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Mostrando entradas de 2017

El Ruiseñor

Dos hermanas en el parteaguas de la historia en que se convirtió Francia en los años cuarenta. La mayor,  pudorosa y prudente, frente a la hermana impetuosa joven que quiere cortar las hierbas frescas antes de que se agosten. Esta última sigue una singladura poco recomendable: de un colegio a otro, porque no se resiste a las convenciones de una sociedad que busca como buena casamentera, educar a las mujeres en los valores de la esposa sumisa. Pero de pronto todo aquel mundo de cartón piedra se desvanece, cuando los tanques de Guderian con sus orugas resonando como ecos de una destrucción voraz, irrumpen en las Ardenas, escamoteando por supuesto a la reluciente Línea Maginot el protagonismo que le había reservado presuntamente la historia. Y gracias a la Guerra relámpago, la Wermacht está a punto de acabar en mayo con las tropas inglesas y francesas en Dunquerque, para poco después ocupar la capital, París. Antes como sabemos, el Mariscal Petain abandona su cometido en la legación fran…

GH Evolution

"En diciembre, en diciembre" Habían reverberado como un eco las admoniciones de su amigo, El Astrólogo. Para esa fecha cambiaría el modelo de Gran Hermano, cuya nueva evolución espiaría en la oscuridad. No en vano, esa última beta estaba dotada con un sistema infrarrojo,  y la penumbra no se convertiría en el antaño refugio que salvase a aquellos súbditos, que no supieran esconder sus emociones. Porque como su amigo Milan Kunderahabía dejado constancia en una de sus novelas, la tristeza era sintomática de oposición al amadísimo líder. No era suficiente de todas maneras, ya que también una broma mal entendida te llevaba a un campo de reeducación como al personaje del checo de la obra homónima (La broma) ¡ No hay quién que se aclare con esto de los regímenes totalitarios! En esto pensaba Winston que en la oscuridad ensayaba carantoñas con las que representar una felicidad abrumadora. Pronto se tendría que acostumbrar a despertarse con la sonrisa incluida. Cuando el engendro, a…

Las lágrimas de Dido

Una gota brotó inesperada de los ojos de Dido. La reina tumbada en un diván, no daba crédito a aquellas luchas bárbaras a muerte, que se dieron enTroya. Le habían llegado rumores cantados por bardos con liras, pero aquéllos pecaban de excesos, con el fin de aflojar las bolsas a los  espectadores incrédulos de sus  pláticas.  Todo debido al desenfreno de Paris, que había raptado a Helena sin pensar en las consecuencias. Bueno, era más difícil de explicar, pues tres diosas insidiosas, se tapó la boca la hermosa Dido al idear tan sencillo ripio. Las tres divinidades habían tentado a un imberbe Paris, que cayó en las redes más carnales de Afrodita.Menelao, el marido burlado de Helena, reclama entonces venganza y todos se abocan a la sinrazón de la guerra.- Por una mujer, querido Eneas, la historia de siempre.
- Los hombres somos capaces de llevar a cabo cualquier tropelía por el amor de una mujer, querida Dido. Pero el espartano había sido burlado en su honor.- Se le escapó un suspiro. - ¡…

Los pasadores.

Éramos tres en la partida, supuse que camaradas, puesto que Ander, un vasco francés de cara abarquillada, nos dijo que esperásemos en aquel establo, al calor de las vacas, que echaríamos de menos en lo sucesivo. Una cosa que a priori resultaba difícil de barruntar cuando llevábamos encerrados tres días. A los sonoros y olorosos cuescos de las bestias, las pajas que se te clavaban por doquier, se sumaba el tiempo que había parecido detenerse en una redoma tan estrecha. Según nos había contado nuestro anfitrión, vendría un individuo, un passeur,  a recogernos para comenzar la partida- No os comáis las provisiones. Están pensadas para varios días. Podéis ordeñar las vacas y serviros la leche. Pero no salgáis nunca, salvo en caso de incendio. Uno de mis compañeros de fatigas de aquella larga clausura, que portaba los quevedos a lo Trosky, aburrido, nos soltó toda una disertación acerca de las vacas como animales sagrados en la India. Avivó sus ojos saltones antes de comenzar el tole tole. …

La redención.

Es raro que nos decantemos en nuestra corta singladura por comentar obras modernas de suspense, que radien todavía el calor de las presas de la imprenta, como es el caso que nos ocupa, La redención de John Hart. En la contraportada, la editorial proclama a beneficio de inventario, que el autor ganó dos veces consecutivas  el prestigioso Premio Edgar. Pero lo que verdaderamente nos convence a los lectores, es el tono narrativo con cambios de escena muy vertiginosos, propios de una técnica depurada y sobre todo muy cinematográfica. La novela está condenada a "redimirse" en la gran pantalla, cábalas que haya realizado presumiblemente su autor, puesto que el ritmo como decíamos es bastante acorde con los compases que exige cualquier filme. Hart nos impacta desde los primeros párrafos, en los que Gideon un joven de trece años empuña una pistola para acabar con la vida de quién presume que es el asesino de su madre, Adrián Wall, que acaba de salir de la cárcel tras cumplir condena…

Camarada príncipe.

Con ojos de ratón asustado, salió de su madriguera. En el exilio se valoraba su alcurnia, hijo de un Ministro del Gabinete de 1905, que tan bien resistió los embates revolucionarios en opinión de la nutrida representación de la Rusia blanca. Qué se pecase de excesos, el tiempo había juzgado como erróneas aquellas apreciaciones. Sin embargo, que su editor le ofreciese realizar una biografía del demonio, le había hecho olvidar su ronquera.- Pero, señor, cómo quiere que sea imparcial, si he de escribir sobre el causante de tantas de nuestras desgracias. ¿ No me ve? - Un gabán ceniciento y roto, las ojeras que circundaban su mirada llena de congojas. - Creo en usted, señor Príncipe. Hará su tarea de la forma más fiel posible, le conozco. Y para desnudar a Lenin, no hace falta más que contar la verdad. 

Así se encerró en un torreón lleno de farallones de libros. Para comprender a la bestia, tendría que leer sus obras. No sabemos qué suerte de sortilegio prendió en su mente, que ávidamente po…

Herman Hesse según Hugo Ball

La biografía de Herman Hesse rubricada por Hugo Ball  resulta muy reveladora tanto si nuestro objeto es interpretar la obra escrita del gran autor alemán, como  entender una personalidad tan polifacética y difícilmente abarcable. Un long-seller que ha acaparado mucho interés a tenor de la infinidad de estudios de doctorado y artículos que voraces tratan de arrojarnos algo más de luz en torno a una figura que los exegetas empañan de tintes ascéticos. La huella de Hesse para otro de sus biógrafos, Volker Michels, por su inmensidad, y abanico de artes que presumió dominar- pintura, música- no tiene parangón en el siglo XX. Todo un héroe renacentista en el siglo de la destrucción. Pero tornando a la biografía que perpetra Ball, ésta tiene un doble valor literario porque enfrenta a dos monstruos de la narrativa. Ambos reconocidos "antipatriotas" por una oposición rotunda a la guerra 1914-1918 (1), aborrecidos por ende por los nacionalistas alemanes hasta la náusea, los cuales hab…

El roble de Machado

Como un roble , el cual se asoma y en la hondonada de los hombros, aparece la retama de la madre. Huesuda y menuda, dice con voz aterrada.- ¿Qué pasa, hijo?- El hijo, Antonio Machado, el del terno lleno de caspa, nos había abierto la puerta alarmado. Son épocas de requisitorias, la temible Brigada del Amanecer de Agapito García Atadell o donde las tropas de los rebeldes hacían vibrar los goznes de la urbe del ¡No pasarán! (1),  para adentrarse en sus calles. El mismo bardo que rebautizaron sus alumnos de Baeza como Antonio MaNchado, se gira a pesar de su pavor para calmar a su madre, Doña Ana, con unos bisbiseos que escapan a un atento pajarillo de nariz de cristal, el joven pero baqueteado poeta, Rafael Alberti. El de Puerto de Santa María no ve al poeta, sino al cachondo de Don Juan de Mairena, que se burla de los maduros que con vestimenta de jovencitos pretenden esconder su edad, o tantas otras sandeces que vienen a correr con los tiempos modernos.

- ¿Me recuerda, Don Antonio? - Le…