Idus de Caporetto.


En las estribaciones y somontes de Caporetto, un valle esloveno normalmente silente, se desvaneció el espejismo de defensa del ejército italiano en la Gran Guerra. Quizá el excursionista oiga el rugido apagado de los cañones y perciba sutilmente la muerte entrañada en los lentiscos, pero aquel 24 de octubre de  1917 al alto mando del infame Luigi Cadorna, le llegaban noticias sesgadas sobre la debacle que se estaba produciendo en el frente. "¡Pónme con el frente, pónme, con el frente!" Repetía el infausto general, que merodeaba por la mesa de su despacho sin saber qué hacer y que corría despavorido en cuanto llegaba cualquier comunicación del secretario del Gabinete del Gobierno, para reponerle corajudo que todavía no sabía nada. Los austriacos reforzados por divisiones alemanas habían lanzado una ofensiva, que con el paso de los días, el Regio Esercito tampoco supo enjugar.


Luigi Cadorna, figura que representa como
nadie la crueldad de la obediencia ciega

Pero no nos habremos de detener en las tácticas muy novedosas de infiltración empleadas por las tropas de élite de los Imperios Centrales, que habían saboteado los hilos telegráficos y telefónicos antes de la incursión de su infantería,  para incrementar las disfunciones entre el frente y el estado mayor italiano. Tampoco valoraremos la inoportunidad en aquellas circunstancias de la orden de resistencia a ultranza(1) del general Cadorna, porque si de algo sirvió la misma, fue para minar todavía más la baja moral de sus compatriotas. En vez de redimirse con sus hombres en la adversidad, muchos historiadores recuerdan que el soldado de a pie había observado cómo se le escamoteaba comida de las raciones, y se rascaba del presupuesto de sus pertrechos(2), al mismo tiempo que luchaba en uno de los frentes más duros, el de alta montaña, así que la orden de pasar por las armas “a los cobardes” hundió todavía más en el fango de su estima y abismó a la tropa de sus superiores jerárquicos.

Porque lo que sí nos interesa de la Batalla de Caporetto es la huella que iba a dejar esta derrota en el imaginario colectivo italiano y la importancia que tuvo para crear el caldo de cultivo del fascismo. En Italia solemos asociar el nombre de Caporetto a cualquier descalabro mayúsculo, que acarree ceses en política. En 1917 rodaron gobiernos y promisorias carreras públicas como inermes piezas de dominó. En segundo lugar, hemos de tener en cuenta el miedo atávico que desde la época romana, recorría la cerviz de los penínsulares ante cualquier invasión del norte. Sin remontarnos tanto en la historia, Italia era como Alemania un país de reciente creación (1870), con un pilar decisivo en el Reino de Piamonte, que se enfrentó - ¿cómo no?- al Imperio Austrohúngaro para alcanzar su soberanía. Por lo que aquellas cuitas todavía no se habían restañado lo suficiente- ¡ni siquiera habían discurrido  cincuenta años de la fundación del país!- como para que los austriacos volviesen a hollar con sus botas la península, sin que se resucitasen las viejas querellas. Además, buena parte de los tópicos relativos al escaso ardor guerrero de los italianos, parten de esta batalla. Se le atribuye a Benito Mussolini, al menos eso se recoge en los diarios de su yerno el Conde Ciano,  una queja desairada por las derrotas en la Segunda Guerra Mundial provocadas en su opinión por la desidia  de sus soldados, y comparándose en su genio de estratega con Miguel Ángel. Si el maravilloso florentino hubiese tenido barro en lugar de mármol de carrara, hubiese sido un alfarero y no Miguel Ángel. Qué iba a hacer él con un ejército inoperante.  Pues traer otro Caporetto.

El frío exigía buenos pertrechos en el frente ítalo-austriaco.


En cualquier caso, nos parece más interesante el cisma que la derrota iba a producir en el partido socialista italiano y que algunos historiadores consideran el embrión del fascismo. En los primeros compases la oposición a una guerra que tildaban de imperialista y capitalista, fue claramente mayoritaria en el seno del socialismo, si bien, a medida que fue discurriendo la misma, se crearon corrientes a favor de la contienda (como en la sociedad, se polarizaron las opiniones, no había espacio para la duda ni las matizaciones y las posturas se defendieron cada vez con mayor encono). De hecho, Benito Mussolini, al que Lenin consideraba el único revolucionario en Italia, abandonó el partido en cuanto se decantó definitivamente por la participación de su país en el conflicto. En Caporetto, las dimensiones de la huida fueron tan colosales, que la brecha se agrandó y Mussolini aprovechó para culpar de las causas del desastre a la propaganda antibelicista de los católicos y de una porción del partido socialista, que en su guión habían espolvoreado un derrotismo deletéreo en las filas del Esercito. Es verdad que no fue hasta el fracaso del Biennio Rosso  que los fascistas tuvieron el camino expedito para tomar el poder. La oferta de la patronal de subir los sueldos un 8% desmovilizó a buena parte de los convocantes de la huelga de 1922. El partido socialista se avino entonces a explorar la senda del diálogo democrático, en lugar de tomar los medios de producción por la fuerza. Fue su Caporetto como pontificase el sátrapa de Mussolini, porque ellos sí darían ese paso al frente, sin titubear llegado el caso en emplear todo el rigor y la violencia más iracunda contra los enemigos de la patria. 



Hitler imitó directamente muchos de los rituales
fascistas, de un Mussolini al que veneró
abiertamente hasta en sus momentos más bajos




(1)   La orden 227 de Stalin sin embargo, galvanizó las tropas soviéticas que hasta aquel momento sólo habían hecho que retroceder frente a la ofensiva nazi. Muchos confieren poderes casi taumatúrgicos a la orden, pero hubo muchas más razones de peso para que la resistencia fuese numantina a partir de entonces. Al hastío y cansancio germano, el cieno de las infinitas lloviznas que antes del general invierno detuvo la ofensiva, se le agregan las tropas de refresco del Pacífico que se pueden acantonar en Moscú, porque el espía ruso de nacionalidad alemana, Richard Sorge, informó personalmente a Stalin de que Japón no atacaría por aquel flanco.


(2)    Una de las razones por las que la ruptura del frente fuese tan súbita en Caporetto, estribó en la mala calidad de las máscaras antigás italianas, que no permitieron resistir a las atribuladas unidades de montaña las fumarolas de veneno lanzadas desde las trincheras austriacas. Por poner un contrapunto literario, Adiós a las armas de Ernest Hemingway describe muy bien la precariedad que se vivió en aquel frente.    

(3)   Otra de las obras que narra la perspectiva del combatiente de una manera más descarnada es El Fuego de Henry Barbusse que plasma conmovedoramente el periplo de una compañía de pelois franceses que vagando por el frente, se adentran por error en una retaguardia, ajena  a sus padecimientos. Senderos de Gloria de Stanley Kubrik y con un papel memorable de Kirk Douglas también ejemplifica en muchos casos la sinrazón vivida en el escenario lunar del frente occidental, y en las que la toma de una colina se convierte en el cáliz del sacrificio de centenares de soldados de una compañía gala. Con todo, la obra más conocida sin ningún género de dudas fue Sin novedad en el frente de Erich María Remarque , cuyo final nos dejó mudos en la adolescencia y por supuesto, no vamos a desvelar a nuestros queridos lectores. Aunque poner en sobreaviso, muchas veces desvela conclusiones imprevisibles. 

Comentarios

  1. Había oído hablar de la Batalla de Caporetto, pero no sabía que esa derrota fuese el embrión que conduciría al fascismo de un Mussolini que creó su propia ideología totalitaria tras abandonar su militancia socialista. Interesantísimo artículo este que nos dejas, Sergio, que además nos enseña bastante sobre esa Italia de tus ancestros de la que tanto desconocemos los españoles, pese a su proximidad tanto espacial como cultural. Besos y comparto, querido amigo. Feliz semanita :-))

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  2. Muchas gracias,gran Mayte,si fue muy crucial porque produjo un cisma en la sociedad italiana,que se polarizó todavía más a raíz de esta derrota.La debacle vivida hizo arraigar un sentimiento nacionalista,que se vio fuertemente reforzado por la decepción de Versalles.Italia finalmente ganó la guerra,pero no se vio recompensada en los Tratados y junto a la derrota de Caporetto,fueron dos de los ejes argumentales más explotados por el fascismo.Caporetto era lo más bajo que pudo caer por la acción malhadada de los derrotistas.

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    1. Caporetto era lo más bajo que pudo caer la patria por la acción de los antibelicistas y derrotistas.

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