Su
buena estrella de espadachín le habría de jugar malas pasadas, porque aunque burló muchos desquites con gallardía, por una dama dio muerte a un rival, y su currículo se vería manchado por la sangre de la víctima. Convicto y condenado a la horca, este joven escocés no aguardó pacientemente a que se cumpliera el veredicto y decidió seguir escribiendo una vida novelesca fuera de los muros mohosos del presidio, así se escapó de manera rocambolesca. Leyendas y mitos, disfrazado de anciana o de funcionario, es lo de menos dado que pocos saben cuál fue el verdadero ardid de John Law, para poner agua de por medio de las islas ( estaba encarcelado en Londres). Partió no sabemos porqué vericuetos con un hatillo en el que llevaba varias mudas - el hombre era coqueto y para la época, algo más que limpio y reluciente. Además, lo que nunca faltó a nuestro amigo fueron una buena peluca, y sus naipes, pues como jugador profesional iban a sacar John Law de más de un apuro. La sombra de la espada también a su lado para protegerle de la profecía de las runas: muerte violenta a manos de un perdulario afrentado en cualquier batalla de naipes.
Va a pulular por el continente europeo - no hay certeza de sus hazañas en este período, salvo su entrega a las cartas como decíamos - hasta que llegó a Ámsterdam, la siguiente estación en sentido figurativo. Holanda era el país de la innovación financiera (1), que emergió como potencia política gracias a su Bolsa y a una personalidad jurídica, las sociedades de responsabilidad limitada, que como su propio nombre indica, acotan la responsabilidad de los dueños de la empresa al patrimonio social. Habían existido engendros que combinaban responsabilidades antes de esta innovación,que es sin duda uno de los hitos del capitalismo moderno. Para cuando arribó el intrépido escocés, ambas innovaciones habían madurado, si bien, se palpaba en el ambiente una verdadera fiebre inversora en el mercado secundario. Es entonces que el observador señor Law se percata de que la demanda supera con creces a la oferta de títulos. Por esta razón se pregunta porqué las empresas no emiten muchísimo más papel no necesariamente respaldado por un incremento patrimonial (Law sin imaginarlo, sembró el precedente de la dilución de la acción o del dinero). El escocés especialmente dotado para las matemáticas llegó también a la conclusión de que el precio de la acción en los mercados se disparaba muy por encima del valor contable como consecuencia de la euforia de la demanda, fenómeno evidente en nuestros tiempos(2), pero que él guardará como preciada enseñanza para aventuras venideras como veremos.
En el epicentro de toda esta marejada de cotizaciones de la bolsa holandesa, se hallaba la estrella de todas las participaciones sociales, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, conocida como la VOC en neerlandés, que gozaba del monopolio europeo del comercio de las especias ( no nos detendremos en subrayar la importancia económica de estos bienes, que daban sabor y ayudaban a conservar los alimentos). Amén de los resortes financieros, la VOC iba a imponer su peso económico gracias a una imponente flota que le permitiría unas economías de escala pero no menos importantes serían sus canales de información constituidos por sus múltiples agentes desperdigados en el extranjero, que se convirtieron en una verdadera ventaja competitiva. ¡ La información es poder y parece que nos hemos dado cuenta en la era del Big data! No en vano, en la historia de la economía se cita a la VOC como la primera compañía multinacional. A Law todas estas disquisiciones económicas le parecían pecata minuta en comparación con la magia financiera que le había encandilado. Todo lo demás le pareció accesorio. Cuántas más acciones circulaban, más bonanza se adivinaba en una trepidante Holanda que con todo, en opinión del aventurero escocés, no aprovechaba el mercado secundario al límite de sus posibilidades ¿ Serían las lecciones de La burbuja del tulipán vividas años atrás, las que harían tomar ciertas prevenciones a los holandeses? El maestro había expuesto en una obra sus teorías monetarias(4), esto es, cómo el corsé de la moneda metálica en lugar de un dinero fiduciario, constreñía a la economía: Consideraciones sobre el dinero y el comercio (1705) .
Unos años más tarde, en concreto en 1716, no sabemos si fue casualidad, pero en el camino del economista escocés se cruzó el enfermo de Europa, con el que tendría la ocasión de poner en práctica sus ideas. Políticamente Francia había resurgido con Luis XIV de su postración continental aunque no olvidemos que al elevado precio de tres bancarrotas. Diversas contiendas y en concreto, la Guerra de Sucesión española en la que tanto empeño puso el gran monarca francés, y culmen de su dominio en el continente, terminarían en cambio por agotar las posibilidades financieras del reino(4). El bueno de John Law como consejero de un regente desesperado, Felipe de Orleans(el sucesor de Luis XIV tenia cinco años), le sugirió que pusiera en el centro de la economía el comercio, reflejo del verdadero poder político. Para ello había sido preciso que el estado proyectase el binomio de monopolios empresariales y de un banco privado que con papel moneda, relanzase a un país sumido en el estancamiento. El estado francés por tanto emitió títulos por el banco privado, Banco General a cambio de la ingente deuda del estado, y en segundo lugar, vendería participaciones por monopolios entre los que estaban los que gestionaría la futura Compañía del Missisipi, creación colosal del busca fortunas escocés. Privilegios como el comercio, la recaudación de impuestos, o la acuñación de moneda en la lejana Luisiana, parecían un activo capaz de generar grandes rendimientos. Como podemos sospechar, el papel moneda estimuló la economía del país vecino, y el precio de las acciones de la Compañía del Missisipi creció vertiginosamente gracias al prestigio del nuevo factotum de la economía francesa, y por las historias exóticas de Luisiana con las que fantasean los cazadores de fortunas.
Imaginemos la albórbola de la calle Quincampoix, donde se compraban y vendían los titulos. Tanto cuando medio París acudía raudo al olor de los grandes beneficios que se aventuraban para la compañía, como cuando la cotización de la misma cayó hasta los avernos. Unos retornados de Luisiana hablaron más de la cuenta, un lodazal rodeado de caimanes, lo que hizo que el miedo febril y desbocado cundiese entre los inversores. Entonces, los famosos millonaires - palabra francesa- retiraron ciegamente la confianza y la compañía se desplomó. De nada valieron los esfuerzos del regente impelido por su ministro de Finanzas, Law, por fijar oficialmente el precio de las acciones: reducir el precio de 10000 libras a 5000 libras. El activo de la compañía, Luisiana, era puro humo como gran parte del ladrillo que lucía en los balances de las entidades financieras españolas durante la crisis. La burbuja estalló en medio de una economía que debido al dinero circulante, sufría una elevadísima inflación. De esta manera acaba el periplo del financiero venido de las Islas, que huye a Venecia. Francia se hunde en una crisis sin precedentes, y lo que es peor, la aversión a cualquier innovación financiera, es postergada por ese pavor que instilaron las políticas agresivas del jugador escocés. Misivas de autojustificación, Law llevará con resignación el destierro y el baldón de haber producido el primer estallido de una burbuja que tenía rasgos de modernidad por la forma en la que había cobrado cuerpo.
Os cuento todo esto porque de sopetón le había soltado toda esta información a mi amigo Ontiveros, que sufre estas epifanías mías con resignación. Aquella tarde, se había cansado de tanto girar como una veleta por el dédalo de calles de Venecia, rebuscando en el azogue de sus aceras, la Iglesia donde estaba enterrado el especulador escocés. - Qué persigamos un cuadro de la escuela veneciana o desde donde se supone que se tiraba de cabeza Lord Byron al Canalazzo, merecería la pena la caminata, pero por un don nadie.- Me refunfuña mientras frunce los labios y me mira de forma estólida, buscando una réplica . Hasta que hallo la losa donde reposan los restos del infeliz financiero.
- Está aquí Ontiveros. No creo que fuese un don nadie. Su famosa frase fue " La economía soy yo" y no anduvo muy desencaminado.
- Ahora diría, con lo caballeroso que simulaba ser, " disculpen que no me levante"- Le sonreí por la ocurrencia, que creo que corresponde adjudicar a Groucho Marx. Pero estaba abrumado por la nada a la que nos vemos reducidos, incluso personajes como Law que en su tiempo lo fueron todo, aunque bien es verdad, que en vida también experimentaron las hieles de la derrota o de su gran codicia.
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John Law, excepcional duelista y
gran observador de la economía moderna
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Va a pulular por el continente europeo - no hay certeza de sus hazañas en este período, salvo su entrega a las cartas como decíamos - hasta que llegó a Ámsterdam, la siguiente estación en sentido figurativo. Holanda era el país de la innovación financiera (1), que emergió como potencia política gracias a su Bolsa y a una personalidad jurídica, las sociedades de responsabilidad limitada, que como su propio nombre indica, acotan la responsabilidad de los dueños de la empresa al patrimonio social. Habían existido engendros que combinaban responsabilidades antes de esta innovación,que es sin duda uno de los hitos del capitalismo moderno. Para cuando arribó el intrépido escocés, ambas innovaciones habían madurado, si bien, se palpaba en el ambiente una verdadera fiebre inversora en el mercado secundario. Es entonces que el observador señor Law se percata de que la demanda supera con creces a la oferta de títulos. Por esta razón se pregunta porqué las empresas no emiten muchísimo más papel no necesariamente respaldado por un incremento patrimonial (Law sin imaginarlo, sembró el precedente de la dilución de la acción o del dinero). El escocés especialmente dotado para las matemáticas llegó también a la conclusión de que el precio de la acción en los mercados se disparaba muy por encima del valor contable como consecuencia de la euforia de la demanda, fenómeno evidente en nuestros tiempos(2), pero que él guardará como preciada enseñanza para aventuras venideras como veremos.
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La diplomacia de las cañoneras de la VOC y su guerra
con Inglaterra por el comercio mundial
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En el epicentro de toda esta marejada de cotizaciones de la bolsa holandesa, se hallaba la estrella de todas las participaciones sociales, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, conocida como la VOC en neerlandés, que gozaba del monopolio europeo del comercio de las especias ( no nos detendremos en subrayar la importancia económica de estos bienes, que daban sabor y ayudaban a conservar los alimentos). Amén de los resortes financieros, la VOC iba a imponer su peso económico gracias a una imponente flota que le permitiría unas economías de escala pero no menos importantes serían sus canales de información constituidos por sus múltiples agentes desperdigados en el extranjero, que se convirtieron en una verdadera ventaja competitiva. ¡ La información es poder y parece que nos hemos dado cuenta en la era del Big data! No en vano, en la historia de la economía se cita a la VOC como la primera compañía multinacional. A Law todas estas disquisiciones económicas le parecían pecata minuta en comparación con la magia financiera que le había encandilado. Todo lo demás le pareció accesorio. Cuántas más acciones circulaban, más bonanza se adivinaba en una trepidante Holanda que con todo, en opinión del aventurero escocés, no aprovechaba el mercado secundario al límite de sus posibilidades ¿ Serían las lecciones de La burbuja del tulipán vividas años atrás, las que harían tomar ciertas prevenciones a los holandeses? El maestro había expuesto en una obra sus teorías monetarias(4), esto es, cómo el corsé de la moneda metálica en lugar de un dinero fiduciario, constreñía a la economía: Consideraciones sobre el dinero y el comercio (1705) .
Unos años más tarde, en concreto en 1716, no sabemos si fue casualidad, pero en el camino del economista escocés se cruzó el enfermo de Europa, con el que tendría la ocasión de poner en práctica sus ideas. Políticamente Francia había resurgido con Luis XIV de su postración continental aunque no olvidemos que al elevado precio de tres bancarrotas. Diversas contiendas y en concreto, la Guerra de Sucesión española en la que tanto empeño puso el gran monarca francés, y culmen de su dominio en el continente, terminarían en cambio por agotar las posibilidades financieras del reino(4). El bueno de John Law como consejero de un regente desesperado, Felipe de Orleans(el sucesor de Luis XIV tenia cinco años), le sugirió que pusiera en el centro de la economía el comercio, reflejo del verdadero poder político. Para ello había sido preciso que el estado proyectase el binomio de monopolios empresariales y de un banco privado que con papel moneda, relanzase a un país sumido en el estancamiento. El estado francés por tanto emitió títulos por el banco privado, Banco General a cambio de la ingente deuda del estado, y en segundo lugar, vendería participaciones por monopolios entre los que estaban los que gestionaría la futura Compañía del Missisipi, creación colosal del busca fortunas escocés. Privilegios como el comercio, la recaudación de impuestos, o la acuñación de moneda en la lejana Luisiana, parecían un activo capaz de generar grandes rendimientos. Como podemos sospechar, el papel moneda estimuló la economía del país vecino, y el precio de las acciones de la Compañía del Missisipi creció vertiginosamente gracias al prestigio del nuevo factotum de la economía francesa, y por las historias exóticas de Luisiana con las que fantasean los cazadores de fortunas.
Imaginemos la albórbola de la calle Quincampoix, donde se compraban y vendían los titulos. Tanto cuando medio París acudía raudo al olor de los grandes beneficios que se aventuraban para la compañía, como cuando la cotización de la misma cayó hasta los avernos. Unos retornados de Luisiana hablaron más de la cuenta, un lodazal rodeado de caimanes, lo que hizo que el miedo febril y desbocado cundiese entre los inversores. Entonces, los famosos millonaires - palabra francesa- retiraron ciegamente la confianza y la compañía se desplomó. De nada valieron los esfuerzos del regente impelido por su ministro de Finanzas, Law, por fijar oficialmente el precio de las acciones: reducir el precio de 10000 libras a 5000 libras. El activo de la compañía, Luisiana, era puro humo como gran parte del ladrillo que lucía en los balances de las entidades financieras españolas durante la crisis. La burbuja estalló en medio de una economía que debido al dinero circulante, sufría una elevadísima inflación. De esta manera acaba el periplo del financiero venido de las Islas, que huye a Venecia. Francia se hunde en una crisis sin precedentes, y lo que es peor, la aversión a cualquier innovación financiera, es postergada por ese pavor que instilaron las políticas agresivas del jugador escocés. Misivas de autojustificación, Law llevará con resignación el destierro y el baldón de haber producido el primer estallido de una burbuja que tenía rasgos de modernidad por la forma en la que había cobrado cuerpo.
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Luis XIV "El estado soy yo" |
Os cuento todo esto porque de sopetón le había soltado toda esta información a mi amigo Ontiveros, que sufre estas epifanías mías con resignación. Aquella tarde, se había cansado de tanto girar como una veleta por el dédalo de calles de Venecia, rebuscando en el azogue de sus aceras, la Iglesia donde estaba enterrado el especulador escocés. - Qué persigamos un cuadro de la escuela veneciana o desde donde se supone que se tiraba de cabeza Lord Byron al Canalazzo, merecería la pena la caminata, pero por un don nadie.- Me refunfuña mientras frunce los labios y me mira de forma estólida, buscando una réplica . Hasta que hallo la losa donde reposan los restos del infeliz financiero.
- Está aquí Ontiveros. No creo que fuese un don nadie. Su famosa frase fue " La economía soy yo" y no anduvo muy desencaminado.
- Ahora diría, con lo caballeroso que simulaba ser, " disculpen que no me levante"- Le sonreí por la ocurrencia, que creo que corresponde adjudicar a Groucho Marx. Pero estaba abrumado por la nada a la que nos vemos reducidos, incluso personajes como Law que en su tiempo lo fueron todo, aunque bien es verdad, que en vida también experimentaron las hieles de la derrota o de su gran codicia.
(1) Los holandeses crearon la lotería nacional para sostener el esfuerzo bélico contra los españoles.
(2) Para Lawrence Summers, ex secretario del tesoro americano y que nació muchos siglos después, se comienza a poner la primera piedra en el edificio de las burbujas y depresiones,que van a vertebrar el hilo conductor de las economías modernas. No en vano, el perspicaz economista americano señala que el precio de la acción en los mercados secundarios prevalecerá sobre la contabilidad en libros de las participaciones sociales ( también se pueden adulterar). Según este economista, los holandeses jamás hubiesen dominado el mundo sin estos vehículos financieros que permitieron canalizar el ahorro hacia la actividad comercial que además estaba muy asociada a la militar. La Compañía de las Indias Orientales, la VOC en neerlandés, y sus temibles barcos cañoneros se expandieron por el mundo gracias al atronador ruido de sus cañones. Era la diplomacia denominada de las cañoneras. Qué no querías que los holandeses tuviesen el monopolio del azúcar, de pronto una mañana, el horizonte del puerto estaba tachonado por la silueta amenazante del batagl es verdad a las grandes economías de escala que se produjeron.Potentes y enormes navíos,no sólo permitieron que la cantidad de mercancía se elevase,sino que las pérdidas fuesen menores.
(3) El banco de Suecia había abierto ese camino en el siglo XVII y se presta según este interesantísimo artículo a emitir moneda digital. Por tanto, las ideas de Law no son del todo originales. Llevarlas más allá, sí.
(4)¿Nos suena la historia? Un ávido Carlos I de España que se había incautado del oro sevillano en varias ocasiones. El Rey Sol, bajo la amenaza velada de ejercer su poder, él no era en vano el estado, requisaba partidas de cualquier bien preciado para financiar la hegemonía francesa en Europa. El heredero iba a recibir sin embargo un estado depauperado, y sujeto a un estancamiento secular hasta que llegó el mago de las finanzas escocés con la lección bien aprendida.
Muy interesante: tahúres y cañones. Me gusta la palabra "albórbola", sugiere justo eso: fiesta y griterío, como las "burbujas" económicas antes y después de estallar, respectivamente. Sólo hay que ver cómo gritan casi histéricos los broker en cualquier Bolsa del planeta. Si nos asomásemos al interior de un hospital y viésemos al personal médico gritando así como abigarrado enjambre y agitando papeles en el aire, renunciaríamos a entrar e iríamos corriendo a un curandero.
ResponderEliminarGracias por leer un texto que es denso como una roca y a ratos especioso, porque para un economista muchas veces es difícil adentrarse en una materia que tiene mucho de abstracto, más allanarla con algún atractivo para el lector más pedestre ajeno a estas disquisiciones del dinero.
EliminarHay palabras como decía Andrés Trapiello que le gustaba aprehender, para luego dejarlas rodar cantarinas en los diversos textos del autor, como albórbola. Alberti tenía algunas de ellas y también las que consideraba tabú, y antes de pronunciarlas o escribirlas, prefería que le lapidasen. Todo por un afán estético.
Con relación al personaje, había comprendido mucho antes que otros los engranajes del capitalismo moderno, basado en moneda fiduciaria y en la reserva fraccionaria. Podría haber sido un visionario, rayar a la misma altura que su compatriota Adam Smith. Sin embargo, un exceso de codicia, estrujar los resortes propios de un ministro de finanzas hasta límites insospechados, los conflictos de intereses que subyacían a sus prácticas, le arrastraron a un callejón sin salida. En sus análisis pone el énfasis en muchas cosas que a los analistas modernos les pasan desapercibidas. Otra cosa es que yo comparta cómo funciona el mercado del dinero moderno. Algún día abordaremos la Peel´s bank Act