El Café Gijón envuelto en las brumas de los cigarrillos y de sus desesperanzas. Asoma por allí un joven hirsuto, enlutado, que fuma como un cosaco y que de vez en cuando se toma un carajillo. Extraño, garabatea notas que parecen aprehender la sustancia etérea que conforma la literatura. Su camisa negra, una mirada lacónica que no deja adivinar un atisbo de lo que desconsuela o en su caso anima, despierta el interés de la concurrencia. Ajeno al nuevo visitante, Don Camilo José Cela diserta sobre el gafe, no ha llegado al El Cipote de Archidona que alumbrará las crónicas sexuales y del disparate en años venideros, cuando uno de los contertulios del gallego, pellizca a su compañero. Todo un sacrilegio porque Cela tiene una aureola mágica al estar prohibidas parte de sus obras. - ¿Quién es ese solitario? - Le bisbisea con tal de no afrentar al futuro nobel.
- Alfonso, Alfonso Sastre.- El interfecto brama volutas de humo en una faz de fauno. Creativa, pero la mar de embrutecida a pesar de su juventud.
- Y ese quién coño es.- El curioso no sacia sus ansias de entrometerse en la vida de los demás. Es uno de los tantos meritorios, que vaga en busca de una oportunidad que nunca llegará.- Y por qué viste de negro ¿ Se le ha muerto alguien?
- No, es existencialista, y por eso viste de negro. O quizá no tenga ropa de otro color.
- ¿Existencialista?
- Sí, los que siguen a Sartre y Camus. - Como le pone cara de póquer.- Los franceses comunistas que se rebelaron contra los invasores.
- Muchas películas se han contado los franceses.- Entonces el futuro Cipote de Archidona alza sus ojos alevosos y reprende a los parlanchines.
- A ver, Mínguez, o mingas, qué nos quiere proponer. Me callo para escucharte.- Estallan las risas, que llegan amortiguadas por la neblina del tabaco. Y el meritorio que nunca llegará a nada, se sonroja. Y mira con sonrisa helada al Señor Sastre.
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Café Gijón lugar clave de nuestra cultura. |
Desnudemos entonces a Sastre, para que el fisgón quede saciado por fin. De insospechadas
filias para un hombre de carácter borrascoso o cuando menos así se mostraba en
numerosas entrevistas. Siempre nos pareció un hombre anclado a un pasado remoto, que se quiere recuperar. En este caso si nos ocupa un tipo que luchó a brazo partido contra el franquismo. Por otra parte, podremos haber barruntado infinitas cosas de
un dramaturgo que se ha prestado a exponer su figura pública en numerosas
ocasiones, y aun cuando no estemos ni mucho menos de acuerdo con algunos de los
posicionamientos de Alfonso Sastre, sobre todo políticos, hemos de reconocerle
un genio en su quehacer dramático ( sus últimos devaneos con la izquierda abertzale y el entorno filoetarra, pero en esta entrada buscamos aguas más mansas) . De la generación del 50, muchas son las
muestras de su arte, hasta algunos prólogos tienen el fino tiento literario, y
la vena poética que camufla con deleite en otros géneros. A pesar de que
sus retruécanos suenen hasta grandilocuentes, como él mismo reconoce, tiene
vicios y pasiones inconfesables, que cultiva casi de manera clandestina. Son debilidades que rozan lo pop y tocan pilares del capitalismo más kitsch
De
ahí, que no sólo se sorprendiese cuando en una noche intempestiva, aporreasen
su puerta. Llovía a cántaros, y el maduro escritor disfrutaba de un gozoso calor en el seno de su pieza. Papeles emborronados volaban sobre las mesas de su gabinete, libros apilados en farallones y que cuando Don Alfonso quería buscar una referencia, habría por fuerza de remover todo la pieza. "¡Roma con Santiago, Rediós! Dónde coño está La Arboleda perdida, pues perdida en todo tu maremagno, Alfonsito." Como los locos habla solo. Vuelve a sonar el timbre. Imposible, si soy un ermitaño. Hasta que abre a un emisario proveniente de no sabe qué mazmorra para encomendarle
una tarea, que le dejó patidifuso y que abundó en su idea de un gran hermano.
El era practicante asiduo y a escondidas de las lecturas escabrosas de Robert Bloch. Aunque había profesado su fe a hurtadillas, pues un individuo de izquierdas, perteneciente a la llamada gran cultura por sólidas razones, sus obras de teatro pacificistas, se deleitaba en el baño demorándose en el truño, leyendo el subproducto de Bloch.
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El inquietante Robert Bloch |
Casquería imaginativa, excelentemente escrita, si bien, en el añorado paraíso comunista no había cabida para los degenerados que aparecían en los escritos del creador de Psicosis. "Si al hombre no se le explota, no se puede volver un orate" Se repite para orear el mantra de los leninistas. "El hombre no puede soñar, son los sueños del capitalismo los que nos pervierten" En cambio, a él aquellas historias le seducen. Y llega el emisario para que haga el prólogo de El terror volvió a Hollywood. Ese marchito emisario se arrellana en su sillón y se despabila el ron Caney, anoten, el mejor ron del mundo según el increíble Leonardo Padura que constituyen el polisón de sus noches. Sabemos que el gran Alfonso Sastre, a pesar de sus pecados veniales y flirteos con el totalitarismo, no se resiste al encargo, pues podemos leer la introducción a lomos de una recreación literaria. Aconsejamos la literatura de ambos. Incluso de Bloch que escarba dañino sobre las miserias humanas. El prólogo de Sastre vale su precio. Una maravilla con la que fabula el viejo cascarrabias. ¡ Viva la literatura!
Pd: Hagamos
siquiera un recuento somero antes de concluir con tan inverosímil historia de la dilatada
trayectoria del señor Sastre. Perteneció a la famosa Generación del 50 Sastre
frecuentaba el Café Gijón algo desastrado en su vestimenta. Quiso definirse como escritor católico con conciencia social - de aquellos polvos se suele decir, soñador que derivó en algo totalitario- de hecho como recuerda Fernán Gómez que tenía fama
de santurrón .Se adscribió a aquel grupo contradictorio con Alfonso Paso que
quiso fundar un nuevo estilo de teatro, el GTR que suena a fabuloso automóvil. Un grupo de teatro realista en su larga trayectoria. Hay muchas obras magníficas, pero como no queremos abandonar el tono más lúdico, nos llama la atención los equívocos que quiso enmendar en balde el autor en El
pan de todos donde realmente quería hacer una loa al comunista qué fusila su
propia madre que se lucra con el estraperlo. Al final se pinta a los comunistas como tan fieros que no tienen piedad ¡ni de una madre! ( estraperlo proviene del escándalo que afectó a Lerroux Strauss y Pearl y que abordaremos en otra entrada). Por hoy concluimos, y más adelante analizaremos algunas de las obras de Sastre.
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