lunes, 13 de marzo de 2017

Don César, ¿el Céline español?


"El oficio del periodista es tocarle los cojones a los ángeles"

Unas veladas sombras se ciernen sobre la figura de uno de los mejores articulistas españoles, tanto que en el año 2014, la fundación Mapfre retiró el nombre a uno de los premios de periodismo mejor dotados del universo literario  (ver cambio de rumbo de la compañía de seguros, que instituía ese premio y luego lo rebautizaba por su propio nombre, más aséptico,  Premios Fundación Mapfre en un artículo de El País) . Su cara de pipa y normalmente atezada como bon vivant costero, los rieles del bigote bien finos, y su eterno cabello perfectamente pegado al cráneo, le convirtieron en una de los personajes públicos dominadores de la escena cultural española durante la primera mitad del siglo XX. Sus inicios algo esperpénticos, resonaron en las marmóreos veladores de la cultura, pues el púber en su primera comparecencia en el Ateneo de Madrid, pareció demasiado pagado de si mismo, para haber juntado unas pocas letras, que llamaba pomposamente versos.  



Una pesadilla, Hitler en París, como en la bellísima
parodia de Lubitsch, Ser o no ser cambiando
Varsovia por Lutecia
De Desconocido or no especificado -
U.S. National Archives and Records Administration,
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No en vano, César González Rúano se había presentado  al templo del saber español a recitar un poemario, Alma, con un  chillón chaleco amarillo. ¿Alguien no le había dicho al muchacho, que Moliere murió encima de un escenario con un sayo de ese color? No auguraban un gran futuro por motivos que poco tenían que ver con el fetichismo, para aquel tipo terne. Los versos por su modernidad hubieran dejado destemplado al auditorio, que no estaba acostumbrado a las veleidades de los modernistas de melenas hirsutas ( dicen las crónicas que en el caso de Don César, llevaba el pelo oxigenado). Aunque pudo más la osadía del muchacho, que perpetró el sacrilegio sin embozo de decir que Cervantes tendría que ser manco, porque escribió El Quijote con los pies o que uno de los mayores pensadores de nuestra historia Ortega y Gasset era demasiado plúmbeo por resultar tan ceñudo en todo lo que trataba. Su obsesión iconoclasta con ánimo faltón le jugó una mala pasada, porque si bien los poemas reunían cierto mérito, el público por su insolencia no le dejó que llevase a cabo el recital ni tampoco la prensa  le perdonó sus aires de suficiencia. La concurrencia del Ateneo, le gritó despavorida, qué se fuese semejante alimaña. El se encaró, faltaba más, por lo que las crónicas periodísticas le hicieron un traje a medida al irreverente, que no se respetaba a si mismo, de modo que no era extraño que faltase el respeto al público. El Heraldo de Madrid fue sin duda el más vitriólico de todos ellos, como recogen en El Marqués y la esvástica (1), un libro que ha asentado la leyenda negra del escritor con mucho indicio y alguna prueba circunstancial.

Una obra con alguna especulación,
mucha investigación, pero que es
deliciosa para los amantes de
aquella época


Así, con ardor y seguridad en sus propias capacidades, Don César(2) fue progresando en el proceloso mundo del periodismo, y se convirtió en una referencia obligada en las prensas. También coqueteó con los movimientos vanguardistas de Madrid. El asalto a los cielos de Madrid con el Ultraísmo, llenó sus noches por la capital de un lirismo sin fondo. Aquella aventura apadrinada por el gran Rafael Cansinos Assens - curiosamente de orígenes judíos- y en la que participaron tanto César González Rúano como Jorge Luis Borges, que arrepentido escondió las rimas que rellenó en su cuaderno prolijamente en aquella época. Hasta Cansinos Assens, ¡qué gran escritor! reponía aturdido que realmente el Ultraísmo era, ¿qué era? El recuerdo de un Borges siempre aferrado al brazo de su bella hermana Norah, que le acompañaba porque la neblina de su ceguera comenzaba a  cernirse sobre sus pupilas. Este movimiento llegó a ser una colección de aventuras, un brindis a las vanguardias, que asolaban el panorama europeo con sus manifiestos, con excepciones, repletos de pretensiones que pocos cumplieron.

Ruano, sin embargo, iba madrugándose  corresponsalías de peso: Berlín donde nacía la bestia nazi y asistió a la noche de los cristales rotos (Kristallnacht), Italia, Francia, que combinaba en algunos casos con el ejercicio diplomático. Testigo de primera mano de mucho de los acontecimientos que convulsionaron una Europa que se debatía entre los totalitarismos, Don César se ungía de su pluma para categorizar conceptos que desde un prisma lejano, nos llegan parecer absurdos. Su camino de nómada de la cultura le conduce a París, donde el diapasón de la historia suena con trancos graves, allá por junio de 1940. La capital francesa tras la debacle del ejército galo, y a pesar de la propaganda, que le calificaba como el mejor del mundo , y la suma del dominio de la tierra, con el dominio  de los mares por parte británicos, parecían un conjunto disuasorio para el Reich. De ahí, que la debacle fuese inopinada y sobre todo inesperada.¡ Consternación! Fue la palabra que se repitió hasta la saciedad en aquellos negros días para la patria francesa y que Manuel Chaves Nogales plasmó brillantemente en La agonía de Francia, texto que recomendamos de manera encarecida a los lectores.   De la capital huyeron aproximadamente dos millones de personas, a las que cabría restar o sumar, los casi tres millones de que provenían a su vez de Bélgica y Holanda, escapando de las iras nazis.



Se firma el Armisticio, con el aval del antaño héroe de Verdún, el Mariscal Petain, y lo más vergonzoso de todo, es que Francia se torna un país colaborador y participa en los crímenes horrendos de los nazis. Cada vez más, se legisla en contra de los judíos, retirándoles de las profesiones liberales, estigmatizándoles con los usos de la Edad Media, de coserles la cruz de David, hasta recluirles, confinarles para deportarles a los tristemente famosos campos de concentración, toda una constelación hórrida en pleno siglo XX. Recordemos que los fusilamientos causaban traumas hasta en los SS, personas sin corazón ni dignidad por antonomasia,  y que al ver caer aquellos bultos exánimes, una fibra ignota vibraba en lo más recóndito de sus almas. Con estos antecedentes, Heinrich Himmler urdió junto a su odioso lugarteniente, Heydrich, la temible Solución final. Irene Nemirosky, la famosa escritora nos dejó un legado con la Suite francesa de aquellos días de diáspora  e incertidumbre, en el propio territorio galo, que nunca concluyó porque le aguardaba el fuego fatuo e inhumano de Auschwitz. Para la historia de la infamia quedó la redada del Velódromo de Invierno. Francia fue en aquellas circunstancias menos Francia que nunca.



De Harris & Ewing - Harris & Ewing Collection, Library of Congress, Reproduction Number: LC-DIG-hec-21606Esta imagen está disponible en la División de Impresiones y Fotografías de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos bajo el código digital hec.21606.Esta etiqueta no indica el estado de copyright del trabajo adjunto. Es necesario una etiqueta normal de copyright. Para más información vea Commons:Sobre las licencias.العربية | čeština | Deutsch | English | español | فارسی | suomi | français | magyar | italiano | македонски | മലയാളം | Nederlands | polski | português | русский | slovenčina | slovenščina | Türkçe | українська | 中文 | 中文(简体)‎ | 中文(繁體)‎ | +/−, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12012877
El infame colaborador de los nazis, Petain
De Harris & Ewing - Harris & Ewing Collection,
Library of Congress, Reproduction Number:
LC-DIG-hec-21606
Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos
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En este ambiente revuelto, pulula la figura de César González Ruano, que se lucra según algunos testimonios que no son ni mucho menos definitivos, con el tráfico de  visados. Se pagan cantidades desorbitadas por escapar del Averno nazi - algún testigo preguntado por Rose y Placid en el Marqués y la Esvástica, hablan de  cien mil francos de la época, por pasar a España, cantidad que nos parece muy exagerada. De acuerdo a diversas acusaciones circunstanciales, sospechas que se levantan a raíz de una detención de la GESTAPO, materia literaria para el propio escritor que plasmará en un poema largo y en varios intentos narrativos , se sitúa a Ruano en el epicentro de aquel lucrativo tráfico que se produce en la Embajada española. El dinero que se genera en torno a este negocio, lejano de ser humanitario en algunos casos, es un fuerte  reclamo para un  ventajista como nuestro escritor.   A partir de estas pruebas circunstanciales, y a acusaciones de miembros de la Resistencia, que coinciden en el presidio de Cherche- Midi donde fue a parar el escritor tras la detención de la Gestapo, se teje una leyenda negra sobre él, acrecentada porque presumió en varias de sus declaraciones de un antisemitismo ramplón ( una enfermedad propia de la época, buscar el chivo expiatorio a todas nuestras frustraciones como sociedad, y lo que tiene fundamentos, verter toda una gavilla de obsesiones como una montaña de basura y de prejuicios contra el más débil, es decir, el judío). 

Algunos maquis, con lo tenebroso que se vuelven los recuerdos, también describen a un español larguirucho, con bigote que rondaba por aquellos somontes pirenaicos. Además, en El Marqués  y la Esvástica, aducen que repentinamente,  el señor González Ruano salió indemne de todas las acusaciones de la Gestapo y con un buen fajo de billetes a juzgar de su gran tren de vida. ¿Quizá comprase su salida a cambio de delatar a todo quisque? Disfrutó de un  dolce far niente en las playas de Sitges, y juzgado in absentia por colaboracionismo, fue condenado veinte años en Francia, sentencia que posteriormente le fue revocada. A beneficio de inventario, digamos que en Sitges y en una de sus crónicas, acuñó la palabra chiringuito que hizo fortuna para aquellos locales, que buscamos como refugio en cualquier playa.

Por último, Rose y Placid rastrean en el Pirineo andorrano, donde un testigo judío  que sobrevivió a una emboscada propiciada por los que se suponía que eran los pasadores, afirmaba que se habían enterrado a sus correligionarios masacrados. Pensaban  que para cerrar la historia y la condena de Don César, sería necesario encontrar restos humanos. Hilar todas estas pruebas para condenar al escritor, nos llevaría más que a hilar, a la hilaridad. Son pruebas circunstanciales, más propias de una necesidad de condena que surge de antemano a cualquier investigación.  Qué Don César era un antisemita hediondo, no nos cabe ninguna duda. ¿ Llegaría a la altura nauseabunda de Luois Ferdinand Céline? Nos tememos  que no (en su momento hicimos esta semblanza de Céline) Qué fuese un pillastre, de una moralidad cuestionable, lo dejó en sus escritos. Qué colaboró con los nazis, probablemente, en cuanto  te leyeran la matrícula los de la Gestapo, ablandarse formaba parte de una lógica.  Para condenar a cualquier persona, en nuestra opinión, se han de hallar indicios más sólidos. El libro que he leído es muy interesante, pues añade verdadera investigación y rescata del olvido muchos documentos que nos sirven para retratar a un personaje de una moralidad inversamente proporcional a su enorme talento. Es más, El Marqués y la esvástica resulta un excelente ejercicio de periodismo literario, que disfrutaremos aquellos que valoramos tanto la forma como el fondo.   En otra ocasión, hablaremos acerca de las peripecias literarias de César González Ruano, que fue testigo de momentos claves de la historia más reciente de la humanidad.  

 (1) Escrito por Rosa Sala Rose y Placid García- Planas, ambos con mucho bagaje en el periodismo y en el caso de Rosa, prolífica investigadora de las entrañas nacionalsocialista, su lectura a pesar de las especulaciones que se apartan de lo que se insinúa en la contraportada, es más que placentera. Se agradece el cuidado por las formas, una excelente y literario redacción de los hechos y pruebas que giran en torno a un personaje, que a pesar de sus debilidades y maldades, les atrapa y lo que es mucho mejor, nos atrapa a sus lectores. Te transporta con facilidad a los años veinte y treinta de nuestra literatura, que vivió sin duda  una época dorada, más que de plata ( podemos leer la entrada que hicimos del viaje que relatábamos Alejo Carpentier en el Madrid de 1932 ).
(2) Tras el incidente del Ateneo como ex
plican Rosa y Placid, durante una época firmará sus crónicas con un Rúano a secas, por temor a que le relacionasen con el tipo grosero que traspasó con insolencia más  de una raya, con un bagaje más que exiguo.


9 comentarios:

  1. Buena entrada, interesante y bien narrada. Y con muchos datos que desconocía. La ocupación nazi de París es uno de los temas novelescos por antonomasia, porque sobre todo es real: es muy atractivo indagar en el juego de ocupantes/colaboracionistas/resistentes/traidores/oportunistas/etc, que supuso la invasión de Francia en la guerra y el posterior régimen de Vichy. Y que se ha convertido en intemporal símbolo histórico de la cloaca política subterránea que discurre bajo cualquier conflicto bélico, más allá de las trincheras y los frentes.

    Cuya cloaca, como bien sabemos (y se dice siempre) saca a flote lo mejor y lo peor del ser humano, tráfico de salvíficos visados incluidos. Y también inspira buenas películas, como Casablanca, que iba justo sobre eso.

    En cuanto a Ruano y su colaboracionismo, me recuerda la acusación contra Cela (otro a quien admiras) por aquello de ofrecerse sumisamente como delator (y ejercer como censor) del régimen franquista. Y en ambos ejemplos (y otros parecidos) es difícil juzgar desde la doble barrera temporal y física, así que mejor no hacerlo.

    En todo caso, lo que no es perdonable en ninguna época ni circunstancia es la traición, que es algo más interpersonal y a flor de piel. Y eso sí es fácil juzgarlo. Pero casi imposible demostrarlo en alguien, salvo que te implique muy personalmente porque tú mismo lo has vivido.

    Saludos.


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  2. Son personajes con muchas aristas,capaces en el caso de Cela,de comprometerse por naulas como Manuel Viola o en pleno régimen,mostrar una deferencia y admiración por Pablo Picasso.Ni más ni menos que hacer un número especial de Sons de Armadans al hijo pródigo del comunismo.De César González Ruano quedan sus hediondos escritos antisemitas,los apoyos al nazismo más balbuceante y que se erigia según el famoso periodista en sustento de los valores.Por toda Europa cundia como la pólvora el pesimismo de Spengler.En fin,soplabam vientos para dar pie a las sandeces menos exquisitas intelectualmente.Yo admiro la brillantez de la metáfora en sus artículos,el hombre en cambio me llega a repugnar.Como héroe de la época,intelectual y sabio admirable,tengo al gran Manuel Chaves Nogales.Un saludo y gracias por comentar,Bonifacio.Yo amo las obras y los hombres en muchos casos,me son prescindibles.

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  3. Sí, la brutalidad (intelectual también) salpicó a casi todos. Ya había entendido que de Ruano admiras el estilo nada más. En cualquier caso: lo escrito, escrito está. Lo repugnante y lo limpio.

    Y lo que queda por escribir (y por hacer) es la tarea que de verdad importa. Para la cual, lo idóneo es tomar lo mejor de cada uno. Y más las obras que los hombres, como dices bien.

    Saludos.

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    1. Totalmente de acuerdo, Bonifacio. Nos quedamos con sus escritos, aunque siempre he dicho que nunca me ha gustado juzgar a los hombres fuera de su contexto. Ha habido auténticos titanes que se sobrepusieron al cieno de su época, como el gran Manuel Chaves Nogales, que muy pocas veces perdió el oremus y quiso estar en un punto de mesura. Francisco Ayala sería otro paradigma de aquellos hombres buenos, ajenos a la maleza ideológica.

      Además, muchos nos rasgamos las vestiduras en tiempo de bonanza respecto a las locuras a la que inducían verdaderos intelectuales, pero en cuanto pintan bastos, hemos resucitado a los peores fantasmas.

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  4. Hola, Sergio, soy Rosa Sala Rose, la coautora de El marqués y la esvástica. Muchísimas gracias por este extenso artículo sobre nuestro libro. Celebro que hayas disfrutado de la lectura, como yo lo he hecho leyendo tu post. Si me permites tan sólo una aclaración para tus lectores, en ningún momento nos hemos imaginado -ni en el libro, ni en nuestra fantasía- a Ruano "apretando el gatillo con una sonrisa de gozo". A Ruano le daba grima la sangre y no era en absoluto un pistolero. Lo que hemos investigado no es una participación de Ruano en ametrallamientos en los Pirineos, que sería solo la consecuencia final de sus acciones, sino su implicación en la entrega en París de judíos a una falsa red de evasión infiltrada por la Gestapo haciéndose pasar en la capital francesa por agregado cultural de la embajada española. Esa es la acusación sobre la que se basa nuestro ensayo. Fue formulada en sus memorias por el difunto periodista Eduardo Pons Prades, ex-guerrillero del Maquis. Es verdad que no hemos podido demostrar las declaraciones de Pons Prades en su libro pero sí que, como apuntas en tu entrada, por el camino hemos destapado toda una serie de documentos inéditos de archivo que no vierten precisamente una luz positiva sobre las andanzas de Ruano en la Europa de aquel tiempo, y hemos podido dar nombre y relato al menos a una de las víctimas judías de sus trapicheos y estafas, Hans Schönhof, asesinada en Auschwitz. De nuevo, muchas gracias por la lectura de nuestro libro y por haberle dedicado tanta atención. Nuestra investigación ha sido una aventura apasionante y alegra saber que sigue encontrando a sus lectores.

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    1. Muchas gracias por leer esta entrada, Rosa, de verdad que me sorprende que haya tenido tanto alcance y me honras con su lectura. Como se puede prestar a equívocos, he decidido quitar la parte en la que hago un ejercicio literario y retórico.

      En ningún caso, quería referirme a las conclusiones del libro, que además es muy riguroso, puesto que no da ningún paso en falso en este sentido. Son más las conclusiones que se han sacado de un César González Ruano que supo vivir en una continua impostura, y de personas que tocando de oído ( no vosotros), han resumido en un titular o entradillas que Ruano que como en mi caso, y enmiendo el error, se pueden prestar a equívocos e involucrar al famoso periodista en los ametrallamientos.

      Muchas gracias de nuevo, por transportarnos a los lectores a la atmósfera de aquellos tiempos, que es uno de los méritos sin duda de El Marqués y la esvástica. Por cierto, me gustaría adentrarme en la época de la ocupación, y aparte de la maravillosa Suite francesa de Nemirovsky, y La Huida de Sagan, ¿ encuentras alguna muestra literaria más y para documentarme de esa época que dejó huellas tan profundas en Francia? Quizá Modiano.
      En fin, un abrazo, y seguiré leyéndote.

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    1. Muchas gracias.Sí,es un episodio bastante oscuro de la vida de una de las plumas más geniales del siglo XX.Aunque para condenarle,en mi opinión,tiene que haber más pruebas.Si es reprobable su antisemitismo de lo más atávico,que apela a las entrañas.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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