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Alpha Centauri, la sabiduría más próxima de Asimov.


Cayeron en mis manos, las hojas polvorientas de un libro de Isaac Asimov, tras una mudanza tediosa que perló mi frente de sudor, por lo que conté los minutos que me restaban para saborear un gin tonic y poder hojear cómodamente Alpha Centauri, que aparte del título de la obra, es la estrella más próxima a nuestro sistema solar. Enseguida me enganché a sus páginas de color jaramago, ajusté mis gafas pues sabía que uno de mis héroes de la adolescencia me iba a  secuestrar la voluntad como antaño, con sus maneras seductoras y nada apergaminadas de divulgar el conocimiento. Era verdad que la alternativa de mover muebles, resultaba mucho peor y que hasta un folletín de Corín Tellado me hubiese parecido una posibilidad mucho más halagüeña que la esforzada tarea, que muchas veces con todo y como botón de muestra aquella tarde de fatigas, nos guarda verdaderas sorpresas(1)  En cierto modo, me recordaba a mi época de estudiante universitario, cuando en los períodos de exámenes hasta una telenovela se convertía con su enjambre de líos,  en todo un universo de posibilidades. 

Poco a poco, advertí con Alpha Centauri, cómo Isaac va deshojando con mucho tiento los vericuetos complejos de la astronomía, sobre todo para los neófitos, y a la sazón, se sirve de excusa de la misma para llevar a cabo un ejercicio histórico que nos evidencia otra vez más, que no la última, su hondura y erudición. Con este ensayo nos hace conscientes de las limitaciones que nos impone la esfericidad de nuestra tierra en la contemplación del firmamento. De pronto, sentí y palpé en aquella butaca mi propia corporeidad  y la de la tierra, su interrelación con la bóveda celestial, no como una recreación de nuestras mentes sino como una realidad ajena a ella y que nos impone limitaciones en nuestras observaciones. De esta guisa, viajamos en el tiempo con Asimov y cambiamos de lugar en el globo terráqueo, para que el autor americano nos haga conscientes de que salvo los africanos y los europeos más aventureros del siglo XV, la estrella Alfa Centauri nunca fue avistada hasta entonces. Prosigue Isaac con su relato, para desvelarnos que muchos astrónomos griegos y egipcios de la Antigüedad se percataron de la forma esférica de nuestra tierra observando las diferencias que se producían en el mapa celestial a medida que viajaban hacia el norte o el sur. En algunas ocasiones no hay mejor forma de tener los pies en la tierra que dedicarse a la vida contemplativa.  A pesar de todo, nos da pavor comparar aquellas cabezas bien amuebladas con muchos de nuestros contemporáneos que todavía creen que la tierra es plana,  o las asociaciones que presuntamente basándose en el ¿¿¿método científico??? zetético, pergeñado por Samuel Robowtham, llegan a las mismas conclusiones en pleno siglo XXI ( ver reseña en esta página http://www.vice.com/es_mx/read/aun-hay-gente-que-cree-que-la-tierra-es-plana



Asimov, uno de los más grandes divulgadores.


Más allá de estas discordias absurdas, que nos remontan a una superchería tan elemental, había traído a colación a Asimov porque en muchas ocasiones, los encuentros incluso con autores que vivificaron nuestras tardes de adolescentes, son más que casuales . No en vano, el mismo día de la mudanza y de Alfa Centauri, con la resaca de las elecciones generales en España y de las encuestas que habían fallado clamorosamente en sus previsiones, me volví a acordar del  cuento Sufragio Universal.En él aparece por primera vez, Multivac, la supercomputadora que imaginó el novelista de orígen ruso y que movía los hilos de un mundo profundamente deshumanizado. Una nueva distopía, que ofrecía al lector unas posibilidades cambiantes, que por descontado han aprovechado algunos escritores para desarrollar secuelas de mundos futuros infernales(2). Como decía, en dicho cuento, la Multivac escoge a un ciudadano basándose en una serie de parámetros, entre ellos su representatividad en la sociedad americana, con el objeto de nombrar al próximo Presidente de los EEUU. Complejos algoritmos rugen y son la simiente para la elección en la supercomputadora, tras analizar el cuestionario que "el escogido" ha contestado.

Pensará el azorado lector, qué tendrá que ver con las recientes elecciones. Y es que las encuestas, con sus cocinas y algoritmos, sin llegar al extremo del relato de Asimov, podemos decir que han condicionado en esta ocasión la campaña. No soy un experto, si bien, se sacaban conclusiones y se escribían pomposos editoriales con muestras exiguas (1200- 1800 entrevistados) y en el caso del relato, la muestra se reduce al mínimo posible, una persona. Todo por una entelequia de predecir lo que es impredecible, el comportamiento humano y la realidad futura, con miles de asechanzas nos diría el gran maestro y filósofo Ortega y Gasset (nuestras vidas discurren en un océano de circunstancias impredecibles). No me opongo, ni creo que sus conclusiones, me refiero a que las encuestas hayan de tomarse en balde, pero al final, me maliciaba al mismo tiempo que dejaba correr los cerrojos de la casa de la mudanza para comenzar pesaroso la tarea, si en  algún momento sustituiremos las costosas elecciones por una encuesta realizada por un superordenador.Con las mismas muestras que las realizadas  la pasada campaña, que presumieron "sorpassos- no pequemos de la soberbia de la supercomputadora de Asimov, que de una persona infería cuál era el Presidente más representativo para el conjunto del país, pese a que estas encuestas y los encuestadores con muestras tan pírricas, se hayan gustado a si mismos y hayan predicho cataclismos políticos en algunos partidos. 


¿Multivac decidiendo el futuro Presidente de España?


(1) Las joyas de mi tía son considerables, no sólo literarias, sino atlas geográficos del siglo XIX donde Italia y la Germania no son más que un elenco mal avenido de miniestados, para que veamos lo arduo que fue y sigue siendo consolidar fronteras en el tiempo histórico de los hombres. Si nos remontamos al tiempo histórico de la humanidad como nos advirtió Spengler en su plúmbea Decadencia de Occidente, las fronteras se tornan en tigres de papel y de nada valen las erizadas barreras.

(2) Otras distopías están más prefiguradas, el relato discurre por rieles, y no se ramifican en infinitos y diferentes caminos; Asimov excita como nadie, nuestra imaginación.

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