¿Existen los unicornios blancos se habrá preguntado el lector alguna vez? Pues en la ópera lo más parecido a los unicornios albos podrían ser los castrati, desgraciados cantantes a los que siendo infantes, les mochaban los testículos para que la voz se conservase virginal, sin las estridencias, que el desarrollo hormonal provocaría más tarde. De acuerdo a los testimonios de la época(s. XIX), el nuevo estado italiano prohibiría práctica tan aberrante, secundado por diversos Papas como León XIII, que pondrían término a la contratación de estas criaturas, para las liturgias vaticanas. Hay quien ve en Italia, una de esas rencillas, tan tragicómicas a veces, entre el eje norte y sur de mi querido país. No en vano, el antiguo reino de Nápoles abrigó esas prácticas, y fue cantera de excelentes castrati. El caso es que sobrevivirán los últimos de los castrados como ángeles condenados y criaturas mitológicas, frisando la barrera del siglo XX, cuando fallece el último de ellos en condiciones de reclusión y de pobreza. ¡No había que enseñar al monstruo!
Su brillo se apagó definitivamente, tras siglos de haber deleitado a los cortesanos europeos. Años más tarde, historiadores de la música recomponen con fragmentos de descripciones y la tesitura de las obras, que se habían escrito especialmente para los castrati, cómo sonarían aquellas voces. Tratemos de imaginar, pese a la barbaridad cómo reverberarían sus gorgoritos. Notas agudas más largas que las de una mujer, dada que su capacidad pulmonar les permitía dotarlas de unos segundos de vida más.Hoy en día los contratenores resultan quizá los más parecido a los unicornios blancos de los que hablábamos al principio. Philippe Jaroussky, uno de estos contratenores destaca por la calidad de su diafragma, y por haber investigado sobre estas figuras claves de la música barroca. Quizá sea el más digno sucesor de Carlo Boschi, el más grande y afamado castrato, más conocido por el sobrenombre de Farinelli. Recomendamos seguir leyendo mientras pulsa el 'play' en el video de Jaroussky.
Pese a que se trataba la forma de salir de la pobreza para familias humildes, los Broschi pertenecían a una estirpe acaudalada del sur de Italia. Por lo que se dudó en su época si de verdad al gran castrato le faltaban los atributos, a pesar de que le adornasen otros. El propio Fainelli nunca aclaró este extremo, seguramente quisiese aprovechar la fascinación que producían esas criaturas sin sexo entre el vulgo y la aristocracia. Además de prendarse de sus repertorios, se les observaba como curiosidad sexual, que a veces traspasaba la línea de la moralidad. - ¿ Te has acostado con alguno de ellos? - Podría preguntar alguna dama de la alta sociedad a su confidente. - ¿Es verdad que se les empalma y duran más? ¿Sus gemidos son musicales?- Hubo algunos romances sonados protagonizados por estas grandes damas cortesanas y aquellos cantores que por razones obvias, no enfadaban a los maridos. Mejor así, que con otro que consumaran, debieron pensar. Egos desmedidos, que se les considerase casi eunucos. Tenían sobre sí el baldón de ser únicos, por su rareza como los unicornios blancos.
Sigamos no obstante, con las aventuras de Farinelli, que cuando llegó a la corte española, no las tenía todas consigo. Sin duda era una corte importante, pero venía rebotado de otras como la francesa, y en España tenían a un rey, Felipe V, sumido en una gran añoranza como se llamaba entonces a la depresión. Inexplicable para muchos. ¿Creería todavía que podría reinar Francia? Había abdicado en 1724 y vuelto a ceñirse la corona tras la muerte de su hijo Luis I por convencimiento de su esposa, la reina Isabel Farnesio, que según el acervo popular, no quería que otra rama ajena a su descendencia asumiese el trono. Va a provocar la enemistad de muchos sectores de la nobleza y de la población en general contra la reina. El regir unos destinos que no anhelaba podría ser otra de las fuentes de su melancolía.
Una noche que, Felipe V se acodaba en la mesa, y con sus ojos infinitos se perdía horas seguidas recreándose con los frescos de La Granja, las manos de su mujer aletearon para dar unas palmas que captasen su atención. Así fue que antes de que llegase Morfeo, indolente a posarse en sus párpados, le dijo Doña Isabel, que le tenía una sorpresa guardada. ¿Acaso le podría sorprender algo en la vida? Cuando el castrato hizo acto de presencia. Un regalo de su esposa para combatir la melancolía, que hacía mella en el primer Borbón de la dinastía española. - ¿Quién es?- Preguntó Felipe V escocido por la intriga. Ojos insinuantes, que provocan el regocijo en la todopoderosa Isabel de Farnesio.
- ¿No lo reconoce su majestad?
-Claro que no, majestad. - Los retratos pintaban un rostro afeminado de Farinelli, nada que ver con el hombre rozagante y elegante que se había parado ante el monarca.
Además pesaban oscuras leyendas sobre él. ¿Quién más y quien menos se había buscado las mañas para escuchar a escondidas al prodigio del que hablaba toda Europa? A regañadientes, había salido a escape de una Inglaterra, donde el gran Häendel gobernaba y quería conducir a su redil a los cantores de su compañía. Quizá esté el hooliganismo en sus raíces, pues entonces el gran castrado se vio en medio de una disputa entre Häendel y la escuela rival, que bien nos podría recordar a escenas de la serie Peaky Blinders. Se jugaban el favor del público también a guantazos. Eso ya era recuerdo afortunadamente para el cantante, al que también en una de aquellas rencillas, le cayó una buena lluvia de sopapos.
Las tribulaciones de Farinelli habían cambiado. ¿Curaría la enfermedad del rey, que todo lo había conseguido? Hasta una guerra mundial, por su sucesión, en la que acabó venciendo al candidato austracista(1) ¿Qué podía desear más? El pueblo no entendía de esos males que aquejaron a un monarca tan afligido. Ni los cortesanos más cercanos del círculo de Felipe de V. De pronto, mientras se daban en el codo, brotó de aquellos labios la más angelical y aguda de las notas. La belleza había cautivado al monarca triste, y le cautivaría durante dos décadas, en las que el Farinelli cantaba un repertorio parecido todas las noches. Convivió con otro grande de la música en Madrid, Domenico Scarlatti, influyó para que en España triunfase la ópera italiana y tuvo tanta ascendencia en el rey, que éste le asimiló a la categoría de primer ministro. El lugar donde vivía en Madrid, fue conocido por el pueblo madrileño como la Casa de los Capones, por la extirpación de los atributos de sus moradores. Cantera de castrati en España, dirigida cómo no, por el gran Farinelli. Pasados los años, después de haber amasado una gran fortuna, retornó a su Nápoles natal para pasar los últimos años de una vida tan prolífica y llena de belleza.
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Carlo Broschi, leyenda del canto. |
Su brillo se apagó definitivamente, tras siglos de haber deleitado a los cortesanos europeos. Años más tarde, historiadores de la música recomponen con fragmentos de descripciones y la tesitura de las obras, que se habían escrito especialmente para los castrati, cómo sonarían aquellas voces. Tratemos de imaginar, pese a la barbaridad cómo reverberarían sus gorgoritos. Notas agudas más largas que las de una mujer, dada que su capacidad pulmonar les permitía dotarlas de unos segundos de vida más.Hoy en día los contratenores resultan quizá los más parecido a los unicornios blancos de los que hablábamos al principio. Philippe Jaroussky, uno de estos contratenores destaca por la calidad de su diafragma, y por haber investigado sobre estas figuras claves de la música barroca. Quizá sea el más digno sucesor de Carlo Boschi, el más grande y afamado castrato, más conocido por el sobrenombre de Farinelli. Recomendamos seguir leyendo mientras pulsa el 'play' en el video de Jaroussky.
Pese a que se trataba la forma de salir de la pobreza para familias humildes, los Broschi pertenecían a una estirpe acaudalada del sur de Italia. Por lo que se dudó en su época si de verdad al gran castrato le faltaban los atributos, a pesar de que le adornasen otros. El propio Fainelli nunca aclaró este extremo, seguramente quisiese aprovechar la fascinación que producían esas criaturas sin sexo entre el vulgo y la aristocracia. Además de prendarse de sus repertorios, se les observaba como curiosidad sexual, que a veces traspasaba la línea de la moralidad. - ¿ Te has acostado con alguno de ellos? - Podría preguntar alguna dama de la alta sociedad a su confidente. - ¿Es verdad que se les empalma y duran más? ¿Sus gemidos son musicales?- Hubo algunos romances sonados protagonizados por estas grandes damas cortesanas y aquellos cantores que por razones obvias, no enfadaban a los maridos. Mejor así, que con otro que consumaran, debieron pensar. Egos desmedidos, que se les considerase casi eunucos. Tenían sobre sí el baldón de ser únicos, por su rareza como los unicornios blancos.
Sigamos no obstante, con las aventuras de Farinelli, que cuando llegó a la corte española, no las tenía todas consigo. Sin duda era una corte importante, pero venía rebotado de otras como la francesa, y en España tenían a un rey, Felipe V, sumido en una gran añoranza como se llamaba entonces a la depresión. Inexplicable para muchos. ¿Creería todavía que podría reinar Francia? Había abdicado en 1724 y vuelto a ceñirse la corona tras la muerte de su hijo Luis I por convencimiento de su esposa, la reina Isabel Farnesio, que según el acervo popular, no quería que otra rama ajena a su descendencia asumiese el trono. Va a provocar la enemistad de muchos sectores de la nobleza y de la población en general contra la reina. El regir unos destinos que no anhelaba podría ser otra de las fuentes de su melancolía.
Una noche que, Felipe V se acodaba en la mesa, y con sus ojos infinitos se perdía horas seguidas recreándose con los frescos de La Granja, las manos de su mujer aletearon para dar unas palmas que captasen su atención. Así fue que antes de que llegase Morfeo, indolente a posarse en sus párpados, le dijo Doña Isabel, que le tenía una sorpresa guardada. ¿Acaso le podría sorprender algo en la vida? Cuando el castrato hizo acto de presencia. Un regalo de su esposa para combatir la melancolía, que hacía mella en el primer Borbón de la dinastía española. - ¿Quién es?- Preguntó Felipe V escocido por la intriga. Ojos insinuantes, que provocan el regocijo en la todopoderosa Isabel de Farnesio.
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Häendel |
- ¿No lo reconoce su majestad?
-Claro que no, majestad. - Los retratos pintaban un rostro afeminado de Farinelli, nada que ver con el hombre rozagante y elegante que se había parado ante el monarca.
Además pesaban oscuras leyendas sobre él. ¿Quién más y quien menos se había buscado las mañas para escuchar a escondidas al prodigio del que hablaba toda Europa? A regañadientes, había salido a escape de una Inglaterra, donde el gran Häendel gobernaba y quería conducir a su redil a los cantores de su compañía. Quizá esté el hooliganismo en sus raíces, pues entonces el gran castrado se vio en medio de una disputa entre Häendel y la escuela rival, que bien nos podría recordar a escenas de la serie Peaky Blinders. Se jugaban el favor del público también a guantazos. Eso ya era recuerdo afortunadamente para el cantante, al que también en una de aquellas rencillas, le cayó una buena lluvia de sopapos.
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Philippe Jaroussky, el más grande de los contratenores actuales. |
Las tribulaciones de Farinelli habían cambiado. ¿Curaría la enfermedad del rey, que todo lo había conseguido? Hasta una guerra mundial, por su sucesión, en la que acabó venciendo al candidato austracista(1) ¿Qué podía desear más? El pueblo no entendía de esos males que aquejaron a un monarca tan afligido. Ni los cortesanos más cercanos del círculo de Felipe de V. De pronto, mientras se daban en el codo, brotó de aquellos labios la más angelical y aguda de las notas. La belleza había cautivado al monarca triste, y le cautivaría durante dos décadas, en las que el Farinelli cantaba un repertorio parecido todas las noches. Convivió con otro grande de la música en Madrid, Domenico Scarlatti, influyó para que en España triunfase la ópera italiana y tuvo tanta ascendencia en el rey, que éste le asimiló a la categoría de primer ministro. El lugar donde vivía en Madrid, fue conocido por el pueblo madrileño como la Casa de los Capones, por la extirpación de los atributos de sus moradores. Cantera de castrati en España, dirigida cómo no, por el gran Farinelli. Pasados los años, después de haber amasado una gran fortuna, retornó a su Nápoles natal para pasar los últimos años de una vida tan prolífica y llena de belleza.
(1) Al final, el factor decisivo fue la muerte repentina de José I de Habsburgo la que decantó la balamza, y removió las alianzas de la disputa. Una alianza España Austria, pasaba a ser más temida. Y originó que se estrechasen las posturas entre las potencias concernidas en este conflicto sucesorio.
Desde luego Philippe Jaroussky tiene una voz prodigiosa. Una voz con un registro difícil de encontrar.
ResponderEliminarMenuda entrada! La de Sousa Mendes me encantó, y ésta me dejó sin palabras. Sabía de la existencia de los eunucos en las culturas china y árabe o la castración de Alan Turing pero jamás había leído nada sobre los castrati. Nacer con buena voz era una condena. Se me pusieron los pelos como escarpias según iba leyendo. Qué salvajada!! Pero por qué no optaban por mujeres?
En cuanto a Farinelli, admito mi ignorancia, pero a pesar de su minusvalía genital supo moverse por los mejores ambientes de su época e intuyo que debió ser un innovador.
Tremenda historia Sergio, pero magníficamente narrada.
Un abrazo.
Muchas gracias por tus palabras , Marybel, más valiosas viniendo de ti. La verdad es que llevaron una vida nómada y se exhibían con curiosidad en las cortes, que valoraban la hermosura de unas voces únicas y el morbo de su falta de atributos. De Farinelli se hizo una película, que vi hace siglos. Sin embargo, el último castrato que vivió creo hasta 1903,tendría una novela y filme, seguro. Farinelli tuvo un reconocimiento abrumador. ¿Qué logró el último castrato? ¿Vergüenza, marginación y pobreza? Se capaba a estos pobres, porque por su mayor capacidad pulmonar, podían sostener las notas más tiempo que una cantante femenina.
EliminarEstoy muy contento de que te haya encantado. Aunque sea una historia tan triste.