La fría conciencia de una generación


Como grajos negros, varios personajes extraños habían  revoloteado  en torno a su casa. Un individuo zafado en la farola, embozado en su overol y un pitillo cuyo humo le hubo delatado, pasaba las horas muertas en la acera de enfrente. El escritor, presa de miedos inconfesables, se enervó cuando el eco de un ruido casual retumbó en su casa silenciosa ¿ Se habrían atrevido a entrar? George Orwell (su verdadero nombre Eric Arthur Blair) receló entonces  de los servicios secretos  de una democracia como la británica. ¿Y si hubiesen quemado las pruebas de imprenta? No importaba, tenía el original a buen recaudo. Una vez más retiró el visillo, y oteó más allá de la callejuela donde se apostaba el espía. ¡ Allí seguía el desgraciado! Hasta editores que creían que la obra merecía la pena, no se atrevieron a aventar el clima de confianza que las necesidades habían convertido en virtud para el Primer ministro Winston Churchill. ¡ Sería desafiar al Número 10 de Downing Street! El político orondo y de puro llameando había bogado en los años 30 en solitario en su afán de combatir los dos totalitarismos que se cernían sobre Europa pero en pleno año 1944, creyó conveniente que no se enojase de forma gratuita a Pepe Stalin y la novela de Eric, Rebelión en la granja, llamaba sin tapujos cerdos a los comunistas. No en vano, la guerra entraba en su fase más cruda, como describe Ian Kershaw en su famoso Descenso a los infiernos, entre el 40%-50% de las bajas y muertes se produjeron en estos compases finales.




De Branch of the National Union of Journalists (BNUJ).
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Por eso, la novela de George Orwell, llegaba en un momento más que complicado. El Gobierno británico no quería que una chinita pusiese en riesgo el complejo entramado de las relaciones con los rusos, reconstituidas por necesidad desde que los nazis se lanzasen en pos del gigante euroasiático, en la famosa Operación Barbarroja. Con la capa tan fina que gastaban los "amigos soviéticos" para estas cuestiones de la cultura y de la libertad de expresión, el Ejecutivo de Churchill pidió que se pospusiese su publicación y como no tenía los instrumentos de una dictadura, los métodos de persuasión no podrían ser de otra forma más que alegales. Presionando a editores, al propio autor, quizá el eslabón más difícil de todos. De Eric se dijo que se había constituido en "la fría conciencia de una generación", puesto que sin regomello, vivía conforme pensaba para anteponer sus principios a razones de cualquier otra índole. En todo caso, capaz de llevar al extremo sus convicciones, no se apeaba fácilmente de sus ideales. 



La Conferencia de Yalta, donde los tres titanes que pondrían
las condiciones de la paz, jugaron papeles antagónicos.
De War Office official photographer
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El carácter austero de Eric y el objetivo de distanciarse de una clase acomodada, le hizo vivir con mucho desapego al lujo.  Jeffrey Meyers, uno de sus mejores biógrafos, habla que se rebozaba con gozo en las cochiqueras, aunque anhelaba el oscuro secreto que se hallaba tras el amor. Comprender esos arcanos para gozar de las hembras, supuso el único talón de Aquiles, que si los servicios secretos hubiesen explotado convenientemente. A Orwell sin duda no se le convencería por razones de oportunismo de alta política. Así, con los comunistas al otro lado,  que no entendían de libertades de expresión, el conflicto estaba servido. (1).  En Rebelión en la granja, los cerdos que se erigen en líderes de la revuelta, son fácilmente reconocibles en la nomenclatura soviética. De esta fábula maravillosa, proviene la frase " todos somos iguales pero unos más iguales que otros" y es que el autor había vivido en sus carnes el totalitarismo comunista, en un conflicto que fue clave para la intelectualidad de la época, nuestra Guerra Civil(2).

Este viajero infatigable, que se había enrolado en la milicia del POUM, y que recorrió el frente de Aragón donde le sorprendió la anarquía que brillaba ya desde Barcelona, casi tanto como el amateurismo militar de algunos románticos, o iletrados, que apenas habían salido de su pueblo, y sin instrucción, se atrevían a coger un fusil.  Todas sus experiencias en el frente español, las plasmó en Homenaje a Cataluña. Sin duda, aquella patulea caótica  debió herir su alma acostumbrada al orden más riguroso como alumno de la prestigiosa escuela de Eton. Pero lejos de cualquier abandono, Eric, un gigantón que chapurreaba bastante bien el castellano y algunas palabras de catalán, se hizo con la situación. Impartía instrucción con su colt al cinto y una cazadora de cuero que le había regalado su amigo, el escritor Henry Miller, que por aquella época había provocado un maremagno con sus trópicos ( ver entrada en revista yaconic). Uno de los agravios que más dolor produjo a Orwell fue la indiferencia de Miller respecto a la Guerra de España( ambos se habían congraciado por su espíritus de giróvagos, aunque el de Henry tenía más que ver con el lujo). Eric quiso atraerle para la causa,con el objeto de que partiesen a esa guerra romántica, llena de lógica  por su lucha contra el fascismo, hasta que el americano  le repuso que no sentía ninguna inquietud por aquel conflicto. Odiosamente hedonista, provocador, el americano pese a la evidente amistad que había nacido entre ambos, detestaba el aura de idealismo de la que se imbuían todos los británicos y en especial su amigo Eric. Para Miller verse impelido por alguna obligación moral a luchar en aquel conflicto " constituye una verdadera estupidez". Hagamos un inciso, y reconozcamos que serían necesarios más este tipo de amantes de la vida infatuados como el señor Miller,  para que el espanto de las contiendas no tuviesen lugar. A su amigo Eric que "a pesar de ser maravilloso", le calificó de estúpido por esas ínfulas de luchar contra las fuerzas del fascismo.  


Philby, comenzó sus andanzas en una guerra idealizada.
De Scanned and processed by Mariluna -
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Llegado a España, George Orwell se mantuvo adrede a distancia de la intelligentsia, de cenáculos como los de Rafael Alberti y de la bella María Teresa León, que atesoraba una pistola de plata para luchar en lo que para el británico se trataba de una guerra de pacotilla, por lo que quiso mezclarse con el ejército que hacía frente de verdad al fascismo, sin privilegio alguno.  De esta forma fue testigo directo de los acontecimientos de nuestro conflicto. Aparte de la indisciplina, también denuncia el mal estado  de las armas - alguien se enriquecería con gruesas comisiones- sospechó entonces. Sin embargo, lo que le iba a convulsionar definitivamente al novelista británico, fue la persecución a la que se sometió a la organización hermana del POUM, por parte de los estalinistas. Cómo el hombre del NKVD en España, Alexander Orlov hizo desaparecer  a un Andreu Nin, que había sido acusado de troskysta y al que como luego supimos, despellejó vivo en Alcalá de Henares. Con el fin de sembrar las dudas, la propaganda soviética dejó escapar la especie hecha copla de : "Andreu Nin, donde estás ¿en Roma o Berlín? " A veces se cambiaba uno de aquellos destinos por Salamanca, ya que para desacreditar al miembro del POUM, se sacaron a colación una serie de pruebas de su implicación  con el espionaje fascista, que por supuesto habían sido falsificadas por la inteligencia soviética. Orwell choca para tomar conciencia con la bestia estalinista que estaban alimentando.

Por eso, cuando Gran Bretaña unió sus destinos en la IIGM a la dictadura estalinista, pesaron sobre el escritor los más hondos agravios: "Confío en que el hecho de que ese repugnante asesino esté temporalmente de nuestro lado, y de ese modo se olviden de repente las purgas, no se haga realidad". Su desconfianza y odio hacia el dictador soviético nació en la Guerra Civil española. No cabe duda que tras el Gran Hermano de su famosa novela 1984 que publicó años más tarde, se escondía Joseph Stalin. Y en la Rebelión en la granja, puso en solfa a toda la nomenclatura del partido comunista. Las presiones surtieron efecto, y el manuscrito de Rebelión concluido en 1944 y con todas las pruebas de imprenta hechas, se publicó un año más tarde. Las relaciones entre los aliados se fueron enturbiando, y en Yalta casi se podría hablar con criterio de un divorcio en ciernes. Por eso, en 1945 la fabula del gran escritor Orwell no causaba tantos problemas. Objetivo logrado por el ejecutivo de Churchill. ¡¡¡Qué se apunte un tanto Winston!!!






Por supuesto aquí no acaba la historia,
Orwell seguirá viviendo en sus lectores.
De Brian Robert Marshall, CC BY-SA 2.0,
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(1) No en vano, Koba lanzaba diatribas en forma de columnas en el Pravda, bajo seudónimo claramente reconocible, contra los artistas burgueses que no habían tomado el socialismo real como frontispicio de su actividad creativa Si los artistas tentaban mucho la suerte tras una reprobación del líder máximo en una columna de Pravda, no sólo los concernidos, sino sus familias, se tendría que atener a las consecuencias ( la fabulosa trilogía de Shentalivsky, refleja la compleja relación de la atroz dictadura con la intelligentsia rusa ). A la familia de Tolstoi y su secretario se les persiguió, puso en jaque. Otros autores como Mijaíl Bulgakov, a pesar de las reprobaciones y algunos castigos de índole menor, se le respetó porque se decía que al supremo líder le había caído en gracia. Otros escritores como Mandelstahm cayeron en los infiernos. Ni siquiera el apoyo de Massim Gorki les salvaría del purgatorio. 

(2) Kim Philby que comenzó sus andanzas de espionaje en nuestras tierras, recordaba que un profesor del Trinity College en un alarde de maniqueísmo, voceaba que la única guerra donde había buenos y malos absolutos, era la que se producía en España.

Comentarios

  1. Buena crónica, me gustó.

    Siempre me interesó el personaje de Philby. El retraso/censura de Rebelión en la granja es una curiosa variante de "dosier envenenado", es decir: ocultar por cierto tiempo una información que deja en mal lugar al enemigo, y sacarla a la luz después únicamente cuando beneficia a quien la oculta interesadamente. Y no por "transparencia" informativa o por el bien de la justicia (ejemplos de esa artimaña hay cada día en los periódicos).

    Sólo que con Orwell se ocultó lo que perjudicaba al amigo (una novela crítica) mientras interesaba tenerlo como tal.

    Es interesante cómo lo reservado y poderoso en este caso fue una obra literaria y no unos papeles de Panamá del montón. O algún vulgar lío de faldas.

    A veces la literatura es poderosa. Si no para cambiar la realidad, sí para mover el suelo un poco a algunos...

    Saludos, buen artículo.

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  2. Gracias por tus siempre interesantes comentarios. La evocación del dossier envenenado, me ha recordado a los memorables ochenta y noventa del pasado siglo, cuando en nuestro país circulaban entregas de las obras y milagros de los más poderosos. Quizá los últimos efluvios de aquello que estaba tan en boga, llegue a nuestros días, con el retrato acre que están haciendo del Rey emérito, pinceladas que se ha causado el mismo, aunque la intimidad para mi, es inviolable. Sea la de Agamenón o la de su porquero ( no viene al caso la frase, pero se adapta a lo que quiero decir). Parece que hay una guerra soterrada entre facciones de la policía, brigadas de información y servicios secretos que se remontan a aquellos esplendorosos años. En la lontananza, en EEUU se cuecen habas todavía más gruesas, así que el sentido del ridículo se hace menor. Otra cosa sería que en nuestro caso se señalase en qué se han gastado determinadas partidas, para que su Alteza pudiese gozar de sus aventuras amorosas. Pero aquí, siempre nos indican la luna con el dedo, y nos quedamos con el dedo y lo mujeriego que era Don Juan Carlos.

    No es una figura que me llame tanto la atención, Bonifacio, como Philby. De hecho, tengo una entrada preparada pero le hemos dedicado demasiado tiempo al comunismo y la dejaré congelada durante unas semanas, en la que nos adentraremos en aquella época, con los Rosenberg, que fueron ejecutados por espionaje y el altavoz autorizado del comunismo, por su prestigio, el sabio Sartre, que tras reconciliarse con los comunistas, a los que había censurado abiertamente antes de llegar a un entente,. Ese es el anclaje literario. El tema da para largo, porque la Guerra Fría se jugó también en el ámbito de la cultura, y sus voces más prestigiosas se hallaban en Francia. Su antagonista y único amigo, Albert Camus, cuya amistad enemistad da para un libro repleto de anécdotas. Al final Sartre, reconoció que había sido su último mejor amigo. Un saludo, Bonifacio y cuídate, y esperamos ansiosos tu siguiente entrega. Esta semana no, la siguiente, haré unas lecturas diferentes sobre el cuento de Mario, que he releído un par de veces.

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  3. Gracias por releer mi cuento. Muy interesante todo lo que cuentas sobre el espionaje de esa época. Seguiré atento a tus crónicas. En cuanto a las historias sobre reyes, las monarquías se modernizan legalmente, pero ellos siguen siendo iguales, para bien y mal. En concreto (es mi opinión personal) creo que en España sí es viable —e incluso necesaria— una monarquía hoy por hoy, en cualquier caso. En México, por ejemplo, sería imposible (aun en el caso hipotético de que fuera necesaria). Y en Francia no creo que deseen repetir la experiencia…

    En cuanto a las filtraciones interesadas y “mirar el dedo”... Creo que el periodismo (y no sólo con la monarquía) es a la información (o a la verdad) lo que el polen a las abejas. Se les adhiere a la piel mientras ellas buscan otra cosa. Y la acaban repartiendo por ahí sin pretenderlo, para que florezca en quien sabe aprovecharla.

    Pues no creo que el periodismo busque informar honestamente, en general. Así que no me asombra mucho cuando no lo hace y manipula…

    Más bien sirve intereses de partidos, desde siempre. Eso sí, mucho peor sería estar sin él (con una verdad única).

    Aunque, existiendo, obliga a leer mucho entre líneas y no todo el mundo sabe hacerlo.

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  4. Es curioso,Bonifacio,estoy leyendo a Álvaro Mutis, un colombiano con alma mejicana y que sentía devoción por la Corona española.Son muchos los intelectuales americanos que se identificaban con lo hispano,lejos de la corriente indigenista que no se aviene a los matices.Yo también creo en la Corona,aunque sea un lugar común,por su poder moderador y por no pensar en el desgaste de la cohabitacion,que si en otros países ha sido grande,en el nuestro sería directamente insoportable.Aún cuando a veces no me guste todo lo que hace.En cuanto a la prensa,me ha encantado tu metáfora.En mi caso suelo recurrir a la figura retórica de una galería de espejos.Si entornas tu mirada a uno de ellos,tendrás una percepción de la realidad fragmentada.Si deslizas tus ojos por ellos,interpretas entre líneas lo que ves,en una democracia,te puedes acercar a una parte de la realidad.En una dictadura pura y dura o en las formales,esto resulta imposible.Un saludo y cuidate.No te presionó,pero esperamos ansiosos tu próxima entrada.

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  5. No leí a Mutis, es uno de mis autores pendientes. Sí, lo de los espejos también es buena metáfora.

    Otro saludo para ti. Ando muy ocupado. Pero en un par de días (quizá antes) publicaré un cuento apocalíptico bastante largo pero muy jugoso. Creo que te gustará leerlo (si tienes la paciencia y no se acaba el mundo antes).

    Un abrazo.

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  6. Si te gusta el género de aventuras,la prosa bordada de forma preciosista casi poesía por un ritmo que no enlentece el desarrollo de la trama,Maqroll el gaviero es tu héroe y Álvaro Mutis tu escritor.Se nota su dilatada experiencia en el mundano ámbito de los negocios.No te quiero presionar,aguardanos ansioso tu vuelta y en una semana te doy otra lectura posible al cuento de Mario.

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  8. Gracias por la recomendación. Ya publiqué el relato pero es largo, si lo quieres leer hazlo cuando puedas, ahí seguirá.

    Aunque sí vale la pena. Saludos.

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