A los cristianos, la manzana fementida, nos evoca al objeto de la discordia en el Paraíso, cuyo disfrute nos despojó de él. Veleidosa Eva, a la que achacaremos nuestra forma insidiosa de ganarnos la vida, esto es, a que debamos sudar la tinta gorda para ganarnos el sustento, en vez de que éste llegue caído del cielo. Pero parece un mito que se repite como otras "fábulas" de la cultura occidental y porqué no de la universal (el gran diluvio o los cometas que parecen carros de fuego, también las historias de los tres dioses de los belicosos higüey, que nos recuerdan a la Santísima Trinidad) tienen ese dejo místico que nos hacen razonar de forma trascendente, con relación a un pasado común.
Otro caso de la manzana fue el que protagonizó el inefable Paris, causante de desdichas para buena parte de los troyanos, que se vieron envueltos en una guerra por culpa de los amores del hijo del rey. Recordemos que hasta el descubrimiento de Troya, los historiadores creyeron que todos los relatos relacionados con esta ciudad del Asia Menor, fueron ficciones del gran Homero. Pero el tendero, como se le llamaba despectivamente a Heinrich Schliemann, interpretando literalmente los textos del gran poeta, llegó a encontrar su localización en la colina de Hisarlik tal y como nos cuenta National Geographic en este artículo . Tras este inciso volvamos a Paris y su dilema, en este caso trilema como decimos los economistas que se le presentó encarnado en tres diosas ( otra vez la Santísima Trinidad). Imaginemos una de esas tardes perezosas, en las que el tiempo muere lentamente en la yema de nuestros dedos y en las que cualquier ocupación nos llena de tedio.
Súbitamente aparecen, como decíamos, las tres diosas: Hera, Afrodita y Atenea. El joven, sorprendido, no sale de su arrobo hasta que Afrodita la más lanzada, le espeta.- ¿ Te has quedado como una estatua, muchacho?
- Es que, es que.- No arrancaba por irrupción tan inopinada.- ¿ A qué se debe este honor? Nunca antes me habían visitado tres diosas a la vez.
- A ver, cómo te lo explico.- Se abalanzó Hera, desprendida de cualquier signo de vergüenza.- Estábamos en la boda de Tetis y Peleo.
- ¿ Y no me digas que acabasteis peleando? Por Peleo.
- No hace gracia, Paris.
-Porque Eris, la diosa de la discordia, que Zeus la tenga en su seno. Pues la muy eso.- Se contuvo Afrodita.- Arrojó una manzana de oro con un mensaje "para la más bella", que por supuesto soy yo.
- Chicas, no os peléis.- Advirtió conciliador Paris.
- La belleza interior también cuenta, engreída.- Apreció Atenea, con sus ojos sabios. - Pero el caso es que Zeus decidió que tú eligieras a la más bella.
- Será, ca...- Rezongó para él, pues el hijo del Rey de Troya se resabió dado que tendría que disputar con esas tres arpías, que seguían hablando y casi llegan a las manos. Con lo a gusto que estaba tocándose las pe....nosas uñas, que se tendría que arreglar. Era muy coqueto. Parecía un águila con las mismas tan crecidas.
- Si me eliges a mí, yo te prometo la gloria, Paris.- Proclamó Hera.- Si me eliges a mi, claro.
- Yo te prometo la sabiduría, querido Paris, con ella podrás tomarte la vida con más filosofía.- Le ofreció la muy sabia Atenea.
- Nada comparado con que la joven más hermosa te ame solamente a ti.- Le espetó Afrodita, que le puso una cara risueña.
Como sabemos, Paris, no en vano, es la ciudad del amor, eligió a Afrodita, y gracias a su ayuda raptó a Helena - la más hermosa- esposa del rey de Esparta, Menelao. Así comenzaría una guerra que tuvo el conocido final del Caballo de Troya.
Y en la elección de Paris, resuenan en nuestras mentes la estulticia que como señalaba Eduardo Galeano, nos acerca al troyano, que igual que todos, se decantó por la belleza:
"El médico brasileño Drauzio Varella ha comprobado que el mundo invierte cinco veces menos dinero en la cura del mal de Alzheimer que en estímulos para la sexualidad masculina y en siliconas para la belleza femenina.
—De aquí a unos años —profetizó—, tendremos viejas de tetas grandes y viejos de penes duros, pero ninguno de ellos recordará para qué sirven."
Los mitos se repiten, y Paris de haber llevado una vida placentera en nuestros días, hubiese padecido Alzheimer con el pene duro, por supuesto.
Otro caso de la manzana fue el que protagonizó el inefable Paris, causante de desdichas para buena parte de los troyanos, que se vieron envueltos en una guerra por culpa de los amores del hijo del rey. Recordemos que hasta el descubrimiento de Troya, los historiadores creyeron que todos los relatos relacionados con esta ciudad del Asia Menor, fueron ficciones del gran Homero. Pero el tendero, como se le llamaba despectivamente a Heinrich Schliemann, interpretando literalmente los textos del gran poeta, llegó a encontrar su localización en la colina de Hisarlik tal y como nos cuenta National Geographic en este artículo . Tras este inciso volvamos a Paris y su dilema, en este caso trilema como decimos los economistas que se le presentó encarnado en tres diosas ( otra vez la Santísima Trinidad). Imaginemos una de esas tardes perezosas, en las que el tiempo muere lentamente en la yema de nuestros dedos y en las que cualquier ocupación nos llena de tedio.
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Helena y Paris, tras la Guerra de Troya |
Súbitamente aparecen, como decíamos, las tres diosas: Hera, Afrodita y Atenea. El joven, sorprendido, no sale de su arrobo hasta que Afrodita la más lanzada, le espeta.- ¿ Te has quedado como una estatua, muchacho?
- Es que, es que.- No arrancaba por irrupción tan inopinada.- ¿ A qué se debe este honor? Nunca antes me habían visitado tres diosas a la vez.
- A ver, cómo te lo explico.- Se abalanzó Hera, desprendida de cualquier signo de vergüenza.- Estábamos en la boda de Tetis y Peleo.
- ¿ Y no me digas que acabasteis peleando? Por Peleo.
- No hace gracia, Paris.
-Porque Eris, la diosa de la discordia, que Zeus la tenga en su seno. Pues la muy eso.- Se contuvo Afrodita.- Arrojó una manzana de oro con un mensaje "para la más bella", que por supuesto soy yo.
- Chicas, no os peléis.- Advirtió conciliador Paris.
- La belleza interior también cuenta, engreída.- Apreció Atenea, con sus ojos sabios. - Pero el caso es que Zeus decidió que tú eligieras a la más bella.
- Será, ca...- Rezongó para él, pues el hijo del Rey de Troya se resabió dado que tendría que disputar con esas tres arpías, que seguían hablando y casi llegan a las manos. Con lo a gusto que estaba tocándose las pe....nosas uñas, que se tendría que arreglar. Era muy coqueto. Parecía un águila con las mismas tan crecidas.
- Si me eliges a mí, yo te prometo la gloria, Paris.- Proclamó Hera.- Si me eliges a mi, claro.
- Yo te prometo la sabiduría, querido Paris, con ella podrás tomarte la vida con más filosofía.- Le ofreció la muy sabia Atenea.
- Nada comparado con que la joven más hermosa te ame solamente a ti.- Le espetó Afrodita, que le puso una cara risueña.
Como sabemos, Paris, no en vano, es la ciudad del amor, eligió a Afrodita, y gracias a su ayuda raptó a Helena - la más hermosa- esposa del rey de Esparta, Menelao. Así comenzaría una guerra que tuvo el conocido final del Caballo de Troya.
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Heinrich Schliemann, descubrió la mítica
Troya
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Y en la elección de Paris, resuenan en nuestras mentes la estulticia que como señalaba Eduardo Galeano, nos acerca al troyano, que igual que todos, se decantó por la belleza:
"El médico brasileño Drauzio Varella ha comprobado que el mundo invierte cinco veces menos dinero en la cura del mal de Alzheimer que en estímulos para la sexualidad masculina y en siliconas para la belleza femenina.
—De aquí a unos años —profetizó—, tendremos viejas de tetas grandes y viejos de penes duros, pero ninguno de ellos recordará para qué sirven."
Los mitos se repiten, y Paris de haber llevado una vida placentera en nuestros días, hubiese padecido Alzheimer con el pene duro, por supuesto.
Genial, amigo Sergio, un gran artículo, muy ameno y, hasta divertido, un gusto leerlo... y me alegro en coincidir en lo de
ResponderEliminarSchliemann, pues mi último poema que se titula "Hisarlik", trata de esa obsesión, de el "tendero" como tu dices, en la búsqueda de la Troya homérica, y que al final encuentra, o al memos algo que se le asemeja mucho... Ojalá que hubiera muchos tenderos como Schliemann... Un placer leerte.
Un abrazo!!!
Por supuesto, maestro, nos harían más falta más Schliemann, y su poema Hisarlik es una gozada para los sentidos y un deleite para los amantes de la historia.
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