Siempre
es dificultoso nadar a contracorriente. Cuando te acompaña la soledad más
absoluta, y el eco de la voz de Jorge Edwards, que tañía con la hermosura del hablilla de los
chilenos, se convierte en un soliloquio en una isla en la que sólo se murmura entre dientes, para no ser declarado un apestado por los servicios de inteligencia castristas. Hasta un Pablo Neruda, receloso y repudiado por las autoridades cubanas, le dice que aguarde un tiempo, y que se deje llevar por la prudencia. Su discípulo/subordinado en la legación parisina, Edwards, le había informado de su decisión de publicar un libro, Persona non grata, que relatase sus desencuentros con la dictadura cubana, cuando ejerció no sólo de encargado de negocios del gobierno de Salvador Allende, sino que recibió el cometido de abrir la primera legación americana en tierras caribeñas, en 1971. Todo un desafío al Tío Sam, que no se andaba con chiquitas, como más tarde comprobó el ejecutivo de Allende y con el que se pretendía romper el férreo cerco contra la isla. A aquellas alturas, el divorcio de la izquierda intelectual europea con el castrismo se había evidenciado de manera muy abrupta. La invasión de Checoslovaquia en 1968, por entonces satélite de la Unión Soviética, recibió el oprobio general, dado que abortó una iniciativa de llegar a un socialismo más humano que el denominado real.
Autores como Vaclav Havel o Milan Kundera eterno aspirante al Nobel, han descrito de forma magistral las vivencias en la Checoslovaquia de una época llena de amenazas poco veladas: La broma, en una carta que le cuesta la reclusión en un campo de adoctrinamiento y trabajos forzados al protagonista o La insoportable levedad del ser . En estas obras, cuyo trasfondo son aquellos días de asechanza, Milan afronta cómo se laminó a los que tomaron parte de la conciencia reformista del Socialismo con rostro humano ( él fue protagonista en primera persona del torbellino de hechos, que se comenzó a fraguar en el año 1967) . Catedráticos que limpiaban cristales, o el líder del partido comunista y Presidente, Alexander Dubceck que pasó de regir las elevadas instancias del régimen a guarda de un bosque, fueron las represalias más comunes. Como curiosidad, añadamos que un inquieto y gran Miguel Delibes, otro de los damnificados por la política errática de la Academia, analizó en un pequeño opúsculo, las circunstancias que rodearon a la famosa Primavera de Praga (1) y las razones por las que se frustró aquel intento de humanizar un régimen inmisericorde con cualquier atisbo de cambio. Como sabemos, los tanques relegaron cualquier retórica de libertad en Checoslovaquia.
El disenso entre Fidel Castro y los intelectuales surgió entonces, a raíz de los acontecimientos de Praga. Fidel mostró su apoyo sin fisuras al golpe de mano del Kremlim, dando por finiquitada la luna de miel con los círculos culturales europeos de izquierdas e incluso de derechas, que abrigaban en el castrismo las esperanzas de una Latinoamérica que escapase de la influencia norteamericana(2). Ese fue su principal aval, aparte y por encima del ideológico. Pues se observaba desde la lontananza a Cuba como una economía eminentemente agrícola, que con unas inercias difíciles de revertir, precisaba de tiempo para salir desde su postración. Fue Praga, el fiat lux que hizo vislumbrar a muchos hombres de la cultura, el autoritarismo sin ambages de los Castro. Desde aquel momento, el Comandante también receló de los intelectuales, por lo que la llegada de Jorge Edwards, ¡¡¡un escritor!!! fue de lo más inconveniente. De vez en cuando, la beligerancia no llegó a extremos muy acres, por lo que se deduce de las páginas de Persona non grata y el propio Comandante se toma la molestia de condescender a las necesidades de la legación chilena. Otras el retrato es más fiero, como cuando se reproducen las habladurias que había suscitado la vehemencia con la que Fidel había conminado a Nikita Kruschev a comenzar la guerra nuclear en Cuba, en 1962. El ruso según aquellos rumores, le repuso que ellos querían "seguir viviendo"
No sabemos si a guisa de excusa, el escritor chileno describe las decisiones políticas de las autoridades castristas como alejadas de las intenciones del ejecutivo de Allende para Chile, donde había emprendido las primeras expropiaciones/ nacionalizaciones. Sin duda, no cabían las mismas soluciones para los dilemas del país austral, repite Edwards en este opúsculo, novela autobiográfica. Su país no soportaría según el diplomático un duro control del estado, que en Cuba tenía ojos y oídos por doquier. Es más, la vilipendiada derecha, al menos una parte de ella con razón, no permitiría retrocesos en la calidad democrática, y Allende se movía por un fino alambre, no quería que le identificasen claramente con el comunismo. Huía de semejantes parangones, pero al mismo tiempo tenía escaso margen, pues había expropiado y nacionalizado. ¿Cómo diferenciarse entonces? Es en el prefacio Persona non grata donde nos encontramos sin embargo, con uno de los argumentos de mayor peso para explicar las razones por las cuales todos experimentos del llamado socialismo real han fracasado estrepitosamente. Amén de su afán por tratar al ser humano como el légamo de sus quimeras,el literato chileno advierte que ninguna economía en la historia ha funcionado "con estímulos morales"
Otros puntos de interés en Persona non grata son las relaciones de Edwards con Pablo Neruda, toda una celebridad, aparte de diplomático ( es curiosa la larga tradición de diplomáticos en la literatura latinoamericana: Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Mario Vargas Llosa, los casos que tratamos aquí). Así, nos desvela los entresijos de la concesión del Nobel al poeta chileno. Según el testimonio que nos deja esta novela, había un miembro del jurado receloso, de ideas liberales, que se oponía a la concesión del premio a Neruda, por cómo el chileno había profesado la fe estalinista, de la que por supuesto tampoco se retractaba. Que dicha persona pasase a abstenerse, sirvió para que se reconociese de acuerdo al criterio del ubicuo crítico literario, Harold Bloom, al poeta que no admite comparación alguna en el hemisferio Occidental con el Premio Nobel de Literatura de 1971. Si aquel miembro liberal no hubiese cambiado el sentido de su voto, nos habríamos despachado con una de las mayores injusticias literarias de la historia. Y no ha habido pocas.
Quizá esta novela no sea lo mejor de la producción literaria de Edwards, pero como curiosidad histórica - revela muchos de los entresijos a los que se enfrentaba el gobierno de Allende- o nos muestra las vicisitudes del Partido Socialista francés, para elevar a Francois Miterrand a la más alta magistratura del estado. Chile era entonces observado como el laboratorio de las nacionalizaciones que llevaría a cabo como sabemos el político galo. Neruda afirmaba que el verdadero futuro del comunismo se decantaba no en Vietnam, sino en su querido país. Echaba de menos el apoyo de Moscú a sus nacionalizaciones, que les obligaban a batallar con medio mundo, con las fuerzas de un país pequeño. Por otra parte, las similitudes con la época actual son evidentes, por la forma en las que el partido comunista francés más beligerante y que recababa en apariencia el favor del electorado, luego en las urnas se eligió la opción más templada, empujaba al partido socialista a políticas más heterodoxos. Por todas estas razones, unidas a la gran pluma del novelista chileno, Persona non grata es un libro muy recomendable, que te seduce desde las primeras líneas.
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Los tanques relegaron cualquier retórica de libertad en Praga
De ALDOR46 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30617555
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El disenso entre Fidel Castro y los intelectuales surgió entonces, a raíz de los acontecimientos de Praga. Fidel mostró su apoyo sin fisuras al golpe de mano del Kremlim, dando por finiquitada la luna de miel con los círculos culturales europeos de izquierdas e incluso de derechas, que abrigaban en el castrismo las esperanzas de una Latinoamérica que escapase de la influencia norteamericana(2). Ese fue su principal aval, aparte y por encima del ideológico. Pues se observaba desde la lontananza a Cuba como una economía eminentemente agrícola, que con unas inercias difíciles de revertir, precisaba de tiempo para salir desde su postración. Fue Praga, el fiat lux que hizo vislumbrar a muchos hombres de la cultura, el autoritarismo sin ambages de los Castro. Desde aquel momento, el Comandante también receló de los intelectuales, por lo que la llegada de Jorge Edwards, ¡¡¡un escritor!!! fue de lo más inconveniente. De vez en cuando, la beligerancia no llegó a extremos muy acres, por lo que se deduce de las páginas de Persona non grata y el propio Comandante se toma la molestia de condescender a las necesidades de la legación chilena. Otras el retrato es más fiero, como cuando se reproducen las habladurias que había suscitado la vehemencia con la que Fidel había conminado a Nikita Kruschev a comenzar la guerra nuclear en Cuba, en 1962. El ruso según aquellos rumores, le repuso que ellos querían "seguir viviendo"
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Cuba por su oposición al Hermano Mayor, que se metía
en las cuestiones de política interna, con rabiosa frecuencia,
se ganó la simpatía de muchos intelectuales europeos.
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No sabemos si a guisa de excusa, el escritor chileno describe las decisiones políticas de las autoridades castristas como alejadas de las intenciones del ejecutivo de Allende para Chile, donde había emprendido las primeras expropiaciones/ nacionalizaciones. Sin duda, no cabían las mismas soluciones para los dilemas del país austral, repite Edwards en este opúsculo, novela autobiográfica. Su país no soportaría según el diplomático un duro control del estado, que en Cuba tenía ojos y oídos por doquier. Es más, la vilipendiada derecha, al menos una parte de ella con razón, no permitiría retrocesos en la calidad democrática, y Allende se movía por un fino alambre, no quería que le identificasen claramente con el comunismo. Huía de semejantes parangones, pero al mismo tiempo tenía escaso margen, pues había expropiado y nacionalizado. ¿Cómo diferenciarse entonces? Es en el prefacio Persona non grata donde nos encontramos sin embargo, con uno de los argumentos de mayor peso para explicar las razones por las cuales todos experimentos del llamado socialismo real han fracasado estrepitosamente. Amén de su afán por tratar al ser humano como el légamo de sus quimeras,el literato chileno advierte que ninguna economía en la historia ha funcionado "con estímulos morales"
Otros puntos de interés en Persona non grata son las relaciones de Edwards con Pablo Neruda, toda una celebridad, aparte de diplomático ( es curiosa la larga tradición de diplomáticos en la literatura latinoamericana: Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Mario Vargas Llosa, los casos que tratamos aquí). Así, nos desvela los entresijos de la concesión del Nobel al poeta chileno. Según el testimonio que nos deja esta novela, había un miembro del jurado receloso, de ideas liberales, que se oponía a la concesión del premio a Neruda, por cómo el chileno había profesado la fe estalinista, de la que por supuesto tampoco se retractaba. Que dicha persona pasase a abstenerse, sirvió para que se reconociese de acuerdo al criterio del ubicuo crítico literario, Harold Bloom, al poeta que no admite comparación alguna en el hemisferio Occidental con el Premio Nobel de Literatura de 1971. Si aquel miembro liberal no hubiese cambiado el sentido de su voto, nos habríamos despachado con una de las mayores injusticias literarias de la historia. Y no ha habido pocas.
Quizá esta novela no sea lo mejor de la producción literaria de Edwards, pero como curiosidad histórica - revela muchos de los entresijos a los que se enfrentaba el gobierno de Allende- o nos muestra las vicisitudes del Partido Socialista francés, para elevar a Francois Miterrand a la más alta magistratura del estado. Chile era entonces observado como el laboratorio de las nacionalizaciones que llevaría a cabo como sabemos el político galo. Neruda afirmaba que el verdadero futuro del comunismo se decantaba no en Vietnam, sino en su querido país. Echaba de menos el apoyo de Moscú a sus nacionalizaciones, que les obligaban a batallar con medio mundo, con las fuerzas de un país pequeño. Por otra parte, las similitudes con la época actual son evidentes, por la forma en las que el partido comunista francés más beligerante y que recababa en apariencia el favor del electorado, luego en las urnas se eligió la opción más templada, empujaba al partido socialista a políticas más heterodoxos. Por todas estas razones, unidas a la gran pluma del novelista chileno, Persona non grata es un libro muy recomendable, que te seduce desde las primeras líneas.
(1) La Primavera de Praga, que comenzó cuando dos estudiantes se quemaron a lo bonzo, reclamando más libertad. Fue la espita que encendió las energías reconcentradas en la sociedad checoslovaca. Muchos albergaron grandes esperanzas en las primaveras árabes, o musulmanes, para hablar con más propiedad, y establecieron parangones con la rebelión de Praga del año 1968, sin embargo, estos movimientos han traído un claro mapa de inestabilidad Ver link de Wikipedia sobre Primavera de Praga.
(2) Mario Vargas Llosa creyó en los Castros, como factor que iba a galvanizar a una América hispana, para que se zafase de las directrices de Washington. Les parecerá increíble a aquellos que no conocen de su evolución ideológica. Don Mario recuerda, tan dado a las profusiones históricas que en este caso son más que convenientes, que el día de la Hispanidad, en realidad, fue una ocurrencia para acercarse a la madre patria, y así escapar del influjo deletéreo de los yanquis. Una forma de reafirmar lo propio frente a una cultura invasora. Por eso, más tarde le rechinaban las idealizaciones del indigenismo, que fue víctima de una conquista atroz, pero que también sometía sin escrúpulos a sus vecinos, a los que un rastro de sangre. El Mr Danger de Rómulos Gallegos, responde al estereotipo del americano que con su ignorancia casi todo lo pisotea. Por lo que la tarjeta de presentación de Castro, como el último bastión frente a los todopoderosos americanos, que hurgaban en la política interna de los países del cono sur de forma burda e instigando golpes de estado. Querían de la manera más torpe, la que es fruto de la congoja, aventar la sombra de los comunistas que sacudía como un fantasma ciego a los países de
(2) Mario Vargas Llosa creyó en los Castros, como factor que iba a galvanizar a una América hispana, para que se zafase de las directrices de Washington. Les parecerá increíble a aquellos que no conocen de su evolución ideológica. Don Mario recuerda, tan dado a las profusiones históricas que en este caso son más que convenientes, que el día de la Hispanidad, en realidad, fue una ocurrencia para acercarse a la madre patria, y así escapar del influjo deletéreo de los yanquis. Una forma de reafirmar lo propio frente a una cultura invasora. Por eso, más tarde le rechinaban las idealizaciones del indigenismo, que fue víctima de una conquista atroz, pero que también sometía sin escrúpulos a sus vecinos, a los que un rastro de sangre. El Mr Danger de Rómulos Gallegos, responde al estereotipo del americano que con su ignorancia casi todo lo pisotea. Por lo que la tarjeta de presentación de Castro, como el último bastión frente a los todopoderosos americanos, que hurgaban en la política interna de los países del cono sur de forma burda e instigando golpes de estado. Querían de la manera más torpe, la que es fruto de la congoja, aventar la sombra de los comunistas que sacudía como un fantasma ciego a los países de
No he leído este libro del insigne literato y periodista chileno, así que no sabía que "Persona non grata" se debía a su expulsión de Cuba por sus críticas al sistema recién impuesto entonces. Por lo visto esas críticas continuaron en el libro y eso le hizo perder el favor de la izquierda, porque ya se sabe que en ningún bando toleran que se les critique. La libertad de expresión suele ser papel mojado en estos casos que realmente importan. Un gran artículo este tuyo que comparto con sumo gusto hoy que he podido detenerme un ratito ante tu estupendo blog, querido Sergio. Un gran abrazo, compañero.
ResponderEliminarQué grato tenerte por aquí, Mayte. Y te voy a regañar y darte las gracias al mismo tiempo, pues deberías prodigarte más con tus poemas, un alegato rotundo y brillante contra la mediocridad.
ResponderEliminarNo es lo mejor, poetisa, de la gran producción literaria de Edwards. Pero sí sirve para ver los matices, que en los panegíricos no permiten los grises. Fidel frente a las adhesiones de primera hora, porque plantaba cara a los americanos del norte, su principal valor en latinoamérica, sufrió un abandono progresivo a raíz de la Primavera de Praga, cuya represión había apoyado. Una cosa era expresar las críticas en petit comite, como le advirtió su amigo/jefe Pablo Neruda, que había tenido numerosos desencuentros y era repudiado por el régimen castrista, y otra que Don Jorge las expusiese en un libro. Es de esa doble fachada de la que se quejaba amargamente Edwards: intelectuales que en privado se llevaban las manos a la cabeza con el giro de Fidel que se había producido desde su perspectiva, pero que luego callaban , e incluso censuraban en público a quienes se atrevían a denunciar los excesos de La Habana, todo por mantener la farsa y que no se les acusase de reaccionarios.
Edwards se consideraba por entonces de izquierdas, y estuvo muy implicado con el Gobierno de Allende, que si bien tenía raíces que le unían al comunismo soviético, se esforzaba por guardar las distancias con Moscú. Querían proponer un socialismo con nacionalizaciones de los recursos del país y de algunos sectores clave de la economía. Este libro es muy curioso porque te desvela esas claves. Un abrazo y vuelve pronto a tus poemas.