Ir al contenido principal

Sobre escritores y tumbas


El frío azulado de París se cernía sobre las espaldas recias de un joven, que caminaba aterido sin rumbo. Había disimulado su desconcierto como sólo se logra en una gran ciudad, donde los destinos personales son como ínfimos granos de arena, aunque el recuerdo de aquellos días, todavía le sobrecogía. Casi cuarenta años después, en 1974, conquistaría esta urbe con una novela devastadora, con la que curiosamente cerraba su ciclo narrativo, Abbadón, el exterminador. Una pieza hecha de retazos, que invaden las retinas de los lectores, con hechos verídicos de la historia argentina, esquirlas filosóficas lanzadas al desgaire, y pinceladas de una imaginación, que ya fue descollante en Sobre héroes y tumbas (que por momentos nos trajo a la mente al gran Robert Artl por esa capacidad de crear mundos y personajes oníricos, v.g. El Astrólogo) .El mundo de los ciegos, según la maledicencia, era una referencia velada al gran tótem de las letras argentinas, Jorge Luis Borges, con el que los mentideros literarios, le atribuían una cordial enemistad, o unas relaciones  a veces crispadas, que no habían aflorado si no es entre bambalinas(1).
Sabato, intelectual y escritor de grandes
vuelos (Gentileza de Wikipedia)

 Sin embargo, Ernesto Sabato, se molestaba en reseñar que en ningún caso había una alusión a la ceguera de Borges, al que reconocía sinceramente como el gran maestro de las letras argentinas, sin ambages ni rémoras por cuestiones ideológicas. Era verdad que estaban en las antípodas políticas, y Sabato subrayaba con  voz argentina, casi de docente, que si se oponían al peronismo era desde posiciones diametralmente diferentes. La de Borges, conservadora y que respaldó a la postre los movimientos de sables, frente a la suya, en la que creía en otro tipo de socialismo, que albergase las libertades individuales tras lo que él consideraba fracaso rotundo del socialismo real. En cierta medida, Sabato no desdeñaba el justicialismo en sus fines. Y qué decir de Borges, acaso el mejor escritor del siglo XX línea por línea, al que postergaron probablemente por estos devaneos con las dictaduras autoritarias de derechas, en el malhadado Nobel.


Insistimos que nuestro protagonista había vislumbrado esta derrota del socialismo real mucho antes, en el año 34, cuando no pudo disimular el desconocimiento de los crímenes del estalinismo ( más tarde hizo su crítica extensible a Lenin y toda la miríada de líderes soviéticos) . Únicamente hacía falta escuchar y no apartar la mirada. Aquella noche de  recuerdo infausto, había discutido arduamente por esta razón con su superior jerárquico en el partido comunista, en una pieza pequeña ¡¡¡pero caliente!!! Al igual que tantas otras veces, Ernesto había tenido una revelación que le obligó a dar un fuerte golpe de timón que le hizo virar de rumbo. Le declaró entonces a su compañero de partido, que había dejado de creer en el comunismo. Así que con un vocerío in crescendo, tomó la determinación de abandonar la lucha en medio de la noche. De esta guisa, con el único techo de la bóveda celestial, se pateó medio París e incluso estuvo barajando la posibilidad de hacerse detener por un delito menor, con el fin de dormir caliente en el calabozo. Había rodado varios días por los empedrados de la gran ciudad, hasta que una persona se conmovió de su estado- le brillaban los ojos con sólo el recuerdo- y le acogió en un cuartucho, que para él, que dormiría más tarde en los mejores hoteles, le seguiría pareciendo el más confortable del mundo. De vez en cuando, temblaban las paredes de aquella covacha, por el paso del tren que venía precedido de unas campanillas, que le obligaban a guardar una vigilia llena de sobresaltos. 

El sanguinario dictador, removió la convicción del genial
Ernesto Sabato. (Gentileza Wikipedia)


Estos cambios de rumbo, tan súbitos, se tornaron con el paso del tiempo en un sello personal. El autor de El túnel fue un intelectual "herético" con el comunismo, y también con la ciencia, porque se percató  de que no compartía la misantropía de sus colegas de profesión, sobre todo la de los dedicados a la astronomía. "Son todos lunáticos" reponía con las piernas trenzadas y gesto adusto,  en cuanto evocaba aquella época en la que se relacionó con físicos y astrónomos, que de tanto mirar  a las estrellas, se habían olvidado de lo que tenían más cerca: los seres humanos. Sin duda, el protagonista de nuestra entrada podría haber sido un gran científico, un Juan Martín Dalmacena de nuestros tiempos, y de hecho lo fue. Obtuvo becas para completar su formación en los mejores Institutos de Física europeos, y llegó a ser uno de los teóricos de la relatividad más reconocidos no sólo de Argentina, hasta que para lo que algunos físicos tacharon como un verdadero acto sacrílego, decidió abandonar la investigación que era el summum de la profesión (3).

  
La ciencia de las estrellas, que nos aleja según Sabato de
nuestros congéneres, un complejo universo dentro del Universo.


El surrealismo prende en este héroe - durante sus estancias en París por motivo de estudio-, y le cambiaría el sobretodo del laboratorio por el gabán de bohemio. Comienza el idilio con las letras, que no concluirá hasta que expire con sus últimos suspiros. Quizá como recuerdo de sus tiempos de vagabundo le viniese la pasión por quemar sus propios borradores, para invocar un calor que le faltó en aquellos días de tribulación. O en el afán de perfeccionismo del científico, que en el laboratorio, lleva a cabo infinidad de pruebas, hasta que da con la tecla. Según la leyenda, quemó novelas completas, y es que le parecía irreverente no escribir y estar a la altura. Su listón elevadísimo, ni más ni menos que el gran Quijote de Cervantes, le abocó  a esa pasión por el soplete que sólo igualase Ray Bradbury en su obertura de Farenheit 451 . No es difícil, que nos entren  convulsiones, a la vez que imaginamos el número de obras maestras firmadas por Sabato,que fueron pasto de las llamas. Con  llegar a  ser una misérrima parte de excelentes al resto de su producción publicada, disfrutaríamos de verdaderas joyas literarias: tres novelas, relatos, o cualquiera de sus ensayos, . ¡¡¡Una pena, su apego a la combustión!!! Como intelectual de gran talla, Don Ernesto se prodigó con mucho talento por infinidad de géneros y cubrió un amplio espectro del saber, desde la física cuántica, la psicología, a la sociología. Nada se resistió a esta mente prodigiosa.

(1) No es difícil rememorar la hiel que entrañó la relación entre Pablo Neruda y Octavio Paz, que el mejicano condensa a la perfección en su famoso.: "Musito el nombre Pablo Neruda y me digo: lo admiraste, lo quisiste y lo combatiste. Fue tu enemigo más querido." Ver la amistad del tamaño que les unió en este magnífico blog  Parece que las rencillas vinieron a propósito de la inclusión o no, de Miguel Hernández, eximio poeta español, en una antología dirigida por Octavio Paz. El autor azteca en cambio, dijo que las desavenencias vinieron debido a que Neruda no creyó reconocido su genio en ese mismo prontuario.
(1) Faltaba la peor de todas las crisis provocadas por el estalinismo, la hambruna de Ucrania del año 35, que tiene dos hitos literarios que se han rescatado recientemente. En primer lugar, Todo fluye de Vasili Grossman, inconmensurable pieza narrativa, con reverberos poéticos. Por otro lado, El niño 44, más que entretenido thriller, que nos arroja luz sobre una época en la que el miedo estaba instilado en la maquinaria social, como un instrumento más de control. Hasta tu pareja podría colaborar con los agentes de inteligencia y acusarte de desviacionismo. Pues en los años cincuenta- sesenta, se tienen que investigar unos crímenes, cuyo punto de partida es el hambre atroz de los años treinta en Ucrania. 

(3) Los científicos son los pontífices de la nueva religión moderna que atisbara Karl Popper y por tanto, dicha renuncia causó conmoción en la comunidad investigadora. Sobre todo porque renunciaba por algo tan subjetivo como la literatura, y para más subjetividad, el surrealismo, el mundo de los sueños. Alguien que había dedicado sus desvelos hasta la fecha por lo puramente objetivo que es la ciencia ( que por mucho que les pese a los científicos, basa buena porción de sus deducciones en la especulación).

Comentarios

  1. Por el momento de Sábato solo he leído El Túnel. Abaddon y Sobre héroes y tumbas me piden prudencia por el número de páginas. Quizás antes de afrontarlas incluso relea El túnel.
    Entiendo perfectamente las diferencias políticas de aquel entonces, pues el comunismo era una novedad muy potente, aunque también me sorprende que intelectuales de su talla y tantos otros hayan puesto tantas esperanzas y expectativas en movimientos que, en definitiva, tenían que ser puestos en práctica por hombres y no dioses.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias,Rubén,son obras rompedoras por la forma,complejas de leer y que se prestan a varias lecturas,algunas aviesas.Sobre héroes y tumbas añade ademas una trama onírica-ficción que te deja patidifuso,por lo menos a mi me sorprendió por la originalidad que se torna en verosímil,demasiado verosímil,por el oficio de Sabato.

    ResponderEliminar
  3. Excelente artículo, yo he leído sus tres obras más conocidas y has conseguido que de nuevo me entre el deseo de disfrutarlas, no son obras sencillas sino que tienen un trasfondo que abarca el siglo XXI. Un abrazo sincero

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias,son obras como muy bien dices,complejas.No me extraña que su listón estuviese tan alto,porque su trilogía como se atreven a aseverar algunos críticos - es más claro su nexo entre Sobre héroes y Abbadon-desbordan al lector no sólo por su prosa,sino por su planteamiento qie resulta tam original.

    ResponderEliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La alegoría dorada del Mago de Oz.

El maravilloso Mago de Oz, aparte de un fabuloso relato para luchar contra nuestros propios complejos - la inmensa telaraña que construimos en torno nuestra y que algún crítico ha tildado como un manual de autoayuda-  pues como decíamos, es un libro más alegórico de lo que parece a simple vista. A tenor de las divagaciones de  Paul Krugman, premio Nobel de economía algo extravagante en las conclusiones de sus artículos del New York Times(1),  bajo unas fórmulas claramente infantiles, el Mago de Oz esconde una mordaz diatriba contra el Patrón oro. Su autor  L. Frank Baum, un hyphenated, fue testigo de cómo muchos propietarios hipotecados del Estado de Kansas, que describe con una notable penuria en sus tiempos, perdían sus terrenos y eran expulsados de una actividad centenaria, que como granjeros habían desarrollado durante generaciones y generaciones familiares. Por aquella época finisecular - publicado en 1900- en plena era de la Primera globalización que acabaría como sabemos con un…

Musa de piratas y bohemios

Una humareda azul intensa como sus pupilas, se desprendió del cigarrillo con filtro. Sofisticada, gambeteaba por la malograda pieza con tiento, mientras expelía frases con su voz argentina y alguna palabra en francés. - ¿Así que usted es Don Ramón? ¿El famoso Don Ramón?- El literato asintió con aires principescos. La joven dama entretanto siguió revoloteando en torno suya, enervando por su extraordinaria belleza, al maestro. - ¡Quería conocerle si no es mucho fastidio, mom chéri!- El poeta calibraba la hermosura de aquel ángel caído del cielo. Unas incipientes ojeras denunciaban sin embargo, una vida disipada. Don Ramón no le quitaba ojos, estudiaba a la joven, porque quería llegar a sus propias conclusiones. Había oído hablar tanto de la musa de los bohemios parisinos, que le azuzó una curiosidad insana. Manco, estaba garabateando con el otro brazo, el derecho y el que le quedaba, unas notas de la próxima novela y vino aquella corriente impetuosa, que escupía preguntas sin parar.- ¿ …

Mary Celeste, el barco fantasma.

En los suntuosos recuerdos(1) de nuestra niñez, brillan los mapas imaginarios de corsarios y piratas, cuando en plenos vericuetos guadarrameños, aguardábamos agazapados en el campo a que pasasen de largo los mayores, para franquearnos el paso en el juego, al lugar donde presuntamente habían escondido el premio. En una de aquellas idas por el dédalo sembrado de pinochas, Toby, un precioso cocker spaniel, más avezado y buscador infatigable de viandas,  se hizo antes que nadie con el premio gracias a sus sensibles pituitarias. Poco después, el cordel de un chorizo de cantimpalo colgaba delator de su boca, y con cara jocunda, nos miraba altivo porque no alcanzaba a comprender el motivo de nuestras risotadas.  Fue gracias a La Isla del Tesoro (2), que descubrimos el placer de imaginarnos aventuras como las de su protagonista, Jim,  y convertirnos algún día en grumetes. A lo largo de nuestras vidas, recelamos de los Long John Silver o nos atrajeron los seres extraños como Ben Gunn, colmados…