viernes, 28 de abril de 2017

Mona Lisa y el rapto de su sonrisa


Podría haber sido una cabaretera, una meretriz cualquiera que nos secretase su tarifa en la  Babilonia de Heródoto o incluso una esfinge egipcia; tantos papeles interpretados por la jocunda señora, que siempre ha sido muy polifacética en nuestra mente calenturienta. Por lo demás, sabedora de los secretos más recónditos de monarcas, se malquistó con emperadores- fue una de las prerrogativas de Napoleón, que colgase de la pared de su gabinete: algunos autores sugieren que el conquistador se inspiraba haciendo sus necesidades, en los trazos de Da Vinci. Quizá sea éste el origen de su  sonrisa sempiterna, pese a que los expertos nos hablen del esbozo y la técnica empleada por el artista italiano, que engaña a nuestros ojos. Pero la muchacha nos parece susurrar en relación a Bonaparte o por lo menos nos lo imaginamos, que no la tenía tan grande.Claro que para los mal pensados, aclaremos que se refiere a la inteligencia del corso. En otras ocasiones raptada y cuyos orígenes por supuesto inciertos, son fuente de disputas entre los entendidos ¿En realidad Leonardo había retratado  a El Salai, su discípulo y amante predilecto  y por lo tanto la Gioconda era él y no ella?  ¡ Es tan sublime en cualquier caso su misterio, que resultaba inevitable que cualquier visita a París, no acabase delante de la Mona Lisa y de la Torre Eiffel

Del Museo del Louvre recordamos nuestros trancos fugaces, sigilosos como gacelas hasta que llegábamos sin resuello a la sala,  y nos topábamos con una nube de turistas, rodeando a la noble dama. Todavía preso de una incertidumbre, les decía a los hijos de nuestros invitados, que acaso la Mona Lisa hubiese desaparecido y no pudiésemos contemplarla. Entonces, Roger el hijo más flemático de unos amigos, a sus seis años, me contestó que "los cuadros no tenían patas" - Pues hubo una vez que un tal Vincenzo Peruggia, disfrazado con el blusón blanco del personal del mantenimiento del museo, que.


Sus ojos nos persiguen
Dominio público,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=689791


- ¿La robó? - Me interrumpió con tal de evitar toda mi prosodia. Asentí levemente con la cabeza, pues quería fascinarle con esas pequeñas miniaturas del arte, como si fuese un Stefan Zweig de pacotilla.- ¿ Y cómo se la llevó?- Me preguntó todavía incrédulo. Le expliqué el proceso de Peruggia, que sorprende por su simplicidad.

El caso es que salvado el pavor de los primeros instantes, y tras cerciorarnos de que la musa no se había marchado de allí, Roger me guiñó un ojo cómplice. Me escabullí seguidamente entre la muchedumbre que con sus ayes dejaron más que patente su asombro y alguno de ellos, patidifusos, no pudieron borrar las expresiones estultas, que orlaban sus caras. El lienzo provoca reacciones inefables, hasta una muchacha hipaba. De esta guisa, revolotee por la sala y la Gioconda me sonrió y lo que es peor, me persiguió  socarrona con su mirada. Es curioso el extraño efecto que nos hace creer a sus observadores que nos dedica su atención en exclusiva, hasta el punto de que nos creemos seducidos por sus encantos y convertidos en los protagonistas de sus sueños.  Súbitamente,Roger padre me sacó de mi deliquio.- ¿Oye, Muna, has visto el setenta y dos del puente?
- ¿Qué?
- Sí, dicen que hay pintado un setenta y dos en el puente, y como es el año que nací, imaginé que me traería suerte. - Se encogió de hombros, pues jamás pensó que desconociese este hecho que escuché alelado. Se le había caído el mito de sabelotodo, que había fabricado en torno mía.

Con todo, he de confesar que aparte de las cábalas de números, siempre me asaltaba la misma congoja antes de acudir a la cita con el cuadro, porque nos imaginamos aquel año 1911 el semblante del pintor Luois Beroud, que creyó ser objeto de una broma cuando se encontró el inmenso vacío que tachonaba la pared, donde había estado colgada la obra de Leonardo. De una guisa desconsolada, los hombros achaparrados, en cuanto entendió que La Gioconda que pintaba todas las mañanas había desaparecido y que no se trataba de un mal onírico, Beroud denunció a la policía el enorme caso que se les iba a presentar. El museo se clausuró entonces durante una semana, y las autoridades se habían planteado cerrar las aduanas del país para que el ladrón no saliese con la obra maestra bajo el brazo, allende las fronteras. Los ecos del caso iban a alimentar los rotativos de medio mundo con los motivos de su desaparición y acrecentarían la fama de un cuadro bastante legendario.


El hueco dejado en los corazones franceses, que contuvieron la
respiración al conocer la pérdida
De Desconocido -
 "The Two Mona Lisas" by Walter Littlefield,
 article from Century Magazine,
Vol. 87, N° 4 (Feb 1914).
 Published by The Century CompanyDirect link to article,
Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2891529


Por descontado, sacarían a relucir una galería de sospechosos: si Marinetti, el fundador del futurismo, había proclamado a los cuatro vientos que había que acabar con todo lo viejo y por ende, preconizó la destrucción de todos los museos con el fin de dejar paso a las nuevas expresiones artísticas, la policía interrogaba a aquellos prosélitos que como Guillaume Apollinaire habían mostrado sus simpatías por las vanguardias. También nos llamó la atención la  vendetta de Luis Buñuel, el fabuloso cineasta, que aun pasados los años, y como nunca hizo muchas migas con un Pablo Picasso consagrado, se hizo eco de una leyenda negra que corría sobre el malagueño. Según la misma, Picasso fue interrogado por la gendarmería como sospechoso de la sustracción de la Mona Lisa, porque había participado en la receptación, transmisión, copia de obras en el mercado negro de arte de la capital gala. Siempre según del de Calanda, Don Pablo farfullaba como desde un pedestal, endiosado. Así lo insinuó en su biografía, Mi último suspiro, además discutió la valía del Guernica, que le habia parecido un cuadro mediocre, o le recriminó su actitud pasiva en políticaSólo con la Guerra Civil se humanizó y descendió a la tierra desde su nube creativa, el pintor saturnal. 
Afortunadamente y retomando el largo periplo del cuadro robado, por lo menos para los franceses que habían lo hecho suyo , Vincenzo Peruggia  intentó vender el mismo al  Director de Galería de los Uffizi, Alfredo Geri, que no debió salir de su perplejidad al ver cómo desenrollaban  el lienzo más famoso de la historia delante de sus narices. ¡Habían pasado dos años y ciento once días desde su desaparición! Peruggia que fue detenido tras la denuncia de Geri, había alegado en su descargo que quiso restituir la obra a su patria, pues había sido expoliada por los imperialistas franceses.  Sin razón como sabemos, porque el monarca Francisco I de Francia lo había comprado por cuatro mil coronas de oro tal y como constató el ubicuo  Giorgio Vasari  que en sus Vidas se revela como la fuente más fidedigna para reconstruir los primeros años de vida de la Gioconda. En otras entradas ahondaremos en otros de los misterios de esta fabulosa creación de Leonardo, o cómo escapó de la rapiña de Goering y Hitler, que habían montado su base de operaciones en el Museo Jeu de Paume.


Francisco I, propietario legítimo del cuadro
De Desconocido -
Scan: André Castelot, François Ier, Perrin 1999.
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domingo, 23 de abril de 2017

Coronación de Donoso


Hace sesenta años, un periodista chileno de talle menudo, barba bohemia y voz aflautada, nos sorprendió con una novela, Coronación, que reúne bastantes requisitos para adaptarse al teatro: por unos protagonistas desbocados y con unos comportamientos histriónicos, que parecen una caricatura de la realidad. Resulta a ratos una obra de una filosofía apabullante, en especial, cuando el  protagonista maduro, Andrés Abalos cobra más viveza en sus páginas. Con cincuenta años, el señorito Abalos sobrevuela por los conflictos de la vida sin contaminarse, pero tiene su cabeza plagada de incertidumbres. En cuanto comienza a enamorarse de una joven judía que le haría perder posiciones en el escalafón social, y sobre todas las cosas, su siempre estimada libertad, Andrés recula para envolverse en su crisálida de tibieza de nuevo, ajena a cualquier turbación. Los bastones que colecciona de manera mesurada - nunca más de diez por el afán de contener la codicia- los libros tras los que intenta indagar si es que existe verdad alguna, aunque bajo esa apariencia de indolencia, José Donoso nos irá revelando una personalidad frágil que pugna contra lo absurdo de este mundo. Hasta que despierten en él los instintos más vehementes, que le tornarán en un monigote desmadejado frente a un amor que podríamos calificar de irracional, que intenta apagar denodadamente y que esconde salvo a su amigo el médico de la familia.

La pieza narrativa se adaptó al teatro.De Javierosh - Flickr: Coronación,
CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29820695


Antes, nos asomamos a su  casa destartalada, que  aun cuando Andrés no duerma con su abuela, Elisa Grey de Abalos, se convierte en el  verdadero teatro de operaciones donde el escritor chileno, va a hacer girar una compleja tramoya. La anciana sobrepasa los noventa años, de orígenes británicos, y de un carácter fuerte y voluble que se revuelve con todo el acíbar contra quien se ponga por delante; la mujer provecta también  gozará de la clarividencia de la locura, y entre delirios gritará la verdad, que quieren esconder los habitantes de la casa. Ese mundo convulso que en cualquier caso se sostiene por un hilo que permite el equilibrio, se va a tambalear con la llegada de una muchacha de campo, Estela, cuya hermosura irá creciendo a los ojos del lector. En las primeras páginas aparece como una campesina timorata, de apenas diecisiete años, que viene a cuidar de la vieja ( Elisa a consecuencia de su carácter borrascoso, ha acabado con la paciencia de numerosas cuidadoras). No obstante, con Estela terminará sacando su ánimo que manará como un volcán a pesar de la tregua inicial.


El tercero en discordia sin duda será el joven del que se enamora Estela, Mario, que además caminará tortuosamente sobre el alambre durante toda la obra debido a las malas influencias de su hermano René. Duda entre el prosaico trabajo de una especie de confitería, que con unos emolumentos exiguos no le dará para muchas alegrías pero sí el sosiego, que no logra su hermano. El desigual triángulo amoroso irá cobrando importancia en la escena, y nos ahorraremos los detalles de esta trama que nos enganchó en dos etapas de nuestra vida, en la que cambiaron perceptiblemente nuestra percepción de los personajes, su desarrollo y su final. En un primer momento, con los aires de la adolescencia, Andrés se nos presentaba como  el maduro sin ocupación o con infinidad de ellas, un Quijote farfullador que se excita con los enigmas de la vida hasta entrar en una íngrima zozobra. "Y entonces él. que jamás se expuso a nada que pudiera ser más comprometedor que la comodidad, ya no sería más que sustancia química transformándose, mineral, y no habría aprovechado el privilegio de la materia de ser un poco más - vida, conciencia, voluntad- por un segundo en millones de años en que todo era casual" Coronación, José Donoso.


A medida que crecemos, no es difícil que entendamos las frustraciones, la necesidad de buscar un sentido a una vida, que en un principio se nos aparece hasta como pueril. Asomarnos al espejo de nuestra propia mediocridad, o no tanta, no nos fustiguemos en vano, es entonces que el personaje de Donoso no se nos aparece bajo esa bruma extravagante de antaño. Cuando alguna vez hemos apartado la fe religiosa por la científica o religiosa, que Donoso considera a la misma altura y el mundo se nos confiesa como de una desnudez absoluta, son fáciles de entender los coqueteos con la  nada de Andresito. Un personaje, el de maduro apegado a su familia, y sin crear la suya propia, que es más común de lo que pensamos. La crisis que se ha consumado ha acabado con muchos proyectos vitales que pueblan nuestra geografía urbana. Los cuarentones sin hijos que conviven con una madre mayor viuda o con hijos, y con un futuro donde nada es lo que parece, ha dejado de ser una extrañeza en nuestra sociedad. Si rascas en ellos, se revela un mundo de complejidades que han macerado en la frustración.


El gran escritor José Donoso .De Elisa Cabot -
http://www.flickr.com/photos/76540627@N03/7454681046/,
CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=57373768


Seguramente no se trate de la creación más completa de José Donoso, uno de los miembros primordiales del conocido como boom de la literatura latinoamericana y en el que jugó un papel tan destacado Carmen Balcells, para tirar de esa grisalla de literatos dotados de un don para las palabras magistral. Harold Bloom siempre acechante con los fenómenos literarios, ha señalado otras producciones de este genial escritor como claves para entender la literatura contemporánea, pero como opera prima sorprende por una  prosa maravillosa, que suena a clásico moderno  (parece estar escrita por un autor más maduro). Sus metáforas son brillantes, desvelan el esmero de un gran escritor desde la primera línea. En otros el estilo crece con el paso de las novelas, pero el chileno se estrenó a lo grande con Coronación. Recomendamos encarecidamente su lectura, más en el sesenta aniversario de su publicación. 


miércoles, 19 de abril de 2017

Simic y Platón



Igual que en una ratonera elevo confuso  mis pensamientos de tarde cenicienta, y con redobles metálicos. En el horizonte se barrunta tormenta, nubes de evolución como dice la mujer pimpolluda del tiempo . Algo me reconcome, un halo metafísico que se interpone para volver a las filosofías, que ruedan en mi cabeza nimbada de estrellas errantes. Es entonces, que me asaltan unos versos de Charles Simic (1). Y es que nos ponemos tristes en cuanto pensamos, ¿es esa nuestra enfermedad de hombres como afirmaba Nieztsche? ¿Tener conciencia de nuestra propia existencia? Mis pisadas albergan un aliento impreciso  en el parque espinariego de Cipriano Geromini, me deslizo de todas formas por su alfombra de polvo en la que los jacintos sueñan con flotar. Mientras, mastico los versos de Charles Simic. 


               Extracto de Carta


Queridos filósofos: me pongo triste cuando pienso.
¿A vosotros os pasa lo mismo?
Justo cuando estoy a punto de hincar los dientes en el noumenon,
alguna novia antigua me viene a distraer.
"¡Ni siquiera está viva!" grito a los cielos.

(De "Gods and Devils", 1990) Charles Simic


Una obra que leímos con fruición y que
resume de forma muy amena, las
principales corrientes del pensamiento.



En mis cavilaciones, me detengo  en la  manera indolente de acariciar la vida sin posarse en sus tribulaciones, que apreciamos en pueblos como El Espinar. Son aquellos campesinos que adoraba Rousseau en la distancia. Con rostros severos y atezados por el sol, a todo lo confieren  de un haz de inextricable misterio, con su laconismo. ¡ Tanto miden sus palabras antes de entregarse a tu confianza! Si pudiéramos sondear en sus mentes, la nada, en la que apenas rebullen las dudas. Desde luego, una presunción falsa y simplificación del pensador francés. Recuerdo cómo Prado(2), una muchacha espinariega de apenas veinte años estudiaba leyes, y giraba como una veleta anhelando encontrar una guía para su vida. -  ¿Qué quiso decir realmente Platón en el Mito de la Caverna, Muna?



Platón y su mundo de las ideas,
sobre él y Aristóteles
se erige el pensamiento Occidental
De Desconocido - Marie-Lan Nguyen (2006),
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1307144


Me había sorprendido la pregunta, porque la andanada era de alcance (¿chi lo sa?). Prado acababa de llevarse una espiga a la boca fresca, ayuna de maldades. – Supongo, Prado, que querrá decir que los filósofos como portadores de la verdad, son los únicos que pueden revelarnos que en el mundo hay algo más que sombras.

-          - Yo creo que también habla de nuestras mentes, que acostumbradas a las sombras, les resulta difícil mirar al mundo de otra forma. Es decir, que con nuestro corto entender reducimos un  mundo complejo a sombras
-          Quizá.  – Miro su ejemplar de El mundo de Sofía, el bestseller del escritor noruego, Jostein Gaardner, que sujeta desvaídamente con ambas manos. Un compendio de la historia de la filosofía que nos resultó muy ameno en aquella época.

Corría el año 94, Brasil ganaba a la Italia de Roberto Baggio el Mundial de EEUU, para nuestro disgusto. Unos días más tarde, me topaba con un amigo del instituto, Ismael, que había decidido estudiar filosofía. Me dijo que estaba encantado porque tenía que leer muchísimo, y que por fin, comenzaba a disfrutar de algo que le había sonado demasiado obtuso al principio. Le observé con el rabillo del ojo y cierta envidia, cuando sus carrillos nacarados se encendieron de arreboles.- Toma, llevo La República de Platón. ¡Léela, amigo, que es sencilla, de verdad! – El ronroneo del motor del autobús tronaba de fondo, cada vez que frenaba en una parada. Sabía de nuestros  debates vitriólicos en las clases de filosofía de COU.  ¡Yo era de Wittgenstein a muerte! Le repuse que no. Como me había dedicado al rubro más mecanizado de la ingeniería, no quise que los cantos de sirena de los pensadores me hipnotizasen de nuevo. Cuánto valían las ideas de los sabios al peso. No construyen puentes ni salvan vidas. 



Roberto Baggio, grandísimo jugador de fútbol
(The original uploader was Danyele de Wikipedia en italiano)
-https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=39968839


(1)   Bonifacio Álvarez, todo un descubrimiento por su pulso literario, recuperó este poeta que había abandonado en el desván de los recuerdos.

(2) Prado es la antigua novia que me viene a distraer del poema de Simic. De ojos azules y con pecas, nos buscábamos en cada sonrisa. Como su padre coleccionaba cachivaches y aperos de campo, bromeaba con ella que aquel era el Museo de Prado.

jueves, 13 de abril de 2017

Ayala en el Homo Videns de Sartori


Con una sonrisa cándida, Don Francisco Ayala reivindicaba su faceta literaria por encima de la ensayística, que fue en todo caso muy prolija. El exilio le había permitido conocer a la generación dorada de la ciencia ficción argentina, y compartir mesa y mantel con los mejores poetas del continente americano. Consideraba a la enorme poetisa chilena, Gabriela Mistral, un personaje extraño, cuyas extravagancias le sumían en un silencio risueño, y que por  caballerosidad no iría a desvelar en una entrevista. De Pablo Neruda, al que profesaba una especie de desdén por su intromisión en el ardoroso mundo de la política, le separaba un infinito de concepciones. Otro tanto le ocurría con un Jorge Amado, fiel exegeta del estalinismo, régimen al que salvaba de cualquier crítica. En el fondo, nuestro pensador creía que la clara definición ideológica suponía un tamiz de gran calibre, que cegaba las percepciones del intelectual.



Homo Videns, la sociedad teledirigida,
Escrita por Giovanni Sartori, remueve
nuestras convicciones

El intelectual según su entender, no podría decantarse por una idea política, que mediatizase sus conclusiones (a semejantes términos había llegado como Octavio Paz, tras recalar en diversas ideologías de mayor sensibilidad social, por lo que fue muy paradójico verle apadrinar la memoria histórica junto al ex Presidente Zapatero). Después de todo, el literato granadino menospreciaba su obra ensayística, que cubre un vericueto dilatado del siglo XX. Insistía que la sociología tiene el inconveniente de que basa sus premisas en un sustrato cambiante, la sociedad, mientras la literatura tiende a lo universal. Por eso los personajes literarios de Shakespeare, Cervantes u Homero son universales no sólo geográficamente, sino que la termita del tiempo apenas ha asomado por ellos. En este supuesto, nos tememos que somos más escépticos, si cabe. Sólo la buena literatura hace pervivir a los grandes personajes, e incluso algunos de estos protagonistas padecen una esclerosis, que chirría en nuestros tiempos donde la imagen ejerce una dictadura atroz ( ver este enlace donde discutimos de la inmortalidad y la heroicidad en la que ésta última parece caer en saco roto para un descreído Occidente).




Pablo Neruda no hizo muchas migas con Francisco Ayala
De Unknown (Mondadori Publishers) -
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three-quarter-face-portrait-of-a-thoughtful-pablo-neruda-news-photo/174306045,
Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40912536



La idea de Ayala era por tanto, que se le reconociese por sus incursiones narrativas, con un gran marchamo de calidad gracias a la hondura de sus protagonistas que muchas veces buscan la redención, o  nos desvelan con una humanidad demasiado descarnada, nuestras miserias. Con todo, leyendo sus ensayos, también existe el dejo inmarcesible similar al que encontramos en la gran literatura. Es verdad, que en los tiempos donde la introspección de ese fenómeno de la masa(1) que principiaba y crecía como la hidra en sus primeros ensayos, da algunos trancos de ciego.  No en vano, juzga que los medios poderosos iban a moldear a una opinión pública que funciona a golpes de emoción. Al cabo del tiempo, se percató de que el proceso inverso era de una intensidad aún más fuerte. Esto es, que la masa acabaría influyendo en los mass media de forma más notable y que la inversa no es tan evidente como sospechaba en los años 30. Así la calidad de la programación alcanzaría el nadir. Salvo la BBC que es la única misión que encomendaría a un medio público, el resto de empresas de comunicación han ido degradando su parrilla. En esta parte entroncamos con el sociólogo y pensador italiano, desaparecido en fechas recientes, Giovanni Sartori



El profesor Sartori en una de las numerosas conferencias
que impartió por medio mundo

De Rankawito - Trabajo propio, Dominio público,
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En Italia le teníamos por un hombre de una sabiduría insondable, pero también nos sentábamos delante del televisor predispuestos a sorprendernos con algún razonamiento del profesor Sartori, que evidenciaría el estrechísimo corsé que llevamos pegado de forma inconsciente a nuestros pensamientos: la ideología de lo políticamente correcto. Asistíamos incómodos a sus elucubraciones referentes a lo que denominaba el homo videns, un nuevo arquetipo sociológico cuya vida giraba en torno a la televisión y que crearía sobre la imagen, su subproducto cultural. Otro concepto interesante es el del video – niños, que verían atrofiadas muchas de sus capacidades por un entorno eminentemente dominado por las imágenes y que nos da por hechos frente al libro v.g, muchos de los ejercicios con los que se desarrollaban nuestras mentes antaño. Convendría revisitar a este gran pensador italiano, cuyas profecías parecen cumplirse fielmente. Antes de lanzarnos a la panacea de una educación tecnológica como dice este artículo de El Confidencial, no estaría de más preguntarnos en qué medida atrofian otras capacidades de los alumnos estas inmersiones tan vehementes. Sartori hablaba de una regresión cultural, que habían pronosticado tanto Ayala como su maestro Ortega ( es curioso el artículo de este joven periodista, según el cual, las app con su interacción, nos salvarán de la molicie, al contrario de lo que sugiere el pensador alpino) . De cualquiera de las maneras, Sartori  tiene la virtud de explicitar y plasmar en un mundo más acorde con nuestra realidad las ideas que subyacían en Ortega y Gasset o Ayala. Asimismo, el italiano ataca como polítólogo muchas de las ideas de la política y la democracia que por la complejidad que revisten, abordaremos en otra ocasión - multiculturalidad y otros dogmas que rebate con fiereza intelectual. 




(1) Discípulo de Ortega, le separan de él, algunos matices que se fueron difuminando con el tiempo. El granadino tachaba a sus  escritos de un tono más social. 

sábado, 8 de abril de 2017

Maqroll, Mutis y Facundo Cabral

" Me gusta andar, pero no sigo el camino pues lo seguro ya no tiene misterio" Facundo Cabral

En los viajes indómitos por una Sudamérica de gran fronda, en pos de oportunidades de desarrollo para la localidades que visitábamos, tuvimos un compañero inesperado y de  prestancia singular. Estaba la expedición imbuida por los aires de aventura de este personaje literario y los largos desayunos, gracias a los que resistimos una verdadera dinámica infernal, con jornadas extenuantes en poblaciones circundadas por la jungla, siempre nemorosa. Imaginándonos ser el Maqroll El Gaviero, no nos derrotaba la destemplanza del hogar lejano ni la melancolía de la familia, y cogíamos nuestro hatillo de la marca Gabol para retreparnos en camiones por los somontes amazónicos o volar al siguiente destino. En nuestra maleta pesaban los libros, única ventana para escapar de las vomitonas, los ojos afiebrados, cuando cada uno se confinaba en su tienda de campaña en la oscurecida de la noche. ¡ Qué hubiéramos dado por un libro electrónico! Entonces recordábamos a Álvaro Mutis su creador, el colombiano que estuvo afincado en Méjico por  razones turbias de negocios, y que comenzó tarde en esto de la literatura. Una figura curiosa porque traspone con su poesía latente hasta en las entrevistas, todo un caudal narrativo que sorprende por su calidad. Don Álvaro Cuidaba la forma, quizá por su admiración a Marcel Proust (1) y también del fondo, pues sus tramas nos revelan vetas de su oficio, como representante  de grandes firmas, pues conoce esa atmósfera mundana. En algunas recensiones sobre la obra que capitaliza el marinero, se afirma que el hecho de publicar siete novelas del marino Maqroll no es caprichosa, sino un guiño al gran escritor francés.   


Esta recopilación nos sumerge
en todas las historias de Maqroll


A pesar de que hayamos leído más de una vez las novelas del Gaviero, la imagen de este antihéroe sin edad, aparece difuminada y es difícil esbozarle unos rasgos concretos. Lector empedernido, hasta en los instantes de mayor tribulación saca su ejemplar de buena literatura de la vida de San Francisco de Asís u otros libros de enorme enjundia, que mastica con gran voracidad. Son esas características presuntamente irreconciliables, un lector infatigable con el rebelde más que recalcitrante, las que humanizan al personaje y en nuestro caso tomarle un gran afecto ( en medio de la aventura, abríamos un avejentado libro, carcomido y jaramago por la humedad de la jungla como el personaje de Mutis). El Gaviero es un sesentón al que todos parecen amar, o le juran una lealtad que juzgaríamos como casi romántica, más en estos tiempos donde el honor se halla en almoneda. En sus precarias aventuras,  destacan dos amigos: Abdul Bashur e Illona Grabowska (con ésta que emerge y desaparece de la trama como Guadiana novelesco). Los rumores nos indican que Maqroll nació en las playas de Bélgica, pero ni siquiera se lo habría atrevido a confesar a su propio padre literario, como advertía empapuzado en un mar de risas Mutis. De naturaleza errante, nos recuerda aunque algunos creen que se trata del alter ego de Mutis, por su facundia y erudición a un Facundo Cabral que llevaba el hatillo con garbo y afilaba la lengua para soltar cualquier endecha que siempre nos sorprendía por su desapego material. Por algo el cantautor argentino se consideraba un vagabundo first class ( ver video del que se consideraba de ninguna parte )  Por todas estas razones, recomendamos encarecidamente la recopilación, Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. El Cervantes que se otorgó a Don Álvaro fue gracias a personaje tan entrañable, al que obedecen sus más importantes incursiones narrativas. 


Facundo Cabral, un espíritu libre como Facundo Cabral, que canta
http://www.flickr.com/photos/44991829@N07/4132702047/in/photostream,
commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15784109


Porque el escritor fue también una persona de gran originalidad. Álvaro Mutis buscó cobijo en Barcelona bajo las alas protectoras de Mamá Balcells, la agente literaria que se interpuso entre los autores y los editores con el fin de evitar los abusos de los segundos. En muchas ocasiones los excesos de los editores condenaron a la inactividad a los escritores, que preferían dejar de ejercer su oficio a perpetuar un acuerdo abusivo. Por allí pululaba la corte de escritores hispanoamericanos, comuna alegre de las letras que fundó el famoso boom hispanoaméricano, que como decía Julio Cortázar, fue más una invención de la prensa, que simplifica en extremo sus conclusiones, sobre todo cuando se acerca incómoda a fenómenos culturales . Sin embargo, Mutis se consideraba de forma genuina un poeta, que aterrizó en la prosa forzado por el aluvión de imágenes poéticas que fueron aglutinándose en sus retinas y en su cabeza. Podríamos decir que el aventurero le había parasitado, de manera que los primeros garabatos fueron cobrando una forma lejos de cualquier premeditación. El mismo nos recalcaba que no había un plan preconcebido, sino que le abordaban las historias que bullían en su cabeza, hasta que vomitaba en un papel todo el hato de relatos. Su vida experimentó un vuelco increíble, quizá copernicano, cuando fue acusado de apropiación indebida en la petrolera Esso. Diario de Lecumberri surge de esa amarga experiencia, los quince meses que purgó en prisión preventiva, a falta de saber si se cursaba su extradición a Colombia. En Méjico iba a vivir una amistad sincera con Gabo y con  algunos de los representantes de la Generación del Medio Siglo.

Gabo gran amigo de Mutis, departiendo con Jorge Amado
y Adonías Filho.
Eadonias assumed (based on copyright claims). 
Own work assumed (based on copyright claims)
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Por otra parte, al contrario que la última corriente indigenista que parece más visible y reduce al absurdo la conquista, Álvaro Mutis siguió la tradición de escritores americanos, que admiraba a la Corona española. El más grande de todos, quizá, Rubén Darío, quiso estrechar los lazos con la madre patria para escapar de la horma de Washington ( el día de la Hispanidad proviene de esa idea, resaltar lo hispano frente a los vientos culturales del norte). Mutis entendía que la decadencia apareció cuando las masas pasaron a reinar en lugar de la institución monárquica. Cuentan la anécdota.....que en una visita a la tumba de Hernán Cortés, quiso ejercer de cicerone del Príncipe de Asturias. A pesar  de las advertencias de su séquito de seguridad, Don Felipe se sumió en la barahúnda y el dédalo de calles del Zócalo. En cuanto llegaron al lugar sagrado donde reposaban los restos del conquistador español, un cura con aspecto de asceta y muy despistado, les increpó que no era lugar para turistas, cansado de los más osados, que mancillaban el recinto religioso. El escritor, lleno de bondad, le reprendió amistosamente, indicándole que no se trataba de un turista cualquiera, sino de SAR El Principe de Asturias. De Mutis, cabe conservar su poesía que desarrolló bien en el corsé de las formas métricas o en cubil menos restrictivo de la prosa, con sus ineluctables flashes con reverberos poéticos. En otro lugar desarrollaremos más la vida y milagros del autor colombiano. Anécdotas de su relación con Gabriel García Márquez, que  es muy prolija en ellas.  


 (1)   El volumen de En busca del tiempo perdido sorprende por la musicalidad de su prosa, una verdadera recreación para los sentidos. Es difícil escribir con más armonía que Marcel Proust.

lunes, 3 de abril de 2017

Sartre contra Camus


En la lontananza se habían admirado e incluso Jean Paul Sartre quiso conocer al autor de novelas tan brillantes como El Extranjero y de ensayos como el Mito de Sísifo, que le habían deslumbrado. Qué desde la periferia se escribiese tan bien y hurgando con el dedo en infinidad de llagas por las que supuraba el existencialismo, le dejó anonadado. Aunque Jean Paul más se sorprendió cuando se encontró con él, un día otoñal de 1942, en el que se presentó aquel joven con la gabardina empapada. Un pied noir guapo con estilo;  los labios que enroscaban un cigarrillo que parecía perenne y unos ojos claros como el alba. Albert Camus, el joven canalla, era la antítesis a él, que se consideraba un viejo prematuro. Las muchachas giraban los cuellos en cuanto el argelino hacía acto de presencia en cualquier antro, hasta su eterna compañera, la escritora Simone de Beauvoir, ardía silenciosamente en deseo por Albert. Ella fue testigo de aquella relación que acabó siendo de queridos enemigos (1).  

En cuanto a las mujeres, callaban en el instante que Sartre comenzaba a abrir su piquito de oro para conquistarlas con su habitual prosodia. El filósofo que frisaba la cuarentena, tenía algo de tótem y de buda de la cultura francesa. Por eso Camus, como hombre de provincias ( Argelia era una colonia provincia) admiraba la abigarrada cultura del filósofo estrábico, que a finales de la década de los treinta, se había convertido en toda una referencia de la vanguardia cultural gracias a su Nausea y a la infinidad de apariciones, con las que acechaba a los lectores desde sus columnas. Le estaría eternamente agradecido por las dos recensiones que hizo de la novela y el ensayo que comentábamos al principio, pues le abrieron muchísimas puertas en París, donde Camus había desembarcado recientemente.



Referencias intelectuales, armaron al comunismo en sus diferentes
vertientes de argumentos poderosos frente al capitalismo
De Alberto Korda - Revista Verde Oliva, 1960;
Museo Che Guevara (Centro   Guevara La Habana, Cuba),
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2884725

Sin embargo, más adelante, ambos intelectuales iban a vertebrar el desencuentro de las cabezas pensantes en Francia, y simbolizarán a la perfección la escisión que se produjo a raíz de la Guerra Fría en todo el globo. Cada uno construyó el discurso en confrontación al otro, la mayor parte de las veces sin citar expresamente al adversario ideológico, y dicho constructo sería la base argumental para que las dos partes en disputa de la razón, capitalismo vs  comunismo se enfrentasen en una batalla claramente ideológica y por supuesto sin concesiones. Los dos pensadores arman a ambos bandos ideológicamente. Como sabemos, tras unos titubeos, en los que Sartre no se sumerge en la acción política, de hecho, como discípulo de Martin Heidegger (2) se le acusa de connivencia con el nazismo durante la ocupación, al final se acerca al comunismo. Son opúsculos en cualquier caso que cargan las tintas contra el filósofo y su compañera Beauvoir, por su presunta pasividad.

El más famoso de ellos, es sin duda, Una ocupación tan dulce: Simone Beauvoir y Jean Paul Sartre, 1940-1944 que conmocionó a la Francia de los años 90, fecha de su publicación. Ambos habían trabajado durante la ocupación, negociado codo con codo con las autoridades alemanas la puesta en escena de obras o firmado declaraciones del Gobierno de Vichy en el caso de Beauvoir donde juraba no tener sangre judía ni tampoco ser masona ( sabemos del Gobierno católico patriarcal del Marical Petain, que retornó de la legación francesa en Madrid, para tomar el mando del ejecutivo de la Francia no ocupada). Como le reprocharon más tarde algunos compañeros del PCF (Partido Comunista Francés): ni el exilio interior ni la fuga a Londres. A Sartre se le veía caminar cómodamente entre los cafés, repletos de oficiales del ejército ocupante sin torcer el gesto. Gilbert John autor de esa bomba contra los Sartre ironizaba en una entrevista, diciendo que la pareja estaba muy cómoda entre los totalitarios, y se comprende cómo luego, con total coherencia apoyaron a dictadores como Mao o Fidel Castro  

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Camus en cambio sí colaboró con la Resistencia, aunque su idea de oposición no violenta no dejaba de ser paradójica.  Sartre según Ronald Aronson llegó a una convivencia pacifica en las formas y apariencias con el invasor nazi, pero a medida que se acercaban los tiempos de la Liberación, fue cobrando más protagonismo y lanzó columnas en distintas revistas de izquierdas alentando a la lucha contra los alemanes.  Con pequeñas disquisiciones a propósito de qué tipo de resistencia era conveniente presentar al invasor nazi, Camus y Sartre vivieron en los años de la vergüenza patria, una luna de miel.  Ronald Aronson  que escribió el Camus y Sartre propone como tesis de la distancia que comenzó a fraguarse con el discurrir del tiempo, el ansia de diferenciarse de Camus frente al que todos consideraban su gran maestro. Se le citaba como uno de los seguidores del existencialismo, cuya máxima figura era por supuesto Sartre. Un agujero negro, valga la metáfora, del que pretendía zafarse para no quedar con la patina sartriana que casi todo lo tiranizaba en la Francia de la Posguerra. Camus no quiso ser un mero satélite de su amigo. Fue entonces que comenzó a elaborar un discurso, más que existencialista, de disconformidad y alejado del ateísmo de su colega. Más acorde a las teorías de Mario Vargas Llosa que hizo quizá el ensayo más leído acerca de esta pareja de pensadores, Entre Sartre y Camus, cree que el africano en su construcción juzga como primordial el elemento humano. Es lo que le atrajo a él, personalmente del autor de La peste, y le removió por dentro. Ninguna ideología se debe construir contra el hombre. Cosa que subrayamos y suscribimos nosotros. Ninguna quimera futura se erigirá moldeando al ser humano como si fuese cieno.



Un Camus, con el cigarrillo casi eterno, asomado
a sus labios y flirteando con el vacío
De Robert Edwards
- http://books.atheism.ru/gallery/kamu/,
CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9546871


Y la Guerra Fría les abismó más todavía, puesto que Camus se iba a pegar a un anticomunista acérrimo, Arthur Koestler.  Los ojos de Arthur habían visto demasiadas tropelías de un estalinismo que borraba cualquier oposición con el baldón de troskismo. Su novela El cero y el infinito  (3) relata el periplo íntimo del personaje, un veterano revolucionario que se enfrenta en los años treinta a los famosos Juicios de Moscú, toda una pantomima para purgar ciegamente y en sintonía con el fervor del déspota, a todos aquellos coetáneos de Joseph Stalin. Ese mismo viaje lo había llevado a cabo Koestler, que salvó la vida en decenas de ocasiones como en nuestra Guerra Civil, donde capturado por las tropas franquistas en Málaga, estuvo a punto de ser fusilado, aunque finalmente fue canjeado gracias a las labores del Foreign Office. Superviviente de infinidad de purgas y a la IIGM cuando fue nuevamente recluido y gracias a los oficios de amistades del servicio de inteligencia logró salir con vida. Koestler se había convertido en el peor de las azotes del comunismo y por supuesto en la referencia ineludible para Albert Camus. Con todo, el argelino con su no violencia y el hecho de buscar la concordia en lugar de la confrontación en las guerras coloniales, v.g. Vietnam o en su propia tierra, Argelia, hurtaba del debate en opinión de Sartre, la explotación ejercida sin resquemores por la polis colonialista, que es otro tipo de violencia. Más en el conflicto argelino, donde Albert además, a veces tuvo omisiones deliberadas durante las cuales no defendió sus principios, pues con su familia desplegada en el terreno en disputa, temió por su seguridad. De ahí su famosa defensa de la familia por encima de cualquier principio, que algunos aprovecharon para tacharle de cobarde.

Al final, Sartre que se había reconciliado como decíamos con los comunistas, intenta justificar los desmanes del PCUS y partidos satélites desplegando toda su contundencia racional, francamente poderosa. Para ello, va a pergeñar un argumento del mal menor, o del precio que cabe pagar en el presente con el fin de construir una sociedad dorada en el futuro . Su idea por otra parte, que todavía late en la izquierda que añora el comunismo, era resaltar los crímenes silenciosos del capitalismo. Una violencia sorda en la que  un sistema que se rendía al dinero y "al tener" maquinaba en silencio por perpetuar la injusticia en opinión del filósofo francés. Si morían por difteria una decena de niños de un barrio humilde de París, el filósofo extendía la culpa a toda la sociedad .Además, todos los franceses salvo los que se rebelen activamente, son cómplices de las políticas coloniales de su país.  Se convierte junto a Picasso en la estrella del famoso Congreso de la Paz de París en 1949, tramado por Joseph Stalin para entorpecer  el desarrollo de planes nucleares en los países occidentales. 

Desde esta posición se iban a enfrentar los que habían sido amigos fraternales. Porque la relación con Maurice Merleau Ponty había sido más de colaboración ideológica. Dice Beauvoir que cuando le llegó la noticia de la muerte por accidente de su querido enemigo, Albert Camus, Jean Paul, se quedó apocado en el sillón de su despacho, con una colilla moribunda en sus labios y la cabeza gacha. Hasta que la apagó y se atrevió a esbozar la famosa frase:"fue mi último mejor amigo"  En sus entrevistas no faltaba un recuadro para recordar a su amigo, al que " siempre le tuve cariño" aun cuando no entendió nunca su posición respecto Argelia ( como asesino frío de las ideas, buscaba un resquicio por el que hundir el cuchillo de la razón). Sabemos que el filósofo renunció al premio Nobel, dado que entendía que la cultura no se tenía porqué canalizar a través de las instituciones y sí mantener una relación más directa con el pueblo. Pero como recordó su secretaria, en cuanto se lo concedieron al argelino oreó el conocido "éste no lo ha robado". El magnetismo sexual del pied noir que había cautivado a Sartre en su primer encuentro, no es como se bosqueja en algún lugar, motivo de las disputas. Ambos protagonizan dos corrientes de pensamiento que todavía lucen hoy en la izquierda europea. Una rupturista y más radical que la crisis financiera ha despertado del letargo(4), y otra que seria la representada por Camus y una socialdemocracia, que no quiere repetir las experiencias traumáticas del pasado, de ideologías que sembraron el terreno ideológico de cadáveres.




Arthur Koestler, veterano luchador de izquierdas,
y faro en algún momento de Albert Camus
De Eric Koch / Anefo - Nationaal Archief,
CC BY-SA 3.0,
commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=35304960



(1) Nos recuerda guardando las distancias a otras relaciones de amor intenso y odio casi igual de vehemente que han alumbrado la historia de la literatura de oscuras intenciones. Octavio Paz y Pablo Neruda se profesaron una cálida enemistad. Gabo y Vargas Llosa con una pelea enconada con razón de los celos. La lista de grandes literatos a los que les unieron las musas, aunque la vida plena de sinsabores los separó. En el cine, es conocida la animadversión que sentía la Garbo por Marlene Dietrich. La divina celosa por su pasado quería esconder cualquier atisbo que le uniese a la alemana, que en petit comité aseveraba conocer las debilidades sexuales de la sueca. Otra historia de hiel, contra natura, aun cuando descendamos peldaños hasta llegar al nadir del papel cuché, sería la de las hermanas Olivia de Havilland y Joan Fontaine. No sólo compitieron por papeles, sino que la leyenda dice que apostaron por quien iba a reposar antes con el sagrado. Fue como sabemos Fontaine la perdedora de la apuesta. Camus y Sarte no llegaron a semejantes extremos.
(2) Recordaremos en otro lugar las controversias entre Paul Celan, el poeta que redimió a la lengua tenida como del odio tras la némesis nacionalsocialista y Martin Heidegger, pensador de gran influencia y de enorme hondura, que fue duramente criticado por su adhesión al nazismo desde su oráculo universitario.

(3)Ríos de tinta corrieron con el puñetazo que propinó Arthur Koestler a Albert Camus, al que no sólo consideraba su amigo. El decidido anticomunismo de Koestler y los coqueteos en la indefinición de Sartre, acercaron ideológicamente a un Albert Camus al primero. Llevaban una temporada compartiendo mesa y mantel, incluso insinuaron en algunos medios que hasta mujer, cuando en una de esas discusiones de tipos terne, el escritor de origen húngaro le lanzó un tremendo crochet que le llevó a la lona de la acera. Luego, según cuenta Simone Bovair, el compungido argelino que era un individuo de armas tomar, más que dolido por el pómulo tumefacto, sangraba por una amistad que veía languidecer. El húngaro menos predispuesto al drama, le pidió disculpas y le siguió hablando como si aquella escena no hubiese tenido lugar. Más conocido para el gran público fue su Espartaco,. un best seller cargado de ideología y donde el lector más perito evidenciaría las concomitancias que guardaban los revolucionarios antiguos con los modernos. El gladiador que puso en jaque a toda Roma, y que quiso cambiar un sistema esclavista. Los comunistas veían en el gladiador el prototipo de revolucionario de la antigüedad. Tanto culto se le rindió que se crearon paralelos a los Juegos Olímpicos, las Espartaquiadas, un

(5)¿Los gulags y los millones de muertes son una moneda ajustada para el pensador francés? El se amarra  a la letanía de que el capitalismo es un asesino muchísimo más silencioso, porque perpetua la injusticia. ¿Acaso no lo hace el comunismo?