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La literatura cipotuda de extremo centro


Retomamos el tema de los clichés políticos, y especialmente uno que se ha venido en llamar el extremo centro, sobre el cual, algunos de nuestros representantes parlamentarios más campanudos han malgastado mucha saliva. Se dirigen a estos quintacolumnistas de la prensa en tono despreciativo, y en un sentido diferente que el que nos produce al más común de los mortales. Como si desde un centro ideológico, se atacase con mucho ímpetu las posiciones de los políticos ofendidos, lo que nos extraña a otros tantos es sin embargo la  capacidad de estos periodistas menesterosos para jugar/estirar el idioma y nunca tomar posición pero sí partido, el suyo propio, que en un país más que polarizado, quizá sea la opción más respetable. Resulta difícil por consiguiente que muestren una opinión taxativa por algo, muy al contrario de lo que creen los diputados presuntamente concernidos por la  beligerancia de los cipoteliteratos, cuando son precisamente lindos gatitos, que maúllan y no arañan. Ni a izquierda pero tampoco a derecha. Y suponiendo que en algún momento una brizna de crítica se les escapase, enseguida reparten estopa en el otro ámbito del espectro ideológico para no perder el equilibrio de funambulista de extremo centro. 
    


Francisco Umbral, cumbre de la literatura que
reclaman para si los cipoteliteratos
( Fotografía propiedad Instituto Cervantes)

En cualquier caso,  hemos de reconocer que poco nos interesan estos chismorreos políticos, porque en realidad queríamos ahondar en la cipoteliteratura como fenómeno que ha irrumpido en el columnismo español - parece que para quedarse- y en los personajes que crean estos cipoteliteratos, espejo deducimos a tenor de sus artículos de las virtudes del español medio. Más que cachazudos y siempre apostados en la barra de un bar,  en realidad esta suerte de conmovedores Sancho Panza son una fiel imagen del autor que acomete el artículo y  que se torna en una caricatura de sí mismo, o nos convierte en un chiste a todos los demás (los libros y los bares son para los cipoteliteratos dos de los elementos fundamentales para tomar la temperatura de un país). Después de todo, creemos que el protagonista de sus artículos a veces inventado o inspirado es verdad que por la calle, comporta una coartada para lanzar una andanada contra todos o contra nadie(2), truco que por supuesto no es nuevo en el periodismo. Louis Leroy afiló su pluma para despellejar viva a la nueva corriente Impresionista, que hallaría precisamente su nombre más efectivo en un irónico reportaje que hizo el veterano periodista para el semanario Le Charivari. Cómo no, sacó de su baúl de ficción a un profesor Joseph Vincent como ilustramos en el propio Azogue en la entrada siguiente  para desde la ortodoxia académica burlarse de aquellos "despropósitos de Monet, Manet". Huelga comentar que Vincent fue una ficción del baqueteado Leroy.




El cipoteliterato es un amante del alcohol y se torna sensiblero
en las bibliotecas.

El articulista cipotudo también  dice alimentarse del esperpento/ desencanto que vive el país, légamo donde aflora el hombre duro, que con una retahíla de metáforas, ve sacralizado su vigor extremo. Pega tragos en las peores sentinas, aprecia la roña en los platos que aderezan más de la cuenta los guisos, pero es su reciedumbre la que le ayuda a curtirse en los antros más abyectos. Y cuando habla sienta cátedra, porque este Steven Seagal de cualquier suburbio , representa mejor en sus frases que nadie el imaginario colectivo de nuestra sociedad. En cuanto se queja amargamente de la situación, la parroquia calla y mira con ojos entreabiertos, como si lo que fuera a proferir valiese la pena. Así, los cachirulos de Arturo Pérez Reverte, Manuel Jabois, Rubén Amón perfectamente retratados en el artículo Ignacio F. Lomana, En la era de la prosa cipotuda, tras un trago de güisqui se erigen en los sumos pontífices de cualquier asunto que se trate. 

Los cipotecolumnistas van trufando las historias de este mentecato con reflexiones propias,  píldoras de masculinidad, bien diferente al machismo que se molestan en despreciar, dado que respetan a la mujer por encima de todas las cosas. No en vano, por un libro que hojean llorarán con la misma emoción que una peluquera de Leganés. En sus columnas, a veces saltean escenas de una violencia inefable, que en sus metáforas encuentran el eco merecido. Las armas que a modo de regalo ofrece Pérez Reverte a Javier Marías que de esta guisa nos recuerda a un Charlton Heston sólo que literario, nos hacen revivir la magia del sorprendente ser humano (Lomana nos hace reír con los sarcasmos que le provocan escenas de amistad tan tierna, aun cuando seamos escépticos con este tráfico de armas literario). Los cipoteliteratos reivindican el legado de Umbral en el periodismo, que les queda más que lontano, a una distancia sideral. Muchos comprábamos El mundo o nos reservábamos para deleitarnos con la columna de Don Francisco(3), en la que con cada frase parecía que descubríamos la pólvora. 





A esas alturas del artículo de Lomana, se nos abrió la mente y aguzamos los oídos para encontrar al protocipote de ciudadano que pudiese inspirar a nuestros quintacolumnistas y es cierto que campa por sus anchas en las tabernas más costrosas. Les prestamos atención con la dedicación de un Fígaro de quinta regional, que con el mismo ahínco que Larra buscaba al público nosotros rastreamos al cipotepersonaje. Nos topamos con él, en el momento más álgido de un speech que versaba sobre economía. - Aquí lo que falta es industria.- No lo negamos, ni restamos importancia al fenómeno de desindustrialización que se ha dado, pero quizá por trasnochados o pasar demasiado tiempo en la taberna, no se hayan percatado de la terciarización de las economías modernas, y que la mayor parte del valor añadido es atrapado en los países desarrollados ( Estados Unidos jamás retornará a pesos de su industria del 40% del PIB de los años 70). Entrar en semejantes finuras con la bestia parda del suburbio, sería rozar sutilezas. - Si no hubiera tanto mangante y chupatintas que les hace coro- Supongo que los articulistas cipotudos no se incluirán en la recua de plumillas que trabajan al dictado de los poderes. 

El personaje muy trasgresor, fuma en la barra del bar, que él no cree en esas milongas de que deba atenerse a ninguna ley, al fin y al cabo son ocurrencias de los políticos. Hasta que con más aplomo afirma que nos hubiese ido mejor si el sistema bancario hubiese reventado de verdad. - Caixa Catalunya o Bankia, todas a la mierda. Masculinismo.  Nos hubiéramos ahorrado dinero y disgustos. - Uno ruega que llegase la implosión tanto tiempo impretada por algunos necios, en un sistema de reserva fraccionaria, pero nos temeríamos que con igual rapidez habrían sugerido que el rescate era lo más conveniente, ¿cómo no nos habíamos dado cuenta? O cuando propone quemar el Parlamento como hicieron " los nazis en el treintaiseis (sic) que nos sobran los políticos". Para los del ISIS, una buena bomba atómica, y no continuamos con este catálogo de chorradas que aspiran a filipicas y se quedan en pura paja artificiosa. Por último, les confesamos que lo que más nos aterra es el hecho de que durante la crisis, cualquiera de nosotros habría pasado como un cipotepersonaje por decir estupideces como éstas o incluso más gordas. Resulta más difícil reconocer nuestras limitaciones y excesos.



El periodismo literario rebrota en las manos de los cipoteliteratos.

(1) Las cuatro columnas rebeldes que como puntas de lanza se abalanzaban sobre Madrid en 1936. La quinta columna era la interior, la de los colaboradores que anhelaban la entrada de las tropas franquistas en la capital. Muchas veces se ha exacerbado este mito de la quintacolumna en cualquiera de los conflictos para pasar por las armas a todo bicho viviente.
(2) Cuando decimos que carga contra todos y sugerimos que es lo mismo que no atacar a nadie, es por su afán de  no mojarse por nada. Con el protagonista interpuesto con el que se regocija, pretende acrecentar un distanciamiento todavía mayor de lo que destila su columna.
(3) Un gran creador de lenguaje como nos advierte un salvaje Marco Antonio Núñez (3) en una de sus entradas, aunque Umbral se despachase en las inmensas bodegonas de la primera mitad del siglo XX cuyos rastros evidentes tampoco se esforzaba  mucho en ocultar. Lo curioso es que esos cipoteliteratos también tienen como jefe de filas a Pérez Reverte, que se las tuvo muy tiesas con uno de los magos de nuestra literatura. Hacemos un inciso en las entradas de Marco Antonio a ratos premiosas, son pura literatura, fastos sublimes de un teclado que impenitente  aporrea, digamos que sin compasión, pero con el que en muchas ocasiones entendemos que su prosa sea uno de los tesoros perdidos, un deleite para minorías. No comprendemos cómo no se celebra más su talento en las redes, con unos exiguos seguidores que apenas trasponen la veintena.  Y le llamamos salvaje porque como al crítico de arte Vauxcelles, su prosa nos sorprendió cual fauvista y no pudimos menos que exclamar como aquél :"Donatello entre salvajes". Había una estatua del gran artista italiano entre tanto lienzo fauvista.

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