domingo, 29 de enero de 2017

El Golem de Meyrink


La noche se cierne sobre las callejuelas de Praga, vestida con sayo lunar y repleta de misterios indecibles. Pueblan las tabernas los seres más extraños, noctívagos de vocación, que murmuran que la criatura había existido, mientras tomamos unas cervezas calientes, porque el invierno checo se ha presentado con toda crudeza. Los zancos resbalan y no es difícil que se trencen las piernas mientras se camina por las aceras nevadas de Staré Město, para al cabo de unos segundos desmoronarte en el duro empedrado. Lo peor es que el viejo judío de los dientes mochados que tenemos delante, se reafirma en que ha visto su sombra, paseando más allá de la medianoche. Nadie le había invitado a sentarse con nosotros, pero como buen gorrón, nos escamotea unas Pilsner Urquell a cambio de alguna de sus historias. Cuentan de él que fue escritor, aunque perdió todo punto de mesura cuando se dio de bruces con la bestia. Desde entonces,  deambula como una cometa, en busca del aire que le insufla el alcohol. Pero como jóvenes checos y racionales, no creemos en esas viejas tradiciones ´hebreas, toda una sarta de dislates. Antes de reponerle otra vez escruto su rostro insidioso; el humo del cigarrillo que tiene cosido a sus dedos abarquillados, mana por los boquetes de su boca, a la vez que parece reírse de nosotros. - ¿Y si el Golem fueses tú?- Le pregunto airado. Luego le reprendo confundido por la mezcolanza de birras y güisquis que rebullen en mi sesera. -  ¡Ayyy, viejo Isaac, deja de engañarnos con tus historias! Bueno, me tengo que marchar, chicos. 


El Golem al que el rabino Loew
le confiere vida gracias a la Cábala
De Mikoláš Aleš -
http://www.zwoje-scrolls.com/zwoje31/text06p.htm,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2210897


- ¿Ya te vas, Gustav? - Me reprochan mis amigos.
- Sí, que vamos a cerrar pronto la edición del periódico y tengo que hacer las correcciones.

 A tientas salgo de la taberna, esquivando la barahúnda que no calla con sus  canciones antañonas, cuando miro al reloj que marca las doce de la noche.  Trancos vaporosos para llegar prontamente a la redacción me alejan del lugar, hasta que un resquemor me azora de repente. Tengo la certeza de que si miro atrás  me toparé con aquel atisbo monstruoso que parece caminar por  las fachadas de la estrecha rúa por donde discurro. Me digo que debería ganar cuanto antes el Puente de Carlos, pues el pérfido bicho no se atreverá a violar la protección de todos los santos checos. Mi corazón palpita a horcajadas de una congoja, que mi mente racional no alcanza a comprender. "Sosiégate", me repito en cuanto me paro a tomar algo de aire. Poco a poco voy girando la cabeza hacia mis espaldas y......por supuesto no veo nada. Cuando llego a la redacción casi sin resuello, sé que algo o alguien me ha seguido, aunque no hubiese descubierto al temible Golem.

 Valga esta recreación de nuestra cosecha para ilustrar al gran Gustav Meyrink, que no tiene parangón y que rescata esta figura legendaria del folclore judío, para firmar uno de los grandes clásicos europeos. Su novela, El Golem escrita en 1915 tiene miles de influencias y un comienzo vertiginoso, lleno de sombras lunares y de las asechanzas que destilan las calles de Praga cuando se hace de noche. Cualquiera que haya caminado por ellas, sabrá de lo que le hablamos. Aunque dejemos que el propio Meyrink nos introduzca en su  mundo tenebroso.

"La luz de la luna cae al pie de mi cama y se queda allí como una piedra grande, lisa y blanca.


Cuando la luna llena empieza a encogerse y sulado derecho se carcome -como una cara que se acerca a la vejez, mostrando primero las arrugas en una mejilla y perfilándose después- a esa hora de la noche, se apodera de mí una inquietud sombría y angustiosa.

No estoy dormido ni despierto" (El Golem, Gustav Meyrink).

El gran Gustav Meyrink nos sobrecoge con su
fábula del Golem. Maravilloso relato.
http://img12.nnm.me/a/5/2/5/c/85e53b6d41f283659634b1bf993.jpg, 
commons.wikimedia.org/


Genialmente, el autor checo, ya nos sume en la duda desde el principio, puesto que todo lo que vaya a suceder a continuación puede deberse a nuestra vigilia o bien a una realidad que es fantástica, pero verosímil gracias a una atmósfera que recrea las brumas de las urbes de Charles Dickens ( Gustav fue su traductor al checo). Según se cuenta, la criatura ha vuelto a despertar y se pasea por Praga (cada 33 años lo hace). A vuelapluma digamos que el Golem fue una bestia que está a medio camino de la divinidad y los seres humanos, acorde con el retrato más fidedigno que se hace de este mito. A partir del cieno y con unas gotas de la cábala, se le troca en un ser animado, de una fuerza portentosa, que suponemos tendría que proteger a la comunidad judía, casi siempre asolada por los incesantes progromos que tienen lugar a finales de la Edad Media. Sin embargo, como irracional(1), la criatura se rebela y con su instinto destructor incólume, se torna hacia sus protegidos para sembrar de llamas y dolor cualquier atisbo de vida que halle en el gueto. Es una leyenda que atrajo hasta al maravilloso Borges, conocedor de la obra de Meyrink y de casi todo el folclore europeo.


El Golem, icono de la cultura checa e inspiración de artistas
De user Thander - http://pt.wikipedia.org/wiki/Ficheiro:Golem.JPG,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8873104


Del Golem se desprenden varias lecturas. Una religiosa, en la que los hombres a través de la cábala, tratan de emular a Dios y crean una criatura fantástica a partir del barro y de unas fórmulas cabalísticas ( la analogía con La Biblia es más que evidente). Por supuesto, el hecho de emular a la divinidad tiene sus contraprestaciones, puesto que empiezan a aflorar las imperfecciones que se vuelven en contra de sus creadores hebreos. También es fácil extraer enseñanzas para estos tiempos de experimentación, en los que pretendemos reproducir mediante la clonación a seres vivos. Seguramente su ADN se pervierta más fácilmente o broten rasgos desconocidos que no estaban previstos en la probeta de nuestro laboratorio. Otra lectura de esta increíble leyenda, sería la de conferir nuestra protección a una criatura superpoderosa, como el Golem, que algunos han equiparado a nuestros estados omnipresentes. ¿ No creemos que dichas palancas de poder serán utilizadas en algún momento en contra nuestra? Que se revuelvan para en lugar de protegernos o con la excusa de ello, destruir a cualquiera que se oponga a la superestructura. En cualquier caso, la lectura del Golem de Meyrink es una delicia, y como siempre, aun cuando prediquemos en el desierto, si queremos crear una Europa unida, también es obligado recurrir a una cultura común y  a conocer unos clásicos que son formidables, y que por derecho propio, merecen estar en el panteón de nuestras mejores obras literarias.

(1) Hay que tener cuidado con lo que se le ordena a la bestia. La leyenda a ratos se nos hace muy divertida. Como cuando la esposa del Rabí Loew, le pide que saque agua del río. Es tal su fuerza e irracionalidad que hasta que se percata la pobre dama, el Golem ha inundado el gueto judío de agua del río.

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