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Ayala en el Homo Videns de Sartori


Con una sonrisa cándida, Don Francisco Ayala reivindicaba su faceta literaria por encima de la ensayística, que fue en todo caso muy prolija. El exilio le había permitido conocer a la generación dorada de la ciencia ficción argentina, y compartir mesa y mantel con los mejores poetas del continente americano. Consideraba a la enorme poetisa chilena, Gabriela Mistral, un personaje extraño, cuyas extravagancias le sumían en un silencio risueño, y que por  caballerosidad no iría a desvelar en una entrevista. De Pablo Neruda, al que profesaba una especie de desdén por su intromisión en el ardoroso mundo de la política, le separaba un infinito de concepciones. Otro tanto le ocurría con un Jorge Amado, fiel exegeta del estalinismo, régimen al que salvaba de cualquier crítica. En el fondo, nuestro pensador creía que la clara definición ideológica suponía un tamiz de gran calibre, que cegaba las percepciones del intelectual.



Homo Videns, la sociedad teledirigida,
Escrita por Giovanni Sartori, remueve
nuestras convicciones

El intelectual según su entender, no podría decantarse por una idea política, que mediatizase sus conclusiones (a semejantes términos había llegado como Octavio Paz, tras recalar en diversas ideologías de mayor sensibilidad social, por lo que fue muy paradójico verle apadrinar la memoria histórica junto al ex Presidente Zapatero). Después de todo, el literato granadino menospreciaba su obra ensayística, que cubre un vericueto dilatado del siglo XX. Insistía que la sociología tiene el inconveniente de que basa sus premisas en un sustrato cambiante, la sociedad, mientras la literatura tiende a lo universal. Por eso los personajes literarios de Shakespeare, Cervantes u Homero son universales no sólo geográficamente, sino que la termita del tiempo apenas ha asomado por ellos. En este supuesto, nos tememos que somos más escépticos, si cabe. Sólo la buena literatura hace pervivir a los grandes personajes, e incluso algunos de estos protagonistas padecen una esclerosis, que chirría en nuestros tiempos donde la imagen ejerce una dictadura atroz ( ver este enlace donde discutimos de la inmortalidad y la heroicidad en la que ésta última parece caer en saco roto para un descreído Occidente).




Pablo Neruda no hizo muchas migas con Francisco Ayala
De Unknown (Mondadori Publishers) -
http://www.gettyimages.co.uk/detail/news-photo/
three-quarter-face-portrait-of-a-thoughtful-pablo-neruda-news-photo/174306045,
Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40912536



La idea de Ayala era por tanto, que se le reconociese por sus incursiones narrativas, con un gran marchamo de calidad gracias a la hondura de sus protagonistas que muchas veces buscan la redención, o  nos desvelan con una humanidad demasiado descarnada, nuestras miserias. Con todo, leyendo sus ensayos, también existe el dejo inmarcesible similar al que encontramos en la gran literatura. Es verdad, que en los tiempos donde la introspección de ese fenómeno de la masa(1) que principiaba y crecía como la hidra en sus primeros ensayos, da algunos trancos de ciego.  No en vano, juzga que los medios poderosos iban a moldear a una opinión pública que funciona a golpes de emoción. Al cabo del tiempo, se percató de que el proceso inverso era de una intensidad aún más fuerte. Esto es, que la masa acabaría influyendo en los mass media de forma más notable y que la inversa no es tan evidente como sospechaba en los años 30. Así la calidad de la programación alcanzaría el nadir. Salvo la BBC que es la única misión que encomendaría a un medio público, el resto de empresas de comunicación han ido degradando su parrilla. En esta parte entroncamos con el sociólogo y pensador italiano, desaparecido en fechas recientes, Giovanni Sartori



El profesor Sartori en una de las numerosas conferencias
que impartió por medio mundo

De Rankawito - Trabajo propio, Dominio público,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7366064


En Italia le teníamos por un hombre de una sabiduría insondable, pero también nos sentábamos delante del televisor predispuestos a sorprendernos con algún razonamiento del profesor Sartori, que evidenciaría el estrechísimo corsé que llevamos pegado de forma inconsciente a nuestros pensamientos: la ideología de lo políticamente correcto. Asistíamos incómodos a sus elucubraciones referentes a lo que denominaba el homo videns, un nuevo arquetipo sociológico cuya vida giraba en torno a la televisión y que crearía sobre la imagen, su subproducto cultural. Otro concepto interesante es el del video – niños, que verían atrofiadas muchas de sus capacidades por un entorno eminentemente dominado por las imágenes y que nos da por hechos frente al libro v.g, muchos de los ejercicios con los que se desarrollaban nuestras mentes antaño. Convendría revisitar a este gran pensador italiano, cuyas profecías parecen cumplirse fielmente. Antes de lanzarnos a la panacea de una educación tecnológica como dice este artículo de El Confidencial, no estaría de más preguntarnos en qué medida atrofian otras capacidades de los alumnos estas inmersiones tan vehementes. Sartori hablaba de una regresión cultural, que habían pronosticado tanto Ayala como su maestro Ortega ( es curioso el artículo de este joven periodista, según el cual, las app con su interacción, nos salvarán de la molicie, al contrario de lo que sugiere el pensador alpino) . De cualquiera de las maneras, Sartori  tiene la virtud de explicitar y plasmar en un mundo más acorde con nuestra realidad las ideas que subyacían en Ortega y Gasset o Ayala. Asimismo, el italiano ataca como polítólogo muchas de las ideas de la política y la democracia que por la complejidad que revisten, abordaremos en otra ocasión - multiculturalidad y otros dogmas que rebate con fiereza intelectual. 




(1) Discípulo de Ortega, le separan de él, algunos matices que se fueron difuminando con el tiempo. El granadino tachaba a sus  escritos de un tono más social. 

Comentarios

  1. Como sabes, coincido con Ayala (y creo que tú también) en que la politización daña la literatura. Siempre uso la metáfora de la lignina: forma parte del papel (la política forma parte de la realidad), pero su exceso lo "amarillea" enseguida, envejeciéndolo.

    En cuanto a educar con imágenes o con palabras, y la posible atrofia... quizá con Internet los niños y adolescentes estén leyendo ahora más que nunca, aunque sean páginas web al vuelo. El problema es que son lecturas demasiado rápidas, de forma diagonal, buscando información. Y el empobrecimiento del lenguaje en las nuevas generaciones se nota ya bastante.

    No creo que el apego a la tecnología embrutezca. Creo que lo que embrutece es que nos lleva a desapegarnos de nuestro propio cuerpo, en su relacción física con el mundo. Y eso en los niños es más grave en cuanto a su necesario desarrollo.

    Entre subirse a los árboles como monos como ocurría hace setenta años, y verlos sólo en una recreación virtual de un bosque en la pantalla, tiene que haber un término medio que, hoy por hoy, se ha roto.

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    1. En gran parte coincido contigo, Bonifacio. Pero el pensador Sartori aludía más al abuso que observaba de los medios audiovisuales y no tanto en el sentido más amplio que supone internet, donde la lectura tiene cabida. Él hablaba como Ayala de la degradación que había experimentado la parrilla de los mass media por el mal del share, y salvaba con excepciones a la radio, como reducto de una programación algo más elaborada (pues estaba al resguardo de los gustos de una mayoría que consideraba perezosa, la radio exige crear imágenes). Hay un poso de Ortega aquí.
      También afirmaba que a las nuevas generaciones les llegaban gran parte de los estímulos en forma de imagen, lo que indefectiblemente iba a atrofiar sus capacidades. Yo he escuchado a docentes aseverar que la memoria será en el futuro una capacidad sin importancia, en tanto la información se pueda acumular en un servidor – por fortuna o desgracia he dedicado una parte de mis desvelos a la docencia. Un intelectual memorioso como Borges saltaría de la butaca, porque creía que esta capacidad resulta imprescindible para encadenar razonamientos, esto es, pensar. Que las nuevas tecnologías son nuestras aliadas. De eso no me cabe ninguna duda Ayudan a difundir ideas, fomentan la colaboración en la investigación e infinidad de cosas que no se me ocurren en este momento. Pero también nos dispersan más, y hay que ser muy espartano para resistirse a sus tentaciones. Yo las entiendo como complementarias, con prevenciones potencian nuestras capacidades, sin duda.

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    2. Sí, estamos de acuerdo. Lo de la dispersión que dices conecta también con lo que afirmé de distanciarnos de nuestro propio cuerpo. Es como si la llamada inteligencia artificial mecanizase nuestra mente también. Y nuestras manos, que durante milenios fueron el único "periférico" (o gadget) disponible.

      A veces me quedo mirando mis manos un segundo, y es como si la tecnología moderna no existiera. Quizá la peor pérdida de memoria sea distanciarnos demasiado de la naturaleza a la que seguimos perteneciendo. Y sólo cuando terminamos enfermando de cansancio (o embrutecidos por el aislamiento) nos damos cuenta de que sigue ahí.

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  2. Algunos sociólogos han cristalizado ese alejamiento del medio,de nuestra esencia animal,como la verdadera alienación y no la marxista.La defines estupendamente.Acallar el instinto y es esa burbuja la que nos separa y desespera de la realidad.Lo incontrolable,nuestro sometimiento al medio que pertenecemos.

    El hombre es naturaleza y está supeditada a ello.Con la tecnología hemos logrado que aparentemente se interpongan más cosas entre ella y nosotros.Los fisiocratas creían que las leyes humanas estaban subordinadas a las de la naturaleza.Qué sólo los bienes agrícolas producían verdaderos retornos y que de ellos dependía realmente la marcha de la economía.Esa percepción se ha perdido.Es un tema muy largo de hablar.Cuidate,Bonifacio.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Sí, es un tema complejo. Dicen que lo natural en el ser humano es no ser natural del todo. Quizá el problema está en serlo demasiado poco. Saludos.

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