domingo, 26 de febrero de 2017

Musa de piratas y bohemios


Una humareda azul intensa como sus pupilas, se desprendió del cigarrillo con filtro. Sofisticada, gambeteaba por la malograda pieza con tiento, mientras expelía frases con su voz argentina y alguna palabra en francés. - ¿Así que usted es Don Ramón? ¿El famoso Don Ramón?- El literato asintió con aires principescos. La joven dama entretanto siguió revoloteando en torno suya, enervando por su extraordinaria belleza, al maestro. - ¡Quería conocerle si no es mucho fastidio, mom chéri!- El poeta calibraba la hermosura de aquel ángel caído del cielo. Unas incipientes ojeras denunciaban sin embargo, una vida disipada. Don Ramón no le quitaba ojos, estudiaba a la joven, porque quería llegar a sus propias conclusiones. Había oído hablar tanto de la musa de los bohemios parisinos, que le azuzó una curiosidad insana. Manco, estaba garabateando con el otro brazo, el derecho y el que le quedaba, unas notas de la próxima novela y vino aquella corriente impetuosa, que escupía preguntas sin parar.- ¿ Es cierto que le devoró el brazo un escualo? - Antes de que le contestase, había expirado la siguiente pregunta en las labios de la damisela.- ¿Nadaba cinco millas todos los días en el Océano Atlántico?




María Teresa retratada por Julio Romero de Torres,
su belleza lancinada por unas ojeras perpetuas.
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- No, fue un dragón.

- Me está usted tomando el pelo.- Su acento chile, chilísimo sedujo al viejo. Ella siempre había sido para sus compatriotas la maroma santiaguina para la remembranza sutil. Qué mejor recordar la patria salina que a través de los labios mojados de María Teresa. - Los dragones no existen, chevalier

- Y tampoco.- Se arrogó todo el misterio, con una frase que dejaba al desgaire lo que quería decir.

- ¿Tampoco, qué?

- Qué tampoco nadaba cinco millas. ¿ De dónde dice que se ha sacado esa tontería, señorita?- Le espejeaba una baba al escritor. La cintura de ánfora de la señorita le resultaba deliciosa, adornada además con tanto aspaviento, traía algo indeterminado y por supuesto cómico.

- Vicente me dijo que.- Estaba anonadada, el tótem que había visto en infinidad de estampas hablaba, no era una estatua y además le reprendía. María Teresa sabía que era la debilidad de muchos hombres, más que eso, su musa. Cuando decidió unirse a la jarca de artistas, renunciando a sus obligaciones de madre, había escandalizado a todo Santiago de Chile. Una belleza luciferina que hacía perder el juicio a los hombres más probos, pero había que condenarla. ¡ Vade retro! El propio Vicente Huidrobro fue su galante, el que le contó aquella anécdota del brazo, y el que le rescató del convento donde por celos le había recluido su marido, el todopoderoso Balmaceda. Por lo que la señorita recuperó de pronto el suficiente ardor para reponer a Valle Inclán- Su excelencia, que le había escuchado en el Café de la Montaña, contar esa historia.

- ¿ Qué Vicente, señorita?

- Mi amigo, Vicente Huidobro.

- ¡Ahhhh!- El petimetre ese, que es un buen diletante, balbuceó para sí el fauno gallego.- ¿Y qué le ha traído hasta aquí entonces?

- La curiosidad. Quería saber si era cierta la leyenda de su brazo.

- Fue en un duelo.

- ¿Qué ganó usted?

- No, lo perdí, no le parece evidente. Aunque gané la vida. - Siempre fabulaba pese a que un conato de sinceridad flamease en sus labios. Antes de que la conversación se reanudase, sintió un fuerte dolor en la barbilla. La nefertiti, le había tirado de sus barbas luengas.- ¿Está loca?



- Quería comprobar si eran reales o un postizo.


El nemoroso poema de Huidobro,
maestro del vanguardismo hispano, logra
con esta obra cimera, colocar a nuestro idioma
en el frente más ardoroso de las letras.
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Así comenzó una tierna amistad, quizá tan dulce, sin malentendidos entre la poetisa María Teresa Wilms Montt  y uno de nuestros faunos de las letras, el genial Don Ramón de Valleinclán. La chilena de una belleza inconmensurable se convirtió en la consentida de un gran círculo de literatos en Madrid. Venía con ecos de celebridad de la Lutecia, refugio de artistas, donde Pablo Picasso, Huidobro y otros rutilantes genios, habían adorado a una mujer cuyo talento poético era envidiable, aunque careciese de la constancia para encimar una obra definitiva. Su facha de hada hermosísima, y un cartel de haber violado todas y cada una de las convenciones- se preciaba en los cenáculos de su condición de masona- resultaba un cóctel altamente atractivo para cualquiera. Ella llegaba, se posaba como una presencia telúrica en las tertulias y no se arredraba en tomar guisquises y fumetear como un caballero, para blandamente sentar cátedra. No había quien contrapusiese argumentos, si se había preciado de tirar de la barba al  montaraz gallego, qué no sería capaz de hacer aquella bravura de fémina. 


Como seguidora de Safo, tiene algunos poemas que revelan una gran delicadeza. La joven como decíamos, frecuentaba también los ambientes parisinos, aunque sus experiencias en la gran Lutecia podríamos calificarlas de agridulces. No en vano, en la ciudad en llamas por la Gran  Guerra, corrieron rumores de ocupación hasta que el Marne salvador hizo de valladar natural, y los taxis renault, que desplazaron a los contingentes a la brecha de aquel río, de un peón inesperado para la estrategia francesa. Sin embargo, había cundido la histeria, afloraban falsos espías por doquier, simplemente un apellido que se prestase a equívocos como el de María Teresa, conllevaba llevar ligada la sombra de la sospecha en cualquier circunstancia. A su amigo Joaquín Edwards Bello, o a su  alter ego literario, le aconsejaron salir de la ciudad en cuanto pudiese(1). Ser extranjero se había convertido en un peligro para la integridad de uno. O espía o le conminaban a combatir por esa Francia que reclamaban  como segunda patria. Semejantes argumentos con una pluma en ristre, esbozando una sonrisa amenazadora, resultaban de lo más convincentes. Cuando nuestra nefertiti quiso colaborar como enfermera en el conflicto con el Ejército americano, barruntaron sospechas tras sus apellidos que sonaban demasiado teutones, y la retuvieron varias semanas. - ¿No se habían cambiado los apellidos la familia real inglesa, pero yo no puedo? (2)- Como pudo salió de ese brete. 

María Teresa quiso ayudar a los soldados, sepultados
en un estero de greda.



Más tarde, volvió a las juergas nocturnas, la bohemia que tanto le cautivaba. Con su Huidobro que se aferraba a su brazo como amante infinito, aunque nunca consumasen aquella pasión. En una de éstas, María Teresa enferma de una tuberculosis, que le va postergando a la cama y más tarde al sanatorio. Alli, una tarde, tras la visita de su inseparable poeta, del que Cansinos Assens hace un traje, porque a pesar de su talento, le resulta demasiado pedante,  la joven decide suicidarse. El chileno decía que no había visto empeoramiento alguno en su musa, así que de esta guisa compungida, removía su repeinada cabeza en medio de la zozobra que le había de provocar la desaparición de su compañera del alma, y que le sumió en la incomprensión de aquel acto. ¿ Acaso no le quería?  Todos los demás la amaron con fervor, pero sólo Don Vicente hizo de este sentimiento una entrega incondicional, acompañó a su nefertiti hasta los mismos cerros donde mora  Tánatos. Luego Vicente se entregó a su otro amor, la poesía.







(1) Este episodio fue relatado por Edwards Bello en una de sus novelas. En la huida de un compañero de pieza, éste le confía un petate que resulta estar lleno de dinero y de joyas. La curiosidad le lleva a abrirlo. Según su pariente, el enorme Jorge Edwards, no sólo el protagonista da con semejante bicoca, sino que su pariente vive por entonces un período de esplendor monetario que le resulta sospechoso. El inútil de la familia es una novela biografía, que nos encanta, porque recorre los cenáculos más interesantes del siglo XX, como hizo ese protagonista maldito de la saga de los Edwards.

(2) El conflicto con los teutones llevó a la familia real inglesa a despojarse de su apellido alemán. Más detalles en este link de Wikipedia

jueves, 23 de febrero de 2017

El talego y Dickens


- La prisión por deudas fue muy habitual en el pasado.- Apremio con mis dedos juguetones, el cáliz del gin tonic. Habíamos dejado el güisqui, la sangre de los cobardes según Charles Bukowski, que a falta de aplomo se toman un Macallan de doce años. Temo no obstante, aferrado al vaso que me refresca la mano en una tarde vaporosa y de canícula de julio, que se derrita todo el hielo para finalmente aguarme la ginebra.- Hemos progresado mucho desde entonces. Salvo que se evidencie un afán de apropiación indebida, la ruina no se traduce en cárcel.

- Menos mal, porque con la crisis, hubiésemos pasado muchos por el talego.- Respira aliviado Ontiveros, que apura en una calada, la colilla moribunda que reverbera en sus labios. - Nos habríamos librado cuatro gatos.


- Fíjate en Charles Dickens. - Poco después, nos confundimos en nuestra cháchara con el periplo vital, de manera condensada, del gran escritor inglés. Quién no se ha despertado lívido en medio de una noche resacosa, mientras juraba y perjuraba que  le habían visitado algunos de sus fantasmas navideños, de hórridas lenguas, o se ha sentido identificado con un David Copperfield que escalaba peldaños en el intrincado y elitista sistema inglés, casi de castas, podríamos decir, gracias a unos benefactores que en la vida real habría que contarlos como a las musas, con los dedos de las manos y nos sobran la mayoría de ellos. Porque para que el gran novelista inglés, pocos hubo a su altura incluso si nos apuran en la literatura universal, forjase su camino erizado de espinos como referencia literaria, tuvo que superar muchos obstáculos antes, en su propia vida. Sus dificultades se reflejan en sus obras, especialmente en David Copperfield, donde se barruntan muchos elementos autobiográficos, o incluso en Oliver Twist, novelas ambas que gozan del marchamo del éxito y merecen su lugar en el panteón de la literatura universal, si es que lo hubiere. Dickens reconocía que merced a una memoria fotográfica, luego le fue posible recrear aquellos ambientes que holló durante la infancia debido a las cuitas económicas de su progenitor. Su trabajo que le procuró penosas fatigas a los doce años en una fábrica de betún, le hizo trasegar a los pocos años con las miserias de una revolución industrial, que le iba a servir como valiosa experiencia que plasmará en sus creaciones.  


Inconmensurable Dickens, grande entre
los grandes autores de toda la historia.

No dudamos por ende del espíritu berroqueño del autor de Historia de dos ciudades. El aprendizaje que se derivó de las andanzas del padre por un sistema penal que contemplaban el encarcelamiento por deudas, tuvo que ser durísimo e iba a marcar una infancia cuya huella  se percibe en el resto de su vida y su producción literaria. Stendhal, coetáneo suyo, afirmaba que tanto el escritor  como el periodista debía para tratar y adentrarse en un asunto, vivirlo en primera  persona (1). No bastaba con  mostrar la distancia del narrador, porque en ese caso el relato/artículo sonaría mendaz. Hasta cuando Charles habla de crónicas de tribunales, sentencias de aquí para allá, que se asoman en sus historias fabulosas, intuimos el poso de la experiencia. Un dejo que fue consolidándose capa sobre capa, cuando había ejercido de pasante del bufete Ellis& Blackmore o más tarde de cronista de tribunales con el que demuestra la solvencia que gasta Dickens en los oficios y recursos presentados en sede judicial en sus obras. Vemos como la experiencia en primera persona acorde con la hipótesis de Stendhal supone para el lector, que pueda palpar la realidad de aquella época, en la que el novelista inglés se acerca a una literatura de denuncia social. Algunos estudiosos de su obra,  en un alarde excesivo en nuestra opinión, creen que con Dickens comienza la literatura de denuncia social ¿Qué sería entonces de nuestra novela picaresca, por no remontarnos a los griegos y varios de sus paradigmas? Es verdad que recuperó el gusto por la literatura de tono social, y llegó con ella al gran público.



Por este motivo, dada su notable influencia, que trascendió por supuesto de su país,  y este tono de denuncia latente en casi toda su obra, muchos denostaron su narrativa  por ser algo lacrimógena y hacer entrever la redención en el propio sistema. A pesar de la evidente crítica social que destilaban sus escritos, lo que le acarreó gran  parte de los epítetos de trasnochado, caduco o incluso enemigo de la clase obrera por la perniciosa influencia que había ejercido. Con todo, Maxim Gorki adoró al escritor inglés, por su descripción conmovedora de la miseria, aun cuando siempre le rechinase esa solución que nos redimía a todos. Lenin que desde luego no era literato, y escribió con sangre episodios trágicos de la historia universal,  apreciaba la calidad de la prosa de Dickens. ¿Sería un rescoldo ignoto de su pasado burgués? Muchos por menos acabaron en un gulag. Sin embargo, las historias de Dickens sonaban al revolucionario como a esos viejos cuentos de hadas, que eran letales para la conciencia de un pueblo, y por tanto había que rehuir de aquella literatura edulcorada que no ayudaba a inculcar a las masas conciencia de clase alguna . Más allá de las ideologías, ¡qué plomizos son todos aquellos que buscan y lo peor, quieren imponer alguna finalidad al arte!, que puede tenerla. Lenin, fue un monje dedicado al poder, así que los veneros de las musas poco le atraían. Para el revolucionario, no había arte que recrease los sentidos como reclamaban Ruskin o Wilde, y que al mismo tiempo denunciase una pobreza desde unos presupuestos estéticos, que resaltasen como advertimos la belleza. 

De esta guisa, de fantoches merodeando las sombras de la literatura, se nos fue una tarde de cielos plomizos. - Onti, otro que estuvo uncido a sus deudas, fue Fiodor Dostoyevksi, que describía primorosamente en El jugador los pesares de los adictos al juego,cumpliendo el principio de Stendhal, porque como su protagonista se había  asomado a los abismos del juego.

- Sí, lo sé, que era un jugador impenitente, Muna.



El jugador, excelente novela de uno de
los grandes maestros de la literatura universal.
Su personaje refleja las debilidades del jugador
y su patología. Fiodor sabía bien de lo que escribía




- Decían que prefería el silencio de la noche para escribir las novelas, que le permitieran pagar sus deudas de juego. - Digo con ironía.- Aquí el juego ejerció una influencia positiva sobre el ludópata, caso único. Recuerdo, que en un pasaje de Juan Eduardo Zúñiga, quizá la memoria me falle, se contaba que por la noche le interrumpían sus acreedores dando buenos aldabonazos en la puerta de su casa. Como un fantasma, el escritor se revolvía en las sombras, y acudía a calmar al susodicho. - Ya de retirada, insinuamos las vivencias de otro ilustre, en este caso chileno, de impronta patricia. Alto, desgarbado, y siempre con un buen terno, Joaquín Edwards Bello, familiar de otro grande de la literatura, Jorge Edwards, fue un cronista brillante y novelista de gran enjundia. Su perdición, en la que dejó jirones de su fortuna literaria y familiar, fue otra vez el juego. Plagada su cuenta corriente de orificios causados por las deudas, Jorge hace una maravillosa semblanza de este autor maldito en una maravillosa muestra narrativa, El inútil de la familia. Allí aparecerán poetisas como la mitológica  María Teresa Wilms Montt a la que por supuesto le dedicaremos el debido artículo, por hoy creemos que es suficiente.

La belleza luciferina y su vida moderna, fuera de convenciones,
atrajo a la bohemia madrileña y parisina. Sus hermosos ojos y
sus grandes rimas, lo valían.
De Editorial Nascimento - http://www.memoriachilena.cl
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(1) Se distribuían por entregas en los semanarios, como las de muchos otros autores, lo que origina un singular in crescendo en las novelas si leen con ojos del presente. V.g , Dumas acababa la entrega semanal en un punto álgido, nunca hay transiciones melifluas si se quiere atrapar al lector la semana que viene. Mark Twain decía que un buen final es casi más importante que un buen principio, pues te asegura lectores en el futuro.

(2) El infatigable Manuel Chaves- Nogales, señorito andaluz por una vestimenta pulcra, había hecho suya la idea de Stendhal como leiv motiv con el que desarrollaría su profesión. Era un periodista/ escritor sensacional, que combinaba su prosa excelsa con un afán de reportero. De temerario fue tildado su viaje por la Rusia bolchevique de los años 20. En más de una ocasión, se le había dado por perdido y por muerto en aquel periplo. Le debemos un par de semblanzas en el Azogue, que llegarán.


domingo, 19 de febrero de 2017

Pablo y las mujeres


¿Qué se puede contar de Picasso que no hayamos contado todavía? Del artista más terne, tuvimos noticias. No se arredraba ni ante el oficial de la Gestapo que le había preguntado, suponemos que carente de malicia o quizá con desprecio, si él era acaso el famoso autor del Guernica. A lo que el genio malagueño, le sermoneó que "no, ustedes lo hicieron" (se refería con ironía a que La Legión Condor había sido la causante material de la masacre; ver historia completa en este estupendo hilo ). Recordemos que visiones renovadas, alejadas de la leyenda rosada de un París resistente, que sí lo hubo pero también el que se avino a una convivencia más pacífica con los invasores, entre ellos Picasso,  ha salido de los cendales de sombras, con una bibliografía que aviva el interés por una época en la que existieron los matices (1). A pesar de la bravuconada del Guernica, no sabemos si apócrifa, el pintor vivió encerrado en la burbuja de su arte durante la ocupación y fue finalizada ésta, cuando tomó parte más activa en la política y se afilió al partido comunista, gracias a la insistencia de su amigo Aragón. 

El legendario cuadro, que denunciaba la barbarie de la guerra
De Papamanila - Fotografía propia, CC BY-SA 3.0,
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Fuimos conocedores de las  tensas relaciones con el partido, que siempre oscilaron por un fino alambre: el regusto por el lujo, la consagración a las artes amatorias, le convertían en un hombrecillo burgués, es verdad que dotado de un talento desbordante, que hasta reconocían los críticos más ortodoxos del socialismo real. No obstante, en otra parte,  nos hicimos eco de las polémicas que originó el  retrato de Stalin que abría la portada de las Lettres Françaises, para vindicar la figura del dictador en su muerte, pero que le hicieron objeto a Picasso de las críticas más acerbas de su propio amigo, Aragón, devoto de las musas y del estalinismo más duro (en este artículo de El País, las raices de la polémica. ) . De nada le valió a nuestro compatriota, que hubiese creado el símbolo comunista de la paz, la paloma, que tan efectiva fue para reblandecer las conciencias en Occidente, mientras la URSS se pertrechaba de armas hasta los dientes. Que a la postre caricaturizase con semejantes trazas al gran dictador, enemigo declarado del subjetivismo en cualquier expresión artística, no dejaba de ser sin duda irónico. Para mayor escarnio, el Daily Mail se tomó a chacota el retrato, del que hizo una crítica mordaz, comparándolo con la Mona Lisa, por unos aires femeninos "una mujer con bigote"  hurgando de este modo involuntario en las diferencias entre Picasso y sus camaradas(2).

Mona Lisa con mostacho, o Stalin según el Daily Mail
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Incluso abordamos la maestría inusual de Don Pablo con la que se reinventaba pasados los años, lo que le obligó  a trasponer sus propias limitaciones, para escribir de su puño y letra la historia de la modernidad del arte. ¿Qué quedaba del niño que a los trece años había ingresado en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona? Junto a Bracque iba a inventar el cubismo, no quería que la sombra de Matisse se alargase tanto, que trocase a todos los demás artistas en simples convidados de piedra a la fiesta de la modernidad, con Henry de anfitrión. El malagueño, mixtificador y auténtico succionador de ideas , que convergían en su genio, dijo haber tenido una visión ancestral de dos figuras religiosas españolas, que le impelieron a innovar ( ver ¿es el Guernica es una inspiración de las musas o un plagio? ). Más tarde encontró el camino en una exposición de arte tribal, que laceró sus retinas con llamaradas de creatividad por la ingenuidad que desprendían los rostros de los tótems, frente a un mundo moderno que había perdido cualquier rastro de inocencia. De modo, que comenzó a laborar para alumbrar las famosas Señoritas de Avignon, mujeres de vida alegre. La sensualidad de Ingres, o las noches en los lupanares barceloneses habían aflorado en aquella visión mística y de adoración al cuerpo femenino. Sin embargo, no fueron bien recibidas, algún crítico amigo suyo, apostaba que no a mucho tardar, tras el lienzo se bambolearía colgado de una soga el cuerpo inerte de Picasso, después de semejante fiasco. Como solemos decir, con amigos como éstos, para qué quiere uno enemigos.



Dominador y tirano del arte del siglo XX,
la muerte, la vejez y la soledad le devastaron
http://www.magicasruinas.com.ar
/revistero/internacional/
pintura-pablo-picasso.htm,
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También ha destilado mucha tinta aquel París primigenio en la vida de Picasso, cuando lacayuno mendigó el favor de una americana rancia, que con todo, mimaba de forma maternal a todos los artistas. Que además fue la muñidora de la famosa frase, origen del nombre de una de las generaciones literarias americanas más importantes, La Generación perdida. Allí, a la mesa de Gertrude Stein, se arracimaban los creadores más aclamados, o aquellas promesas en los que la mujer macerada, intuía un futuro dorado. Que Gertrude mirase con ojos de cordero a su adversario, ¡ otra vez  Henry Matisse! le hacía bajar a Don Pablo a los infiernos donde vegetaba en la vacuidad de la intrascendencia. Era el Picasso más joven que se quería ganar un nombre junto a su amigo, Carles Casagemas, no carente de talento y que gozaba de muchas puertas abiertas en la vasta urbe, que franqueó junto a su compatriota malagueño. Por esta y otras razones, el suicidio de Carles le iba a sumir en una de sus crisis más trascendentales, que le afectaría tanto en su faceta artística como de forma más notable en las futuras relaciones con sus parejas.
El drama se escribe en dos simples actos. Casagemas bebió los vientos por una mujer desinhibida para los tiempos y más viniendo de la católica España, que se llamaba  Germaine.  Pablo y su inseparable amigo, se habían topado con todo un bestiario de criaturas noctámbulas, mientras los desvelos artísticos seguían revoloteando por la cabeza de nuestro protagonista. Parecen días esforzados y de grandes divertimentos, hasta que la amante del amigo decide abandonarle - se ha especulado que quizá  por su impotencia sexual - lo que conduce a Carles a apretar el gatillo contra su sien. Ese recuerdo imborrable, el dolor de la pérdida irreparable, aboca a una honda crisis en el quehacer artístico y vital del malagueño. Da comienzo a su tanto incomprendida como aclamada más tarde Etapa azul. Pablo se rebela por la muerte: él se encontraba cuando aconteció la desgracia en Madrid, y a su regreso a París, lucha por poseer a aquella mujer que había rechazado a su inseparable camarada. Dicen que aquella experiencia traumática, de la efímera fidelidad o  carácter volátil de las mujeres, así lo entrevió nuestro artista, provocó que se aguzasen aún más los rasgos de psicopatía con relación a sus parejas. El espectro de su amigo le persiguió, como si le reprochase que en cópulas interminables, rindiese a la desdeñosa Germaine, cuya renuncia  procuró a Casagemas la desdicha. Así Picasso se refugió en el arte, como hizo durante el resto de su vida, para componer una serie de lienzos influidos por un autorretrato de Van GoghEl entierro del Conde Orgaz, que le ayudasen a sobrellevar el duelo y la traición al amigo.  Más difícil le resultó olvidar cómo Germaine puso a otro en el lugar del desgraciado Carles, sin reparos.





Autorretrato de Van Gogh, que inspiró las obras que
le dedicó a su amigo muerto Casagemas.
De Vincent van Gogh - 1. Web Museum.



(1) A esta revisión de la Francia ocupada, tenemos como avanzadilla, autores de la talla de Patrick Modiano, merecido Premio Nobel de literatura 2014 y que siguió la máxima picassiana de que en arte, había que asesinar al padre para sobre sus cenizas construir algo nuevo. El escritor francés hizo lo propio con su obra literaria, que en buena parte se adentra en aquella época de traiciones patrias, con vocación desmitificadora (  Céline se posicionó descaradamente del lado de los invasores, ver esta entrada que le dedicamos en el Azogue). 


(2) El genio vivía por aquella época entre tormentas internas, debido a cuitas amorosas - por primera vez le abandonaba una mujer- y se sentía demasiado frágil, porque volvían a brillar sus temores a la edad y a la muerte. La soledad es una red fría de escarcha que invita a la reflexión, con más crueldad en el rechazado.

(3) Contaban que el andaluz repasaba todos los días la lista de amigos supervivientes(otros prohombres tenían debilidad por las esquelas).Esa manía se volvió más recurrente en cuanto falleció su adversario,Henry Matisse.Tempus fugit.








miércoles, 15 de febrero de 2017

Mary Celeste, el barco fantasma.


En los suntuosos recuerdos(1) de nuestra niñez, brillan los mapas imaginarios de corsarios y piratas, cuando en plenos vericuetos guadarrameños, aguardábamos agazapados en el campo a que pasasen de largo los mayores, para franquearnos el paso en el juego, al lugar donde presuntamente habían escondido el premio. En una de aquellas idas por el dédalo sembrado de pinochas, Toby, un precioso cocker spaniel, más avezado y buscador infatigable de viandas,  se hizo antes que nadie con el premio gracias a sus sensibles pituitarias. Poco después, el cordel de un chorizo de cantimpalo colgaba delator de su boca, y con cara jocunda, nos miraba altivo porque no alcanzaba a comprender el motivo de nuestras risotadas.  Fue gracias a La Isla del Tesoro (2), que descubrimos el placer de imaginarnos aventuras como las de su protagonista, Jim,  y convertirnos algún día en grumetes. A lo largo de nuestras vidas, recelamos de los Long John Silver o nos atrajeron los seres extraños como Ben Gunn, colmados de la riqueza de la diferencia. Sin duda, fuente de numerosos juegos, la obra de R.L. Stevenson puso de moda a los piratas en el siglo XIX-XX, relacionándolos con  islas intrincadas, mapas floreados de misterios,  cofres inalcanzables, que saciaban nuestra sed de aventuras- también Emilio Salgari humanizó a aquellas bestias, dándoles rostro, ilusiones y alguna gesta heroica. ¿Quién no quiso ser Sandokan en su juventud?



R. L. Stevenson escribió una parte de nuestra infancia
con esta  aventura maravillosa
De N.C. Wyeth - Beinecke Library, 
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1702606


Otro de los tópicos del mar que nos entusiasmaban en nuestros años mozos, y sobre los que tuvo un gran influjo el protagonista de nuestra entrada, fueron los barcos fantasmas. Erraban por los océanos sin tripulación; tal recordaba el capitán que había avistado el Mary Celeste, embarcación maldita donde las hubiere: apenas discernia algo anormal en la cubierta,salvo el tremolo apacible de la brisa, que chocaba contra los cabos. Velas mal arriadas y al desgaire, más un oprobioso silencio eran suficientes motivos para azararse. Como si decenas de espíritus revoloteasen por la amura y toda aquella estructura carente de vida. Eso era lo evidente, y que quizá el miedo instintivo,cerval,rechazase de plano. Se trataba del capitán David Morehouse del Dei Gratia que volvió a poner su ojo  al alcance del catalejo,resabiado de la parsimonia de la cubierta . Ordenó aproximarse al Mary Celeste, un barco señalado como decíamos por el mal fario,sin duda,y uno de los bergantines fantasmas que más estimuló la imaginación de la prensa de cualquier tipo. La tripulación del capitán Morehouse abordó la nave .Nada había que resultase extraño, los fletes intactos. Comida mordisqueada, la mesa con los cubiertos puestos, el camarote del Capitán con todas su pertenencias en orden. Ni sangre que les hiciesen barruntar un motín como causa de la desaparición de la tripulación.


El Mary Celeste, primero llamado Amazon, fue el más famoso
barco fantasma de la historia.
De Unconfirmed, possibly Honore Pellegrin (1800–c.1870).
This speculative attribution is suggested in Paul Begg:
Mary Celeste: The Greatest Mystery of the Sea.
Longmans Education Ltd, Harlow (UK) 2007.
Plate 2 - Scanned from Slate magazine, December 6 2011


Así, corroídos por el misterio, remolcaron al desdichado barco hasta Gibraltar, donde los rumores relativos al destino de la tripulación, corrieron como un reguero de pólvora con cada ocurrencia.Ya por entonces, a golpe de telescopio se adivinaban algunas formas en Marte,que algunos eruditos habían barruntado como rastros de civilización. Por qué no pudieron ser abducidos por los marcianos, fue una de las hipótesis descabelladas que se abrigaron entonces. También que un golpe de mar arrojase a toda la tripulación a la vez,  aunque el Dei Gratia que casi navegaba a la par, no se había dado de bruces con ningún temporal. Qué los caníbales se los hubiesen comido en ¡ Las Azores!. Según L. Du Garde Pearch, un terrible cefalópodo habría devorado a la tripulación como un buen plato gourmet que el sino había llevado hasta sus fauces. Todo un cúmulo de dislates, que alentaban la imaginación de los lectores, que consumían con avidez cualquier relato relacionado con el Mary Celeste. ¿Llegaba tan lejos la influencia del Triángulo de las Bermudas? Se preguntaba un semanario. Nos tememos que no.


Emilio Salgari y sus novelas de piratas/bucaneos,
con Sandokan como figura señera
ZioNicco using CommonsHelper.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12356388


 Con todo, fue cobrando fuerza la hipótesis de que los tripulantes habrían comenzado una nueva vida, y para ello, el capitán del Dei Gratia que conocía al rector del barco fantasma, habría fingido rescatar la preciosa carga intacta del Mary Celeste, para así cobrar el seguro a tenor de la ley del mar ( derecho internacional). Más tarde, se presupone que se lo repartiría con el capitán del Mary Celeste, del que era amigo. No obstante, el cobro del rescate fue exiguo, unas 2000 libras acorde con los datos que nos ofrecen Ed Rayner y Ron Stapley en su excelente libro Lo que oculta la Historia. Las compañías de seguro litigaron para rebajar la bolsa de la recompensa. Pero más allá de estas premisas, que pueden ser erróneas, convengamos que los misterios que cabalgan a horcajadas de la historia y son engullidos por ella, motivan nuestra fantasía con poderosas imágenes que nos entretuvieron en las tardes más plúmbeas. La desaparición del Mary Celeste contribuyó a que los barcos fantasmas atravesasen el meridiano de la leyenda. No teman entonces si navegando por las Azores se asoma por el mar azulado un bergantín, que parece navegar sin rumbo. Porque si sacamos algo en claro del  misterio dichoso Mary Celeste, será que los barcos fantasmas existen.

(1) Decimos que son  remembranzas suntuosas porque sobrevuelan las imágenes llenas de ricos detalles, cuando entornamos nuestra mirada a un período tan dorado de nuestra vida. No en vano, el fámulo poeta, Rubén Darío, dijo aquello Juventud, divino tesoro, y nosotros íbamos perdiendo inconscientes los denarios de aquel tesoro por el deletéreo paso del tiempo, mientras buscábamos otras riquezas, que jamás nos devolverán aquella felicidad.     

(2) Es curioso que el primer éxito del gran novelista, Robert L. Stevenson que tiene grandísimas obras, fuese una obra en parte coral, causada por el tedio de un verano. Dibujos o los detalles del cofre le fueron sugeridos por familiares suyos. Robert, que por entonces contaba con 29 años, escribía un capítulo al día que luego leía para devoción de la familia, que en alguna ocasión pugnaron por el final no conforme de algunos de los personajes.

domingo, 12 de febrero de 2017

Una deconstrucción del brazo a lo Valle

Como buen iconoclasta, Don Ramón, admirador del hombre más ardoroso e individualista, sea pirata, carlista, o trapecista, se preciaba sin embargo de aureolarse a si mismo de leyendas siniestras. Más por cuanto se refería a su brazo izquierdo o  a la ausencia del mismo ¿Habría sido que se lo mocharon en una de sus aventuras de corsario, cuando  en el transcurso de cualquier pendencia, un mandoble mal dado le había privado del mismo? Mucho antes, frisando la treintena, el autor gallego había llegado a un Madrid finisecular y provinciano, inmerso en centones de cuitas literarias, que basculaban en torno a los cafés de la Puerta del Sol. Allí, periodistas consagrados a plena luz del día improvisaban oficinas, donde escribían abstraídos  lo que les faltaba de la crónica, el artículo. Por aquel punto de fuga y encuentro capitalino, anduvo sus primeros pasos un Valle- Inclán con acento gallego, además de aires de noble altivo. Mucho se habló de los legendarios comienzos, con el misterio del brazo perdido que seguía estando en una nebulosa muchos años después, que por supuesto, el Vilanovés había cultivado con sumo gusto.

De esta guisa, casi todas las noches se repetía el ritual ante los muchachos que buscaban al maestro en el famoso Café de la Montaña (1), ávidos por escuchar las historias y anhelando su cátedra. Uno de los amigos del literato, podríamos llamarle el cebo de la charlotada, simulaba preguntar por la leyenda que rodeaba al brazo, extirpado   en realidad para evitar que se gangrenase (tuvo mala suerte Don Ramón, sin duda). El de Arousa se regodeaba entonces con explicaciones de lo más inverosímiles, haciendo honor a su capacidad de inventiva, y en cada ocasión tiraba de un repertorio de esperpentos diferentes . Los compinches del escritor, escuchaban a una distancia prudencial, y bosquejaban una sonrisa cauta, para no perder ripio de los gestos de asombro de los admiradores del genio gallego. Que si se había sumergido en las procelosas aguas del océano, donde nadaba unas cuantas millas al día, y entre barcos, el afrentoso mar bamboleaba a un Ramón menos entrado en años aunque igual de trabucaire. Por aquella época, cabalgaba sin su brazo izquierdo con aire bizarro, a la par que el gran Juan Belmonte, lector empedernido aparte de matador de toros, por el que Valle, como hombre de acción, profesaba devoción.  Cualquier otro con su discapacidad, se hubiese arredrado, por lo que no era descabellado que un Ramón en plenitud  y con el brazo izquierdo en su sitio, se zambullese en el océano como en una piscina.



El Café de la Montaña en plena Puerta del Sol madrileña, en el
edificio de Tío Pepe.
De Desconocido - Historia de Madrid,
commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9703873


Pues en una de estas incursiones oceánicas y en disputa con un escualo, que se llevó lo suyo según el dramaturgo fanfarrón , había perdido el brazo. En aquel instante, se escuchaba el chamulleo que provocaba el pundonor del poeta entre los circunstantes, mientras los más resabiados ponderaban la bravuconada de aquel farsante. Pero callaban, bien por miedo al animo bullanguero del cuentista,bien por ser una gloria nacional, como aquel Max Estrella / Alejando Sawa que en la ficción languidecía entre el olvido de todos. Valle aprovechaba entonces las caras de asombro para explayarse con más ínfulas: la forma cómo había orillado, ya sin el brazo, a las costas de Arousa. Aguas coralinas y delfines que seguían la estela del experto buceador, llenaban de éxtasis a los  oyentes ( ¿ no caían eclipsados por la gran figura de Don Ramón, que más bien parecía  el Caribe que el Atlántico?). Otra noche el brazo había sido devorado por un  león, o pendía como un  exvoto del campanario de una Iglesia. También se lo había arrebatado en una trifulca el feroz mejicano bandido Quirico, y con malas artes, por supuesto. ¡ Menudo hijo de la gran chingada el cuate!  


Juan Belmonte, amigo de Valle Inclán y adicto
como intelectual a las tertulias literarias,
que frecuentaba cuando su profesión se lo permitía


En cualquier caso, la versión que más chanzas provocaba entre los oyentes que sabían de sus relatos esperpénticos,  fue aquella que rezongaba el bohemio, entre buches de coñac como nos recuerdan en el maravilloso prontuario de crónicas Madrid oculto (Editorial La Librería, 2011) . Con las barbas luengas, las migajas que se le enredaban en las mismas, el gran escritor no perdía un ápice de su vis patricia.  Pues aquel hombre busto les refirió que en cierta ocasión le había llegado su criado que se llamaba por cierto Rubén, muy compungido porque las provisiones de la casa se habían agotado. El mal humor del patrón, o mejor dicho la volubilidad del mismo, era proverbial, de modo que musitó a su jefe, que no tenía carne para hacer el estofado previsto. - ¿Cómo, Rubén, te has gastado todo el dinero que te dí para que compraras toda clase de vituallas? - El eco  de la voz del grande de la literatura española resonó en todo el pazo. El muchacho asintió con la cabeza, y se iba a ir con ella gacha como al cadalso, pero de pronto el literato tuvo una ocurrencia. - Tráeme el cuchillo más grande de la cocina, Rubén. - Y para que no quedase nadie sin saciar su hambre, pidió al cumplido servidor que le cortase el brazo izquierdo, en una ofrenda valerosa del simpar Valle Inclán. Al escuchar esta parte del relato, algún muchacho del café, trémulo, a punto de soltar la papilla, cerraba los ojos para dominar las arcadas. Se imaginaba a Don Ramón al que le manaba la sangre a chorros por el hombro, ya sin brazo.

Por supuesto, la realidad fue mucho más prosaica, y a la vez romántica ( ver estupendo artículo del ABC en este hilo ). Cuentan que en una disputa por cómo se debía desempeñar un duelo, aduciendo la edad de uno de los afectados, Valle llamó majadero a uno de sus amigos, que quería refrenarle. Aquel insulto no era peccata minuta, y el agraviado, Manuel Bueno, alzó la voz pidiendo que le retirase la ofensa pero el genial gallego ni corto ni perezoso la emprendió con una botella de agua contra el alunado adversario. Bueno, al intentar defenderse, le pegó un buen bastonazo a su amigo Ramón, al que uno de sus gemelos se le incrustó en la muñeca - no renunciaba a su porte de caballero gallego ni en las peores sentinas. Sus amigos, sobre todo el azorado Bueno, le insistieron para que le sanasen la herida, y así se lo llevaron a una casa de curas. Aunque la herida acabó infectándose, y para evitar que la gangrena invadiese el resto del cuerpo, el médico decidió amputarle el brazo unos días más tarde.

Las versiones no obstante siguen difiriendo en pequeños detalles. En el artículo de ABC se cuenta que fue Valle el que quiso propinarle el bastonazo, y Bueno, al protegerse con el antebrazo, hizo que el gemelo se le incrustase, que de su empellón fue el peor parado. Con esta historia siniestra ( recordemos que se trataba del brazo izquierdo) y la moda culinaria, ¿no se imagina el lector el brazo del literato emplatado? Y si se nos pegase algo de su maestría literaria, ¿lo alcanzaría a probar? Muchos vendieron su alma al diablo por mucho menos talento. En el mejor de los casos, Don Ramón inventó la deconstrucción, por supuesto de su brazo, mucho antes que los Adriá y acólitos.  






Don Ramón, retratado en su camastro por la revista Sucesos
http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-124253.html,
commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41437767






(1) Según Marco y Peter Besas, que hace unos años publicaron el fabuloso prontuario de leyendas del Madrid Oculto, en este café donde impartía su magisterio Valle, se inspiró para tomar las notas distintivas del Café Colón que es el lugar en la ficción el que se rinde culto a Max Estrella. Cada veintitrés de abril, los nostálgicos se pierden por las callejuelas de Madrid, rememorando el recorrido a lo Ulises de Joyce, del increíble Max, uno de los personajes más entrañables de la literatura universal.


domingo, 5 de febrero de 2017

La alegoría dorada del Mago de Oz.




El maravilloso Mago de Oz, aparte de un fabuloso relato para luchar contra nuestros propios complejos - la inmensa telaraña que construimos en torno nuestra y que algún crítico ha tildado como un manual de autoayuda-  pues como decíamos, es un libro más alegórico de lo que parece a simple vista. A tenor de las divagaciones de  Paul Krugman, premio Nobel de economía algo extravagante en las conclusiones de sus artículos del New York Times(1),  bajo unas fórmulas claramente infantiles, el Mago de Oz esconde una mordaz diatriba contra el Patrón oro. Su autor  L. Frank Baum, un hyphenated, fue testigo de cómo muchos propietarios hipotecados del Estado de Kansas, que describe con una notable penuria en sus tiempos, perdían sus terrenos y eran expulsados de una actividad centenaria, que como granjeros habían desarrollado durante generaciones y generaciones familiares. Por aquella época finisecular - publicado en 1900- en plena era de la Primera globalización que acabaría como sabemos con un epílogo sangriento en la Gran Guerra, la política monetaria era fuente de enormes controversias y el patrón oro considerado como un rígido corsé por parte de algunos economistas.


La inolvidable Dorothy interpretado por Judy Garland
http://web.archive.org/web/20080321033709/
http://www.sabucat.com/?pg=copyright and
http://www.creativeclearance.com- The Wizard of Oz trailer,
commons.wikimedia.org

Así, por situarnos en contexto, Friedrich Bendixen, una autoridad de la época en estos asuntos - fue Presidente de la Reserva de Hamburgo desde 1895 hasta su muerte- se quejaba del fetichismo de sus compatriotas con el oro en una obra que sería un clásico del subgénero de la economía, comprendido por los sistemas bancarios: Staatliche Theorie des Geldes ( Teoría estatal del dinero, pero que en España se tradujo como La esencia del dinero cuya reseña podemos leer en este enlace, publicada por la omnipresente Revista de Occidente de Ortega y Gasset, en 1926). Además del interés en materia económica, por ser un claro exponente del abanico de argumentos de la Escuela Histórica alemana, por tanto de la teoría nominalista, que va a tener un influjo muy importante en la Escuela Institucionalista americana y en John Maynard Keynes,  recomendamos su lectura para situarnos en la época que Baum escribió su novela. Bendixen reprochaba la sacralización que suponía el oro en los negocios de su país, que no ayudaba en ningún caso a dinamizarlos.
Como había observado, en el modelo británico circulaba  tanto el dinero de papel como los pagarés, que se habían constituido en un numerario de tanta confianza como los billetes ( banknotes) respaldados por el Banco de Inglaterra. Algunas de las crisis de efectivo de su época que habían estrangulado la economía germana en fase de expansión, se habían debido según Bendixen al apego del industrial teutón por el oro.


Por otra parte pertenecían al acervo de los tiempos del Mago de Oz, expresiones como "honrar la deuda" o la "libra debe ser el primer bastión y expresión de nuestra economía".  Se observaba que una moneda fuerte como parte del panteón de los orgullos que recubrían al ente nacional. Tras la Gran Guerra, un Reino Unido sumido en un océano de deudas ( había multiplicado su deuda y subido algo, más bien poco los impuestos, para el esfuerzo que requería y drenaba la guerra) quiso recuperar el cambio mítico de antes de la contienda: 4.86 dólares por libra esterlina. Entre los defensores más acérrimos de esta medida, un transformado en adalid del libre comercio, Winston Churchill, que tuvo a lo largo de su dilatada trayectoria, más de una conversión paulina, así como un olfato excepcional para atisbar los derroteros políticos. Pues el león inglés ( éste sí que tenía corazón y tanto valor que a veces se tornaba en temerario) defendió con ardor el retorno al patrón oro, que economistas como Keynes habían repudiado porque se hizo en primer lugar con un tipo de cambio que no reflejaba la verdadera debilidad de la economía británica (la hegemonía  del Imperio de 1914 se hallaba a años luz de las posibilidades de 1919). 



L. Frank Baum, escritor de esta bella fábula.
Dominio público. Wikimedia.

Asimismo, el patrón oro no permitía la flexibilidad(3) , que requerían las complejas relaciones económicas de los tiempos modernos, en opinión del economista del Círculo de Bloomsbury. Keynes definió aquella situación de reasunción del patrón oro, como asumir unos grilletes de oro para la economía británica. No dudaba en tildar esa obcecación por este sistema como una reliquia de los bárbaros. Había abierto entonces, una de las puertas más amplias para que la arbitrariedad y las urgencias políticas, pospusieran las medidas menos populares de la política monetaria, cuyos efectos al cabo de algunos lustros son más que palpables y duros. Desatar las manos para que la discrecionalidad del poder, siempre lleno de urgencias, demore cualquier decisión para confrontar un problema quizá no sea la mejor solución, lo decimos a título individual. No sólo se trata de postergar los problemas, sino que los mismos crezcan en complejidad ( recomendaríamos el libro  del maestro Barry Eichengreen, uno de los mayores expertos en sistemas monetarios,  Globalizing capital a history of the international monetary system).



En este contexto se escribe e inscribe El maravilloso Mago de Oz, que Krugman insiste, es un claro alegato contra los acreedores, que habían llenado de la cicuta de las deudas a los granjeros de Kansas. Un libro infantil y para adultos, quizá su principal virtud, estribe en el hecho de que sus personajes entrañables van superando sus limitaciones por el camino empedrado con baldosas doradas. Como dijo nuestro gran poeta, Antonio Machado, "caminante no hay camino, el camino se hace al andar". El León cobarde, el leñador de hojalata o el Espantapájaros que busca el cerebro y lo desarrolla a medida que van superando los obstáculos para llegar al Mago de Oz, que les va a procurar algo que ellos tenían muy dentro de sí, aunque lo desconociesen. La aventura por la cual deben superar miles de obstáculos para llegar a la Ciudad Esmeralda, va a ir entresacando esas virtudes, que sí rascamos, todos tenemos dentro de nosotros y que sacaremos si desafiamos nuestras propias limitaciones. Este libro que venía precedido de un gran éxito de Baum, Father Goose, enseguida tuvo una acogida excelentísima. Se llevó a cabo una representación teatral - el musical vendría mucho después- y lo que le lanzó al verdadero Olimpo de los clásicos universales sería la película El Mago de Oz, dirigida por Victor Fleming y protagonizada por la inolvidable Judy Garland. Todos recordamos la interpretación  Somewhere, over the rainbow con un Toto agitando su rabito y mirando embelesado a aquel ángel que canta para nuestro deleite. Una escena del cinematógrafo, como se llamaba entonces, que dejó una impronta indeleble en nuestra niñez. Otra cosa sería tragarnos las interpretaciones muy rocambolescas de Paul Krugman a propósito de esta obra, por mucho premio Nobel que se trate.




John Maynard Keynes, fuerte opositor al patrón oro.
Su economía dio carta de libertad a la discrecionalidad








(1) En una de sus intervenciones más hilarantes, convino en decir que una guerra o una invasión marciana, por la destrucción que asolaría la tierra, resultaría el mejor antídoto contra la crisis financiera, de la que todavía no nos hemos recuperado y que tuvo su aldabonazo en el detonante del colapso del mercado hipotecario americano.



(2) Otra obra mucho más influyente y anterior a la del hamburgués, fue Lombard Street: una descripción del mercado del dinero, con la que Walter Bagehot  abordaba en 1873 los problemas de la banca respecto a su capitalización, tan en boga en nuestros momentos, cuando los bancos quieren llegar  a los ratios de capitalización de Basilea III. Puede sorprender lo poco apalancados que estaban entonces los bancos británicos, los más arriesgados en esta tesitura y cómo se escandalizaban algunos de la especulación a la que se había llegado en 1873. Qué opinarían de lo que iba a suceder 140 años después,  con un sistema de reserva fraccionaria, que permitía capitalizaciones por debajo del 3% respecto a las obligaciones de la entidad ( ellos trabajaban con un 33 o un 40% , que los alemanes consideraban un engaño).
 (3) No se lo negamos a Keynes, salvo que esa puerta  a la flexibilidad se ha convertido sin duda en una escapatoria sin límites para rayar con la arbitrariedad.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Una imaginación al servicio de una infinita torpeza


Había sido un tipo caballeroso, con una imaginación delirante. Como buen prusiano se dejó los rieles de los bigotes  bien alargados; además de quisquilloso con la vestimenta, que reflejaba una tediosa forma de vestir, que poco guardaba relación con una cabeza por la que revoloteaban infinidad de pájaros e ideas. Tampoco el hundimiento del Lusitania había despertado más que las iras de los americanos, que siguieron aislados en su convencimiento de evitar la guerra. Pero el Ministro de Exteriores del Káiser, Arthur Zimmerman, logró lo imposible gracias a un telegrama que podríamos calificar como una  torpeza infinita. Aun cuando  casi nada les removería de su neutralidad, ni los esfuerzos por atraerles al conflicto de su Presidente, Woodrow Wilson, el político extravagante del Káiser llegó desafortunadamente a ese propósito. Por otra parte, hagamos un inciso dado que nos resulta curioso el esfuerzo de un pacifista como Wilson por entrar de lleno en la refriega. Recordemos que luchó hasta la extenuación para alumbrar una Sociedad de Naciones en la  que se dirimiesen los conflictos entre estados, antes de que se abocasen a una solución bélica y que el senado de dicho país, tumbó su iniciativa por el procedimiento de fast track (1).  





En cualquier caso, no adelantemos acontecimientos. En 1916 los medios de comunicación pro- intervención americanos argüían la bestialidad de los teutones a su paso por Bélgica, donde violaron según rezaba en la propaganda a jóvenes incautas o asesinaron a bebes para luego comérselos(2). Rumores de patio, que apenas se discernían de las películas que aprovechaban este filón, para arrojar una buena porción de invectivas contra los prusianos. Fueron incluso protagonistas de la c,ampaña electoral de EEUU de aquel año que como emisario del ABC, cubrió un Julio Camba alunado con tanta innovación y una sociedad donde todo se medía milimétricamente. Allí se hizo una dura reprobación contra los hyphenated llamados así por el guión que reflejaba su condición de germano- americanos ( ver entrada que hicimos del Año que viví en el otro mundo de Julio Camba ). "¡¡¡O americanos o germanos!!! Pero no las dos cosas a la vez, por supuesto que no" clamaba un enfervorizado Wilson en los mítines como candidato a la reelección. Visto con racionalidad y en la distancia, como atestigua el señor Camba, florecían los negocios relacionados con el abastecimiento de los países beligerantes, especialmente Reino Unido, de modo que adentrarse en el averno europeo, traería desventajas. No es baladí por tanto el hecho de que una buena parte de la población, Camba calculó que grosso modo, una cuarta parte de los americanos tenían orígenes teutones, albergase esperanzas de que EEUU no mediase en la derrota de Berlín(3)

Rondaban esas preocupaciones por el Estado Mayor del Káiser, pues la intervención americana desequilibraría claramente la lucha. Algunos anhelarían las políticas del Canciller de Hierro, dado que los males de la lucha en dos frentes, se estaban empezando a reproducir. ¡Sólo faltaba que el gran Oso americano terciase en las rencillas europeas.!Entonces, por si acaso, el imaginativo Ministro de Exteriores Arthur Zimmerman urdió dos planes, a cada cual más ocurrente. El calendario pesaroso se arrastraba por el 1917, en una guerra que con los frentes estancados parecía haber detenido el reloj. Reunido el Gabinete del Káiser, el ministro tiró de historia, ya que era un hombre cultivado, y recordó que los mejicanos habían guerreado en un pasado reciente contra los yanquis. Porqué no alentar una revuelta que amenazase los territorios del sur de Estados Unidos como maniobra de distracción, en el supuesto de que el gigante americano se decidiese a intervenir en el teatro de operaciones europeo. El gobierno de su Majestad aseguraría a los mejicanos los pertrechos: unas  ametralladoras excelentes Maxim,  o las baterías Krupp, muy experimentadas en el campo de batalla y que habían causado estragos en las líneas de los aliados (La artillería Skoda eran los cañones más renombrados, utilizados por el ejército del Imperio Austrohúngaro). Deberían ofrecerse  al ejecutivo mejicano de Carranza, para lo cual utilizaron para mayor escarnio el cable que les brindaba el gobierno de EEUU para sus comunicaciones transoceánicas ( en uno de los capítulos de Momentos estelares de la humanidad del fabuloso Stefan Zweig se cuenta la aventura romántica y descabellada desde un punto de vista financiero del primer cable que se tendió entre ambos continentes). Sigamos con nuestra historia, porque el telegrama intervenido por la famosa Sala 40 de la Inteligencia Marina británica, provocó las delicias entre sus criptografos porque estaban seguros de que suficientemente sazonado, haría irremediable que los yanquis declarasen la guerra a los teutones. Y así fue. Wilson tuvo la coartada y no la desaprovechó
  


El famoso telegrama, una metedura de pata colosal
ideada por un imaginativo ministro alemán.
De The U.S. National Archives
- Zimmermann Telegram


La segunda urdimbre de tan colosal muñidor de enredos, fue la financiación de la vuelta de Vladimir Illich Ulianov "Lenin" a la madre patria para que capitanease las revueltas. El Gobierno de Kerenski, dimanado de la Duma, sostenía su firme de decisión de continuar con la intervención rusa en la Gran Guerra. No querían traicionar a sus aliados e incumplir los compromisos internacionales de su país, aunque según el historiador experto en la I Guerra Mundial, Peter Hart, influyó más la delicada situación financiera  del gobierno ruso, dependiente de los créditos franceses ( recomendamos la lectura de La Gran Guerra de este autor ). El clima por ello, se había enrarecido y los bolcheviques iban a aprovechar el trampolín del descontento por la guerra, en la que Rusia no sólo perdió cantidades ingentes de soldados( los que más bajas sufrieron), sino que sus estragos se llegaron a sentir en forma de una carestía de productos básicos desde el primer momento.  Este descontento impulsado por la propaganda feroz de bolcheviques, hizo que sus tesis ganasen  predicamento entre las filas del derruido ejército ruso. Sin embargo, necesitaban una fuerza que galvanizase las energías inconclusas de la gran masa, un liderazgo capaz de concentrar sus anhelos en un discurso sin fisuras. Era la vieja teoría de Lenin, la masa precisa de una élite para dirigir sus anhelos, los soviets, círculos, eran un espejismo para enardecer al pueblo llano y hacerle creer que detentaba el poder.

De esta guisa, los servicios secretos alemanes, procuraron los recursos para la aventura del dictador del proletariado, acorde con el Plan Zimmerman y asimismo permitieron que el tren de la expedición bolchevique, se dirigiese por tierras germanas para arribar a Rusia, donde los comunistas inseminarían el descontento. El objetivo se logró. Rusia se rindió cuando los bolcheviques llegaron al poder con Lenin merced a su proclama Paz y pan que fue más eficaz que cualquier promesa del gobierno legítimo. Era verdad que perdió territorios, aunque eso era lo de menos para los bolcheviques, con la firma del Tratado_de_Brest-Litovsk. Alemania por el contrario, aparte de las ganancias territoriales - efímeras como sabemos- se evitaba la pesadilla del frente oriental por los tejemanejes de Zimmernan, que esta vez sí rindieron frutos en  un momento crucial. La absoluta torpeza del telegrama se repararía si las fuerzas distraídas en el Frente Oriental, reforzaban al golpe decisivo que el Estado Mayor del Káiser pretendía dar cauce en el Frente Occidental antes de la llegada del contingente americano. La historia nos dice que el contingente americano llegó y que los aliados resistieron el golpe. Algunos historiadores hablan con propiedad de los dos errores achacables a la inventiva de Zimmerman. Pues, a pesar del éxito de la iniciativa con Lenin, no se produjo el desequilibrio de fuerzas que les permitiera la victoria en el Frente Occidental. Más bien al contrario, los alemanes perdieron la guerra e inocularon a Rusia un virus totalitario que sembraría su territorio de cadáveres hasta bien entrado el siglo XX. Muchos nos preguntamos en un juego de ucronías, qué hubiese pasado si Alemania no hubiese financiado la toma de poder de los bolcheviques. ¿Habría sobrevivido la débil Rusia democrática de Kerenski?   

(1)  Como sabemos, dicha sociedad nació débil, a causa  del veto del senado americano. Tampoco olvidemos  Los Catorce puntos para la paz, que en algún momento esperanzó a las altas instancias de Berlín, para llegar  a un acuerdo de rendición honroso. Quizá Vegecio nos ayudase diciéndonos que Wilson en realidad se guiaba por su aforismo "si vis pacem, para bellum" Un hombre paradójico, por supuesto, los aliados y en especial el tigre Clemenceau se negaron a lo que consideraban pamplinas veleidosas. Los alemanes como culpables, tenían que pagar todo el coste de la guerra.

(2) Recuperaban la propaganda inglesa a este respecto, que en EEUU fue muy eficiente. No llegaron a esos extremos, pero aguijoneados por los francotiradores belga, fusilaban a cualquier ciudadano del que tuviesen un barrunto de sospecha. Recuerda un poco al relato de Mario Neves en la Toma de Badajoz por las tropas franquistas, que iban desnudando los hombros de cualquier detenido para comprobar el rastro que dejaba el retroceso del fusil en la piel de los francotiradores.

(3)Por último, la comunidad irlandesa bogaba en contra de una intervención de Washington en la pugna europea, lontana y muy sanguinaria, que desgastaba a los bastardos ingleses. En números relativos su influencia es pequeña, pero sí cualitativamente, la causa irlandesa gozaba de muchas simpatías, sobre todo en el este del país.