domingo, 29 de enero de 2017

El Golem de Meyrink


La noche se cierne sobre las callejuelas de Praga, vestida con sayo lunar y repleta de misterios indecibles. Pueblan las tabernas los seres más extraños, noctívagos de vocación, que murmuran que la criatura había existido, mientras tomamos unas cervezas calientes, porque el invierno checo se ha presentado con toda crudeza. Los zancos resbalan y no es difícil que se trencen las piernas mientras se camina por las aceras nevadas de Staré Město, para al cabo de unos segundos desmoronarte en el duro empedrado. Lo peor es que el viejo judío de los dientes mochados que tenemos delante, se reafirma en que ha visto su sombra, paseando más allá de la medianoche. Nadie le había invitado a sentarse con nosotros, pero como buen gorrón, nos escamotea unas Pilsner Urquell a cambio de alguna de sus historias. Cuentan de él que fue escritor, aunque perdió todo punto de mesura cuando se dio de bruces con la bestia. Desde entonces,  deambula como una cometa, en busca del aire que le insufla el alcohol. Pero como jóvenes checos y racionales, no creemos en esas viejas tradiciones ´hebreas, toda una sarta de dislates. Antes de reponerle otra vez escruto su rostro insidioso; el humo del cigarrillo que tiene cosido a sus dedos abarquillados, mana por los boquetes de su boca, a la vez que parece reírse de nosotros. - ¿Y si el Golem fueses tú?- Le pregunto airado. Luego le reprendo confundido por la mezcolanza de birras y güisquis que rebullen en mi sesera. -  ¡Ayyy, viejo Isaac, deja de engañarnos con tus historias! Bueno, me tengo que marchar, chicos. 


El Golem al que el rabino Loew
le confiere vida gracias a la Cábala
De Mikoláš Aleš -
http://www.zwoje-scrolls.com/zwoje31/text06p.htm,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2210897


- ¿Ya te vas, Gustav? - Me reprochan mis amigos.
- Sí, que vamos a cerrar pronto la edición del periódico y tengo que hacer las correcciones.

 A tientas salgo de la taberna, esquivando la barahúnda que no calla con sus  canciones antañonas, cuando miro al reloj que marca las doce de la noche.  Trancos vaporosos para llegar prontamente a la redacción me alejan del lugar, hasta que un resquemor me azora de repente. Tengo la certeza de que si miro atrás  me toparé con aquel atisbo monstruoso que parece caminar por  las fachadas de la estrecha rúa por donde discurro. Me digo que debería ganar cuanto antes el Puente de Carlos, pues el pérfido bicho no se atreverá a violar la protección de todos los santos checos. Mi corazón palpita a horcajadas de una congoja, que mi mente racional no alcanza a comprender. "Sosiégate", me repito en cuanto me paro a tomar algo de aire. Poco a poco voy girando la cabeza hacia mis espaldas y......por supuesto no veo nada. Cuando llego a la redacción casi sin resuello, sé que algo o alguien me ha seguido, aunque no hubiese descubierto al temible Golem.

 Valga esta recreación de nuestra cosecha para ilustrar al gran Gustav Meyrink, que no tiene parangón y que rescata esta figura legendaria del folclore judío, para firmar uno de los grandes clásicos europeos. Su novela, El Golem escrita en 1915 tiene miles de influencias y un comienzo vertiginoso, lleno de sombras lunares y de las asechanzas que destilan las calles de Praga cuando se hace de noche. Cualquiera que haya caminado por ellas, sabrá de lo que le hablamos. Aunque dejemos que el propio Meyrink nos introduzca en su  mundo tenebroso.

"La luz de la luna cae al pie de mi cama y se queda allí como una piedra grande, lisa y blanca.


Cuando la luna llena empieza a encogerse y sulado derecho se carcome -como una cara que se acerca a la vejez, mostrando primero las arrugas en una mejilla y perfilándose después- a esa hora de la noche, se apodera de mí una inquietud sombría y angustiosa.

No estoy dormido ni despierto" (El Golem, Gustav Meyrink).

El gran Gustav Meyrink nos sobrecoge con su
fábula del Golem. Maravilloso relato.
http://img12.nnm.me/a/5/2/5/c/85e53b6d41f283659634b1bf993.jpg, 
commons.wikimedia.org/


Genialmente, el autor checo, ya nos sume en la duda desde el principio, puesto que todo lo que vaya a suceder a continuación puede deberse a nuestra vigilia o bien a una realidad que es fantástica, pero verosímil gracias a una atmósfera que recrea las brumas de las urbes de Charles Dickens ( Gustav fue su traductor al checo). Según se cuenta, la criatura ha vuelto a despertar y se pasea por Praga (cada 33 años lo hace). A vuelapluma digamos que el Golem fue una bestia que está a medio camino de la divinidad y los seres humanos, acorde con el retrato más fidedigno que se hace de este mito. A partir del cieno y con unas gotas de la cábala, se le troca en un ser animado, de una fuerza portentosa, que suponemos tendría que proteger a la comunidad judía, casi siempre asolada por los incesantes progromos que tienen lugar a finales de la Edad Media. Sin embargo, como irracional(1), la criatura se rebela y con su instinto destructor incólume, se torna hacia sus protegidos para sembrar de llamas y dolor cualquier atisbo de vida que halle en el gueto. Es una leyenda que atrajo hasta al maravilloso Borges, conocedor de la obra de Meyrink y de casi todo el folclore europeo.


El Golem, icono de la cultura checa e inspiración de artistas
De user Thander - http://pt.wikipedia.org/wiki/Ficheiro:Golem.JPG,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8873104


Del Golem se desprenden varias lecturas. Una religiosa, en la que los hombres a través de la cábala, tratan de emular a Dios y crean una criatura fantástica a partir del barro y de unas fórmulas cabalísticas ( la analogía con La Biblia es más que evidente). Por supuesto, el hecho de emular a la divinidad tiene sus contraprestaciones, puesto que empiezan a aflorar las imperfecciones que se vuelven en contra de sus creadores hebreos. También es fácil extraer enseñanzas para estos tiempos de experimentación, en los que pretendemos reproducir mediante la clonación a seres vivos. Seguramente su ADN se pervierta más fácilmente o broten rasgos desconocidos que no estaban previstos en la probeta de nuestro laboratorio. Otra lectura de esta increíble leyenda, sería la de conferir nuestra protección a una criatura superpoderosa, como el Golem, que algunos han equiparado a nuestros estados omnipresentes. ¿ No creemos que dichas palancas de poder serán utilizadas en algún momento en contra nuestra? Que se revuelvan para en lugar de protegernos o con la excusa de ello, destruir a cualquiera que se oponga a la superestructura. En cualquier caso, la lectura del Golem de Meyrink es una delicia, y como siempre, aun cuando prediquemos en el desierto, si queremos crear una Europa unida, también es obligado recurrir a una cultura común y  a conocer unos clásicos que son formidables, y que por derecho propio, merecen estar en el panteón de nuestras mejores obras literarias.

(1) Hay que tener cuidado con lo que se le ordena a la bestia. La leyenda a ratos se nos hace muy divertida. Como cuando la esposa del Rabí Loew, le pide que saque agua del río. Es tal su fuerza e irracionalidad que hasta que se percata la pobre dama, el Golem ha inundado el gueto judío de agua del río.

jueves, 26 de enero de 2017

En el Umbral de la literatura


Lejos de la semblanza, puesto que Marco Antonio Núñez , bloguero, rompió moldes con esta entrada dedicada a uno de nuestros escritores preferidos , Francisco Umbral , que casi convertiríamos en canónica, puesto que rescata el espíritu socarrón del escritor madrileño, resucitado en Valladolid y que mendigando a veces por Salamanca, donde recordaba sus fachadas bombardeadas de plateresco y de tedio, se hizo periodista y escritor. Más que abundar como decíamos en rasgos de su carácter, o de una vida sembrada de  anécdotas gloriosas, queríamos rememorar una glosa de una vivencia propia y relacionada con uno de los mejores poetas y narradores de nuestro tiempo(1). Recuerdo entonces el Café Central , sumido en la penumbra previa y anunciadora del jolgorio nocturno, repleto de claves jazzísticas . Ruido de vasos, cubertería, que el garzón ponía en orden; más allá, murmullos de conversaciones y nuestra amiga Anita, una periodista granadina, con deje metalizado porque había reeducado su voz, para estar más acorde con la tonalidad de la meseta, y que se nos disculpaba por este hecho centones de veces.  


Francisco Umbral, un dandi de las letras.
De Biblioteca Cervantes - Trabajo propio,
CC BY-SA 4.0,
hcommons.wikimedia.org



 Sin embargo, aquella tarde, Anita estaba casi en estado letárgico por otro motivo. Con resquemor y mano trémula, casi derrama el café en la mesa,  en cuanto me confesó que iba a entrevistar  a Umbral, del que le advertí mi devoción.- Quizá línea por línea sea de los mejores escritores, Anita.

- No lo dudo, Muna.

- A mi me sorprendió en Mortal y rosa - enseguida me disparé por la cantilena literaria - una maravillosa oda elegiaca a su hijo muerto, con toda la carga de poesía con la que nos mostró su  abatimiento más absoluto. Comprendí entonces toda la frustración que llevaba a rastras el desdichado. ¡Un hijo, ni más ni menos!
-Sí, es un grandísimo escritor, aunque.- Anita titubeaba.  



Mortal y rosa, sublime elegía,
que debe perdurar, por ser
el retrato más desgarrador del dolor
de un padre ante la pérdida de un hijo.

Pero en lugar de un triunfalismo, adivinaba en mi amiga un pesar, cuyas razones no acertaba a entender. Poco después comprendí las causas de tanta pesadumbre. Don Francisco, travestido de dandi caduco, con los pañuelos de Hermes que le regalaba Marichalar, al que nunca traicionó, o el sexo impúdico que asoma en cada una de sus novelas, en las que las cópulas tienen lo mismo de desabridas que de fantástico, hacían entrever a un personaje que se abalanzaría sobre mi amiga, de ojos jaspeados, carnes recias y un rostro por el que hubiera peleado por retratar el mismísimo Julio Romero de Torres. Una especie de cuento de Caperucita y el lobo, en una versión más moderna. Anita fumaba nerviosa, caótica, y dándome de razones de esta índole y de otras, más lo que imaginaba, podía ver la escena del pisaverde de cabellos marchitos que entre pregunta y pregunta, acabaría por alargar la mano más de la cuenta. Nuestra amiga, gran feminista, que nos había de pergeñar semejante historia, casi plasmó allí mismo, en el Central, el rubor que le produciría aquel momento. A mi sin embargo me vino a la mente, uno de los párrafos y  de los personajes umbralianos, que buscaba en los vericuetos alentadores del Retiro, a las viudas de la Guerra Civil, ahítas de soledad y que encontraban en la experiencia efímera, un pequeño brillo con el que lustrar sus vidas anodinas.



Cafés, verdaderos templos de la palabra, y el preciado líquido que
como suero de la verdad, nos arranca las más íngrimas confesiones.
Gentileza de pixabay


De esta guisa, pareció que Anita, iba a trasponer los Umbrales  del Infierno de Dante, en lugar de tener un logro importantísimo para su carrera incipiente como periodista - hablamos del año 2000.- ¡Deséame suerte, Muna!- Y antes de que abriese la boca, selló mi silencio con un beso precipitado que me dejó un rastro de carmín.- Perdón, estoy nerviosa.

- No pasa nada, Anita.- Le repuse, y enseguida me soltó otro beso despavorido, de urgencias inusitadas.

- Es para ir cogiendo fuerzas.- Se me había declarado en una relación que siempre fue de ten con ten, debido a que íbamos alternando con nuestras parejas en un baile de sentimientos, siempre contrapuestos. Aquella tarde me había escamoteado dos besos, muy sagazmente.  

Más tarde, cosido a esos pensamientos, me aparté de Anita, con el tráfago de Madrid, sobrevolando mis retinas. Estaba tan confuso por aquellas efusiones de mi amiga como preocupado por su entrevista. Al cabo de unos días, vino ella con su andar que remeda un baile, a un bistró de la Calle Huertas donde garrapateaba poemas. Asida de la mano de un maromo de cara procaz - empotrador se les llama ahora - le pregunté temerosamente a la vez que esbozaba una sonrisa de circunstancias. Se había separado del marinero en tierra - ¿Cómo fue, Anita?- Se suponía que sabía a qué me refería.

- El qué, cariño.

- Pues qué va a ser, tu entrevista con Umbral. ¿ Fue el lobo tan fiero como lo pintábamos?

Descendió dulcemente, para posar como un ángel su glorioso trasero en una silla cercana a la mía, y me contó que no hubo nada del fornifollar de sus personajes más sátiros. Le habían quedado en cambio unos aires de dulzura de aquella entrevista. Aparte de la archisabida fama de crear palabras, había descubierto en este innovador algunos vocablos desconocidos, le resultó un viejo muy comedido que alentó a la muchacha para que calmase sus nervios. Cada vez que fugazmente aparecía María España, su esposa y que como fiel tramoyista, procuraba que no faltase nada en la mesa camilla donde se desarrollaba la entrevista, ni siquiera el chocolate con soconuscos  (2) .Los mininos entretanto saltaban, se alborozaban y hacían fiu para seguir la estela de Doña María, que tenía sus dominios lejos de la pieza oblonga donde Anita iba preguntando al gran escritor, que parecía de cristal, trasparente ( las señales de su enfermedad). Todo un éxito, que mientras el fortachón se perdía en el bistró, me desgranó mi amiga.

No podía ser menos, lejos de aquella figura donjuanesca o la hosca del "quiero hablar de mi libro", a mi amiga se le había planteado una escena en la que revivió el amor de una pareja que se adoraba. - Ojalá tú y yo llegáramos a lo mismo.- Alcé los ojos para advertirle que venía el Hércules.- Es pasajero, si tú quisieses, Muna. Con todo, el esforzado vino para acallar aquella declaración absurda. Y seguí pensando entre la albórbola del bistró, que Umbral tenía una dilatada trayectoria literaria. Su profusa obra, desde el artículo que cultivó a las órdenes de otro grande, que fue su descubridor en el Norte de Castilla, Miguel Delibes, hasta la genial Mortal y rosa, o sus obsesiones por Don Ramón, en este caso Gómez de la Serna, uno de los mayores talentos literarios disipados, que desde la atalaya del Torreón de Serrano y una curiosidad por los artilugios, se erigió en uno de los más grandes genios de las letras españolas, por el que Don Francisco sentía más que devoción una atracción fatal. O las correrías con otro de nuestros grandes, Camilo José Cela, como el propio gallego, merecerán otros post.



(1) No olvidemos su ejercicio de quintacolumnista, que como una lechuza dejaba su impronta en la contraportada de El Mundo. El último periodista literario de rompe y rasga, digno heredero de los Mariano de Cavia, Cansinos Assens, y que pese a los esfuerzos enconados de Raúl del Pozo, nunca se le llegará a suplir. Los umbralianos le echaremos de menos, por esa sonrisa que nos cincelaba en un vagón de metro, cuando de camino al trabajo, nos embebíamos en su columna, una delicatesen que adorábamos.  


(2) Así comienza la escena del César visionario, un Franco que firmaba sentencias de muerte, mientras tomaba chocolate en la mesa camilla.





jueves, 19 de enero de 2017

Las torres de Londres ( "Ser o no ser")


Imaginemos a un individuo solitario, imbuido en los sueños más peregrinos. Camina con pisadas desvaídas por la City, donde se le amontonaban en la cabeza miles de parámetros, con los que  predecir el futuro: matemáticas fractales, paseos aleatorios. ¡ Vanas ilusiones! Aquellas tribulaciones acompañan sin embargo al joven, que se quiere hacer un hueco en la industria financiera. Pretende inventar algo diferente a la distribución normal o de Gauss, dado el problema de las colas largas ( no es una producción erótica lo que le carcome la cabeza). Os puedo asegurar que aquel imberbe iba con la cabeza gacha mascullando números, embutido en un terno, hasta que alzó la vista y se topó con las poderosas Torres de Londres. Poderosas por lo evocadoras que le resultaron. En el fondo, le  daban mala espina por el trágico final de los dos príncipes, que risueños si acaso principiarían en otros juegos ajenos al poder, cuando fueron asesinados. A pesar de que la controversia de quién fue el asesino del Principe de Gales Eduardo y de su hermano Ricardo, Duque de York, arrancó desde el mismo momento de sus muertes, 1485, aseveramos que sus ecos todavía resuenan en nuestros días (1). El  aspirante a financiero llega por fin al club donde le aguardaban impacientes unos amigos, aunque en la retina se le había quedado impresa la silueta gélida de la fortaleza. Hasta que pregunta a sus colegas londoners por la leyenda.


La versión de Shakespeare de Ricardo III,
emborronó su imagen y le acusó de perpetrar
el infanticidio en las Torres de Londres.
- ¿Has escuchado los lamentos de Eduardo y Ricardo, Muna? - Se esponja en una sonrisa llena de ironía Arthur, un joven  alunado. Trabaja en JP Morgan, y jamás le vi en ocasión alguna sin el traje de raya diplomática. - ¿ No me digas que tienes miedo?
- ¿Fue Ricardo III el que les "dio el pasaporte" a los muchachos?- Les hago llegar mis dudas inocentemente.
- ¿Cómo que Ricardo III?- Se destapa irascible,  y despierta de una presunta molicie el otro contertulio, Benjamin, que dormitaba en uno de los sofás del LJB, un recoleto local ornamentado con mucho gusto como si fuese un museo Art Deco. Quieren que hablemos español para homenajear las  noches tórridas que pasaron en la adolescencia en Benidorm, así que nos ahorraremos los esfuerzos que en medio de la disputa, nos llevaron a rebuscar sinónimos y a que hiciésemos traducciones de urgencia para entendernos, por no hablar de su acento similar  a cuando se mastica chicle ( no quiero pensar cómo les chirriaría mi inglés) .- ¿ Te ha comido el coco Shakespeare? El teatro es ficción, recuerda Muna. Su obra Ricardo III estaba hecha para consumo de la época.




Siniestra y gélida silueta que se apelmazaba en mis retinas.
Recursos de pixabay.com
- Entonces ¿quién asesinó a los jóvenes?
- Tampoco lo sabemos.- Repone Ben, esta vez más sosegado.-  James Tyrrel, Ricardo III, Henry Stafford, Margaret Beaford, o Enrique VII tenían intereses de sobra para hacer desaparecer a las criaturas.
- ¡¡¡Todo por supuesto para exonerar Ricardo III !. Ja, estos yorkistas - Se alzó airado Arthur.- Te ha faltado Shakespeare que todavía no había nacido.
- Cómo qué Yorkistas ni qué ocho cuartos.- Cada vez se agitaban más, hasta que el jefe de ambos apareció incólume, tras haberse pegado unos cuantos lingotazos. El resto de la velada se eternizó parloteando sobre los valores, velas y demás bagatelas financieras, pero cuando iba a coger el taxi para regresar a casa, Benjamin insistió en venirse conmigo. Recelé de sus intenciones, ya que su amigo nos miró con desdén.  

Así mientras luchaba con el vaivén del coche para no adormilarme, me fue informando de las dudas razonables que la historiografía oficial no había aclarado sobre aquel  acontecimiento funesto. Versiones sesgadas e interpretadas por actores que poco tuvieron que ver con los hechos, fueron con todo consolidando la leyenda de unos fantasmas, que sollozaban en aquella fortaleza reclamando justicia. Ben insistió que en su famoso History of the King Richard III  Thomas Moro, conocido por su Utopía, se había basado en los documentos escritos por Thornton, que a la postre sería secretario de Enrique VII 
- ¿Pero adónde quieres llegar?
- ¿Has oído hablar de La Guerra de las Dos Rosas , Muna?
- Algo me suena.


El vilipendiado Ricardo III
De Desconocido - National Portrait Gallery: NPG 148

Seguidamente, me contó que Ricardo III había sucedido a su hermano Eduardo IV, el padre de los dos infantes desgraciados. Sus súbditos admitieron su reinado por temor a una regencia plagada de incertidumbres(2). Historiadores recientes como Paul Murray Kendall en los años cincuenta del siglo XX, rebatieron la imagen de sátrapa de Ricardo III, desmontando parte de la leyenda de los infanticidios, para lo cual recurrieron a cartas y documentos de la época. - No creo que la madre de los hijos mantuviese una amistad tan tierna con su asesino. Lo demuestra la correspondencia.- No quise aventar la felicidad del rostro de mi colega yorquista, pero quién se atrevería a revelar su enemistad a todo un Rey.   
- ¿Entonces, qué pinta Thornton, Ben?.
- Thornton era el secretario del Rey Enrique VII que derrotó a Ricardo III en la Batalla de Bosworth. El desgraciado Ricardo murió en aquel campo de batalla. - Ben suspiró afligido ¡¡¡por un acontecimiento que tenía más de quinientos años de antigüedad!!!, lo que no le impidió seguir con su cháchara.- Qué mejor epitafio que echar cubos de inmundicia sobre el vencido para asentar mejor  en el poder a los Lancaster y poner fin a la Guerra de las Dos rosas. La historia la escriben los vencedores, Muna.
- ¿ Y Shakespeare?
- Shakespeare se basó en la versión de Thomas Moro, que a su vez se había basado en el relato de los hechos de una parte interesada, Thornton. Además, agregó detalles que causasen repugnancia al espectador, como su giba. El dramaturgo, lo que quería en realidad, era halagar a su reina Isabel, que provenía del linaje que derrotó al cruel Ricardo III.- De pronto llegamos a mi casa y me despedí de mi amigo, que socarrón me dijo- Anda, Muna, cómo pudiste sospechar de que quisiese ligar contigo. - Me guiñó el ojo y me puso morritos.- Un rosa blanca como yo, tenía que aclarar forzosamente que el pobre Ricardo no fue tan cruel como se suele creer. ¡ Qué descanses, amigo! 


Desde aquella noche, cada vez que pasó por las Torres de Londres, me digo intrigado por no saber nada de lo que ocurrió realmente, ¡¡¡qué ojalá las piedras hablasen!!! O si tuviese un Aleph, sabría a qué parte de la historia universal mirar ( Manual de instrucciones para conocer funcionamiento del Aleph de Borges).

(1) Ver entrada de Wikipedia sobre  asunto tan lúgubre que todavía nubla  nuestros días. 
(2) Ricardo III alegó que sus sobrinos eran en realidad hijos bastardos, todo un clásico de la época, para proclamarse él rey legítimo. Recuerdan los alegatos encendidos de la futura reina católica, que clamaba contra la legitimidad de una presunta bastarda, La Beltraneja, para hacerse con el trono de Castilla y suceder a su hermano Enrique IV.T oda una guerra civil que extendió un reguero de fuego por una Castilla partida en dos.



domingo, 15 de enero de 2017

Persona non grata

Siempre es dificultoso nadar a contracorriente. Cuando te acompaña la soledad más absoluta, y el eco de la voz de Jorge Edwards, que tañía con la hermosura del hablilla de los chilenos, se convierte en un soliloquio en una isla en la que sólo se murmura entre dientes, para no ser declarado un apestado por los servicios de inteligencia castristas. Hasta un Pablo Neruda, receloso y repudiado por las autoridades cubanas, le dice que aguarde un tiempo, y que se deje llevar por la prudencia. Su discípulo/subordinado en la legación parisina,  Edwards, le había informado de su decisión de publicar un libro, Persona non grata, que relatase sus desencuentros con la dictadura cubana, cuando ejerció no sólo de encargado de negocios del gobierno de Salvador Allende, sino que recibió el cometido de abrir la primera legación americana en tierras caribeñas, en 1971. Todo un desafío al Tío Sam, que no se andaba con chiquitas, como más tarde comprobó el ejecutivo de Allende y con el que se pretendía romper el férreo cerco contra la isla. A aquellas alturas, el divorcio de la izquierda intelectual europea con el castrismo se había evidenciado de manera muy abrupta. La invasión de Checoslovaquia en 1968, por entonces satélite de la Unión Soviética, recibió el oprobio general, dado que abortó una iniciativa de llegar a un socialismo más humano que el denominado real.


Autores como Vaclav Havel o Milan Kundera eterno aspirante al Nobel, han descrito de forma magistral las vivencias en la Checoslovaquia de una época llena de amenazas poco veladas: La broma, en una carta que le cuesta la reclusión en un campo de adoctrinamiento y trabajos forzados al protagonista o La insoportable levedad del ser . En estas obras, cuyo trasfondo son aquellos días de asechanza, Milan afronta cómo se laminó  a los que tomaron parte de la conciencia reformista del Socialismo con rostro humano ( él fue protagonista en primera persona del torbellino de hechos, que se comenzó a fraguar en el año 1967) . Catedráticos que limpiaban cristales, o el líder del partido comunista y Presidente, Alexander Dubceck que pasó de regir las elevadas instancias del régimen a guarda de un bosque, fueron las represalias más comunes. Como curiosidad, añadamos que un inquieto y gran Miguel Delibes, otro de los damnificados por la política errática de la Academia, analizó en un pequeño opúsculo, las circunstancias que rodearon a la famosa Primavera de Praga (1) y las razones por las que se frustró aquel intento de humanizar un régimen inmisericorde con cualquier atisbo de cambio. Como sabemos, los tanques relegaron cualquier retórica de libertad en Checoslovaquia. 


Los tanques relegaron cualquier retórica de libertad en Praga
De ALDOR46 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30617555


El disenso entre Fidel Castro y los intelectuales surgió entonces, a raíz de los acontecimientos de Praga. Fidel mostró su apoyo sin fisuras al golpe de mano del Kremlim, dando por finiquitada la luna de miel con los círculos culturales europeos de izquierdas e incluso de derechas, que abrigaban en el castrismo las esperanzas de una Latinoamérica que escapase de la influencia norteamericana(2). Ese fue su principal aval, aparte y por encima del ideológico. Pues se observaba desde la lontananza a Cuba como una economía eminentemente agrícola, que con unas inercias difíciles de revertir, precisaba de tiempo para salir desde su postración. Fue Praga, el fiat lux que hizo vislumbrar a muchos hombres de la cultura, el autoritarismo sin ambages de los Castro.  Desde aquel momento, el Comandante también receló de los intelectuales, por lo que la llegada de Jorge Edwards, ¡¡¡un escritor!!! fue de lo más inconveniente. De vez en cuando, la beligerancia no llegó a extremos muy acres, por lo que se deduce de las páginas de Persona non grata y el propio Comandante se toma la molestia de condescender a  las necesidades de la legación chilena. Otras el retrato es más fiero, como cuando se reproducen las habladurias que había suscitado la  vehemencia con la que Fidel había conminado a Nikita Kruschev  a comenzar la guerra nuclear en Cuba, en 1962. El ruso según aquellos rumores, le repuso que ellos querían "seguir viviendo"


Cuba por su oposición al Hermano Mayor, que se metía
en las cuestiones de política interna, con rabiosa frecuencia,
se ganó la simpatía de muchos intelectuales europeos.


No sabemos si a guisa de excusa, el escritor chileno describe las decisiones políticas de las autoridades castristas como alejadas de las intenciones del ejecutivo de Allende para Chile, donde había emprendido las primeras expropiaciones/ nacionalizaciones. Sin duda, no cabían las mismas soluciones para los dilemas del país austral, repite Edwards en este opúsculo, novela autobiográfica. Su país no soportaría según el diplomático un duro control del estado, que en Cuba tenía ojos y oídos por doquier. Es más, la vilipendiada derecha, al menos una parte de ella con razón, no permitiría retrocesos en la calidad democrática, y Allende se movía por un fino alambre, no quería que le identificasen claramente con el comunismo. Huía de semejantes parangones, pero al mismo tiempo tenía escaso margen, pues  había expropiado y nacionalizado. ¿Cómo diferenciarse entonces?  Es en el prefacio Persona non grata donde nos encontramos sin embargo, con uno de los argumentos de mayor peso para explicar las razones por las cuales todos experimentos del llamado socialismo real han fracasado estrepitosamente. Amén de su afán por tratar al ser humano como el légamo  de sus quimeras,el literato chileno advierte que ninguna economía en la historia ha funcionado "con estímulos morales"



El joven diplomático se enfrentó a verdaderas dificultades
 en su periplo cubano, y cuando publicó Persona non grata,
fue abiertamente vilipendiado.
De Rodrigo Fernandez - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22088691



Otros puntos de interés en Persona non grata  son las relaciones de Edwards con Pablo Neruda, toda una celebridad, aparte de diplomático ( es curiosa la larga tradición de diplomáticos en la literatura latinoamericana: Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Mario Vargas Llosa, los casos que tratamos aquí). Así, nos desvela los entresijos de la concesión del Nobel al poeta chileno. Según el testimonio que nos deja esta novela, había un miembro del jurado receloso, de ideas liberales, que se oponía a la concesión del premio a Neruda,  por cómo el chileno había profesado la fe estalinista, de la que por supuesto tampoco se retractaba. Que dicha persona pasase a abstenerse, sirvió para que se reconociese de acuerdo al criterio del ubicuo crítico literario, Harold Bloom, al poeta que no admite comparación alguna en el hemisferio Occidental con el Premio Nobel de Literatura de 1971. Si aquel miembro liberal no hubiese cambiado el sentido de su voto, nos habríamos despachado con una de las mayores injusticias literarias de la historia. Y no ha habido pocas.  

Quizá esta novela no sea lo mejor de la producción literaria de Edwards, pero como curiosidad histórica - revela muchos de los entresijos a los que se enfrentaba el gobierno de Allende- o nos muestra las vicisitudes del Partido Socialista francés, para elevar a Francois Miterrand a la más alta magistratura del estado.  Chile era entonces observado como el laboratorio de las nacionalizaciones que llevaría a cabo como sabemos el político galo. Neruda afirmaba que el verdadero futuro del comunismo se decantaba no en Vietnam, sino en su querido país. Echaba de menos el apoyo de Moscú a sus nacionalizaciones, que les obligaban a batallar con medio mundo, con las fuerzas de un país  pequeño. Por otra parte, las similitudes con la época actual son evidentes, por la forma en las que el partido comunista francés más beligerante y que recababa en apariencia el favor del electorado, luego en las urnas se eligió la opción más templada, empujaba  al partido socialista a políticas más heterodoxos.  Por todas estas razones, unidas a la gran pluma del novelista chileno, Persona non grata es un libro muy recomendable, que te seduce desde las primeras líneas.

(1) La Primavera de Praga, que comenzó cuando dos estudiantes se quemaron a lo bonzo, reclamando más libertad. Fue la espita que encendió las energías reconcentradas en la sociedad checoslovaca. Muchos albergaron grandes esperanzas en las primaveras árabes, o musulmanes, para hablar con más propiedad, y establecieron parangones con la rebelión de Praga del año 1968, sin embargo, estos movimientos han traído un claro mapa de inestabilidad Ver link de Wikipedia sobre Primavera de Praga.
(2) Mario Vargas Llosa creyó en los Castros, como factor que iba a galvanizar a una América hispana, para que se zafase de las directrices de Washington. Les parecerá increíble a aquellos que no conocen de su evolución ideológica. Don Mario recuerda, tan dado a las profusiones históricas que en este caso son más que convenientes, que el día de la Hispanidad, en realidad, fue una ocurrencia para acercarse a la madre patria, y así escapar del influjo deletéreo de los yanquis. Una forma de reafirmar lo propio frente a una cultura invasora. Por eso, más tarde le rechinaban las idealizaciones del indigenismo, que fue víctima de una conquista atroz, pero que también sometía sin escrúpulos a sus vecinos, a los que un rastro de sangre. El Mr Danger de Rómulos Gallegos, responde al estereotipo del americano que con su ignorancia casi todo lo pisotea. Por lo que la tarjeta de presentación de Castro, como el último bastión frente a los todopoderosos americanos, que hurgaban en la política interna de los países del cono sur de forma burda e instigando golpes de estado. Querían de la manera más torpe, la que es fruto de la congoja, aventar la sombra de los comunistas que sacudía como un fantasma ciego a los países de 

miércoles, 11 de enero de 2017

La Krakatita (el Azogue, 100 megatones de post)


"El hombre jamás será esclavizado por las máquinas si al hombre que maneja las máquinas, se le paga bastante bienKarel Capek


¡¡¡Casi sin darnos cuenta hemos llegado a las cien publicaciones del Azogue!!! Para celebrarlo haremos un pequeño guiño a la literatura fantástica checa, una gran desconocida sino fuese por el empeño de unas pocas editoriales románticas, que a pesar de la barrera de la lengua, se atrevieron a desafiar cualquier corsé económico o presupuesto previo, para que brillase por puro romanticismo una literatura que vale sus quilates en páginas inolvidables. Dentro de este género, aunque no figurase en el panteón de los antihéroes literarios, Prokof, el personaje de la novela  La Krakatita (1), merecería aparecer o cuanto menos tener un pedestal como valiente, carente por supuesto de cualquier épica. Hablamos de un inocente pero gran científico, que descubre la krakatita por casualidad, tras una gran fumarola que mana abruptamente en su laboratorio, sustancia que por lo demás contiene un poder destructor inusitado. Sin embargo, su hallazgo será accidentado, y atolondrado por el estallido, vaga por las misteriosas calles de Praga, envuelto en su neblina sempiterna. Evoca el calor de su pieza, mientras en un estado alucinógeno, se alternan las imágenes oníricas, los espejismos que su mente exangüe y esquiva, borda en su subconsciente. Este estado lamentable, será aprovechado por un antiguo compañero ingeniero, Tomes, un auténtico piernas, jugador, mujeriego, al que los bolsillos se le llenan de telarañas, y que le arrebatará  la fórmula magistral de la krakatita, que como recalca Prokof, se encuentra en la materia. En realidad es su pegamento, cuya liberación provoca oleadas de energía, que arrasarán ciudades, parajes de una hermosura insólita

A partir de ahí, comienza una trama propia de orates, con escenarios tan vívidos, que no resulta extraño que se llevase la vibrante obra de Karel Capek a la gran pantalla, en un par de ocasiones. También se suceden los géneros narrativos, desde el folletín que  su autor lleva a término primorosamente para  describir cualquiera de las relaciones del pudoroso Prokof con el sexo femenino, así como las novelas de espionaje, intriga, de humor. A medida que el drama y la epopeya crecen en intensidad, emerge otra vez el humor de Capek, que nos fustiga con las flatulencias de los caballos, o sus personajes secundarios deliberadamente grotescos. Otro tanto ocurre en las primeras páginas en las que el afiebrado protagonista sueña con mundos imposibles que nos retrotraen a lo mejor de la filmografía de Fritz Lang - como recoge en el prefacio de La krakatita, recoleto pero maravilloso,su traductora Patricia Gonzalo de Jesús.



El afán competitivo de los científicos, como denuncia
en esta divertidísima novela Kapek, nos arrastra
a las peores pesadillas




A Capek le conocíamos por RUR, una de sus piezas teatrales más famosas,a la que le debemos el término robot, que en checo significa trabajo físico. Una obra que repite las constantes de la narrativa del checo, y en la que por tanto nos asomamos a una atmósfera futurista, misteriosa, donde los números y la fabricación en serie de esas criaturas hechas de retales de metal y con circuitos en lugar de sangre u órganos, cobran consciencia de su ser. Se mercantilizan los sentimientos y pasiones que los autómatas son capaces de recrear(2).  No revelaremos el insólito final, que podría haber firmado George A. Romero (3) y que nos invita además de a sobrecogernos,por encima de todo, a reflexionar acerca de los derroteros que estamos recorriendo. No quisiéramos resucitar los fantasmas del ludismo, basado en mitos, si bien, es conveniente reseñar en cuanto a la difusión de la robótica u otras tecnologías, aun cuando huelgue decirlo,que la innovación debe estar siempre al servicio del ser humano.  Esperemos que las futuras Robots Universales Rossum (RUR) tengan en cuenta este aserto, tan importante para que la innovación no crezca como una hidra que carcoma al ser humano. Esta es la reflexión implícita en RUR, creación divertidísima y de gran altura literaria por otra parte.


¿Se rebelarían los androides cuando
desarrollen las emociones y los sentimientos?



Como decíamos,  el autor checo traspasa muchos géneros con este divertido engendro literario, que es  La kratatita. A ratos al lector le invadirá la sensación de transitar por el género policiaco o tan pronto delira con el folletín, que esconde capas e historias de amor. Igual que en RUR, si queremos escarbar más allá de la superficie, nos toparemos con un alegato antibelicista, en el que Capek no deja títere con cabeza. Pone en el punto de mira a la comunidad científica, a la que acusa que por un espíritu pretendidamente deportivo de superar al adversario, no mire más allá ni tenga en cuenta cuáles serán las consecuencias éticas de sus descubrimientos. Así, por lo adelantado de estos dilemas, recordemos que la obra se escribió en 1924, el lector más moderno recordará las cuitas de un Albert Einstein veinte años más tarde.No en vano,el científico judio había avalado con una firma y una panoplia de razones en el famoso Informe Maud que EEUU desarrollase su plan de armamento nuclear. Dicha experiencia lejos de reconfortar, y en muchos casos fue tenida como un desafío intelectual y técnico, más tarde provocó auténticos tormentos. Oppenheimer v.g. no se recuperó de aquel estigma que le atormentó hasta el final  de sus días. Las dimensiones éticas del mismo, escaparon o bien quedaron eclipsadas por una amenaza nazi, que a la postre, hemos sabido que iba desencaminada por el obcecamiento de Schrödinger por unas criticidades irrisorias. Capek se adelanta con Krakatita a todos esos dilemas de clara índole etica. Quizá si Einstein o Schrödinger hubiesen leído esta novela, no habrían abocado a los contendientes a una carrera armamentística, que a la postre  ha tenido al mundo  sobre el alambre en más de una ocasión.



Hórridos espectros de un mundo sumido en el
invierno  de una guerra nuclear han alentado
afortunadamente,la imaginación de los escritores
de ciencia ficción.
.

(1) El nombre evoca a la gran explosión del volcán Krakatoa, la mayor documentada, como nos recuerda este hilo de  Tour Historia.
(2)  ¿En algún momento llegaremos a ese estadio, en el que las máquinas sientan emociones? Será interesante entonces recuperar a autores como Capek o Phlilp K Dick, que nos han allanado mucho el camino con sus reflexiones. En este particular el futuro que nos aventura el científico Stephen Hawking es mucho más sombrío, puesto que avanza una futura rebelión de los autómatas en la cual se verá comprometida hasta nuestra existencia.
(3) Recordemos que filmó con sólo 28 años La Noche de los muertos vivientes en 1968.

domingo, 8 de enero de 2017

Muertes de perro


Boquiabierto, y luego con una sonrisa socarrona, se dirigió un asistente a Don Francisco, tras la conclusión de la conferencia. Ojos todavía alucinados, pues lo que había contado el escritor granadino en su disertación, se correspondía exactamente con la realidad de su país. - Usted refleja exactamente la realidad de mi país. Conoce muy a fondo los entresijos de nuestra política.- Aludía a la ficción de Muertes de perro que es atemporal y revela fogonazos visionarios para el lector, incluso el contemporáneo (1). El admirador compungido de Francisco Ayala –parecía un Cristo lánguido de un retablo barroco -  hablaba de su país, Nicaragua, y decimos compungido porque nuestro escritor granadino le repuso que jamás había estado allí. Tratando de salir de su íngrima zozobra, insistió que había personajes de la vida política nicaragüense perfectamente retratados en la novela. Sin embargo, como afirmaba el intelectual español, no se había inspirado al menos de forma consciente, en ninguno de los regímenes que salpicaban el continente americano (curiosamente en algunos prontuarios de la obra se cita la dictadura de Perón, que no llegó a dar ningún golpe de estado, aun cuando su régimen tuvo ribetes formales de dictadura) o en la que había provocado su salida al exilio en España, la del Dictador Franco (2).


Los dictadores en el punto de mira, de un escritor
genial y elocuente, que invita al lector a discurrir
por varios caminos al unísono.
Gentileza de Wikipedia
Ayala es sin duda un novelista de gran hondura intelectual, que a guisa de ironía, revierte las relaciones intertextuales que afloran en su obra, fruto, más bien consecuencia de una gran erudición ( es un escritor hecho  a partir de sus múltiples, casi infinitas lecturas) . Aunque más que de una influencia directa de otras piezas literarias como afirma en su estudio Germán Guillén: “ por tantas reminiscencias literarias como en ella se traslucen y por otras resonancias del mismo tipo perceptibles en lenguaje y estilo, le sitúan en una tradición novelesca que tiene en Valle-Inclán su exponente más caracterizado.” (ver fabulosa recension de la obra de Germán Guillén) La raigambre más directa que observamos de otros autores en Muertes de perros, y el parangón casi obligado, es efectivamente con Ramón Valle- Inclán, que abordó por primera vez la degradación de los regímenes dictatoriales, en Tirano Banderas con su habitual estilo fastuoso y prosa magistral que el gallego entrevera, para  alumbrar un género, el de los sátrapas, que han cultivado posteriormente entre otros, Miguel Ángel Asturias o el caso de Ayala. Con todo, es una viruela ideológica que no ha abandonado al continente americano, que coquetea como en una especie de  péndulo malévolo, ora con regímenes autoritarios de derechas, ora de izquierdas, con o sin el formalismo de las urnas.

Sigue por otra parte Germán Guillén, que “quizá pudiera aducirse alguna relación con la manera de novelar de Pío Baroja, pero la verdad es que, por encima de filiaciones y parentescos, la novela de Ayala revela una personalidad original, una personalidad única, a propósito de la cual es más justo hablar de utilización y comunicación con otros textos que de influencias de éstos sobre los suyos”. Resuenan como ecos, aportaciones de Balzac, Galdós derivados más bien de su pasión lectora. Muertes de perro es una novela en cuya elaboración original entran elementos muy varios, materias primas muy diversas. Son por otra parte muchas las conexiones con el Quijote, episodios en las que Ayala intercambia personajes y sin interferir sino enriquecer la trama, nos hace un guiño a los lectores para que descubramos lo que muchas veces se esconde tras sus relatos, convertidos en verdaderas muñecas rusas en la que los diversos textos a los que hace referencia o muñecas, se comunican entre sí y con el relato pergeñado por él.

Fabulosa novela atemporal, en la que existen
por tantos elementos identificables por el lector,
de la historia de su propio país.

Sorprendente es el mismo comienzo de Muertes de perro. El narrador de la historia, un discapacitado que observa el devenir raudo de los acontecimientos que se suceden tras la muerte del Dictador Bocanegra, y que apela al lector más como espectador de unas imágenes de dolor y desesperación que siempre se nos vuelven lontanas. “ Estamos demasiados acostumbrados hoy día a ver en el cine revoluciones, guerras, asaltos y asonadas, todas esas espectaculares violencias, en fin, donde la bestia humana ruge ” Quién se resiste a un inicio, en el que todo se desenvuelve aparentemente  con una rapidez embriagante, en un deliberado juego de espejos. Aparentemente porque el narrador vuelve a atemperar los ánimos de un lector sobrecogido, cuando asevera que muy al contrario de esos falsos clichés, el ritmo de los hechos en esta tesitura reseñada en la que un país camina por el filo, es lentísima, llena de esperas e incertidumbres. El resto de páginas discurren con el tono de la historiografía debido a los retazos de documentos oficiales, testimonios y diarios de los protagonistas de la historia de aquel país imaginado. Visos de una verosimilitud, que quizá indujesen al asistente a la conferencia que señalábamos en el primer párrafo, a creer que la obra tenía demasiadas pinceladas de realidad.

Y del gran Ayala, aparte de una personalidad multidisciplinar, licenciado en derecho, sociólogo, renacentista en suma, consignemos que provenía de una familia granadina numerosa y de rancio abolengo, venida a menos. No obstante, Don Francisco quiso que se le recordase más como literato, porque la sociología evolucionaba al compás de las sociedades, mientras que la literatura, según su concepción, tocaba elementos intangibles y atemporales del ser humano. Vivió en cualquier caso una infancia austera, hasta que aprobó la oposición de letrado de las cortes durante la II República, y lo que parecía que iba a ser una vida plácida, transcurrió por culpa de las convulsiones del país en el exilio y con una dedicación plena a la literatura, que sirvió con devoción.  En su obra que fue desarrollada fundamentalmente en el exilio(3), lejos de pasar factura por sus circunstancias personales, intenta tomar la suficiente distancia como corresponde en su opinión a la intelectualidad, que debe trascender de su tiempo (nos evoca en ciertos pasajes a las reflexiones de Octavio Paz). Sus relatos y otros ejercicios de una amplia panoplia narrativa adolecen de ningún resentimiento contra los vencedores de la Guerra Civil. Tañen las emociones de los protagonistas de aquellas historias, sentimientos de odio, añoranza, congoja que sería fácilmente identificables en otros conflictos. Es en lo imperecedero donde escudriña para fijar su atención el gran Francisco Ayala(4), que hoy fue objeto de nuestros desvelos.
(1) Las loas de “¡Viva el PP!” que serpentean por varios párrafos de la narración de Ayala, nos hacen esbozar una sonrisa. En la novela hacen referencia a Bocanegra, el sumo dictador, que antes protagonizó las protestas y la demagogia, precursora del asalto al poder.¡ Viva el Padre de los Pelados! juventud a la que se acercan los arribistas y que con su vehemencia llevan en volandas a Bocanegra a tomar las riendas de este país, lengua de tierra en ninguna parte y en todas a la vez.
(2)  Recordemos la fecha de publicación de la obra, 1958, a fin de situarla en su contexto. 
(3) Ayala conoció en dicho exilio a personajes de la talla de Gabriela Mistral, a la que profesó verdadera amistad pese a sus evidentes rarezas. Con Neruda su relación fue más tibia, por el ardor que manifestaba el chileno por la causa estalinista. 


La gran poeta y Nobel chilena, conforman
el extraño universo del exilio que conmovió a
Don Francisco Ayala.
Gentileza de Wikipedia.

(4) Una teoría sociología original que quizá mamase de un Ortega y Gasset, del que fue epígono en su dilatada trayectoria. Según el también inveterado sociólogo Ayala, corren paralelos dos tiempos en las sociedades modernas, que provocan en el hombre contemporáneo, mucho desasosiego. Uno es el tiempo de las innovaciones - no sólo tecnológicas también ideológicas o de otra índole- que trepida raudo en su propio reloj y otro, el tiempo más humano y de las sociedades que requiere procesos de adaptación demasiado desabridos que nunca llega a ponerse a la altura de los cambios. Por eso, resuenan los goznes de dicha inadaptación en las revoluciones, o al hombre moderno le cuesta mucho reconocerse en tiempos tan cambiantes. El análisis de Ayala serviría para acercarnos a los efectos de la tan traída  Cuarta revolución industrial.

lunes, 2 de enero de 2017

Sobre escritores y tumbas


El frío azulado de París se cernía sobre las espaldas recias de un joven, que caminaba aterido sin rumbo. Había disimulado su desconcierto como sólo se logra en una gran ciudad, donde los destinos personales son como ínfimos granos de arena, aunque el recuerdo de aquellos días, todavía le sobrecogía. Casi cuarenta años después, en 1974, conquistaría esta urbe con una novela devastadora, con la que curiosamente cerraba su ciclo narrativo, Abbadón, el exterminador. Una pieza hecha de retazos, que invaden las retinas de los lectores, con hechos verídicos de la historia argentina, esquirlas filosóficas lanzadas al desgaire, y pinceladas de una imaginación, que ya fue descollante en Sobre héroes y tumbas (que por momentos nos trajo a la mente al gran Robert Artl por esa capacidad de crear mundos y personajes oníricos, v.g. El Astrólogo) .El mundo de los ciegos, según la maledicencia, era una referencia velada al gran tótem de las letras argentinas, Jorge Luis Borges, con el que los mentideros literarios, le atribuían una cordial enemistad, o unas relaciones  a veces crispadas, que no habían aflorado si no es entre bambalinas(1).
Sabato, intelectual y escritor de grandes
vuelos (Gentileza de Wikipedia)

 Sin embargo, Ernesto Sabato, se molestaba en reseñar que en ningún caso había una alusión a la ceguera de Borges, al que reconocía sinceramente como el gran maestro de las letras argentinas, sin ambages ni rémoras por cuestiones ideológicas. Era verdad que estaban en las antípodas políticas, y Sabato subrayaba con  voz argentina, casi de docente, que si se oponían al peronismo era desde posiciones diametralmente diferentes. La de Borges, conservadora y que respaldó a la postre los movimientos de sables, frente a la suya, en la que creía en otro tipo de socialismo, que albergase las libertades individuales tras lo que él consideraba fracaso rotundo del socialismo real. En cierta medida, Sabato no desdeñaba el justicialismo en sus fines. Y qué decir de Borges, acaso el mejor escritor del siglo XX línea por línea, al que postergaron probablemente por estos devaneos con las dictaduras autoritarias de derechas, en el malhadado Nobel.


Insistimos que nuestro protagonista había vislumbrado esta derrota del socialismo real mucho antes, en el año 34, cuando no pudo disimular el desconocimiento de los crímenes del estalinismo ( más tarde hizo su crítica extensible a Lenin y toda la miríada de líderes soviéticos) . Únicamente hacía falta escuchar y no apartar la mirada. Aquella noche de  recuerdo infausto, había discutido arduamente por esta razón con su superior jerárquico en el partido comunista, en una pieza pequeña ¡¡¡pero caliente!!! Al igual que tantas otras veces, Ernesto había tenido una revelación que le obligó a dar un fuerte golpe de timón que le hizo virar de rumbo. Le declaró entonces a su compañero de partido, que había dejado de creer en el comunismo. Así que con un vocerío in crescendo, tomó la determinación de abandonar la lucha en medio de la noche. De esta guisa, con el único techo de la bóveda celestial, se pateó medio París e incluso estuvo barajando la posibilidad de hacerse detener por un delito menor, con el fin de dormir caliente en el calabozo. Había rodado varios días por los empedrados de la gran ciudad, hasta que una persona se conmovió de su estado- le brillaban los ojos con sólo el recuerdo- y le acogió en un cuartucho, que para él, que dormiría más tarde en los mejores hoteles, le seguiría pareciendo el más confortable del mundo. De vez en cuando, temblaban las paredes de aquella covacha, por el paso del tren que venía precedido de unas campanillas, que le obligaban a guardar una vigilia llena de sobresaltos. 

El sanguinario dictador, removió la convicción del genial
Ernesto Sabato. (Gentileza Wikipedia)


Estos cambios de rumbo, tan súbitos, se tornaron con el paso del tiempo en un sello personal. El autor de El túnel fue un intelectual "herético" con el comunismo, y también con la ciencia, porque se percató  de que no compartía la misantropía de sus colegas de profesión, sobre todo la de los dedicados a la astronomía. "Son todos lunáticos" reponía con las piernas trenzadas y gesto adusto,  en cuanto evocaba aquella época en la que se relacionó con físicos y astrónomos, que de tanto mirar  a las estrellas, se habían olvidado de lo que tenían más cerca: los seres humanos. Sin duda, el protagonista de nuestra entrada podría haber sido un gran científico, un Juan Martín Dalmacena de nuestros tiempos, y de hecho lo fue. Obtuvo becas para completar su formación en los mejores Institutos de Física europeos, y llegó a ser uno de los teóricos de la relatividad más reconocidos no sólo de Argentina, hasta que para lo que algunos físicos tacharon como un verdadero acto sacrílego, decidió abandonar la investigación que era el summum de la profesión (3).

  
La ciencia de las estrellas, que nos aleja según Sabato de
nuestros congéneres, un complejo universo dentro del Universo.


El surrealismo prende en este héroe - durante sus estancias en París por motivo de estudio-, y le cambiaría el sobretodo del laboratorio por el gabán de bohemio. Comienza el idilio con las letras, que no concluirá hasta que expire con sus últimos suspiros. Quizá como recuerdo de sus tiempos de vagabundo le viniese la pasión por quemar sus propios borradores, para invocar un calor que le faltó en aquellos días de tribulación. O en el afán de perfeccionismo del científico, que en el laboratorio, lleva a cabo infinidad de pruebas, hasta que da con la tecla. Según la leyenda, quemó novelas completas, y es que le parecía irreverente no escribir y estar a la altura. Su listón elevadísimo, ni más ni menos que el gran Quijote de Cervantes, le abocó  a esa pasión por el soplete que sólo igualase Ray Bradbury en su obertura de Farenheit 451 . No es difícil, que nos entren  convulsiones, a la vez que imaginamos el número de obras maestras firmadas por Sabato,que fueron pasto de las llamas. Con  llegar a  ser una misérrima parte de excelentes al resto de su producción publicada, disfrutaríamos de verdaderas joyas literarias: tres novelas, relatos, o cualquiera de sus ensayos, . ¡¡¡Una pena, su apego a la combustión!!! Como intelectual de gran talla, Don Ernesto se prodigó con mucho talento por infinidad de géneros y cubrió un amplio espectro del saber, desde la física cuántica, la psicología, a la sociología. Nada se resistió a esta mente prodigiosa.

(1) No es difícil rememorar la hiel que entrañó la relación entre Pablo Neruda y Octavio Paz, que el mejicano condensa a la perfección en su famoso.: "Musito el nombre Pablo Neruda y me digo: lo admiraste, lo quisiste y lo combatiste. Fue tu enemigo más querido." Ver la amistad del tamaño que les unió en este magnífico blog  Parece que las rencillas vinieron a propósito de la inclusión o no, de Miguel Hernández, eximio poeta español, en una antología dirigida por Octavio Paz. El autor azteca en cambio, dijo que las desavenencias vinieron debido a que Neruda no creyó reconocido su genio en ese mismo prontuario.
(1) Faltaba la peor de todas las crisis provocadas por el estalinismo, la hambruna de Ucrania del año 35, que tiene dos hitos literarios que se han rescatado recientemente. En primer lugar, Todo fluye de Vasili Grossman, inconmensurable pieza narrativa, con reverberos poéticos. Por otro lado, El niño 44, más que entretenido thriller, que nos arroja luz sobre una época en la que el miedo estaba instilado en la maquinaria social, como un instrumento más de control. Hasta tu pareja podría colaborar con los agentes de inteligencia y acusarte de desviacionismo. Pues en los años cincuenta- sesenta, se tienen que investigar unos crímenes, cuyo punto de partida es el hambre atroz de los años treinta en Ucrania. 

(3) Los científicos son los pontífices de la nueva religión moderna que atisbara Karl Popper y por tanto, dicha renuncia causó conmoción en la comunidad investigadora. Sobre todo porque renunciaba por algo tan subjetivo como la literatura, y para más subjetividad, el surrealismo, el mundo de los sueños. Alguien que había dedicado sus desvelos hasta la fecha por lo puramente objetivo que es la ciencia ( que por mucho que les pese a los científicos, basa buena porción de sus deducciones en la especulación).