Año 1938. Telón de fondo, un París de cielo volátil. Las nubes apeñuscadas, descargan una tormenta repentina sobre los Campos Elíseos. ¡Ábrase el telón de esta ópera bufa que es la vida!
Un rayo ignoto, así fue su vida. Luego una rama que le alcanzó en la cabeza en plena tormenta, y ahí yacía, exánime, como un bulto desmadejado, la camisa con los botones que un galeno le había arrancado, con el objeto de reanimarlo en vano. Cuando llegaron los periodistas a los Campos Elíseos, donde tuvo lugar la tragedia, propalaron ecos en el aire. No en vano, los sucesos eran de las piezas periodísticas más codiciadas por los lectores parisinos. La víctima era un conocido dramaturgo se resabió uno de ellos, con más pinta de vagabundo que de reportero. Farfulló algo en alemán, lo que despertó las sospechas de los concurrentes. La tensión con los boches se cortaba en el aire de cualquier conversación, hasta que surgía el irredentismo entre los propios franceses, que quizá se odiaran más íntimamente.
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Los Campos Elíseos (1939) |
- Leí su “Geschichten aus dem Wiener Wald” - Dijo de soslayo, mientras señalaba al corpulento extranjero, que dejaba al descubierto la parte más íntima de cualquier vida, que era cuando ésta expiraba, con sus luengas piernas. Por eso, un comerciante de flores tapó la cara de ese chambón con una chaqueta. Por el acento, le pareció alemán.
- Lo que es la vida, hace unos minutos, habíamos hablado de unas petunias. Con un alemán, quién lo imaginaría que después. No me alegro. - El floristero, rubicundo y de rostro ovalado, demostró que el odio inoculado desde las escuelas, incluso cuando Alsacia y Lorena habían retornado a Francia, no surtió efecto en aquel caso.
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Un clásico de lectura obligada. |
Otro testigo que sí había presenciado la escena con horror, evacuaba su testimonio a la gendarmería. Los reporteros se pusieron en fila, pegándose algún codazo que otro, tras el funcionario escrupuloso, que con los rieles de los bigotes en círculos, tomaba notas. Mientras albergaba un pensamiento funesto. Qué tormenta más pasajera, que como vino se fue. Nadie habría sospechado tampoco que el muerto tenía increíbles planes.
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El gran escritor europeo, Ödön von Horváth |
Puesto que a Ödön le quedaban dos días para zarpar rumbo a la América de las oportunidades, desde el puerto de Cherburgo. Aquella tarde, por su naturaleza soñadora, se imaginó ser un Jean Gabin errabundo en Le Quai des brumes, una vez que salió de las salas de cine Cineác. Era muy cinematográfico. A veces, hablaba a solas, simulaba que su amigo, Jospeh Roth, le escuchaba. En efecto, con Roth había departido fervientemente en un café de ese rompeolas que era Viena. No sabemos si Ödön von Horváth discutiría con su amigo en imágenes alimentadas en su cabeza, mientras subía con precaución las escaleras, dado que le gustaba oír la sonoridad de sus pisadas. Le esperaba ansioso su otro colega, el cineasta Robert Siodmak en un piso a la ribera del Sena. Al abrirle, Robert parecía no haber perdido el tiempo, dado que tenía un ejemplar en sus manos de la obra de Ödön, “Jugend ohne Gott”, cuajado de anotaciones de lapicero, que recorrían sus hojas. Escrito en alemán, lengua materna de ambos, sin embargo, enseguida se conoció a la obra por estar proscrita, en diversos idiomas. Robert, empero, le reprochó que llegara tarde.
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Jean Gabin en la inolvidable Muelle entre las brumas. |
- París es como una gran Babilonia. - Se excusó risueño Ödön.
- No me digas, que llamar plebeyo máximo al Führer, a quién se le ocurre. - Saltó enseguida a lo que les convocaba en su piso.
No había tiempo que perder y suficiente confianza como amigos de los añejos tiempos de Berlín, cuando la ciudad alemana no se hallaba bajo la bota nazi. Se juntaban entonces con el hermano de Robert, Curt, y acudían a los cabarés, después de un espectáculo de Ödön, en el que se había representado con éxito alguna de sus obras. Los críticos lejos de entenderlas, habían calificado sus dramas como una serie de hechos que acaparaban la vida de "personajes raros", que se encontraban en situaciones más extrañas todavía. Se trataba en realidad, de personajes marginales, con epopeyas cotidianas cargadas de tintes homéricos. No hay nada más homérico que procurarse el sustento si se está la indigencia, que es lo que tal vez no entendieron los críticos.
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Roth, otro gran escritor y amigo de Horváth. |
Pero en aquella ocasión quedaban lejos los tiempos felices de Berlín, y se reunían con ocasión de pergeñar cómo sería la adaptación cinematográfica del último éxito editorial Horváth. Porque el éxito de Juventud sin Dios había cruzado varias fronteras. Y si bien, parecía una realidad anclada en cualquier lugar, las referencias a la superioridad racial de esa sociedad sin nombre, o el negro dicho con un desdén que abarcaba a una amplia miríada de las razas odiadas, con más encono si cabe la judía, no podía tratarse de otro país que Alemania. Si bien, lo de plebeyo máximo fue su sentencia, como unas referencias nada veladas al cumpleaños del líder máximo. Y entonces, el destino, esas Moiras ciegas que no ven lo que escriben, habían sellado su muerte por una rama en los Campos Elíseos. Una hora después de haber salido del apartamento de un Robert Siodmak, que no se lo quería creer. Nunca representó la obra de su amigo, que consideró maldita. Por algo sería. Entretanto, el Völkischer Beobachter no dejó escapar la ocasión de despachar contra un enemigo del pueblo y recogió en primera plana el triste deceso de Horváth. Un escritor, cuyas obras como Juventud sin Dios, tienen aún más vigencia en nuestros tiempos. Porque exponen brillantemente cómo la educación es convertida en instrumento de manipulación por cualquier totalitarismo.
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El cabaré, trasfondo de tanta plática literaria. |
Leí Juventud sin dios hace unos cinco años y me impresionó, más conociendo la trayectoria vital de Ödön von Horváth y su rebeldía frente al fascismo ya desde muy temprano, porque advertía el huevo de la serpiente que estaba incubándose. El libro implica un compromiso humanista y antirracista que nos sigue sorprendiendo porque se produjo en el corazón de la Alemania nazi y por parte de un hombre cuyo padre era médico imperial del imperio austrohúngaro. Juventud sin dios parece estar compuesta antes de 1936 cuando Ödön von Horváth se traslada a Austria para huir del régimen nazi. La obra es de una audacia y valentía formidables que revelan su compromiso ético y humano. Hay algo en ella que me llamó la atención. El personaje Z lleva un diario personal y es criticado por los jefezuelos nazis por ser un elemento de subjetividad incompatible con el Reich. Yo llevo un diario desde hace bastantes años y estoy atento a referencias al respecto. Su muerte fue algo increíble pues había huido de Alemania y Austria por sentir el peligro en su vida. Un adivino le había vaticinado días antes que a primeros de junio ocurriría el acontecimiento más importante de su vida. Y el día de su muerte accidental él había rechazado utilizar el ascensor, y quiso ir a pie para no ir en coche por ser más peligroso, y se encontró con un día de fuerte viento que desgajó una rama de árbol que cayó y acabó con su vida dos días antes de su viaje previsto a los Estados Unidos.
ResponderEliminarAlgunos de sus libros son actualmente leídos en la enseñanza secundaria en Austria como ejemplo de resistencia intelectual y humana frente al fascismo, y así Juventud sin dios y un niño de nuestro tiempo forman parte del canon escolar austriaco. Algunas de sus obras han sido llevadas al cine varias veces e incluso Jeremy Irons interpretó al escritor viviendo en Estados Unidos tal como habría pasado si aquella rama no hubiera estado en su destino.
Recomiendo vivamente a los lectores de este blog la obra Juventud sin dios porque revela que también hubo resistencia humana y política ante la marea nazi que anegó Alemania.
Tus apreciaciones son en conjunto el mejor resumen del libro. En algunas contraportadas, se vende como las capacidades proféticas del autor, pero en el 37 cuando se escribió, el ofidio nazi se había mudado en varias ocasiones de piel. El monstruo estaba ahí para quien quisiera verlo y no hubiera hecho el ejercicio de cerrar los ojos a su inmundicia. Un saludo,Joselu. La obra es altamente recomendable.
EliminarCreo que es un libro que nos habla de como manipular ideológicamente a las personas.
ResponderEliminar¿Cómo puede un profesor hablar de ética (presionado por el estado, claro), y de una guerra implicando a la moral?, cuando lo moral, y mira que lo estamos hablando en el bloc de Joselu, cuando lo moral, insisto, es social y el concepto de guerra es dictado por un documento formal que firma el poder Legislativo y que nada tiene que ver con la Ética.
Creo que Joselu ha hecho una magnífica entrada, que queda poco por decir, salvo acotaciones marginales, y creo que otra vez que las meigas no existen, pero haberlas, haylas.
Lo que sí me extraña es que una persona de su cultura fuera en busca de adivinos, es una conjetura, para que le adivinaran el futuro, claro está que la historia no la se y que me acabo de enterar por la buena información de Joselu, que hoy ha bordado tu escrito, Sergio Munari, al acotar con precisión la entrada que nos has remitido, y que mira por donde, también, y a su modo nos habla de trascendencia, al hablarnos de moral.
Como siempre, brillantes tus encajes.
Un abrazo
Sí, querido Tot, es una sociedad, que puede ser y es la alemana, por sus continuas referencias como la del plebeyo máximo a Hitler. Horváth a pesar de su linaje noble, no alude a lo plebeyo material, sino a los que son bastardos de espíritu. De todas formas, podría ser cualquier sociedad totalitaria, que inculca mediante la educación valores militaristas, o concibe al prójimo, resto de naciones como inferiores. Creo que la frase es de De Gaulle, y condensa la idea de la vulgarización que supone para las almas cualquier nacionalismo: "Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero."
EliminarEl libro es muy recomendable. Incluso, yo rescataría la posibilidad de plasmarla en una cinta, con la que soñó Siodmak. Quizá la desaparición de su amigo, de forma tan fortuita como dolorosa, le hiciera desistir. Algunos dicen, que ya lo hizo Haneke con su maravillosa La cinta blanca. Una serie también tendría su aquél. Niños, seres perversos, que no son más que un reflejo de sus mayores. Y tiene trama, con una muerte, que cabe esclarecer, con varios giros que te hacen comerte las páginas. Lanzo el guante.
No conozco el libro ni a su autor, leyéndote me han entrado ganas de subsanar esa falencia.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Es un libro imprescindible, aunque como todos los clásicos, las ediciones nuevas, son las que les hacen cobrar vida. Un placer saludarte, J. Aquí llegan los ecos de esa risa extraña que nació de tu imaginación y que nos llena de desconsuelo por poseer algo tan irrisorio, como el aire en movimiento.
EliminarNo puedo recoger ningún guante porque me temo desconocer esta obra y a su autor, así que sólo puedo felicitarte como siempre, por tu buen hacer con el relato que de forma tan amena nos narra los últimos momentos de este hombre, Ödön von Horváth y ya que comentáis que la obra trata sobre cómo se siembra el germen del totalitarismo inculcando sus valores desde los colegios, me pregunto ...¿cómo es posible a pesar de los antecedentes históricos que todos conocemos, que una y otra vez vuelvan los totalitarismos? Como si no supiéramos administrarnos, ni gestionar la libertad en ambientes democráticos que siempre estamos avocados a los totalitarismos, versionados en forma de populismo sobre todo en América del Sur. La propia evolución de la reciente historia Rusia, lo confirma. Mientras Gorbachov lanzaba slogans del tipo “perestroika, glasnot, aceleración”, los resortes reales de la dirección del país seguían en manos del aparato comunista que no se sentía amenazado, en realidad consideraba a la perestroika como un gigantesco camuflaje destinado a engañar simultáneamente a Occidente y al propio pueblo soviético. A Gorbachov le siguió Yeltsin, que aceleró las reformas liberalizadoras, llevó a Rusia a una economía de mercado que acentuó las desigualdades sociales, la miseria, la corrupción y la criminalidad. Esto provocó que en las siguientes elecciones el Partido Comunista volviera a ser la fuerza más votada y tras esto, se le extendió la alfombra roja la otro tótem del totalitarismo, Putin, a quien sufrimos fuera desde entonces y sin embargo adoran en casa, aunque los tenga amordazados. A los pocos que osan toserle como el malogrado Navalni, se lo carga y ahí sigue con sus ansias expansionistas arrasando Ucrania, amenazando a Finlandia y lo peor de todo, con un pueblo ruso rendido a sus pies… somos carne de cañón.. tristemente es así ¿ qué fascinación tan enorme ejercen los totalitarismos para que una y otra vez caigamos en ellos? Perdóname por irme, como siempre por los cerros de Úbeda, empieza a ser un verdadero problema para mi… conste que en este caso me he ido, para invocarte cual oráculos de Delfos a ver si me ilumináis, porque estoy absolutamente perdida y desolada viendo la deriva que veo al rededor. Muchas gracias y un abrazo fuerte SERGIO& family : )
ResponderEliminarJodo, María, me has emocionado con tu exposición que suena en mi fuero interno con desconsuelo, porque no sabría cómo vacunarnos contra la intolerancia y el totalitarismo. Y al contrario, me parece una reflexión que viene muy al hilo de esta obra y que es para ponerse en pie. Como siempre bravísima. Diría que viajando, conociendo otros mundos culturas para salir de tu cascarón. Pero vimos como la civilizada Alemania se convirtió en Esparta. Tienes una fuerza arrolladora y conmovedora, María, Cuídate.
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