Había sido un tipo
caballeroso, con una imaginación delirante. Como buen prusiano se dejó los rieles de los bigotes bien alargados; además de quisquilloso
con la vestimenta, que reflejaba una tediosa forma de vestir, que poco guardaba relación con una cabeza por la que revoloteaban infinidad de pájaros e ideas. Tampoco el hundimiento del Lusitania había despertado más que
las iras de los americanos, que siguieron aislados en su convencimiento de evitar la guerra. Pero el Ministro de Exteriores del Káiser, Arthur Zimmerman, logró lo imposible gracias a un telegrama que podríamos calificar como una torpeza infinita. Aun cuando casi nada les removería
de su neutralidad, ni los esfuerzos por atraerles al conflicto de su Presidente, Woodrow Wilson, el político extravagante del Káiser llegó desafortunadamente a ese propósito. Por otra parte, hagamos un inciso dado que nos resulta curioso el esfuerzo de un pacifista como Wilson por entrar de lleno en la refriega. Recordemos que luchó hasta la extenuación para alumbrar una Sociedad de Naciones en la que se dirimiesen los conflictos entre estados, antes de que se abocasen a una solución bélica y que el senado de dicho país, tumbó su iniciativa por el procedimiento de fast track (1).
En cualquier caso, no adelantemos acontecimientos. En 1916 los medios de comunicación pro- intervención americanos argüían la bestialidad de los teutones a su paso por Bélgica, donde violaron según rezaba en la propaganda a jóvenes incautas o asesinaron a bebes para luego comérselos(2). Rumores de patio, que apenas se discernían de las películas que aprovechaban este filón, para arrojar una buena porción de invectivas contra los prusianos. Fueron incluso protagonistas de la c,ampaña electoral de EEUU de aquel año que como emisario del ABC, cubrió un Julio Camba alunado con tanta innovación y una sociedad donde todo se medía milimétricamente. Allí se hizo una dura reprobación contra los hyphenated llamados así por el guión que reflejaba su condición de germano- americanos ( ver entrada que hicimos del Año que viví en el otro mundo de Julio Camba ). "¡¡¡O americanos o germanos!!! Pero no las dos cosas a la vez, por supuesto que no" clamaba un enfervorizado Wilson en los mítines como candidato a la reelección. Visto con racionalidad y en la distancia, como atestigua el señor Camba, florecían los negocios relacionados con el abastecimiento de los países beligerantes, especialmente Reino Unido, de modo que adentrarse en el averno europeo, traería desventajas. No es baladí por tanto el hecho de que una buena parte de la población, Camba calculó que grosso modo, una cuarta parte de los americanos tenían orígenes teutones, albergase esperanzas de que EEUU no mediase en la derrota de Berlín(3).
Rondaban esas preocupaciones por el Estado Mayor del Káiser, pues la intervención americana desequilibraría claramente la lucha. Algunos anhelarían las políticas del Canciller de Hierro, dado que los males de la lucha en dos frentes, se estaban empezando a reproducir. ¡Sólo faltaba que el gran Oso americano terciase en las rencillas europeas.!Entonces, por si acaso, el imaginativo Ministro de Exteriores Arthur Zimmerman urdió dos planes, a cada cual más ocurrente. El calendario pesaroso se arrastraba por el 1917, en una guerra que con los frentes estancados parecía haber detenido el reloj. Reunido el Gabinete del Káiser, el ministro tiró de historia, ya que era un hombre cultivado, y recordó que los mejicanos habían guerreado en un pasado reciente contra los yanquis. Porqué no alentar una revuelta que amenazase los territorios del sur de Estados Unidos como maniobra de distracción, en el supuesto de que el gigante americano se decidiese a intervenir en el teatro de operaciones europeo. El gobierno de su Majestad aseguraría a los mejicanos los pertrechos: unas ametralladoras excelentes Maxim, o las baterías Krupp, muy experimentadas en el campo de batalla y que habían causado estragos en las líneas de los aliados (La artillería Skoda eran los cañones más renombrados, utilizados por el ejército del Imperio Austrohúngaro). Deberían ofrecerse al ejecutivo mejicano de Carranza, para lo cual utilizaron para mayor escarnio el cable que les brindaba el gobierno de EEUU para sus comunicaciones transoceánicas ( en uno de los capítulos de Momentos estelares de la humanidad del fabuloso Stefan Zweig se cuenta la aventura romántica y descabellada desde un punto de vista financiero del primer cable que se tendió entre ambos continentes). Sigamos con nuestra historia, porque el telegrama intervenido por la famosa Sala 40 de la Inteligencia Marina británica, provocó las delicias entre sus criptografos porque estaban seguros de que suficientemente sazonado, haría irremediable que los yanquis declarasen la guerra a los teutones. Y así fue. Wilson tuvo la coartada y no la desaprovechó.
La segunda urdimbre de tan colosal muñidor de enredos, fue la financiación de la vuelta de Vladimir Illich Ulianov "Lenin" a la madre patria para que capitanease las revueltas. El Gobierno de Kerenski, dimanado de la Duma, sostenía su firme de decisión de continuar con la intervención rusa en la Gran Guerra. No querían traicionar a sus aliados e incumplir los compromisos internacionales de su país, aunque según el historiador experto en la I Guerra Mundial, Peter Hart, influyó más la delicada situación financiera del gobierno ruso, dependiente de los créditos franceses ( recomendamos la lectura de La Gran Guerra de este autor ). El clima por ello, se había enrarecido y los bolcheviques iban a aprovechar el trampolín del descontento por la guerra, en la que Rusia no sólo perdió cantidades ingentes de soldados( los que más bajas sufrieron), sino que sus estragos se llegaron a sentir en forma de una carestía de productos básicos desde el primer momento. Este descontento impulsado por la propaganda feroz de bolcheviques, hizo que sus tesis ganasen predicamento entre las filas del derruido ejército ruso. Sin embargo, necesitaban una fuerza que galvanizase las energías inconclusas de la gran masa, un liderazgo capaz de concentrar sus anhelos en un discurso sin fisuras. Era la vieja teoría de Lenin, la masa precisa de una élite para dirigir sus anhelos, los soviets, círculos, eran un espejismo para enardecer al pueblo llano y hacerle creer que detentaba el poder.
De esta guisa, los servicios secretos alemanes, procuraron los recursos para la aventura del dictador del proletariado, acorde con el Plan Zimmerman y asimismo permitieron que el tren de la expedición bolchevique, se dirigiese por tierras germanas para arribar a Rusia, donde los comunistas inseminarían el descontento. El objetivo se logró. Rusia se rindió cuando los bolcheviques llegaron al poder con Lenin merced a su proclama Paz y pan que fue más eficaz que cualquier promesa del gobierno legítimo. Era verdad que perdió territorios, aunque eso era lo de menos para los bolcheviques, con la firma del Tratado_de_Brest-Litovsk. Alemania por el contrario, aparte de las ganancias territoriales - efímeras como sabemos- se evitaba la pesadilla del frente oriental por los tejemanejes de Zimmernan, que esta vez sí rindieron frutos en un momento crucial. La absoluta torpeza del telegrama se repararía si las fuerzas distraídas en el Frente Oriental, reforzaban al golpe decisivo que el Estado Mayor del Káiser pretendía dar cauce en el Frente Occidental antes de la llegada del contingente americano. La historia nos dice que el contingente americano llegó y que los aliados resistieron el golpe. Algunos historiadores hablan con propiedad de los dos errores achacables a la inventiva de Zimmerman. Pues, a pesar del éxito de la iniciativa con Lenin, no se produjo el desequilibrio de fuerzas que les permitiera la victoria en el Frente Occidental. Más bien al contrario, los alemanes perdieron la guerra e inocularon a Rusia un virus totalitario que sembraría su territorio de cadáveres hasta bien entrado el siglo XX. Muchos nos preguntamos en un juego de ucronías, qué hubiese pasado si Alemania no hubiese financiado la toma de poder de los bolcheviques. ¿Habría sobrevivido la débil Rusia democrática de Kerenski?
(1) Como sabemos, dicha sociedad nació débil, a causa del veto del senado americano. Tampoco olvidemos Los Catorce puntos para la paz, que en algún momento esperanzó a las altas instancias de Berlín, para llegar a un acuerdo de rendición honroso. Quizá Vegecio nos ayudase diciéndonos que Wilson en realidad se guiaba por su aforismo "si vis pacem, para bellum" Un hombre paradójico, por supuesto, los aliados y en especial el tigre Clemenceau se negaron a lo que consideraban pamplinas veleidosas. Los alemanes como culpables, tenían que pagar todo el coste de la guerra.
(2) Recuperaban la propaganda inglesa a este respecto, que en EEUU fue muy eficiente. No llegaron a esos extremos, pero aguijoneados por los francotiradores belga, fusilaban a cualquier ciudadano del que tuviesen un barrunto de sospecha. Recuerda un poco al relato de Mario Neves en la Toma de Badajoz por las tropas franquistas, que iban desnudando los hombros de cualquier detenido para comprobar el rastro que dejaba el retroceso del fusil en la piel de los francotiradores.
(3). Por último, la comunidad irlandesa bogaba en contra de una intervención de Washington en la pugna europea, lontana y muy sanguinaria, que desgastaba a los bastardos ingleses. En números relativos su influencia es pequeña, pero sí cualitativamente, la causa irlandesa gozaba de muchas simpatías, sobre todo en el este del país.
En cualquier caso, no adelantemos acontecimientos. En 1916 los medios de comunicación pro- intervención americanos argüían la bestialidad de los teutones a su paso por Bélgica, donde violaron según rezaba en la propaganda a jóvenes incautas o asesinaron a bebes para luego comérselos(2). Rumores de patio, que apenas se discernían de las películas que aprovechaban este filón, para arrojar una buena porción de invectivas contra los prusianos. Fueron incluso protagonistas de la c,ampaña electoral de EEUU de aquel año que como emisario del ABC, cubrió un Julio Camba alunado con tanta innovación y una sociedad donde todo se medía milimétricamente. Allí se hizo una dura reprobación contra los hyphenated llamados así por el guión que reflejaba su condición de germano- americanos ( ver entrada que hicimos del Año que viví en el otro mundo de Julio Camba ). "¡¡¡O americanos o germanos!!! Pero no las dos cosas a la vez, por supuesto que no" clamaba un enfervorizado Wilson en los mítines como candidato a la reelección. Visto con racionalidad y en la distancia, como atestigua el señor Camba, florecían los negocios relacionados con el abastecimiento de los países beligerantes, especialmente Reino Unido, de modo que adentrarse en el averno europeo, traería desventajas. No es baladí por tanto el hecho de que una buena parte de la población, Camba calculó que grosso modo, una cuarta parte de los americanos tenían orígenes teutones, albergase esperanzas de que EEUU no mediase en la derrota de Berlín(3).
Rondaban esas preocupaciones por el Estado Mayor del Káiser, pues la intervención americana desequilibraría claramente la lucha. Algunos anhelarían las políticas del Canciller de Hierro, dado que los males de la lucha en dos frentes, se estaban empezando a reproducir. ¡Sólo faltaba que el gran Oso americano terciase en las rencillas europeas.!Entonces, por si acaso, el imaginativo Ministro de Exteriores Arthur Zimmerman urdió dos planes, a cada cual más ocurrente. El calendario pesaroso se arrastraba por el 1917, en una guerra que con los frentes estancados parecía haber detenido el reloj. Reunido el Gabinete del Káiser, el ministro tiró de historia, ya que era un hombre cultivado, y recordó que los mejicanos habían guerreado en un pasado reciente contra los yanquis. Porqué no alentar una revuelta que amenazase los territorios del sur de Estados Unidos como maniobra de distracción, en el supuesto de que el gigante americano se decidiese a intervenir en el teatro de operaciones europeo. El gobierno de su Majestad aseguraría a los mejicanos los pertrechos: unas ametralladoras excelentes Maxim, o las baterías Krupp, muy experimentadas en el campo de batalla y que habían causado estragos en las líneas de los aliados (La artillería Skoda eran los cañones más renombrados, utilizados por el ejército del Imperio Austrohúngaro). Deberían ofrecerse al ejecutivo mejicano de Carranza, para lo cual utilizaron para mayor escarnio el cable que les brindaba el gobierno de EEUU para sus comunicaciones transoceánicas ( en uno de los capítulos de Momentos estelares de la humanidad del fabuloso Stefan Zweig se cuenta la aventura romántica y descabellada desde un punto de vista financiero del primer cable que se tendió entre ambos continentes). Sigamos con nuestra historia, porque el telegrama intervenido por la famosa Sala 40 de la Inteligencia Marina británica, provocó las delicias entre sus criptografos porque estaban seguros de que suficientemente sazonado, haría irremediable que los yanquis declarasen la guerra a los teutones. Y así fue. Wilson tuvo la coartada y no la desaprovechó.
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El famoso telegrama, una metedura de pata colosal
ideada por un imaginativo ministro alemán.
De The U.S. National Archives
- Zimmermann Telegram
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La segunda urdimbre de tan colosal muñidor de enredos, fue la financiación de la vuelta de Vladimir Illich Ulianov "Lenin" a la madre patria para que capitanease las revueltas. El Gobierno de Kerenski, dimanado de la Duma, sostenía su firme de decisión de continuar con la intervención rusa en la Gran Guerra. No querían traicionar a sus aliados e incumplir los compromisos internacionales de su país, aunque según el historiador experto en la I Guerra Mundial, Peter Hart, influyó más la delicada situación financiera del gobierno ruso, dependiente de los créditos franceses ( recomendamos la lectura de La Gran Guerra de este autor ). El clima por ello, se había enrarecido y los bolcheviques iban a aprovechar el trampolín del descontento por la guerra, en la que Rusia no sólo perdió cantidades ingentes de soldados( los que más bajas sufrieron), sino que sus estragos se llegaron a sentir en forma de una carestía de productos básicos desde el primer momento. Este descontento impulsado por la propaganda feroz de bolcheviques, hizo que sus tesis ganasen predicamento entre las filas del derruido ejército ruso. Sin embargo, necesitaban una fuerza que galvanizase las energías inconclusas de la gran masa, un liderazgo capaz de concentrar sus anhelos en un discurso sin fisuras. Era la vieja teoría de Lenin, la masa precisa de una élite para dirigir sus anhelos, los soviets, círculos, eran un espejismo para enardecer al pueblo llano y hacerle creer que detentaba el poder.
De esta guisa, los servicios secretos alemanes, procuraron los recursos para la aventura del dictador del proletariado, acorde con el Plan Zimmerman y asimismo permitieron que el tren de la expedición bolchevique, se dirigiese por tierras germanas para arribar a Rusia, donde los comunistas inseminarían el descontento. El objetivo se logró. Rusia se rindió cuando los bolcheviques llegaron al poder con Lenin merced a su proclama Paz y pan que fue más eficaz que cualquier promesa del gobierno legítimo. Era verdad que perdió territorios, aunque eso era lo de menos para los bolcheviques, con la firma del Tratado_de_Brest-Litovsk. Alemania por el contrario, aparte de las ganancias territoriales - efímeras como sabemos- se evitaba la pesadilla del frente oriental por los tejemanejes de Zimmernan, que esta vez sí rindieron frutos en un momento crucial. La absoluta torpeza del telegrama se repararía si las fuerzas distraídas en el Frente Oriental, reforzaban al golpe decisivo que el Estado Mayor del Káiser pretendía dar cauce en el Frente Occidental antes de la llegada del contingente americano. La historia nos dice que el contingente americano llegó y que los aliados resistieron el golpe. Algunos historiadores hablan con propiedad de los dos errores achacables a la inventiva de Zimmerman. Pues, a pesar del éxito de la iniciativa con Lenin, no se produjo el desequilibrio de fuerzas que les permitiera la victoria en el Frente Occidental. Más bien al contrario, los alemanes perdieron la guerra e inocularon a Rusia un virus totalitario que sembraría su territorio de cadáveres hasta bien entrado el siglo XX. Muchos nos preguntamos en un juego de ucronías, qué hubiese pasado si Alemania no hubiese financiado la toma de poder de los bolcheviques. ¿Habría sobrevivido la débil Rusia democrática de Kerenski?
(1) Como sabemos, dicha sociedad nació débil, a causa del veto del senado americano. Tampoco olvidemos Los Catorce puntos para la paz, que en algún momento esperanzó a las altas instancias de Berlín, para llegar a un acuerdo de rendición honroso. Quizá Vegecio nos ayudase diciéndonos que Wilson en realidad se guiaba por su aforismo "si vis pacem, para bellum" Un hombre paradójico, por supuesto, los aliados y en especial el tigre Clemenceau se negaron a lo que consideraban pamplinas veleidosas. Los alemanes como culpables, tenían que pagar todo el coste de la guerra.
(2) Recuperaban la propaganda inglesa a este respecto, que en EEUU fue muy eficiente. No llegaron a esos extremos, pero aguijoneados por los francotiradores belga, fusilaban a cualquier ciudadano del que tuviesen un barrunto de sospecha. Recuerda un poco al relato de Mario Neves en la Toma de Badajoz por las tropas franquistas, que iban desnudando los hombros de cualquier detenido para comprobar el rastro que dejaba el retroceso del fusil en la piel de los francotiradores.
(3). Por último, la comunidad irlandesa bogaba en contra de una intervención de Washington en la pugna europea, lontana y muy sanguinaria, que desgastaba a los bastardos ingleses. En números relativos su influencia es pequeña, pero sí cualitativamente, la causa irlandesa gozaba de muchas simpatías, sobre todo en el este del país.
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