lunes, 3 de abril de 2017

Sartre contra Camus


En la lontananza se habían admirado e incluso Jean Paul Sartre quiso conocer al autor de novelas tan brillantes como El Extranjero y de ensayos como el Mito de Sísifo, que le habían deslumbrado. Qué desde la periferia se escribiese tan bien y hurgando con el dedo en infinidad de llagas por las que supuraba el existencialismo, le dejó anonadado. Aunque Jean Paul más se sorprendió cuando se encontró con él, un día otoñal de 1942, en el que se presentó aquel joven con la gabardina empapada. Un pied noir guapo con estilo;  los labios que enroscaban un cigarrillo que parecía perenne y unos ojos claros como el alba. Albert Camus, el joven canalla, era la antítesis a él, que se consideraba un viejo prematuro. Las muchachas giraban los cuellos en cuanto el argelino hacía acto de presencia en cualquier antro, hasta su eterna compañera, la escritora Simone de Beauvoir, ardía silenciosamente en deseo por Albert. Ella fue testigo de aquella relación que acabó siendo de queridos enemigos (1).  

En cuanto a las mujeres, callaban en el instante que Sartre comenzaba a abrir su piquito de oro para conquistarlas con su habitual prosodia. El filósofo que frisaba la cuarentena, tenía algo de tótem y de buda de la cultura francesa. Por eso Camus, como hombre de provincias ( Argelia era una colonia provincia) admiraba la abigarrada cultura del filósofo estrábico, que a finales de la década de los treinta, se había convertido en toda una referencia de la vanguardia cultural gracias a su Nausea y a la infinidad de apariciones, con las que acechaba a los lectores desde sus columnas. Le estaría eternamente agradecido por las dos recensiones que hizo de la novela y el ensayo que comentábamos al principio, pues le abrieron muchísimas puertas en París, donde Camus había desembarcado recientemente.



Referencias intelectuales, armaron al comunismo en sus diferentes
vertientes de argumentos poderosos frente al capitalismo
De Alberto Korda - Revista Verde Oliva, 1960;
Museo Che Guevara (Centro   Guevara La Habana, Cuba),
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2884725

Sin embargo, más adelante, ambos intelectuales iban a vertebrar el desencuentro de las cabezas pensantes en Francia, y simbolizarán a la perfección la escisión que se produjo a raíz de la Guerra Fría en todo el globo. Cada uno construyó el discurso en confrontación al otro, la mayor parte de las veces sin citar expresamente al adversario ideológico, y dicho constructo sería la base argumental para que las dos partes en disputa de la razón, capitalismo vs  comunismo se enfrentasen en una batalla claramente ideológica y por supuesto sin concesiones. Los dos pensadores arman a ambos bandos ideológicamente. Como sabemos, tras unos titubeos, en los que Sartre no se sumerge en la acción política, de hecho, como discípulo de Martin Heidegger (2) se le acusa de connivencia con el nazismo durante la ocupación, al final se acerca al comunismo. Son opúsculos en cualquier caso que cargan las tintas contra el filósofo y su compañera Beauvoir, por su presunta pasividad.

El más famoso de ellos, es sin duda, Una ocupación tan dulce: Simone Beauvoir y Jean Paul Sartre, 1940-1944 que conmocionó a la Francia de los años 90, fecha de su publicación. Ambos habían trabajado durante la ocupación, negociado codo con codo con las autoridades alemanas la puesta en escena de obras o firmado declaraciones del Gobierno de Vichy en el caso de Beauvoir donde juraba no tener sangre judía ni tampoco ser masona ( sabemos del Gobierno católico patriarcal del Marical Petain, que retornó de la legación francesa en Madrid, para tomar el mando del ejecutivo de la Francia no ocupada). Como le reprocharon más tarde algunos compañeros del PCF (Partido Comunista Francés): ni el exilio interior ni la fuga a Londres. A Sartre se le veía caminar cómodamente entre los cafés, repletos de oficiales del ejército ocupante sin torcer el gesto. Gilbert John autor de esa bomba contra los Sartre ironizaba en una entrevista, diciendo que la pareja estaba muy cómoda entre los totalitarios, y se comprende cómo luego, con total coherencia apoyaron a dictadores como Mao o Fidel Castro  

.
Camus en cambio sí colaboró con la Resistencia, aunque su idea de oposición no violenta no dejaba de ser paradójica.  Sartre según Ronald Aronson llegó a una convivencia pacifica en las formas y apariencias con el invasor nazi, pero a medida que se acercaban los tiempos de la Liberación, fue cobrando más protagonismo y lanzó columnas en distintas revistas de izquierdas alentando a la lucha contra los alemanes.  Con pequeñas disquisiciones a propósito de qué tipo de resistencia era conveniente presentar al invasor nazi, Camus y Sartre vivieron en los años de la vergüenza patria, una luna de miel.  Ronald Aronson  que escribió el Camus y Sartre propone como tesis de la distancia que comenzó a fraguarse con el discurrir del tiempo, el ansia de diferenciarse de Camus frente al que todos consideraban su gran maestro. Se le citaba como uno de los seguidores del existencialismo, cuya máxima figura era por supuesto Sartre. Un agujero negro, valga la metáfora, del que pretendía zafarse para no quedar con la patina sartriana que casi todo lo tiranizaba en la Francia de la Posguerra. Camus no quiso ser un mero satélite de su amigo. Fue entonces que comenzó a elaborar un discurso, más que existencialista, de disconformidad y alejado del ateísmo de su colega. Más acorde a las teorías de Mario Vargas Llosa que hizo quizá el ensayo más leído acerca de esta pareja de pensadores, Entre Sartre y Camus, cree que el africano en su construcción juzga como primordial el elemento humano. Es lo que le atrajo a él, personalmente del autor de La peste, y le removió por dentro. Ninguna ideología se debe construir contra el hombre. Cosa que subrayamos y suscribimos nosotros. Ninguna quimera futura se erigirá moldeando al ser humano como si fuese cieno.



Un Camus, con el cigarrillo casi eterno, asomado
a sus labios y flirteando con el vacío
De Robert Edwards
- http://books.atheism.ru/gallery/kamu/,
CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9546871


Y la Guerra Fría les abismó más todavía, puesto que Camus se iba a pegar a un anticomunista acérrimo, Arthur Koestler.  Los ojos de Arthur habían visto demasiadas tropelías de un estalinismo que borraba cualquier oposición con el baldón de troskismo. Su novela El cero y el infinito  (3) relata el periplo íntimo del personaje, un veterano revolucionario que se enfrenta en los años treinta a los famosos Juicios de Moscú, toda una pantomima para purgar ciegamente y en sintonía con el fervor del déspota, a todos aquellos coetáneos de Joseph Stalin. Ese mismo viaje lo había llevado a cabo Koestler, que salvó la vida en decenas de ocasiones como en nuestra Guerra Civil, donde capturado por las tropas franquistas en Málaga, estuvo a punto de ser fusilado, aunque finalmente fue canjeado gracias a las labores del Foreign Office. Superviviente de infinidad de purgas y a la IIGM cuando fue nuevamente recluido y gracias a los oficios de amistades del servicio de inteligencia logró salir con vida. Koestler se había convertido en el peor de las azotes del comunismo y por supuesto en la referencia ineludible para Albert Camus. Con todo, el argelino con su no violencia y el hecho de buscar la concordia en lugar de la confrontación en las guerras coloniales, v.g. Vietnam o en su propia tierra, Argelia, hurtaba del debate en opinión de Sartre, la explotación ejercida sin resquemores por la polis colonialista, que es otro tipo de violencia. Más en el conflicto argelino, donde Albert además, a veces tuvo omisiones deliberadas durante las cuales no defendió sus principios, pues con su familia desplegada en el terreno en disputa, temió por su seguridad. De ahí su famosa defensa de la familia por encima de cualquier principio, que algunos aprovecharon para tacharle de cobarde.

Al final, Sartre que se había reconciliado como decíamos con los comunistas, intenta justificar los desmanes del PCUS y partidos satélites desplegando toda su contundencia racional, francamente poderosa. Para ello, va a pergeñar un argumento del mal menor, o del precio que cabe pagar en el presente con el fin de construir una sociedad dorada en el futuro . Su idea por otra parte, que todavía late en la izquierda que añora el comunismo, era resaltar los crímenes silenciosos del capitalismo. Una violencia sorda en la que  un sistema que se rendía al dinero y "al tener" maquinaba en silencio por perpetuar la injusticia en opinión del filósofo francés. Si morían por difteria una decena de niños de un barrio humilde de París, el filósofo extendía la culpa a toda la sociedad .Además, todos los franceses salvo los que se rebelen activamente, son cómplices de las políticas coloniales de su país.  Se convierte junto a Picasso en la estrella del famoso Congreso de la Paz de París en 1949, tramado por Joseph Stalin para entorpecer  el desarrollo de planes nucleares en los países occidentales. 

Desde esta posición se iban a enfrentar los que habían sido amigos fraternales. Porque la relación con Maurice Merleau Ponty había sido más de colaboración ideológica. Dice Beauvoir que cuando le llegó la noticia de la muerte por accidente de su querido enemigo, Albert Camus, Jean Paul, se quedó apocado en el sillón de su despacho, con una colilla moribunda en sus labios y la cabeza gacha. Hasta que la apagó y se atrevió a esbozar la famosa frase:"fue mi último mejor amigo"  En sus entrevistas no faltaba un recuadro para recordar a su amigo, al que " siempre le tuve cariño" aun cuando no entendió nunca su posición respecto Argelia ( como asesino frío de las ideas, buscaba un resquicio por el que hundir el cuchillo de la razón). Sabemos que el filósofo renunció al premio Nobel, dado que entendía que la cultura no se tenía porqué canalizar a través de las instituciones y sí mantener una relación más directa con el pueblo. Pero como recordó su secretaria, en cuanto se lo concedieron al argelino oreó el conocido "éste no lo ha robado". El magnetismo sexual del pied noir que había cautivado a Sartre en su primer encuentro, no es como se bosqueja en algún lugar, motivo de las disputas. Ambos protagonizan dos corrientes de pensamiento que todavía lucen hoy en la izquierda europea. Una rupturista y más radical que la crisis financiera ha despertado del letargo(4), y otra que seria la representada por Camus y una socialdemocracia, que no quiere repetir las experiencias traumáticas del pasado, de ideologías que sembraron el terreno ideológico de cadáveres.




Arthur Koestler, veterano luchador de izquierdas,
y faro en algún momento de Albert Camus
De Eric Koch / Anefo - Nationaal Archief,
CC BY-SA 3.0,
commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35304960



(1) Nos recuerda guardando las distancias a otras relaciones de amor intenso y odio casi igual de vehemente que han alumbrado la historia de la literatura de oscuras intenciones. Octavio Paz y Pablo Neruda se profesaron una cálida enemistad. Gabo y Vargas Llosa con una pelea enconada con razón de los celos. La lista de grandes literatos a los que les unieron las musas, aunque la vida plena de sinsabores los separó. En el cine, es conocida la animadversión que sentía la Garbo por Marlene Dietrich. La divina celosa por su pasado quería esconder cualquier atisbo que le uniese a la alemana, que en petit comité aseveraba conocer las debilidades sexuales de la sueca. Otra historia de hiel, contra natura, aun cuando descendamos peldaños hasta llegar al nadir del papel cuché, sería la de las hermanas Olivia de Havilland y Joan Fontaine. No sólo compitieron por papeles, sino que la leyenda dice que apostaron por quien iba a reposar antes con el sagrado. Fue como sabemos Fontaine la perdedora de la apuesta. Camus y Sarte no llegaron a semejantes extremos.
(2) Recordaremos en otro lugar las controversias entre Paul Celan, el poeta que redimió a la lengua tenida como del odio tras la némesis nacionalsocialista y Martin Heidegger, pensador de gran influencia y de enorme hondura, que fue duramente criticado por su adhesión al nazismo desde su oráculo universitario.

(3)Ríos de tinta corrieron con el puñetazo que propinó Arthur Koestler a Albert Camus, al que no sólo consideraba su amigo. El decidido anticomunismo de Koestler y los coqueteos en la indefinición de Sartre, acercaron ideológicamente a un Albert Camus al primero. Llevaban una temporada compartiendo mesa y mantel, incluso insinuaron en algunos medios que hasta mujer, cuando en una de esas discusiones de tipos terne, el escritor de origen húngaro le lanzó un tremendo crochet que le llevó a la lona de la acera. Luego, según cuenta Simone Bovair, el compungido argelino que era un individuo de armas tomar, más que dolido por el pómulo tumefacto, sangraba por una amistad que veía languidecer. El húngaro menos predispuesto al drama, le pidió disculpas y le siguió hablando como si aquella escena no hubiese tenido lugar. Más conocido para el gran público fue su Espartaco,. un best seller cargado de ideología y donde el lector más perito evidenciaría las concomitancias que guardaban los revolucionarios antiguos con los modernos. El gladiador que puso en jaque a toda Roma, y que quiso cambiar un sistema esclavista. Los comunistas veían en el gladiador el prototipo de revolucionario de la antigüedad. Tanto culto se le rindió que se crearon paralelos a los Juegos Olímpicos, las Espartaquiadas, un

(5)¿Los gulags y los millones de muertes son una moneda ajustada para el pensador francés? El se amarra  a la letanía de que el capitalismo es un asesino muchísimo más silencioso, porque perpetua la injusticia. ¿Acaso no lo hace el comunismo?

6 comentarios:

  1. Excelente revisión del duelo entre dos titanes ideológicos y todas sus implicaciones y paralelismos.

    "Ninguna ideología se debe construir contra el hombre". Me temo que todas tienden a eso. La política es el arte de tener todos razón, pero equivocándose. Por eso es mejor pensar fuera de ella (en lo posible, al menos).

    El famoso Congreso de Paz de Stalin se resume en: "Que se desarmen ellos". Y temo que la política, también.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias,Bonifacio.Ellos ejemplificaron el cisma ideológico que provocó la Guerra Fría y como grandes pensadores,crearon los argumentos de ambos bandos.Es curioso,pero me parece que somos muy afines en cuanto a nuestra opinión acerca de la distancias que es conveniente guardar respecto a la ideología.Esperamos con avidez tu próxima entrada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La entrada ya está.

      Lo de distanciarse de la ideología es el compromiso más duro que existe, porque caes mal a todos los bandos y te acaban identificando igualmente con alguno, aunque tú no quieras y no pertenezcas a él.

      Yo no soy ajeno a la política (nos afecta a todos) pero no pongo la pasión en ella. Eso sería como apostar en una pelea de gallos. Prefiero ser el gallo yo mismo. O comérmelo.

      O apostar al póker, que es más elegante. Y aunque también hay tahúres en él, el dinero sí lo ves sobre la mesa, aunque lo acabes perdiendo.

      Saludos.

      Eliminar
  3. Me refería a la ideología,que llevada a los extrenos,exige una uniformidad que condena cualquier atisbo de lucidez.Divide a los míos de los adversarios.Otra cosa es la política,somos animales políticos por cómo nos organizamos en la sociedad.Aristóteles nos clavó en su fábula de las abejas.

    Otra cosa es esa crisalida que supieron tejer desde Montaigne hasta Octavio Paz o nuestro Manuel Cháves Nogales,para en tiempos de tribulaciones,huir de la cosificación del adversario.Saber distinguir seres humanos entre los ejércitos de acérrimos seguidores.Dotar de humanidad a la abigarrada colmena que piensa como masa.Cuando a Chaves Nogales le pidieron ayuda en un Madrid lleno de checas,jamás preguntó filiación politica.Quizá nunca llegue a ese temple,de verdadero sabio,porque ruego no encontrarme en tan endiablada tesitura.Ya he leído tus tres relatos,que insinúan para que se ahormen al complejo mundo de experiencias del lector.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Sí, lo explicas bien.

    Llegados a cierto extremo, es difícil saber lo que haríamos... Más allá de la política (aunque nos salpique) y de nuestros errores, el valor a seguir para no perder el rumbo por completo, es el honor. Del que casi nadie habla, por cierto. Y el uso del lenguaje escogido (y sus omisiones) dice mucho de nuestra sociedad y de nosotros mismos...

    Se menciona la honradez como virtud a perseguir. Que es como un sucedáneo civilizado del honor, pero limitado sólo a mantener el orden público(que ya es algo), y nunca a definir la dignidad final de nuestros actos.

    El otro concepto que se omite, justamente lo nombraste tú: la sabiduría. Y en su caso, el sucedáneo escogido para desplazarla del lenguaje, es la cacareada y casi endiosada inteligencia. La cual es un instrumento racional muy útil para terreno llano, pero no para profundizar haciendo uso de él.



    Gracias por leer mi entrada.

    ResponderEliminar