jueves, 30 de junio de 2016

Cuento de Cinema Paradiso Parte III



Para leer el primer capítulo de este cuento:
Para leer el segundo capítulo de este cuento:


Y la madrugada cedió su cetro al día. El chambelán no pudo dejar de pensar en la niña de ojos azules.<<Si le demostrara todo mi amor....aunque no puede ser con versos, porque tengo fama de componerlos fácilmente, cuando los necesito para mis conquistas amorosas>>, hablaba para sus adentros.<<Tiene que ser una prueba definitiva de mis sentimientos, ahora que he descubierto el auténtico amor. Qué más da si es princesa, yo soy caballero valeroso, que gané cientos de batallas para su padre>>. Cavilando, cavilando la nueva noche engulló la figura del chambelán. Paseando por los rosales se le ocurrió algo.-Ya está, la prueba de mi amor.- gritó y esperó hasta encontrarse con la princesa.

Era una mañana calurosa en la que los sauces lloraban ante tanta hermosura. <<Ojalá esculpieran en mi tronco el nombre de ella>> parecía decir el más alto. Camino imaginario de estrellas pintaba la mente del chambelán, cuando presentía a lo lejos la figura femenina de su amada.



La Sicilia eterna y profunda.


Hasta que una mañana el ladrón de corazones, asaltó los pensamientos reales, cuando había llegado a su altura.- Señora mía, no he dejado de pensar en sus labios, oasis de amor, ni por un instante.

-          ¡Qué osadía, chambelán!.-respondió sorprendida.- Sabe bien, que nunca podría ser su amante.-seguía indignada.


-          El amor no conoce de estatus, ni siquiera de momentos adecuados. –al decir esto, el músculo de 51 pulsaciones por minuto apedreaba su pecho-Los corazones cabalgan desbocados cuando amor está subido a ellos-replicó.- Por eso, quiero darle una prueba de mis sentimientos.


-          Sí, cuál.- la vehemencia del caballero atrajo la curiosidad de la princesa


-          Durante cien noches esperaré sentado debajo de su ventana.- entre la anisedad y la saliva tuvo que parar su exposición unos segundos.-  La noche que su majestad sepa que me quiere,sólo tendrá que abrir la ventana, que yo entenderé.

-          De acuerdo, caballero.- como quiera que todo aquello le parecía un juego,no dudó en aceptar.<<Seguro que no aparece ni la primera noche>>rió interiormente.”

-          Las noches se sucedieron una detrás de otra. Y el chambelán no faltaba nunca a sus citas, Totó.- con las manos intentó Alfredo reflejar la grandeza de los sentimientos del caballero de pelo ralo.- Lloviera, nevara, hiciera frío o calor, el muchacho permanecía allí, de pie o sentado, debajo de la ventana de la amada.

-          ¿Qué fue de la princesa?.-preguntó interesado el joven.

-          Aburrida por las fiestas vacías de palacio, prestaba cada vez menos atención a los príncipes, venidos de los sitios más remotos.- Acercaba los ojos, casi sin querer, a los huecos que las cortinas de palacio dejaban a las miradas curiosas del exterior. De soslayo comprobaba, que él continuaba esperando en la noche amoratada.<<Eso si es amor>> pensaba ella<<Pero esperaré hasta la última noche,porque quiero comprobar si es verdadero >>.

-          ¿Entonces, acabaron juntos?.- caviló Toto, a media escala de un intervalo  interrogativo  y afirmativo

-          No, verás.-prosiguió Alfredo.- El caballero recibió la visita de su hermana, en una de esas noches..........

“ - Mamá ha muerto.- contó al caballero.La hermana, pelo lacio moreno, se desvaneció en la oscuridad de la noche.

-          <<¡Cuántos recuerdos!>>,las lágrimas de remordimiento bañaron hasta la hilera de cabellos.”

-          Como alma en pena deambuló durante el entierro. No pudo perdonarse el no haber estado las últimas horas con su madre. ¡Qué tristeza!.-tosió Alfredo.- La última semana le aguardaba...siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos  y la última noche llegó.- un requiebro silencioso aumentó la expectación de Totó.-El aire comenzó a soplarle en todo el cuerpo. De repente, sintió dolor de cabeza; la pierna  mala una punzada le dio. Movía las manos, lagrimeaba en abundancia. Rió al recordar la cara de luna de su madre, que redonda esbozaba una sonrisa.<<¡Qué bonita es la vida!>>. Cogió la silla que durante noventainueve días soportó el peso de su existencia y se marchó.

-          ¿Cómo puede acabar un cuento así?.¿No triunfó el amor?.-protestó Totó.-¿En la noche cien se marcha?. No entiendo el final, qué quiere decir

-          No lo sé, amigo. Lo escuché así, y así te lo conté.    

Giuseppe Tornatore, quizá imaginó la mejor ópera prima,
y sigue la estela de Cinema, con la creación del cine más literario

miércoles, 29 de junio de 2016

El cuento de Cinema Paradiso Parte II

2

           Para leer el primer capítulo del cuento, acceder a este enlace:                  https://elazoguedemidesespero.blogspot.com.es/2016/06/el-cuento-de-cinema-paradiso-parte-i.html                         


En una pared sucia el cartel de ‘Via col vento  ’ recordaba a Salvattore la  figura paterna.- Tu padre se parecía a Clark Gable.- le contó en cierta ocasión Alfredo, a quien le empezaba a clarear la coronilla.- Tenía una sonrisa preciosa, que enamoraba en cada ocasión que mostraba su marfileña caja de dientes.- ayudado por los relatos inocentes de Alfredo, y las imágenes de los soldados anónimos, sin rostro, más bien despojos humanos, que se desplazaban en los noticieros por la pantalla de cine a razón de veinticuatro instantáneas por segundo, Salvattore Di Vita había perfilado en su mente una original mezcolanza, en la que se debe convertir cualquier persona que muere.

Lo que el viento se llevó o Via col vento,
quizá la película más legendaria 


El muerto siempre es más bello que en vida, acaso porque los juicios estéticos y de cualquier otra índole, son menos rigurosos con los finados. También su padre había desaparecido joven, supuestamente en las heladas tierras rusas, dado que no había constancia, o lo que es lo mismo, nunca se encontró el cadáver. <<Mientras, los demás envejecemos inexorablemente>>.

 A esa belleza imperecedera conquistada por los idos, en el particular embate contra el tiempo que experimentan los supervivientes, se asió Totó para evocar a su padre. Abandonó la remembranza del progenitor, al mismo tiempo que comenzaba a montar la película de la estación. De modo repentino, un pensamiento segó su felicidad: nunca volvería a ver aquella aparición angelical de ojos azules. Como tantos otros, se encontraría de paso en Palazzo Adriano, el lugar donde nunca ocurría nada y en el que buscar la prosperidad se asemejaba a una broma de mal gusto. Fotograma a fotograma, robado, acomodó el dolor del amor, en un lecho de suspiros. Ella flotaba en la pantalla, y ésta a su vez ,se encontraba ligeramente inclinada por la acción de la gravedad.


-          ¡Ayyy,ayyy,ayyy!- quejidos de amor suaves, mezclados con el trabajo de montaje.Una vez que hubo señalado el principio y el final de la secuencia, cortó en dos la película, guardando las escenas en las que había grabado a Helena. Súbitamente apareció Alfredo, el antiguo proyectista de cine.

-          Cóme va, Toto?.- preguntó éste.


Hasta la puerta había venido junto a su mujer, quien solía dejarlo en compañía de Toto para que hablaran de cine. Antes, cuando el material de las películas ardía con facilidad, un incendio abrasó las cavidades oculares de Alfredo. Toto heredó la profesión de proyectista de cine.


-          Tutto va bene, Alfredo.


-          ¿Caminamos un rato, Toto?.- volvió a preguntar el ciego. Barba de plata, alguna quemadura ganaba extensión a la piel sana y le desfiguraba el rostro. Era como si su amigo, se hubiese tornado en el león que adornaba la bocana del proyector.


-          Va bene, Alfredo.

Y la calle siciliana, donde la piedra se hace verbo, fue el cauce para la voz de Alfredo. Piedras chicas, grandes, calizas.......eran la alfombra, a los pies del caminante. Mientras, las rocas erguidas de las fachadas aguantaban estoicas la virulencia de los rayos solares.

Pasaron la casa de Beppino, el comunista. Otario, antiguo compañero de Salvattore, estaba asomado a la puerta. Saludaron sin mucho esfuerzo.

-          ¿Qué te pasa, Totó?.- acertó a decir Alfredo.-Otros días pareces una ametralladora, lanzando palabras. Hoy callas, por qué.

-          No me pasa nada.-una pausa-Te lo prometo.-el tono melancólico sugirió al viejo el amor como causa de tanta dispersión

-          ¡Ahhh, el amor!.- el bastón de Alfredo se coló varias veces por los resquicios de arena, que entre las piedras florecían como oasis. Agarraba más fuerte entonces al muchacho. -¿No será una mujer con ojos azules?. Son las peores -un nuevo apretón en el bíceps hizo pensar a Toto, que su acompañante estaba cansado.- Sentémonos, Toto, que te voy a contar una historia.-en un portal estrellado de piedra, el tono fluyó melifluo......


“<<Cero una volta....>> una princesa muy bella. Era el regalo más preciado que había recibido su padre, el rey. De vez en cuando, le venían a su mente los primeros momentos de la vida de su hija. Se acordaba por encima de todo, de lo egoísta que había sido. Pero aquella mañana los recuerdos cobraron mayor importancia.

Cansado y viejo, el monarca comenzó a escuchar no hace mucho, las palabras de su fiel consejero. El espejo le devolvía una imagen desgastada, ahondando aún más en su alma, la voz de Gerardo.

-          Su majestad debe pensar en el futuro del reino.-aconsejaba Gerardo.-Usted ya no es un joven, Majestad.- continúo- Ni tampoco tiene un hijo,que haya dejado la cuestión de su sucesión solucionada.


Las princesas, poderosas y bellas imágenes, que alimentan
nuestro imaginario colectivo


<<Su hija no era una niña, eso ya lo sabía él>>, muy atrás se habían quedado sus primeros balbuceos. Rememoró durante unos instantes el alumbramiento de la princesa, a la vez que escuchaba la voz lejana del consejero. En el cuadro de sudor, el cuerpo de su mujer, la reina, y el de aquella cosa se entrelazaban sin saber qué miembro pertenecía a cada una. Inesperadamente la respiración de la reina se fue haciendo más lenta, hasta convertirse en un fino hilo del que pendía su vida. Se iba apagando al mismo ritmo que los pulmones de la princesa adquirían más seguridad en esto de tomar el aire del exterior.


No pudo olvidar como el tiempo que les rodeaba pasó voraz, igual que las inflamadas lenguas de fuego  de un incendio que embravecido a causa del aire, engullía los segundos, los minutos, rápidamente, a mucha prisa. Su mujer había muerto, y el de espectador, desde el quicio de la puerta de madera, había asistido impávido a su final trágico.


 De fondo, el llanto mudo de su hija inundaba la estancia. Todos los esfuerzos del eximio médico de la corte resultaron baldíos, tan estériles como el erial en el que se transformaría su corazón tras la muerte de sus ojos, de su alma.


<< Ya nada merecía la pena>>.


Así transcurrieron los años, por un cauce de desamor, en cuyo curso el rey ignoró a su hija. En cierto modo la princesita había sido la culpable de la desgracia. Sin embargo, las heridas fueron cicatrizando, y cada día observaba un mayor parecido con su desaparecida esposa. <<Esa sonrisa me recuerda a ella>>. << Su despertar inocente es el mismo que el de la reina>>. Un buen día el sol estiró sus brazos de calorías y alcanzó de pleno el corazón del monarca. << Qué egoísta he sido>>, se dijo, y desde entonces se prometió darle todo el cariño que le había negado desde un principio a la bella princesita.


-          Soy un anciano, D. Gerardo. Dejémonos de ambigüedades, querido amigo.-replicó el monarca, que pareció resucitar de sus pensamientos nostálgicos.  Donde antes crecía el pelo, un desierto había avanzado. La corona ocultaba parte de la piel yerma.

Enseguida pensó en su hija:<<Pobrecilla, la flor de mis días. Todo cuanto ha querido, se lo he conseguido, sin importarme lo más mínimo. Ahora tendré que pedirle que se case pronto y mal, por el bien del reino>>.


-          Su majestad, su Majestad.-inquirió Gerardo, reclamando la atención de su señor.


Pero al oí al consejero y saber lo que le iba a decir, el rey  adelantó sus palabras.- Sí, tenemos que casar a la princesa pronto.


Por casualidad, como todo lo que sucede en Sicilia, apareció la princesa en el preciso instante, que los dos hombres ventilaban la cuestión. Dos horas después, la princesa consentida se encontraba feliz, porque al fin podría devolver a su  padre, todo el cariño que había recibido a cambio. En el fondo tenía buen corazón

Al día siguiente,  en los rincones más diversos  del reino, un edicto anunciaba:

A PARTIR DEL DIA CORRIENTE Y TRANSCURRIDOS SEIS MESES, LA PRINCESA CASARA CON EL CANDIDATO QUE REUNA LAS MEJORES CONDICIONES PARA SER EN UN FUTURO, EL REY DE NUESTRO PAIS.

PALABRA DE REY. CAROLO C 
 


Castillos inspirados en cuentos y cuentos inspirados en castillos

La noticia corrió como un reguero de pólvora. Apenas transcurridas unas semanas, comenzaron a venir príncipes de los lugares más insospechados. La algarabía flotaba en las calles. No se casaba todos los años a una princesa, ni  se recibía a tanto visitante ilustre.
   
-          ¡ Qué miedo me da todo esto!.-contó la princesa a su doncella. Paseaban por el jardín, repleto de canéndulas. Los fanerogamas leñosos se bamboleaban, con tal de llamar su atención. Aprovechando la amistad de eolo cimbreaban sus caderas al ritmo de los vientos.

-          ¡Qué bella es!.- suspiró la libélula. Mientras, los girasoles hipnotizados por los rayos rubios de la princesa, se olvidaban de seguir al astro rey.-Tampoco es tan bella.-gruñó Helio.

El chambelán de palacio apareció de detrás de unas ramas. Tal había sido el recelo del rey, que pocos en palacio conocían la belleza de la real dama. Sorprendió a las dos mujeres, confesándose mutuamente.

-          Disculpen las molestias.-se excusó éste. Las venas plateadas, alrededor del cuello real, eran los dibujos de una taza de porcelana china.<<Si pudiera beber de ella>>,soñó el chambelán.

-          No pasa nada, caballero.-contestaron al unísono.-¿Usted quién es?.

-          Soy el Chambelán de palacio, su majestad.- la hilera de pelos, que caía hasta la barbilla, quería  paliar la escasez de éstos en la faz del muchacho. Una brecha le dividía la frente en dos.- Si no desean más, me retiro a mis quehaceres, su majestad.- dio dos pasos atrás, con tal mala suerte de caer de bruces. El costalazo hizo reír a la princesa.    

-          No quiero nada más- entre risas burlescas.


 Transcurrían las aguas tranquilas por el circuito hidráulico; los nenúfares giraban, bailando alegres, la presencia de la princesa. La tarde cayó con las risas reales,  cada vez más adelgazadas, en la memoria del chambelán.- Me ha matado su belleza, Dios. Compondré los mejores versos para ella.

martes, 28 de junio de 2016

El cuento de Cinema Paradiso Parte I



En Sicilia todo era casual. De forma casual, sobre la superficie de la isla, se tendieron las carreteras de asfalto. Dejaban a ambos lados los campos de cereales, y de cuando en cuando aparecía una figura fantasmal de acero. Las cruces gamadas, los leones ingleses, recordaban al paseante que no hace mucho, el fuego de la guerra se había apagado. Apareció entonces, entre el paisaje abrupto de Sicilia, el silencio eterno, lenguaje universal de la belleza.  También era cuestión de azar, después de kilómetros de vías, hallar una estación de tren. Separados por fanegas y más fanegas de trigo, los habitantes de Sicilia recorrían sus pueblos en bicicleta o esperaban al autobús destartalado, que irrumpe cuando quiere en medio de la plaza del pueblo. No cabe duda que la posguerra no entiende de puntualidad, ni sus segundos se mueven con el mismo compás, porque son más lentos. Mas si de algo disponían los lugareños de Palazzo Adriano por ese entonces era de tiempo, que gastaron en sus carreteras maltratadas, mientras unos escasos privilegiados se podían permitir el lujo de coger un tren. A pesar de ello, de la relación casi unívoca entre la prosapia y el ferrocarril, toda la vida de Palazzo Adriano transcurrió en torno al conjunto homogéneo de traviesas de madera.

De no ser por sus andenes de un color próximo al gris ceniza, pensaba Salvattore Di Vita, que se hubiera muerto de tedio viendo las mismas caras, escuchando las mismas historias. Totó dejó caer su mirada a las plataformas de cemento: el viento templado del Mediterráneo se ocupaba de despejarlas de cualquier desperdicio, y los pilares de madera sostenían decorosamente la techumbre conformada con tejas de tiza. Entre la brisa y las pilastras modularon las notas suaves de una tocata, que llegó a los oídos de Salvattore cuando rastreaba con su cámara de 8 mm cada centímetro de la estación, en busca de la inspiración.


La magia de las historias con final feliz

               
Y ella bajó de repente, de uno de los vagones del tren de Taormina. El atuendo profuso, incluido el abrigo de lana que sujetaba estoicamente con su brazo diestro, le hizo creer sin ser muy ladino, que se trataba de una muchacha de la península. No en vano los ricos norteños eran objeto de chanzas por parte de los sicilianos, que los contemplaban con su aspecto de patos mareados, en cuanto recibían la primera bofetada de calor.  Cierto era por otra parte que los inviernos en Sicilia se caracterizaban por ser algo duros, mas los termómetros apenas bajaban de los 10 º durante el día, asidos por el disco dorado que hacía más soportable la temperatura al acariciarte con sus rayos inofensivos, desprovistos del instinto asesino del mes de agosto. No tenía sentido, por tanto,  llevar un atuendo tan grueso, y se fijó más detenidamente. Ella parecía ensimismada; en medio de los diversos corros familiares crecía su ansiedad.<<¿Buscaría a alguien?>>, pensó Salvattore, que centró definitivamente la atención de su cámara sobre la esbelta silueta.

Los ojos azules de Elena, entretanto, contemplaron el ritmo lento, perezoso como el caminar de los gatos al sol, de cada uno de los trabajadores de la estación. Movían el equipaje, a sabiendas de que a lo largo del día no se iban a presentar muchas más oportunidades de demostrar sus habilidades en tan esforzado ayuntamiento; por ello procuraban dotar a sus movimientos de la solemnidad que requería tal circunstancia.




Cámaras de 8 mm, testigos mudos de la posguerra italiana


Quizá la causa de su desesperación radicara en el retraso que había acumulado el trayecto Taormina- Palazzo Adriano, que no era menor de dos horas. A Elena le había invadido la desazón tan peculiar de quien se encuentra en un lugar nuevo . Por este motivo buscaba afanosamente con su mirada azulada la figura de su padre. Acostumbrada a las comodidades de la península, el viaje se le había hecho muy largo, y las catenarias una pesadilla.

-          Ciao, Babbo (3).- dijo a su padre, que emergió de entre la multitud aglutinada en los andenes.

Enseguida había reconocido el rostro familiar, tan singular por otro lado, a causa del frondoso bigote que cruzaba su cara, de extremo a extremo. Ojos grandes, cejas fecundas, que sino fuera por los huecos de sus dientes, le hubieran conferido una gran severidad a su semblante que le recordaba a la del Káiser Guillermo II. El sol seguía alanceando el horizonte visible de la isla.

 -          Ciao,cuore.- respondió él, quien de reojo, observó la pobreza de los habitantes de aquella isla. Jerseys deshilachados, chaquetas raídas y sonrisas de encías sangrantes encontró, al otro lado de la mesa de caoba, de su despacho. No podía mirar la miseria cara a cara. Tampoco pudo haber rechazado dirigir un banco, aunque fuera en Sicilia. - ¿Cómo ha ido el viaje, cariño?


-          No ha ido mal.

Contestó Helena fugazmente, porque el vaivén exasperante de la locomotora, soltando bocanadas de humo espeso, se le había metido tan adentro, que aún creyó escucharlo una vez más. Caminaron rápido hacia su refugio de comodidades, entre la masa heterogénea de los andenes. Los niños jugaban a la puerta de la estación con un balón de cuero, que más bien parecía un ovillo de lana, perdiendo a cada patadón un poco  de su existencia.

 Toda la escena fue recogida por la cámara de Toto. Aspirante a director de cine, nada extraordinario que aconteciera en Palazzo Adriano, escapaba a la mirada fría, trepanadora, de su cámara de  8 mm.<<Qué muchacha más bella>>, pensó al ver a Helena. El hombre estirado, jacarandoso, de gabardina  marrón, supuso que  sería el padre de la beldad. 




La película es un canto al cine y sus historias,
también a las que nos asustaron



martes, 21 de junio de 2016

David contra su Goliat



David Cameron acezante, bullía en medio de un auditorio de ejecutivos de firmas financieras por la efervescencia de defender la importancia de la UE, como eje en el que se vertebró una paz durante siglos impretada en el continente. De pronto, el tiempo merodeó entre un auditorio perplejo que es el de la City, al que el pasado le sugiere poco más que una variable de su modelo de riesgo VAR ¿De qué guerras hablaría Cameron? ¿El Primer Ministro no pecaría de exageración?(1) El Premier británico se consume en su propio laberinto, cuando sin solución de continuidad abocó al país a dos referendos seguidos, donde discuten la esencia de lo que son y la polarización de la sociedad de las islas, ha sido más que evidente. Estas consultas nos han puesto también en el disparadero al resto de europeos, pues la UE como constructo inacabado, afronta en plena crisis nuevos paradigmas en este caso globales. Lo peor de todo, es el limbo con el que nos toparíamos hasta que se resolviese toda la telaraña de los tratados y en segundo lugar y más importante, que cunda el ejemplo de Reino Unido y se cuestione en otros ámbitos el complejo proyecto europeo. Creemos escuchar entonces el viejo adagio en cuanto a que la denostada clase política, necesita primero crear problemas para luego acudir como héroes en nuestro rescate.



Reino Unido en una de sus encrucijadas más artificiosas


Pero volvamos a vuelapluma, al objeto de esta publicación, mientras avanzamos a toda máquina hacia el día de autos, el 23 de junio, donde nos aguarda la incertidumbre. Queríamos para ello desentrañar parte de una historia olvidada, en un continente al que le suenan lontanas unas guerras que sembraron de cadáveres nuestro suelo . Así, a poco que alarguemos el cuello, la sucesión de guerras y ecos belísonos se extienden a lo largo del siglo XIX. Aunque si alzamos todavía más nuestros cuerpos, nos ponemos de puntillas, alcanzamos a ver la Guerra de los Treinta años que marcó nuestra decadencia como potencia europea. La Guerra de Sucesión española es otro ejemplo de guerra continental, por lo que no es difícil concluir que las naciones europeas han guerreado unas con otras desde tiempos inmemoriales. Con todo, los considerados padres fundadores de la Unión, Schuman, Monnet, Adenauer entre otros, en su exposición de motivos, no aludían a aquellas contiendas remotas, sino que fijaban sus desvelos en la rivalidad nacida en las guerras napoleónicas entre la por entonces naciente Prusia-Alemania(2) y Francia. 


Soldados en una escollera - trinchera, en la Batalla
de Verdún, cuyo centenario acabamos de celebrar,
atestiguan un pasado bélico y sin paz europeo


A ellas les sucedieron todo un reguero de conflictos de tono menor, hasta que nos cruzamos con la guerra Franco- Prusiana que en Sedán dejaría aparte de una buena recolecta de muertes y despojos humanos(3)disputas territoriales que los derrotados galos querrían enjugar lo más pronto posible. Por eso no nos extrañan los aires de fiesta que presidieron las primeras partidas al frente de la Primera Guerra Mundial que sería devastadora no sólo en el plano material y del sufrimiento humano, porque sus huellas se dejaron sentir en la moralidad, la ética, que variarían de rumbo tras los horrores de 1914-1918. Más tarde vendría la IIGM en un frenesí de violencia que ni la Sociedad de Naciones, idea original de Woodrow Wilson(4)supo entonces frenar. Con todo esto adonde queremos llegar es a que la paz debemos entenderla en nuestro continente como una hermosa excepción. Tampoco nos creemos que nosotros seamos unos seres más concienciados que nuestros antepasados, puesto que a la mínima que nos azuzan salen las facciones más populistas y rupturistas en todos los países que conformamos esta bendita entelequia que llamamos Europa.

Sin duda, los padres fundadores creyeron que el comercio y la trabazón de intereses económicos, alejarían las ansias bélicas que habrían caracterizado nuestra historia. Basándose en las hipótesis ricardianas (5) referentes a que las ventajas comparativas de las estructuras económicas de los países con economías abiertas, acababan beneficiando a todos, espantaron los fantasmas de la guerra. Hemos transitado un largo camino desde entonces, con uniones monetarias que siempre exigen una disciplina fiscal, pero no debemos olvidar que la UE es todavía un constructo que ha vivido sus peores momentos con la crisis financiera que ha arreciado con especial dureza contra los que considerábamos sus sólidos cimientos. En otras crisis como la humanitaria, ha brillado el coro de voces de los distintos intereses nacionales frente a una Comisión completamente inerme. A pesar de los pesares esta Europa es mucho mejor que lo que teníamos. Tratados revanchistas como el de Versalles o el alocado de Trianón, que encerró a enemigos y nacionalidades irreconciliables en las mismas fronteras ( ver reseña  que hicimos de la novela de Eric Ambler que construye magistralmente una trama a partir de los despropósitos de Trianón y que colocan en el disparadero a su protagonista https://elazoguedemidesespero.blogspot.com.es/2016/01/apatridas-de-trianon.html ).  



Jean Monnet soñó una Europa sin conflictos bélicos



Por último, un análisis de los debates que han surgido en la isla y que apelan a las entrañas de los electores, no auguran un final racional para esta historia de desamor. Es verdad, que los británicos fueron los grandes escépticos que han cuestionado los que ellos denominan mausoleos de la burocracia  europea, aun cuando los recursos que absorbe la maquinaria europea para una administración tan compleja en términos de PIB no sea tan cuantiosos como podríamos colegir de la aparatosidad de algunos de sus edificios. El ejemplo de las varias sedes, el Parlamento europeo itinerante, es más un reflejo de los tiras y aflojas nacionales, que no quieren ceder o mermar su poder dentro del ámbito europeo. Por otra parte, la UE ha tratado de demoler, armonizar reglamentaciones que lastraban el comercio interior y que eran barreras a la competencia de los productores nacionales. 

Más allá de estas disquisiciones acerca de la burocracía, los euroescépticos han logrado transmitir una imagen de una GB que ha dejado de existir hace muchos años. Como España, la UE desvió nuestros comercios e intereses de Sudamérica- Commonwealth a una órbita intraeuropea. Los partidarios de la salida dicen sin esgrimir datos convincentes, que reflotarán el país orientándolo hacia sus antiguas posesiones. Nos recuerdan a los nacionalistas rusos que creen que el venero perdido desde el comunismo en la esfera internacional, se recobraría con las viejas políticas de un mundo que ha dejado de existir. India orienta sus esfuerzos hacia la unión de ASEAN Pacífico, en fin, su fuerza en el Referéndum ha consistido en fomentar el orgullo británico frente a la UE, como si fuesen antitético al orgullo de sentirse también europeo o en crear una quimera que murió hace más de un siglo. Además se ha convertido en un debate generacional, como la guerra de Los diarios de la guerra del cerdo de Adolfo Bioy Casares. Antes de despedirnos, lamentamos que la visceralidad de la disputa o la locura de un perturbado haya acabado con la vida de la diputada laborista Joe Cox, un ejemplo de vida por su dedicación a los demás, y una lamentable pérdida.   



La herrumbrosa Gran Bretaña, que implora porque vuelvan los
viejos tiempos del Imperio y la Commonwealth




 (1)      La memoria frágil de los europeos respecto a su pasado teñido de guerras, nos recuerdan a los famosos versos del Cuaderno de viajes de  Heine:

" La vida y el mundo son el sueño de un dios ebrio, que escapa silencioso del banquete divino y se va a dormir a una estrella solitaria, ignorando que crea cuanto sueña... Y las imágenes de ese sueño se presentan, ahora con una abigarrada extravagancia, ahora armoniosas y razonables... La Ilíada, Platón, la batalla de Maratón, la Venus de Médicis, el Munster de Estrasburgo, la Revolución Francesa, Hegel, los barcos de vapor, son pensamientos desprendidos de ese largo sueño. Pero un día el dios despertará frotándose los ojos adormilados y sonreirá, y nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás. "

(2) Recordemos primero los Zollverein, en 1829, unión aduanera y luego, en 1870 vino el país, cuyas diferencias no sólo pesan en el paisaje todavía, también son ostensibles en las divergencias políticas a pesar de la imagen férrea y unitaria que se tiene de los teutones desde el exterior. Esta unión lenta, que esconde viejas rivalidades aún latentes, puede ser el espejo en el que nos miremos los europeos, a los que nos sorprende el lento aggiornamento o ayuntamiento de los diversos países que componen la constelación de Bruselas. Los procesos históricos son pesadamente poco vigorosos. La UE enfrenta de hecho, retos debido a la crisis, que le han obligado a experimentar con medidas poco acertadas. Existe como en todos los procesos de ajuntamiento muchas tensiones de soberanía e intereses de poder, que conjugados a la sazón de un nacionalismo oportunista, nos lleva a apelar a un orgullo patrio muchas veces irracional. 


(3)  El gran pintor Bazzille murió en dicha guerra baleado.

(4) Paradójicamente por el procedimiento de fast track, que habilita al Presidente la firma de tratados de política exterior pero que debe refrendar el Senado americano, pues como decíamos, los senadores americanos tumbaron el proyecto y sueño de Wilson. Así que la nueva organización nacía herida de muerte. 
(5) Economista David Ricardo, gran autodidacta y que merecerá un largo post por su influencia en el conocimiento económico. 



miércoles, 15 de junio de 2016

Barroquismo a ciegas.


Brillaba la luz de su inteligencia pese a la oscuridad de una ceguera que fue enterrando sus párpados, en una especie de maldición familiar. También nos sorprendía en entrevistas por las que se prodigaba, con su risueño rostro, en alguien que fue acusado de lejanía intelectual. Así, sus reflexiones profundas e inexplicables en determinadas circunstancias, cobraron nuevos rubros bajo otras perspectivas y contextos diferentes. Hay quien adivina en el hombre de infinita memoria de uno de sus relatos, un barrunto de internet, pero lo que en realidad trasluce el cuento, es la pesadumbre que provocan los recuerdos, cuando la memoria nos los trae incesantemente al presente. El relato podría haberse titulado El hombre que vivía eternamente en su pasado. A estas alturas seguramente los lectores hayan intuido, tras pistas un tanto evanescentes, que estamos hablando de Jorge Luis Borges, del que se cumplen treinta años de su desaparición ( en concreto, ayer 14 de junio) . Aunque más que analizar su  obra inabarcable, plagada de los mejores relatos, de ficciones muy reales deformadas a conveniencia a diferencia de Marcel Schwob y de ensayos memorables, vamos a enfocar esta publicación hacia las cuestiones de estilo, que tanto preocupaban al argentino universal. 




Borges redicho, autodidacta, que tiene sus primeros
encuentros con la literatura y que conoce a Cansinos Assens


Incluso su venerado Rafael Cansinos Assens le definió como un estupendo poeta, al que le maniataba su excesiva frigidez intelectual, y es que la hermosa Norah Borges  recuerda a su hermano tumbado bocabajo, pasando las horas muertas con libros entre sus manos. El padre le había abierto su gran biblioteca, en la que Jorge Luis desde pequeño, como buen hedonista, pasaba su dedo índice por los bellos lomos, se introducía en sus sipnosis para escoger aquellas obras que a priori le iban a provocar una lectura más placentera. Más tarde diría que siempre habría releído prontuarios de cuentos, que los prefería a las novelas, con una línea narrativa más difusa, dado que el relato por su brevedad no se diluye en ramificaciones que dispersen el núcleo central de la obra. Sorprende, que debido a su maestría, Jorge Luis no fuese capaz de concluir una novela(1), quizá su obra más extensa sean sus memorias, con las que tampoco se explaya mucho, como siempre conciso ¿o no siempre?

Sabemos asimismo mucho de sus correrías de juventud en el Madrid de los ultraístas que capitaneaba Don Rafael, y durante las cuales perpetró unos versos que repudiaría más tarde, cuando regresó en los años ochenta a "la escena del crimen" y en el Centro Cultural de la Villa los reconoció como de su creación. Porque el primer Borges fue un gran pedante como él mismo reconoce. Buscó el colorismo argentino en los diccionarios de lunfardo y de gauchos, con el afán de retorcer el español, hacerlo irreconocible para el lector que debía sudar la gota gorda al enfrentarse con sus textos. Ni tan siquiera los escritores más costumbristas terminaban de entender sus relatos. De hecho, el mismo maestro reconoce que hubo un momento de su adolescencia literaria en el que las locuciones latinas aparecían por doquier - por los codos, por debajo de su chaqueta- como si pretendiese latinizar el español. Tanto laberinto por el que conducirse ajeno a la lengua materna, es más, las confesiones de Jorge Luis en el sentido de que le habría gustado desarrollar su obra en inglés, le granjeó alguna animadversión en los grupos nacionalistas que empezaban a florecer en los años 20 y 30 en Argentina . Era sin duda en sus comienzos, un barroco pedantuelo.  
  


Norah Borges, junto a Guillermo de Torre,
representante argentino de nuestra Generación del 27
 
Con el tiempo, y gracias a Adolfo Bioy Casares, hará mayor énfasis en la pureza de su estilo, que se va purgando de los excesos de barroquismo por los que transita cualquier escritor novel. Al principio, según el sabio argentino, puede  el ansia de escribir, cuando se tiene poco que contar. Y se oculta esa parvedad en el argumento con fuegos de artificio y mucha palabra  vana rebuscada en el diccionario. En cambio, él que abusó de los estilismos en su más fresca adolescencia, se fue despojando de tanta artificialidad. El viejo profesor solía poner en sus clases el mismo ejemplo con las distintas formas de adjetivar al cielo de azulado. En el fondo, el escritor de prosa compleja podría recurrir a azulenco, a azulino, donde la belleza de la sonoridad de la palabra interfiere en la fluidez del texto a la fuerza, y al lector seguramente le pase desapercibido el color azul del cielo o sienta que la página se torne toda azul. Por eso, en su madurez abogaba por una prosa que sea más como se hablaba, para que el ingenio de las historias no quedase en un segundo plano (todos recordamos la paradoja de Aquiles y la tortuga, o bien, su maravilloso cuento de ciencia ficción, El Aleph). Sigue analizando Borges en sus ensayos sobre estilo, que el barroquismo tampoco resulta una enfermedad que se circunscriba a la  juventud, sino que sus efectos son perdurables además en nobeles que quieren que se les siga rindiendo tributo o anhelan el triunfo desde la primera página, que recargan de epítetos y epítetos. Es por tanto una cuestión de vanidad, que no se cura con las canas, sino que sus efectos se agravarán en algunos casos.

Nuestra idea, sin llegar  al extremo del gran genio, es que se deben purificar los textos si su estilo enlentece o entorpece el discurrir del argumento. Sin embargo, hay estupendos contraejemplos que contradicen a Don Jorge Luis. Nos hubiésemos tenido que saltar al inefable Eduardo Mendoza, que con su lenguaje hiperbólico nos encandiló con sus primeras historias. Luego ha ganado oficio, estilizado su escritura un tanto, pero sus devotos seguimos anhelando esa Barcelona mágica y más que barroca, manierista en sus textos. Tampoco leeríamos al gran William Faulkner, que a pesar de su complejidad que se interpone en algunas ocasiones es cierto, como predijo Borges entre el lector y sus magníficas historias. Paradójicamente muchos faulknerianos en el ámbito español, rechazaron la idea de la Generación del 27 de encumbrar  a Góngora, el autor culto por excelencia y gran rival de Quevedo (algún día contaremos sus enemistades y curiosas peripecias personales). En otra vuelta de tuerca, algunos integrantes del 27 murmuraron al cabo del tiempo a hurtadillas que aquella fiebre gongorina, en algunas ocasiones adulteró sus textos, llenándolos de pompa artificiosa.  Rafael Alberti por el contrario, afirmaba que aquellos polvos fueron momentáneos, y que volvieron a poner de moda la forma, que tanto se había aventado con vanguardias que no querían corsés. Corsé de la forma o libertad en la misma para el poeta gaditano debía ser una elección del artista. Así lo pensamos nosotros. En el punto medio se halla la virtud como pontificase el filósofo griego. 




El Aleph, el mejor cuento de ciencia ficción,
editado por el español Losada, perfecta comunión.




(1)Con su entrañable Adolfo Bioy Casares, sí perpetró alguna novela, más bien corta. Jorge Luis farfullaba con su mirada y sonrisa luminosa, que fue Adolfo el que le atrajo hacia el clasicismo, un retorno que no tuvo más vuelta de hoja. Escribían en pareja, por lo que en una típica tormenta de ideas, se reponían y contrarreplicaban con revueltas más que vueltas a sus originales planteamientos iniciales. En alguna conferencia, le preguntaron sobre las segundas intenciones de un personaje y el escritor se temió que quizá no fuese él quien le dio ese giro al protragonista, por lo que si había razones ocultas, las desconocía. También era muy crítico contra aquella corriente de opinión, muy frecuente en su época, acerca de que toda obra tenía una interpretación. ¿Qué decir de esas veladas donde Adolfo y Jorge Luis deformaban en encendidas réplicas una argumentación original? Salía un verdadero pastiche. Como con Adolfo, nunca tuvo una colaboración más estrecha con nadie. Hubo asimismo amigos con los que les unía una amistad más calurosa, pero que mientras colaboraban no lograban el mismo éxtasis creativo que se producía con Bioy Casares.