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Un vaso de cianuro.

Un vaso con cianuro. Engullirlo y olvidarse de la noticia sobrecogedora. Todo comenzó con unas molestias en la próstata. Para él que había escalado y montado en bicicleta por los lugares más nemorosos de América, el dolor que lancinaba sus partes nobles, requería de una pronta solución. Torvo entornó sus párpados hacia el veneno benefactor. Le ahorraría los padecimientos de un cáncer de próstata. Horacio temía el deterioro y el dolor. Por otra parte, como le recomendó su galeno.- No debería montar en bicicleta, señor Quiroga, porque esa parte la tendrá molesta después de que le hagamos la operación.


De Desconocido - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=39616139
El gran escritor uruguayo, que nos mostró una naturaleza
con una crueldad inusitada y despersonalizada. 

El médico de nariz ganchuda como la de un alcaudón, le miró expectante más allá de sus lentes, sucias. Despaciosamente se elevó.- Si se lo hemos cogido a tiempo tiene cura.- Era una declaración rutinaria, ambos sabían que su enfermedad era terminal - Es un cáncer que padecemos con la edad todos los hombres.-  Triste consuelo, pues el gran escritor uruguayo que creció en la Argentina como autor, había de renunciar al ciclismo, un deporte que aún en fechas tan recientes del siglo XX, practicó con devoción.  La Vuelta a España por ejemplo había comenzado su andadura dos años antes, en 1935, y era verdad que había captado la atención de los aficionados desde el primer momento. Incluso en las Américas se seguían las pedaladas de los esforzados por una abrupta e irregular madre patria. Y el Tour había logrado también notoriedad, con una trayectoria más consolidada desde 1903. En torno a la serpiente multicolor,  como dice el  tópico, se congregaban nubes de seguidores. 

De Desconocido - http://www.guggenheim-venice.it/img/pdf_press/226pdf2_press-material-exhibit-metzinger.pdf Peggy Guggenheim Collection, Cycling, Cubo‐Futurism and the 4th Dimension. Jean Metzinger’s“At the Cycle‐Race Track”, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=27585363
El ciclismo, un deporte aventurero en sus inicios, 
que atrajo al gran Horacio Quiroga

Como sabemos, el gran autor hizo caso omiso de las recomendaciones de su médico - con tratamiento se podría curar, no su caso, por supuesto- y se tomó el vaso de cianuro, para suicidar a la literatura, que siempre le fue tan fiel (1)Horacio Quiroga había sido un tipo de fiereza singular, aventurero, que viajó a cumplir el sueño parisino en primera, para tornar con la cabeza gacha. Aquel bulto convertido en un giróvago de ropas andrajosas, regresó a Buenos Aires, con un pasaje esta vez de tercera, acompañado de emigrantes e individuos de penosa ralea. No había logrado el puesto que reclamaba por su prosa vívida. O sus escapadas a una chacras, que financiaba el estado argentino, con el fin de colonizar tierras indómitas. Pero a todos nos atrajo de este escritor, aparte de representar como decíamos el arquetipo del bohemio aventurero y literario, su maestría proverbial con el cuento. Caracterizado por una nota tanto realista como acre de una naturaleza que resulta ferozmente salvaje. Su prontuario más conocido de relatos, paradigma del modernismo, Cuentos de amor de locura y muerte, nos atrapó con sus historias de horror.  

¿ Quién no recuerda a su personaje que A la deriva, en plena corriente de un río brioso, busca un antídoto contra la picadura de una serpiente? Quiroga nos somete a las vanas ondulaciones de una historia, en la que el lector cree que surgirá un rayo de esperanza insospechado, aunque al final, quién sabe. U otro de esos relatos atroces, en el que un grito espeluznante que no llegamos a proferir pero que nos sobreviene al llegar al final de La gallina degollada. Seguiríamos por sus Cuentos de la selva, con los que rescata la vida áspera de las misiones, ocupada en sobrevivir en un entorno tan hostil. Sus experiencias personales muy tortuosas,  una prosa que discurre vivaz y a la vez angosta, con ecos de Rubén Darío al que veneró y con el que cultivó una hermosa amistad, resuenan en todas sus obras. Asimismo Leopoldo Lugones(2) al que brindó sus desvelos, influyó en la obra de Quiroga.

Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=990567
Quiroga, un joven de melenas aleonadas,
que retornó del sueño parisino
con la cabeza gacha

Aunque su legado fundamental podamos enfocarlo en el cuento americano, se dijo que era en lengua hispana tan referente como Edgar Allan Poe en el ámbito sajón- si nos lo permiten nos gusta más Quiroga- o la admiración que profesó a Guy Maupassant, son constantes en todos sus escritos, pero destacaremos también novelas como Historia de un amor turbio o sus Diarios de París (ambas con claros ecos personales) , que encierran las observaciones de un joven en el que bullía la literatura por sus pupilas. Con fingido desdén regresó a Buenos Aires, porque pagado de sí mismo, el bueno de Quiroga creyó que por su triunfo, la vieja Lutecia habría de caer rendida a sus pies. No fue así. Su victoria, si es que en literatura existen esos términos tan absolutos, llegaría más tarde como sabemos. En cualquier caso, si pronto deben viajar a la selva, o se consideran espíritus demasiado sensibles, no vuelen por las páginas del maestro, tormentosas en grado sumo. Ha habido excepcionales cuentistas que como Cortázar bebieron de estas fuentes de gran riqueza, no obstante, absténgase. No será luego porque no se lo hayamos advertido. La naturaleza no es dulce ni tampoco justa. Sus protagonistas se limitan a sobrevivir, que no es poco.  Es naturaleza al fin y al cabo, como la plasmó el enorme talento de Quiroga.







(1) Uno de los grandes de la literatura argentina, al que una posición política autoritaria, le granjeó enemistades y animadversiones, para arrebatarle el puesto que por su gran talento, merece en las letras de este país.
(2) No sabemos si pesó el suicidio de su padrastro, que cometió el acto de quitarse la vida ante un pequeño Horacio. Cómo se extingue la vida por voluntad propia, debió dejar una mácula en unos ojos tan inexpertos, suponemos.



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