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Chaves Nogales, desde Rusia con amor


Uno de los héroes de un panteón que trasciende a la pura inventiva de palabras, sería el maestro del periodismo, Manuel Chaves Nogales. En todo el remolino de acontecimientos que rodearon una vida tan baqueteada - la Guerra Civil española, la debacle francesa en la IIGM, o los bombardeos de los acólitos de Göering a un Londres desprotegido- siempre hizo gala de un juicio mesurado respecto al contrario, sin un ápice de rencor, lo cual nos resulta fascinante. Intelectuales de la talla de Manuel Azaña (1), que ocupó las más altas magistraturas de la II República, herido por toda la ponzoña que instilaban muchos artículos contra su fealdad - poco menos que batracio le llamaban para discutir su hacer político- luego  se mostró jactancioso en una época en la  que los destinos personales pendían del capricho de un soldado o miliciano mal encarado. Sin embargo, en esta tesitura, Chaves Nogales ayudó siempre que pudo al menesteroso, independientemente de las rencillas pasadas. El maestro sevillano supo entrever a personas en medio de la batahola de ideologías y de pasiones ebrias, periferias absurdas de una época, en la que el hombre se tornó en el cieno que moldear o directamente destruir.

El temible Joseph Stalin, el terrible dictador,
parece un joven afable.
De Desconocido - Scanned from:
"Сталин. К шестидесятилетию со дня рождения."
Москва, Правда, 1940., Dominio público,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=106403


Dicho esto, el periodista tuvo acertadas incursiones en la narrativa, como su maravillosa biografía del torero Juan Belmonte o el que es aún mejor en nuestra modesta opinión, un prontuario de relatos de nuestra guerra, A sangre y fuego. Nos cautivó la fascinante galería de monstruos que se orearon entonces en la contienda. El sevillano no deja títere con cabeza, puesto que con demoledora compasión, hurga en las pasiones y vilezas de ambos bandos. Pese a que sus simpatías como liberal se decantaran por la causa republicana - bien es cierto que abominó los dos totalitarismos entre los que se debatía una Europa cuyas democracias languidecían- su mucho patear por las calles madrileñas pobladas de milicianos, y su afán por ponerse en el lugar de todos, le ayudó a construir una de las crónicas de relatos más contenidas e impersonales de nuestro conflicto, en el sentido de que el autor rehúye de cualquier protagonismo(2). Y literariamente son una maravilla que raya a la altura de los mejores relatos de Francisco Ayala, que se destacó en este rubro guerracivilista por encima de otros ( más psicológicos en el caso del granadino).



Milicianas en el todavía ambiente festivo de un
Madrid que esperaba sin saberlo
sus peores días 
De Bundesarchiv, Bild 146-1968-048-15 /
CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de,
https://commons.wikimedia.org/w/
index.php?curid=5418777


Desde mucho antes, Manuel Chaves Nogales había cultivado  como plumífero un tipo de periodismo que gastaba suelas de zapato, mientras  portaba un cuaderno y una pluma con varios recambios ( no fuese que en el momento culmen, se le secase la tinta y se le escapase el reportaje). Con vocación de escucha, callejeaba  en pos de la inspiración como si la noticia se la fuese susurrar una sirena en cualquier esquina. Entrometiéndose en el tintineo que reverberaba más allá de un taller, o en los bastidores sacros en nuestros días de una cocina, más tarde desgranaba en sus artículos las penurias o alegrías de los personajes de lo cotidiano, que habían sido objeto de su interés. Este tipo de reporterismo sacaba de quicio a una de las primas donnas del periodismo de la época, Mariano Benlliure, que desaprobaba aquella insustancialidad , porque carecía de ideas y por supuesto de alma. Don Mariano gastaba un porte más clásico tanto en su vestimenta como en sus columnas preciosistas, que se alargaban con jeribeques y verdaderas contorsiones lingüistas.

En cualquier caso, el periodista sevillano al que le daban lástima las polémicas con figuras que respetaba como Benlliure, se acercaba más a lo que propusiera el gran Stendhal, respecto a la actividad creativa del periodista/escritor. Para escribir una gran obra o un simple artículo, no basta con testimoniar unos hechos, sino que debemos adentrarnos en las circunstancias que se relatan para que nuestra historia no le parezca al lector una  impostura. Charles Dickens y Fiodor Dostoyevksi son dos vivos ejemplos de lo que defendía Stendhal: sus novelas contienen la luz de sus experiencias. Un Pío Baroja más cercano, discernía entre un periodismo de mesa y el que se pateaba la calle como Chaves Nogales. Y es que para Chaves el periodismo fue sin duda algo más, alejado de las crónicas "embozadamente literarias" y que se entretenían en la apolillada cuestión del estilo, como  vindicación para una postrera carrera literaria, o la ansiada plaza en la Academia de la Lengua.

El periodismo literario prácticamente desaparecido en nuestros días, era una plaga entonces. El  lo sustituyó por un  oficio más dinámico. Como cuenta Jorge Solís en esta deliciosa crónica , intuyó en la hazaña del avión Plus Ultra que había cruzado el Atlántico, un filón de historias que inaugurarían el aventurerismo de reportajes entre los informadores. Tras ser reconocido con el Mariano de Cavia, nos narra Solís, comienza a labrarse un futuro de reportero intrépido que con sus crónicas, espolean al lector más circunspecto para que huya del tedio. En nuestros días, que estamos acostumbrados a los rostros de Pérez Reverte, Alfonso Rojo, o al gran maestro de todos, Kapucinski no nos sorprendería el eco que logró La vuelta a Europa en avión. O la otra amalgama de reportajes que se centran en su paso por Rusia, Un pequeño burgués en la Rusia roja, que iba a dejarle muescas de dolor a Chaves. Por un lado, el retrato más que amable que hace el sevillano en 1927, presuntamente liberal y que es reprendido por sus afines ideológicos, de un país que se quería levantar de siglos de atraso atávico. Justo cuando se cumplen diez años de la Revolución, y Serguei Eisenstein comienza a trabar parte de la impostura oficial en su conocido filme ( Lenin nunca estuvo en el Palacio de Invierno) y por otro, el tipo de periodismo que algunos como Benlliure, calificarían de banal, puesto que se queda en la superficie, sin escarbar en lo más profundo y que no es tan evidente para el lector.


La leyenda del Plus Ultra que cautivó a Chaves Nogales.

Aunque como nos extracta Solís en su fabulosa crónica, Chaves no engañó a nadie en sus intenciones de llevar a cabo una labor más centrada en lo humano del país, que precisamente era de lo más inhumano: «Más que la discusiones teóricas del partido y que las estadísticas, más que todas esas disposiciones gubernamentales que los bolcheviques adaptan a millares sobre el papel, me interesa la realidad, la obra viva, lo que en realidad pueda haber llegado hasta el fondo de estos valles y a la cima de estas montañas». Lo curioso del gran escritor sevillano, era que a pesar de ser artículos desenfadados, su estilo lejos de ser despreocupado, cuidaba primorosamente de la palabra. Habría llegado a académico de la Lengua por otros rubros, que no fuesen los de su época. En todo caso,nos preguntamos qué opinaría de esta profesión que por el vil metal, abusa de los flashes de agencias o descuida el estilo, con el fin de cumplir con el marketing online. Quizá diese un paso todavía más en la dirección que ninguno de nosotros adivinamos, pero siempre fiel a un estilo que nunca descuido Como decía él de si mismo, tras su paso por distintos países y cuyo poso era un francés para salir del paso: la lengua castellana o española, era su preciada herramienta de trabajo, que por tanto debía mimar y no "desaprender" para instruirse en otros idiomas.




(1) Azaña se decía que fue un estupendo escritor sin lectores. Animal del Ateneo de Madrid, en su hábitat desarrolló una encendida oratoria,  que le catapultó al quehacer político, y que nos hizo perdernos un gran literato. Su Jardín de los frailes, lleno de remembranzas personales, es una gran novela en la que observamos los claros rasgos anticlericales que cobraron la forma de prejuicios. En las memorias se muestra despectivo cuando algunos republicanos que le censuraron durante sus gobiernos, le vienen a pedir ayuda. Son de adscripción ideológica contraria. Aquí tenemos al Azaña más sectario y quizá más humano. Chaves Nogales nunca tuvo la tentación de recuperar y llevar a cabo viejas vendettas en un mar de acontecimientos tan ajetreado.
(2) Los milicianos que trabajaban en el rotativo que dirigía Don Manuel, a pesar de sus aires burgueses, reverenciaron a aquel caballero que llevaba sombrero entre una bosque de monos azules y menestrales.

(3) En ambos se prodigaba tan finamente el extravagante Mariano de Cavia, un huraño que salía con su secretario y un  gato aferrado a sus brazos.Cavia bisbiseaba en toda la noche dos o tres palabras, aunque anotaba mentalmente las imágenes nada frugales y de lo más turbadoras, con las que alimentaría sus prodigiosos ejercicios periodísticos.  

Comentarios

  1. Buena y fluida crónica del periodismo de aquellos años no tan lejanos. El periodismo "literario" sí ha desaparecido casi en cuanto al cuidado del estilo, desde luego. Pero sigue habiendo un polémico periodismo de "firmas" de renombre, que incurren en el (intemporal) vicio de opinar de forma extrema. Sentando cátedra sobre temas que desconocen, y no siempre guardando las formas (ni retóricas ni personales). Y ello con tal de crear polémica para atrapar a los lectores.

    Por desgracia, eso es lo que vende en muchos casos, como ya sabes.

    Muy buena entrada, Sergio.

    Saludos.

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  2. Gracias,Bonifacio.Sí,es verdad que funciona muy bien la astracanada,con el objeto de reclamar la atención.Lo curioso de Manuel Chaves Nogales,además de su bonhomía,es que a pesar de abogar por un periodismo más magro en el razonamiento,nacía el reportaje,escribía maravillosamente.Fue un profesional de transición y un gran escritor,muy recomendable para abordar el fenómeno literario que originó nuestra contienda.Esperamos tu siguiente entrada,Bonifacio.Un abrazo.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Gracias a ti, la entrada ya la publiqué.

    Si te gustan los trenes, te gustará.

    Saludos.

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