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Levántense, el magnífico Julio Cortázar. |
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Me cago en la concha de tu madre, cómo
apoyás hijo de la gran puta a un mamonazo de peronista. ¡Muérete, cabrón! –
Un desconocido más que fermenta sus odios contra el insigne escritor argentino.
Una celebridad en cuentos y por su obra Rayuela. ¿Quién no sueña con esa Maga que
levita por los puentes parisinos? Se puede leer de diversas formas, contaban en
su editorial el día de la presentación. Más adelante vendrían más obras gloriosas, que guardamos con especial celo en alguno de los rincones más privilegiados de nuestras casas. Pero continuemos en esa noche que se hacía mañana. De ideología zurda, consideraban más pecado aquel hecho todavía, los mismos que habían seguido al escritor argentino como un referente de coherencia. Cortázar escucha los
improperios sin responder con más agravios. ¿Le atrae el dolor del fango? Nada
de eso, debe tener la línea en abierto, porque su madre se encuentra en una
situación delicada de salud. Su pareja, que se revuelve en el lecho como una gata mordida por el
sueño, se levanta con el camisón que deja traslucir un sexo palpitante y unos
pechos mórbidos. El hombre siempre pensando en lo mismo, dan igual las circunstancias.
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¿Por qué no descolgás y dejás descolgado el maldito teléfono, Julio? Esos hijos
de su madre no nos van a dejar pegar ojo en toda la noche, recontra.- Protesta la fémina desmelenada.
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Vos, querida, lo sabés. Mi madre.
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Sí, tu madre. - Susurra a su lado, un
soplo de locura, le recorre con la lengua el lóbulo de la oreja derecha. Y le espeta
cachonda. – Veo, caballero, que su muñeco se ha despertado.
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Ahora no, querida, no he terminado la
crónica. – Alega en su defensa, con voz cavernosa, a fin de frenar su erección. Se enciende otro cigarrillo,
una pitada.
-
Pues descolgá el telefonito. Así no
acabarás nunca y tu madre, no creo que empeore ahora, por un ratito que te dediques a tus menesteres.- Más conciliadora. - Lo digo por vos. Yo me pondré
los tapones. – Y la mujer remeda flotar como la musa de sus desencuentros, con unos
ojos velados por el insomnio, bosteza y le dice un te quiero que suena tan ritual como falso. Fastidiada por la renuncia a sus encantos, un polvazo a esas horas liberador, y que por culpa de la cabezonería de su amado, tampoco puedan dormir.
Antes de que desaparezca su Dulcinea, quien se encoge de hombros, ese chirrido horrísono de la línea telefónica, que ataca de nuevo. Una repetida oleada de insultos que catapultan al escritor hacia el enojo. Esta vez sí que responde con acritud, a las opiniones vetustas. Le recriminan que habiendo combatido al peronismo que definió como gangrena, o de nacionalismo ramplón, pero qué quimera es ésa de aislar al país, pues eso, que ahora defienda a un tipo tan abominable. Escucha el nombre de ese individuo y recuerda las pendencias que adquirió con el susodicho.
- ¡ Ningún país es autosuficiente! – Gemía Cortázar durante aquellas rebatiñas a su contrincante, al que precisamente en el presente alababa. A pesar de ser de izquierdas, mamerto como se dice por estos lares, se adscribía al movimiento más profundo del ser humano que no conoce de fronteras.
- El capitalismo únicamente internacionaliza la mercancía, nunca las personas. - Le reponía el preterido. Haciéndose eco de las exhortaciones del Papa, antañonas polémicas. - Nehrú, De Gaulle y Nasser piensan en enarbolar la causa del Tercer Mundo, que descubrió un argentino, al que sus compatriotas envían al destierro. Recuérdelo, querido Julio. - La misma bazofia del peronismo de siempre, cogen el rábano por las hojas, rumiaba entre dientes Cortázar, cuando no quería exaltarse. Continuaba con sus cavilaciones: en realidad, el general quiso sustituir a los nazis que admiraba en la esfera internacional. Más tarde aguardó a que las dos potencias se destruyesen mutuamente para sobre las cenizas del mundo erigirse en líderes. No hacía falta tener la mente prodigiosa de Von Neumann, para llegar a la conclusión de que 1+1 =0 en el caso de un conflicto nuclear. Como la manía peronista de culpar al capitalismo de todos los males, porque entonces, habría que culparlo también de todo lo bueno.
La forma de combatir esa sarta de falacias cuando arreciaban en prensa, y cuánto había costado poner de acuerdo a Jorge Luis Borges, que albergaba una especie de erisipela contra el coronel y esa Evita convertida en icono de una santurronería política que abominaba. Llegaba entonces el casto de Julio Cortázar para llevar a cabo un acto de idiocia solemne. Una recensión en exceso laudatoria de una obra de Leopoldo Marechal, apóstol del peronismo. Don Julio, más allá de la disidencia política, se sentía deudor de la justicia y de la obra de su rival en ideología, de cuyas páginas se enamoró. ¿Cómo hacer una diatriba también contra su literatura?
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Marechal, peronista, pero escritor excepcional. |
- Me da igual que Adán Buenosayres sea una jodida obra maestra. Vos no estás bien, Julio. - Le reprendía una de esas llamadas en esta ocasión más correcta, que se disculpaba por hollar el recinto sagrado de la intimidad de su ídolo. - Por lo menos, cállese. - Entonces el gran fauno de la literatura argentina contraatacaba. Le fascinaba el Viaje al fin de la noche de Luois Ferdinand Céline. - Hay más grande hijo de la gran chingada que ese chavo. - Esgrimía a su interlocutor de buenas maneras. - Yo solamente juzgo una novela, no al escritor. La literatura es literatura.
Con el tiempo y las miserias que rodean el rabioso presente al margen, nadie discute de que nos encontramos en Adán Buenosayres con una obra total. Tampoco que a uno de los mejores escritores de lengua hispana le asistía la razón, cuando defendió la creación literaria de Marechal más allá de la comodidad de callar lo que le parecía una injusticia evidente. No debemos confundir obra y autor por más mezquina que nos pueda parecer su trayectoria en la vida. Habrá quienes la consideren excepcional. En cualquier caso, desde aquí consideramos también imprescindible del gran escritor que fue Marechal, El banquete de Severo Arcángelo.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarAquí me pongo a cantar
ResponderEliminaral compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena solitaria
con el cantar se consuela...
Y así fue como este peronista de convicción, Merenchal, al compás del Martin Fierro, pudo concebir una obra como Adán, por ser el primero, Buenosayres, por ser él, porteño, el único que trabajaba en aquel antro donde todos eran charros.
Borges odiaba a la Evita. bailarina de cabaret, amante del un general que se puso los galones así mismo, y demasiado habladora, pero apreciaba la pluma de Celine, escritor antisemita, pero el mejor en aquel momento y en este.
Otra cosa, que no la misma aunque se hable de escritores, y mira por donde, también porteño, como el creador de El Aleph, Borges, otra cosa, digo, es Cortazar. No hay nada mejor que los cuentos de Cortazar, sus cuentos y su Banfield, que sólo él y otros pocos sabemos como son sus hormigas, para eso las retrató y convivió con ellas hasta lograr que la narración, no siendo La Royuela que todos conocemos, no quedara como una cosa suelta.
Las hormigas de Banfield, localidad muy cercana a Lanús, por la linea del ferrocarril General Roca una vez pasado el puente de La Boca y dejando detrás remedios de Escalada...
Un abrazo
Perdona la extensión. Verás que he caminado un poco y hay algún lugar que me traes a colación, y yo, aprovecho y lo rememoro.
Perdón pero he visto una falta de ortografía en lo anterior, por eso he borrado y he corregido.
De perdón nada,Tot,he viajado con tus pasos a mundos que resuenan en mi cabeza con redobles legendarios. Estoy de acuerdo contigo que Cortázar es mucho más que Rayuela,una obra colosal. Y Marechal un escritor a tener en consideración. Escuché a un crítico decir que los argentinos tenían a su propio Joyce y su Ulyses en la obra magna de Marechal. No creo que exagerara.
EliminarLa obra literaria debe considerarse aparte de las adscripciones políticas de un escritor. Hay escritores reaccionarios que son extraordinarios y su ultraconservadurismo no debe impedir nuestra admiración como creadores. El mismo Quevedo era misógino y antisemita pero es un prodigio de arte y creatividad desbordantes. He intentado dos veces leer Viaje al fin de la noche y no he podido con él, hay algo que no es la posición política de Celine que me aleja de este relato que llego a detestar. En cuanto a Cortázar y Leopoldo Marechal está clara la admiración del primero hacia el segundo a pesar de su peronismo. No obstante, en la concesión del Premio Nobel el noventa por ciento es política y es una pena. Acertado artículo para presentar a dos genios argentinos, aunque Marechal no es demasiado conocido en España a diferencia de Cortázar.
ResponderEliminarEstoy completamente de acuerdo, Joselu y como siempre es un placer tener tus reflexiones cargadas de razón y minuciosamente expuestas. Ocurre en casi todos los premios, y la deriva del Nobel en algunos casos es lacerante, por su graves omisiones. Probablemente no hay nadie que lo merezca más que Borges, y por su tendencia a una línea conservadora o como defensor de un orden, que suponía el mayor bien de una sociedad para él, en esta ocasión su ideología se interpuso para que los miembros de la Academia sueca no vieran el bosque amazónico de la literatura borgiana. En cambio, con Pablo Neruda, supieron torcer el voto de un liberal, que veía al magnífico poeta chileno demasiado cercano a la ideología comunista totalitaria. Lo explica muy bien Jorge Edwards en su libro Persona non grata. Vivió los acontecimientos de primera mano, en la embajada chilena en Francia. Querían recabar apoyo internacional para el Gobierno de Allende, ni siquiera Miterrand se atrevía por razones de cálculo político a brindarle esa mano, y en medio de esa marejada de acontecimientos, les llegó la noticia de que el miembro liberal votaba a favor de la concesión del premio y le era otorgado el Nobel, por fin, a Pablo Neruda. En anteriores ocasiones, habían trascendido las deliberaciones y surgía ese escollo del liberal remiso a concedérselo. ¿Un poeta de la trascendencia de Neruda, podría haberse quedado sin premio? Podría haber sido. La lista de agraviados en este caso sería mayúscula. En mi caso, nunca cribo ni me guardo mi opinión sobre un autor y su obra, independientemente de la mezquindad o gloria que muestre en su bagaje más personal. Creo en la literatura, como Cortázar. Por cierto, Quevedo fue un escritor total.
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