D´Annunzio y los Arditi

"La muerte está aquí...tan hermosa como la vida, embriagadora, llena de promesas, transfiguradora." 

Habla Mario Carli, para hacer un coro de murmullos.-Si podéis mirar a la cara a los seiscientos cincuenta mil compatriotas muertos en la guerra, y no sentir vergüenza, volveréis a vuestras casas sin peso alguno a rastras. Pero si os duele un poco su sacrificio, recordad que ellos dieron la vida por la patria y se preguntan a qué estáis dispuestos vosotros.- Un círculo de camisas brunas rodeaba al excombatiente de la guerra, de palabra audaz. Durante la contienda, Los Arditi(1) como tropa de choque había alardeado de una violencia inusitada, con el fin de causar pavor entre sus enemigos austriacos; repitieron la escena en la que empuñaban sus puñales junto a unas sonrisas fieras, previa a cualquier embestida contra las líneas rivales. Ahora, cuando los rescoldos de la batalla todavía humeaban, y la paz no había sido suficiente para calmar su inquietud, rodeaban en busca de consuelo al Capitan Carli, íntimo decían los rumores del "padre del futurismo", Filippo Tommaso Marinetti , con el que había elaborado manifiestos y discursos que sacralizaban la violencia como el nuevo cáliz del cambio. En cualquier caso, Fiume aguardaba a los dos mil seiscientos combatientes igual que la novia impaciente. Seguidamente El vate como lo llamaban, Gabrielle D´Annunzio tomaría la palabra desde la balconada:

- "¿ Quién ha dicho que la vida es sueño? La vida es un juego"(2). Y vamos a jugar, por supuesto- Enclenque, calvo, el magnetismo de D´Annunzio brotaba sin embargo de la energía que imprimía a las palabras y  a sus andares. Eran conocidos los numerosos aspavientos que cautivaban a un auditorio de rostros ardientes, dispuestos a morir en "el altar de la patria" ¿ Se tomaría alguna sustancia para tener esos bríos tan impetuosos? Continuó perorando el bardo - Debemos dejar una huella con cada uno de nuestros actos. Nosotros no somos pusilánimes, y no nos quedaremos quietos ante la justicia de Fiume. ¡ Fiume es un rayo de esperanza y de libertad en el sombrío concierto internacional!  

Luego el veterano Arditi, el capitán Carli prosiguió con el discurso remontándose con tanta vehemencia a los campos de batalla, sembrados de tibias y calaveras, que un viejo sentimiento de camaradería surgió en los circunstantes. El desprestigio de la democracia había llevado a la vía institucional a su nadir. Todo giraba en torno a lo mismo. 

- Porque los políticos os prometerán que la única vía son las instituciones, y qué le ha ocurrido a nuestra disciplinada y gloriosa patria. Aguardó confiada a que se resarciera nuestra participación en la guerra y nos pagaron con el contubernio de Versalles.  

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El ardor guerrero fue imitado por las posteriores camisas negras.

Los soldados interrumpieron al mismísimo Mario Carli, entre aplausos sus ojos refulgieron como los de las fieras y Fiume se presentaba allí, la dulce promesa de los lirios para embriagar su juventud de una dicha patriótica. Muchos italianos creyeron como D´Annunzio que la vía institucional estaba agotada. A sus ojos, Italia no debía seguir jugando el papel de comparsa de Francia e Inglaterra - en sus desvelos excluían al gigante americano, y a su presidente, el idealista Woodrow Wilson. Esta corriente muy nacionalista, acaudillada por el poeta Gabrielle D´Annunzio. tan sólo reclamaba lo que se les había prometido: Fiume, Trieste y Dalmacia como compensación del esfuerzo bélico. Antiguos territorios del Imperio Austrohúngaro que se integraban en la nueva Yugoslavia, creación de entonces originada en los  Tratados. Yugoslavia, los pueblos Eslavos del Sur. Ni siquiera habían recibido compensaciones por la destrucción acaecida en la gran pugna europea, protestaron quejicosos los negociadores mandados por Roma.


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Gabrielle D´Annunzio supo canalizar con hados poéticos el descontento e indignación de entonces. Convertir en territorios eslavos lugares donde los italianos eran mayorías amplias, o ceder el botín prometido, la solución Wilson, tampoco saciaba los apetitos de los acólitos que lideraba el poeta, que se  refería desdeñosamente a la farsa de Versalles y a la humillación que subyacía en el mandato dimanado de allí. ¿Cómo se atrevían a desplegar a tropas internacionales en una región de habla y de población italiana? Por esta razón, D´Annunzio con sus dos mil seiscientos Arditi se abalanzó sobre Fiume, comprometiendo al ejecutivo italiano con su Acción Directa. Qué era la Acción directa, pues al contrario de la vía a ninguna parte de las instituciones y el orden internacional, los pueblos con firme resolución pueden adueñarse de su futuro. Si con resolución ocupaban los territorios que reclamaban justamente desde el país de la bota, acabarían siendo suyos. En Italia nadie siguió su ejemplo. 


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Mussolini, alumno brillante del discurso violento
y que glorificaba la muerte


No obstante, aquí estriba lo importante, que e
sta acción directa sería copiada unos pocos años después por los fascistas en la Marcha a Roma de 1922. Y Mussolini plagiaría los aspavientos del maestro D´Annunzio para arengar a las multitudes con una impronta teatral;Los Arditi engrosarían las filas fascistas, y traerán sus camisas negras. En cuanto a Fiume, los contingentes internacionales se retiraron porque la población apoyaba a los hombres de D´Annunzio, que fundó a continuación una suerte de Estado Libre asociado a Italia. Se enfrentó a su propio país, redactaron una Carta del Carnaro que contenía mucho del corportativismo en el que se inspiraría el Duce. Más que la importancia intrínseca de los Arditi y el poeta que cantaba y dirigía sus hazañas, fue su capacidad de transmitir un discurso palpitante que llevó a Benito Mussolini al poder( Fiume se reintegró a Yugoslavia en 1924). Su glorificación de la muerte encontró amplios ecos en el viejo continente. Hitler siempre le rindió devota admiración, porque como otro poeta americano, Henry Wadsworth Longfellow atisbó, casi siempre los estallidos de violencia nacen de ideas románticas y poéticas cantadas por rapsodas. No le faltaba razón en el caso de D´Annunzio, enorme artista, pero una bestia como hombre.

(1)Cabe recordar que para los nacionalistas italianos, estas tropas de élite representaban una especie de reserva espiritual frente a la sociedad  decadente que con ideas como el pacifismo, habían permitido la gran debacle de Caporetto. El inoperante Cadorna había sido blanco de las críticas, pero había un poso de derrotismo que achacaron a los católicos pacifistas y a los socialistas, que en gran parte se opusieron a la intervención italiana en el conflicto de 1914-1918. Hicimos una semblanza triste del desastre de Caporetto. Son más dañinas las consecuencias en el medio y largo plazo.
(2) Sólo el entrecomillado puede ser atribuido a los protagonistas de esta historia, el resto aunque concuerda con su pensamiento, son efusiones con las que hemos dejado volar la imaginación que con todo, camina dentro de lo posible. 

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