llamada Virginia Rappe,  acude a una de esas fiestas que acababan en orgías, y muere al cabo de tres días de peritonitis. A Fatty se  le acusa de homicidio involuntario; son sin embargo, los detalles escabrosos y la depravación  moral la que va a condenar frente a la opinión pública al que antaño fue su ídolo. No hay testimonios claros respecto a la causa de la muerte de Rappe, pues éstos cambian, se enredan, así que la prensa arroja distintas luces antagónicas,que acrecientan la ceremonia de la confusión en la que se tornó el juicio. Algunas versiones afirmaban que a la pobre muchacha le causó el estropicio el enorme peso de Fatty, mientras realizaban el acto sexual. Otros testimonios de una prensa amarilla naciente, hablaban de que la introducción en la vagina de una botella de champagne o de Coca Cola tuvo como consecuencia la rotura del peritóneo. Correremos un velo sobre los detalles que desconocemos, porque sería conjeturar en vano.




Virginia Rappe, la desgraciada muchacha,
que murió en una trágica fiesta. Cortesía Wiki.


Randolph Hearst, el magnate de la prensa que atisbamos en la obra de Welles, Ciudadano Kane, no dejó pasar el escándalo para iniciar una cruzada ética contra la Meca del cine ¿De fondo, una carrera política en ciernes o el mero ejercicio del poder? Quizá la estupidez de los valores que cuando se convierten en una andanada contra un individuo concreto, se revelan como tremendas injusticias. Es en realidad el alma de la urbe angelina, depravada, la que se sienta en el banquillo y pese a la absolución del gordinflón, este escándalo pesará sobre su popularidad.El acrobático Roscoe es reprobado por el gran público que se apiada de la desventurada Virginia.  Sólo su amigo Buster Keaton le recuperará en papeles de cierta importancia. Oficiosamente la Oficina Hays, que aglutinaba a la patronal de productoras de cine, no había condenado al ostracismo a Fatty, sin embargo, su postergamiento fue real, pues el sacrosanto público había pasado con el grueso actor de la risa a la mueca desangelada, azuzada por las filípicas moralistas de los medios de Hearst. 


Pero los coqueteos de Roscoe Arbuckle con las drogas habían comenzado mucho antes, no son sobrevenidos por sus escándalos.El verdadero calvario, si acaso como le sentenció una de sus esposas, no fue verse languidecer en el fondo de una botella por una carrera que nunca saldría de la vía muerta, sino las dolencias de su espalda, que habían empezado a una edad muy temprana.  En aquella época el viaje al sufrimiento tenía paradas forzosas como la heroína, que venía a sustituir paradójicamente a la morfina,que se consideraba más adictiva. El cuadro de un maquiavélico dolor ,que se transmite y trepa al cuello, baja a las rodillas,infunde al orondo intérprete-según las crónicas, el primero en cobrar el millón de dólares anuales- de miedos que le retrotraen a la funesta infancia . Dolor físico y espiritual, que de este modo sobrevoló por mi lecho asido al fantasma de Fatty y del sufrimiento humano. Con Stahl viajamos a la íntima geografía del padecimiento, a los oteros del dolor, que nos devuelven el recuerdo de un enternecedor Roscoe Arbuckle, al que sus sufrimientos le redimen.


El moralista Hearst. Cortesía Wikipedia

Comentarios

  1. Hola, Sergio. Muy interesante entrada sobre este actor de cine mudo del que poco sabía y del que poco he visto. De Keaton y de Chaplin, así como de Lloyd, pude ver bastantes películas, pero de Fatty, no. Terrible ese suceso acontecido con la joven y desafortunada Virginia Rappe, cuya funesta realidad posiblemente sólo conocieron ellos. Y sobre Hearst, entiendo muy bien que Orson Wells lo ridiculizara en Citizen Kane, bien merecido se lo tenía.
    Comparto con sumo gusto tu interesante artículo y aprovecho para despedirme, porque el tiempo no me llega ni para escribir en mis blogs y ni siquiera para terminar de preparar mi libro, así que he decidido no efectuar lecturas durante un tiempo aún por determinar. Seguiré entrando por mis blogs, cuando pueda escribir algo, y por G+ para poner algún enlace, porque eso es cuestión de un minuto, pero ya he avisado también al resto de personas que seguía de esta decisión que he tomado porque ya no me quedaba más remedio. Te dejo un fuerte abrazo y mis mejores deseos, Sergio.

    ResponderEliminar
  2. Un abrazo y muchas gracias por los comentarios.Espero que como Proust,encuentres tu tiempo perdido para retomar lo que mejor haces,escribir poesía.La de Fatty es una historia triste,marcada por una infancia desgraciada y unos intensos dolores que le convirtieron en un adicto.Luego su carrera profesional,de un éxito rotundo a casi proscrito llamó la atención de actores como Di Caprio que creo que tiene en mente llevar su vida al cine.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Los comienzos del más grande

El micrófono valorado en más de un millón de dólares>> secretaba el televisor, que se hacía eco de un reportaje dedicado a un  cantante muy famoso. Nosotros en el duermevela de la siesta, alzamos atraídos por la noticia un párpado, para que se nos revelasen  las formas del instrumento, pero apareció aquel bulto envejecido. Antaño había producido la dicha en millones de sus seguidoras y  tuvo en el hito del Teatro Paramount, una de sus paradas en el camino de la fama. Aquella noche en cambio, el fenómeno iba a actuar en el Santiago Bernabéu. A todos los italianos les brillaba una sonrisa al escuchar su nombre, pues a pesar de los esfuerzos de su madre, una genovesa que según la leyenda renegaba de su orígenes, Frank Sinatra nunca renunció a aquellas amistades de barrio y a otras más comprometidas y menos recomendables ( Salvatore Giancana, mafioso que controlaba el ocio nocturno en varias ciudades, entre otros).   





Al fin y al cabo, Frankie era un medio italiano surgido de un alfo…

Gardel, la muerte no es el final

Su expresión mudaba con los cirujas, maulas, otarios o perdularios que se aferraban a un viejo esmoquin como brillo de un pasado de éxito, que se perdió en los anales causados por las desdichas.  Se apoderaban de él con nocturnidad en todos y cada uno de sus shows, que le removían las entrañas para dejarlo exhausto. Las minas eran  estrellas inalcanzables,¿ quién no se ensoñó con Madame Ivonne?

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

Aquellos personajes cobraban vida en su interior, y el cieno del arrabal, con las notas sincopadas del bandoneón se convirtieron en poesía. Por eso cuando el avión que les transportaba chocó con otra aeronave antes de despegar en Medellín en el año 1935, segando la vida de Carlos Gardel