Ir al contenido principal

El cerebro del bardo Darío.


¿Dónde está mi cerebro, desgraciado? - El interrogado le rondaba con el escalpelo sanguinolento, cortes allá y acullá, esto es, el Principe de las letras castellanas había cogido infraganti al Doctor Luis H. Debayle, que solemne había proclamado unas horas antes¡ Aquí está el depósito sagrado!"(1) Acababa de hacerle la incisión que levantó el tapete de pelos de la crisma, y el cholísimo, que había sido siempre muy coqueto, le resultó patético de esa guisa, por lo que el forense hubo de dominar una hilaridad, que le invadió a oleadas. Se hubiese muerto otra vez pensó, ya que si cualquier fémina entrase por la puerta de la morgue, y se topase con el cuerpo desmembrado, ni un poema le habría sacado del trámite. Porque el señor Rubén Darío llevaba a gala la fama de seductor gracias a sus poemas inigualables, pero no le acompañaba un físico rechoncho y panzudo. Tanto que mientras el equipo de medicina forense de Debayle hacía la descripción previa a la autopsia, les pareció que giraban en torno a una montaña. Por eso, ni siquiera se asustó cuando lo que presuntamente era el cadáver de Don Rubén, se incorporó en la camilla del departamento forense.- ¿ No lo irás a vender, Luis Henry? Siempre sospeche que eras un interesado. 

- No es nada personal, Don Rubén se lo aseguro.- El doctor tenía las manos embadurnadas de líquidos, pues el fiambre bebía más  de lo suyo, y su hígado se había empequeñecido, parecía un guisante. No obstante, intentó apaciguarle con el habitual prontuario de excusas- Es la ciencia, que no para en mientes    ¿ Ha escuchado usted las teorías de un tal Cesare Lombroso?- Sin embargo, el propio Doctor Debayle reparó en que no había arquetipo de poetas. ¿ Ricardo Corazón de León había sido trovador y un guerrero admirable? En efecto, la figura del Rey entornada a los enemigos rozaba la perfección de una estatua helena, mientras Rubén Darío, ¿ qué decir, si remedaba una peonza en cada ocasión que giraba sobre sus talones? Los párpados caídos y grises ¿Quizá su cerebro fuese bello?



De Desconocido - Here, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22421125
Poco agraciado en su físico, nos levantaba a todos
con su sublime poesía.

Sé en lo que estás pensando, cérvido. Ya hubiese querido Ricardo Corazón de León tener mi hombría, y por supuesto su madre Leonor de Aquitania (2). No hablaré de nombres, porque éste que le habla es un caballero en toda la regla, pero he nadado en el fragor femenino hasta embriagarme de tan dulces pétalos.
- ¡Ole, señor poeta! - Se le escapó la exclamación al Doctor Debayle, su más ferviente seguidor, pero que sorprendido razonó en alto.- No necesita cerebro para componer poesía- y más sesudo se dijo - ¿No sé qué opinaría Lombroso de este caso? Tampoco tiene sesos y está la mar de nervioso. ¡ Qué lío!
- Pero qué va a hacer con mi masa encefálica ¿ Y yo que pensaba que era usted mi amigo?- No se le iba el pesar al príncipe, todavía incorporado como una mole en la camilla.
- Lo íbamos a donar a la ciencia, porque queríamos comprobar si la prosa torrencial de Víctor Hugo y su poesía, al que tanto admiramos en vida usted y yo si recuerda, guardan relación con el tamaño del cerebro de ambos ¿ Existe un cerebro para los poetas? Y si existe cómo es .- Debayle ocultaba el pastón que recibiría por el cerebro del literato o que se había abierto una puja por unos despojos apreciados como reliquias. ¡Hablamos del Santo Grial de la poesía, córcholis! Porque pocos poetas hubieron como Rubén Darío y sólo la ponzoña del alcohol malbarató muchos de sus dorados versos. Con todo, como Debayle se lo había disputado con el inefable Murillo, ¡que le parta un rayo!, y como de resultas de la disputa, casi deforman la preciada materia gris, en el fondo se alegró de que la policía interviniese a tiempo ( para los mas curiosos, ver esta excelente entrada que habla del cerebro del poeta) . 

- ¿Víctor Hugo? - suspiró el trovador muerto - mi amigo Alejandro Sawa (3), no se lava las manos desde que se las estrechó el francés.- Más sosegado preguntó al doctor.- ¿Por qué dice íbamos, Luis? Acaso no tiene mi cerebro.
- Se lo llevó la policía querido amigo, tras una trifulca que tuve con el hermano de su mujer.
- ¡Asqueroso! Si le contase de mi cuñado.
- Y esta casquería que vemos aquí, no es la suya, sino la de un indigente, que gastaba buena masa como usted y si me permite, amigo, la observación, estaba mejor conservada que la suya.
- Ya no me reprenda, que no se puede hacer nada.- Abrió los brazos el poeta, hecho despojos, y con la panza rellena del algodón indispensable en el proceso de momificación.- ¿Cómo es eso, querido, digo Doctor Debayle de que ya no tiene mi cerebro?- Se le pasaba el encono y tornaba a los viejos usos de una amistad que en la muerte, le había salido rana. En vida había confiado en su amigo para que le restableciese de unas dolencias relacionadas con el alcoholismo, pero el incauto, ¡ le llaman sabio, ja! erró en su diagnóstico. Rubén Darío estaba intrigado por el destino de la materia encefálica. Frunció el entrecejo.- ¿Se puede saber dónde está entonces?
- Como le decía, como nos lo disputamos el señor Murillo y yo, se lo llevó la policía.- Se ajustó los quevedos para que no se le notase que quería ahorrar los detalles más escabrosos. De no estar delante el santo bebedor, se tomaría un Martell para coger más ánimo , si bien, no podría reprocharle su trágico fin debido al consumo de alcohol y pimplarse una copa en sus narices.
- Siga, por favor, Doctor.
- Pues como nos peleamos por poseerlo, vino la policía por la escandalera que se formó.- Contrito como un arrapiezo travieso tomado en un renuncio, no miraba al poeta a los ojos.- Y el oficial nos lo requisó.
- ¡ Vayamos al cuartelillo, sin demora!.
-  No tan rápido, porque ya no se encuentra allí. 
- ¿ Cómo? Usted me confunde, amigo.
- Maestro, con la zarabanda que se formó también en la comisaría, algunos dicen que se lo incautó el Gobierno, alegando ¡asuntos de estado! y otros que se lo entregó a su santa esposa, Rosario Emelina Murillo que lo reclamó para sí y lo guarda dicen que en un tarro debajo de su cama.- No es que Rubén Darío desconociese el nombre de su mujer legal, sino que consideraba como esposas a todas sus amantes . Era algo moro,con su harén.
- Maldita mujer y menudo satanás de hermano, que me hizo casarme a punta de pistola. Vayamos raudos hacia allá, a la casa de Rosario que quiero que me entierren sobre sagrado y no descuartizado.
 - Siento decirle señor Dario, si me lo permite, que dudo mucho que se encuentre allí o puede que sí. Chi lo sa? 
-Cómo.-repuso indignado y acongojado por el súbito dolor que subió hasta su cabeza. Le recordó  a sus delirium tremens. Pero estaba muerto o eso suponía.

- Perdone si le digo otra vez que la historia no acaba aquí, señor Darío. He escuchado que Charito probablemente vendiese su materia encefálica a los americanos, para sufragar los gastos de su viaje a la patria, y es que los yanquis le pusieron mucho dinero encima de la mesa.
- ¿Usted cree?
- No sé qué pensar, por lo menos me ha pagado sin demoras los honorarios  de su fracasado tratamiento,no me lo diga que antes lo digo yo . 
- Eso.-Don Rubén tenía la cabeza embotada como en sus repetidas cogorzas.-Eso
- No me lo reproche amigo, hice lo que pude.  

- Y vosotros pretendéis dar gato por liebre y vender estos despojos como mis vísceras - señaló a los órganos desperdigados que circundaban su camilla-  ¿Así que no era la ciencia? Panda de trileros. 


De Desconocido - Reproduced in "Rassenkunde des jüdischen Volkes" by Hans F. K. Günther 1929, J.F. Lehmanns Verlag, München. Scanned by MoritzB. [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2770466
Las increíbles teorías del doctor Lombroso, que
influyeron en el amigo de Rubén Darío

Es que pagan auténticas barbaridades por sus vísceras y materia gris. Pueden financiar interesantes proyectos de investigación, que en Nicaragua brillan por su ausencia. 

El mutismo prendió en el cholísimo, que miraba al vacío, mientras se derramaba la luz cenital de la morgue en su cuerpo.- No tenías derecho, y me lo habéis hecho a mi. Pero si me ayudases a encontrarlo. 

- Es que amigo, nadie sabe a ciencia cierta que ocurrió con su materia gris. Hasta se rumoreó que se lo comió un tal Anastasio Somoza.
-¿Quién es ese bárbaro? 
- Un dictador, que no tendrá mucha facundia. Creyó como los indios chorotegas que comiendo su cerebro, le brotarían las palabras y los versos en los labios de la misma forma que lo hicieron en los suyos.

- Por supuesto que no, que niego la mayor. ¿Sabe con quién está tratando acaso?- Se dirigió el gordinflón de voz aflautada al doctor,que nadie sabía de dónde había salido. Había aparecido de repente en la pieza de la morgue- En mis manos recaerá el destino de la santa patria y ¿usted me acusa de canibalismo?

- Todavía no ha nacido.- Le revela la confidencia Debayle al rapsoda.- ¡Pero será  un hijo de la gran chingada, un dictador con capirote!- Ahora en voz alta, espetó al jefecísimo.- Como quiera que se lo diga santo patrono de la Madre Patria y generalísimo de los archipámpanos.- Con  esta fanfarria pretendía dar un cariz jocoso.- Su excelencia quería como buen indio chorotega heredar la facundia del príncipe de las letras castellanas y por eso le devoró los sesos.
- Disculpe, un momento, porque excelencia, no tenemos claro si el cerebro que se comió era el del Príncipe de las letras castellanas. Quizá fuese el de uno de los dos mendigos que acordaron este doctor descarado, y el cuñado del poeta. - Proclamó un individuo narigudo y medio calvo, que salió de la estela del dictador. Ahora habló al Doctor y a Don Rubén. - Disculpen, estábamos escondidos en el armario y no hemos podido dejar de escucharles.
- Serán fisgones, el gran chorotega sale del armario.
- Esas confianzas, que les pasamos por las armas.- Sugirió tal admonición el dictador que se gustaba en dicho papel de déspota y se atusó los rieles de su bigote.
- Como le decía excelencia, no sería descabellado pensar que se haya comido el cerebro de alguno de estos indigentes. Los que me lo vendieron me aseguraron que era auténtico pero ahora conocer la historia.- E indicó al ínclito Somoza el banquete de despojos que se podría dar en el Anatómico forense.Ninguno que perteneciese al bardo,de modo que como buen chorotega,el sátrapa se había abalanzado con las dos manos al cuello del secretario a vengar su honor.
- No lo mate, excelencia, que se trata de mi cerebro y yo les perdono a todos.- Expelía con  vigor aquel montículo de grasa que había dado cuerpo al prodigioso bardo.
- No lo mate, no lo mate.- Unas damiselas escucharon el reverbero desesperado de Rubén Darío. Las figuras femeninas se le tornaron menos vaporosas de repente, y notaba que le golpeaban las mejillas con buenos tortazos. Su rostro sonrojado, y las sales que le reavivaron.¡Inaudito,no estaba en la morgue! Súbitamente la voz blanda de una hembra que le espetaba: " despierte maestro, despierte, que es uno de sus delirios" Asomó en la mesa la botella de Martell que adoraba y esa última copa que le hizo perder el equilibrio. - Entonces, ¿ no estoy muerto? - Preguntó sollozando y mientras braceaba.
- Por supuesto que no, maestro, estaba delirando. - El coro femenino le rogó que no bebiese hasta perder la conciencia. El sonrió y esbozó una frase que fue poética: " Sin la mujer, la vida es pura prosa"
- Su excelencia siempre tan galante.

Un halo de pavor recorrió su rostro y pasó a la tristeza más absoluta.- Tengo la certeza, serafines, que a mi muerte, me descuartizarán.   



De Rubén Darío - File:Darío - Eleven Poems.djvu, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21917649
Manuscrito del poema Pax de Darío

(1) Se refiere al cerebro del poeta que había extraído tras realizar la autopsia.
(2) El rey bravo y excelente táctico en el campo de batalla, no tuvo descendencia y ha sido motivo por el que algunos historiadores, reinterpretando las letras de sus composiciones, se atreven a plantear la homosexualidad de Ricardo.
(3) Escritor bohemio de gran talento, admirado por los modernistas, y que inspiró el protagonista de Luces de Bohemia de Valle Inclán. Según Cansinos Assens, aparecía tan desaseado, que se rumoreaba que no se lavaba las manos desde que Victor Hugo se las estrechase. 

Comentarios

  1. Divertido y buen final. Lo malo para los escritores es que hay quien los "descuartiza" en vida, con la crítica. Y tras morir, cuando son célebres, sus herederos venden cualquier escrito suyo intrascendente encontrado en un cajón como si fuera casquería literaria.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias,Bonifacio,había pensado en comenzar por el principio,y que el propio Darío contase su delirio, porque el propio poeta fue bastante profeta respecto a su muerte, ya que había dejado dicho que tras acaecer aquella, le descuartizarian.El final es un poco.topico,aunque tenía ganas de soltar lastre.Quizá lo reescriba así en mi bitácora particular.
      Bien dices de las muertes literarias,que precipitan unos herederos que pretenden monetizar cualquier legajo del autor fenecido.Quizá el baúl de Pessoa sea la referencia del misterio y nos haya deparado alguna sorpresa.Obras póstumas las hay y excelentes,pero normalmente se alarga el éxito de un autor brillante con medianías de su producción. Gracias por tu siempre inteligente opinión.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La alegoría dorada del Mago de Oz.

El maravilloso Mago de Oz, aparte de un fabuloso relato para luchar contra nuestros propios complejos - la inmensa telaraña que construimos en torno nuestra y que algún crítico ha tildado como un manual de autoayuda-  pues como decíamos, es un libro más alegórico de lo que parece a simple vista. A tenor de las divagaciones de  Paul Krugman, premio Nobel de economía algo extravagante en las conclusiones de sus artículos del New York Times(1),  bajo unas fórmulas claramente infantiles, el Mago de Oz esconde una mordaz diatriba contra el Patrón oro. Su autor  L. Frank Baum, un hyphenated, fue testigo de cómo muchos propietarios hipotecados del Estado de Kansas, que describe con una notable penuria en sus tiempos, perdían sus terrenos y eran expulsados de una actividad centenaria, que como granjeros habían desarrollado durante generaciones y generaciones familiares. Por aquella época finisecular - publicado en 1900- en plena era de la Primera globalización que acabaría como sabemos con un…

Musa de piratas y bohemios

Una humareda azul intensa como sus pupilas, se desprendió del cigarrillo con filtro. Sofisticada, gambeteaba por la malograda pieza con tiento, mientras expelía frases con su voz argentina y alguna palabra en francés. - ¿Así que usted es Don Ramón? ¿El famoso Don Ramón?- El literato asintió con aires principescos. La joven dama entretanto siguió revoloteando en torno suya, enervando por su extraordinaria belleza, al maestro. - ¡Quería conocerle si no es mucho fastidio, mom chéri!- El poeta calibraba la hermosura de aquel ángel caído del cielo. Unas incipientes ojeras denunciaban sin embargo, una vida disipada. Don Ramón no le quitaba ojos, estudiaba a la joven, porque quería llegar a sus propias conclusiones. Había oído hablar tanto de la musa de los bohemios parisinos, que le azuzó una curiosidad insana. Manco, estaba garabateando con el otro brazo, el derecho y el que le quedaba, unas notas de la próxima novela y vino aquella corriente impetuosa, que escupía preguntas sin parar.- ¿ …

Mary Celeste, el barco fantasma.

En los suntuosos recuerdos(1) de nuestra niñez, brillan los mapas imaginarios de corsarios y piratas, cuando en plenos vericuetos guadarrameños, aguardábamos agazapados en el campo a que pasasen de largo los mayores, para franquearnos el paso en el juego, al lugar donde presuntamente habían escondido el premio. En una de aquellas idas por el dédalo sembrado de pinochas, Toby, un precioso cocker spaniel, más avezado y buscador infatigable de viandas,  se hizo antes que nadie con el premio gracias a sus sensibles pituitarias. Poco después, el cordel de un chorizo de cantimpalo colgaba delator de su boca, y con cara jocunda, nos miraba altivo porque no alcanzaba a comprender el motivo de nuestras risotadas.  Fue gracias a La Isla del Tesoro (2), que descubrimos el placer de imaginarnos aventuras como las de su protagonista, Jim,  y convertirnos algún día en grumetes. A lo largo de nuestras vidas, recelamos de los Long John Silver o nos atrajeron los seres extraños como Ben Gunn, colmados…