jueves, 30 de marzo de 2017

El ardiente secreto de Haendel.



Un golpe sordo, de cuerpo inerte había resonado en la pieza oblonga y en toda la casa. La babilla que espejeaba a la luz de los candiles, había brotado de la comisura de los labios de aquel hombre orondo, que rondaba una cincuentena considerada ancianidad para aquella época. Hasta que aparecieron frente a sus párpados entrecerrados, como sueños velados, tanto el fámulo que le veneraba como maestro celestial y el  criado siempre reservado y menguante, en cuanto el señor elevaba el tono. Ambos habían alargado los pasos ante el estruendo, subieron las escaleras al piso superior al trote, con caras de muda extrañeza. Intuyeron la desdicha que a la postre acabaron por confirmar. El maestro con leve estertor, tumbado bocabajo, emitía un chirrido como si quisiese vocalizar unas palabras. Rápidamente el fámulo le espetó al criado.- ¡Vamos, corre, que parece que le ha dado un ataque al corazón! Quitémosle la camisa y todo lo que le apriete, y pásele por favor, un paño con agua bien fría para que recupere el conocimiento.- Enseguida entornó sus pupilas a la frente sudorosa del ídolo yacente, los ojos desorbitados e irisados.- Retírele la lengua para que no se ahogue.- Le alcanzó el mango de un peine que hubo desenroscado. - Me marcho a buscar a un médico.- El fámulo salió raudo hasta que se topó con un duque melómano, que le brindó los servicios de su galeno. George Friedich Haendel logró salvar la vida de una apoplejía, que inmovilizó su lado derecho. 


Pequeñas miniaturas con las que Zweig,
nos da pinceladas de su maestría
como narrador y sus vastos conocimientos




Sin duda, como nos describe el gran Stefan Zweig (1) en uno de sus Momentos estelares de la humanidad, la rápida intervención de los servidores de Haendel le había salvado la vida. De no haber ocurrido así, la humanidad entera se hubiera perdido El Mesías de este compositor, esa maravilla musical donde el autor logra la perfección como pocas veces ha ocurrido en la historia del arte ( más otras composiciones posteriores). Pero el camino de la recuperación fue una dura travesía para el músico. No en vano, el doctor que le diagnosticó un ictus,  le confirmó que el cariz de la lesión le hacía ser escéptico respecto a la recuperación total del enfermo. Haendel estaba hecho un cromo, con sus labios perpetuamente crispados.  Al principio, como un bulbo languidecía pesaroso porque se quería incorporar a la vida, arrellanado en un triste rincón de su salón. Le habían conducido al accidente vascular un cúmulo de factores: el frenesí de la obra que iba a estrenar y los acreedores que como moscas se habían arracimado en torno suya, porque los plazos del estreno de la obra se dilataban y por ende, los retornos de la inversión. Todo un ramillete de razones que estuvieron a punto de malograr tanto al compositor como a su famoso Mesías. Esta historia que relata con verdadera pasión el escritor suizo, es un ejemplo claro de superación, más en estos casos de ictus que suelen destruir lo que fuimos como personas. Somos seres conscientes y cuando desaparece nuestro pasado, qué queda realmente de nosotros. ¿O cuando somos conscientes de nuestro estado e incapacidad para comunicarnos? 



Stefan Zweig, uno de los grandes escritores
del s. XX y gran divulgador.
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Además, Stefan nos toca la fibra sensible con esta historia, sin duda. ¿Quién no ha sufrido las consecuencias de una parálisis en las carnes de un familiar cercano? En nuestro caso, nuestro padre, que de ser una de las personas más cultas que jamás hayamos conocido, por un ictus pasó de la noche a la mañana  a farfullar unas pocas palabras que resultaban ininteligibles. Antes del accidente vascular, en cuanto captaba un mínimo haz de atención, nos desplegaba a sus hijos las servilletas para explicarnos como el General Giap había ganado la partida en el campo de batalla y en la retaguardia a los americanos. Avido de compartir ese dejo de sabiduría que traslucía - al final, pese a los disensos de una juventud candorosa, me he ido aviniendo  a sus conclusiones, que tras muchos giros, me parecen de lo más lúcidos -quedó reducido a una persona que vocalizaba apenas las palabras. Poco a poco con una psicopedagoga y después de largas sesiones que le exasperaban, porque enseguida le llegaba la llantina al verse tan imposibilitado, fue superando su difícil situación. Tampoco podíamos reprimir las lágrimas que rápidamente nos enjugábamos para aparentar una ilusión, que teníamos que contagiar al enfermo. Fue mejorando aunque le fallaba la memoria. El se repetía "con lo que he sido"- no podía acabar la frase. Con todo, mejoró, recuperó la movilidad y parte de una memoria prodigiosa. 

Haendel, enorme músico y luchador.



Al compositor alemán afincado en Inglaterra, también le aguardó una lenta recuperación. El doctor le había recetado baños diarios de agua caliente de dos horas, con el objeto de recuperar la movilidad de una parte del cuerpo. ¿Qué hacer cuando éste no responde a una mente en constante ebullición? En lugar de las dos horas, y a fin de acortar los plazos marcados por los expertos, el testarudo compositor alemán se despojaba de su peluca y paciente se sumía en las aguas bien cálidas del balneario durante nueve horas. ¿ Maceraría su cuerpo como pronosticaron los médicos que desaconsejaban un tratamiento tan intensivo, que podría ser en todo caso contraproducente? Cuando el milagro se produjo, y poco a poco, fue recuperando la movilidad perdida, su mente habría aprendido a recurrir a otras zonas vagas de su cerebro para recuperar una actividad frenética. Más tarde, su pesadumbre se tornó más angustiosa si cabe. No era capaz de componer más de dos notas seguidas. Sabíamos de su exigencia, y la inspiración no afloraría como antaño. Tendría que rendirse, no obstante, empezaron a llegarle rachas de inspiración en cuanto leyó un libreto con sus formulaciones divinas, luciérnagas de luz que vertieron todo su caudal creativo, con el que empezó  a componer. Febrilmente iba ligando unas notas con otras, estaba en pleno  éxtasis creativo, ¡¡aleluya, aleluya!!. Aquel viejo atacado por una de las enfermedades más discapacitantes, remontaba el tortuoso camino para crear una de las más bellas composiciones musicales de todos los tiempos.

Pese a que las deudas le asolaban al haber estado tanto tiempo sin trabajar, como presentía que su vuelta había sido un regalo divino, decidió que no sólo la recaudación del estreno recalase en las arcas de una institución benéfica, como era costumbre por otra parte en la época, sino que lo recolectado en cualquier representación, financiase los hospitales y la mejora de las condiciones de vida en las cárceles de los alrededores de Londres. Otra vez acuciado por los acreedores, las costosas representaciones obligaban a fuertes desembolsos que acababan por volver exangüe su economía, no obstante, nada amargó a Haendel que supo desde su accidente, que el tiempo que vivía, éste sí, que era de prestado. Asimismo, la divinidad le permitió tornar con toda su fuerza creativa. ¡ Qué le importaba lo demás!¡ Había creado El Mesías! Quién no se sobrecoge al escuchar tanta hermosura y al conocer su historia de superación, se esperanza con su ejemplo.Siempre le decimos  a los enfermos que hay que querer para poder. Es verdad que la dura travesía no es ni mucho menos un cuento de hadas, y que ellos jamás compondrán una pieza como la de Haendel.  En estos casos, el trabajo luce, no todo lo que nos gustaría.  Muchas gracias, Stefan por conmovernos con esta historia de superación.



(1) Zweig que vivió el baqueteado siglo XX, fue un testigo de lujo de los mundos que se enfrentaron a comienzos de dicha centuria. Una anécdota que cuenta el propio autor, fue la del estreno de su novela Ardiente secreto, un folletín amoroso con la excelente prosa a la que nos tiene acostumbrados Zweig. El veleidoso azar quiso que coincidiese con el incendio del Reichstag, por lo que los nazis, resabiados por lo escandaloso del título - a poco que hubiesen leído, y salvo que fuese un libro de claves, el libro trataba una historia de amor- le pusieron muchas trabas para que lo publicase. Los cartelones anunciando la venta del mismo, se prestaban a interpretarlo como una insinuación a que el fuego habría sido provocado por los vástagos del Führer.

domingo, 26 de marzo de 2017

El hombre de Piltdown y el prodigioso Doyle.




Sin duda alguna, Sir Arthur Conan Doyle resulta uno de los escritores más enigmáticos y paranormales de la historia de la literatura. Su nombre se asocia a uno de los mayores fraudes de la arqueología, el Hombre de Piltdown, que entrevera buenas dosis de misterio con una trama sorprendentemente burda. En cualquier caso, Doyle  había abrazado con fervor las teorías espiritistas tras la muerte de su hijo Kingsley, por neumonía mientras combatía en la Gran Guerra. Es curioso que el propio escritor a la edad de cincuentaicinco años quisiese alistarse alegando por carta que todavía conservaba una voz audible y un cuerpo recio. Pero a raíz de la muerte del hijo, Doyle afirmó que hablaba con los espíritus de igual forma que con los vivos. A su alrededor sentía la presencia de Kingsley como la luna gira en torno a la tierra. ¿ Habría perdido la cordura? Esta pertinaz visión de un más allá que podríamos calificar de más acá, le enfrentó a su querido amigo, Harry Houdini (1), el conocido escapista que se había convertido en toda una celebridad de la época. El místico judío llamaba farsantes a los médiums y espiritistas, contra los que emprendió una verdadera cruzada. Si alguno demostraba de forma fehaciente que tenía poderes sobrenaturales, el mago judío le daría una buena recompensa. Todo surgió según algunos testimonios cuando en una sesión con una medium, ésta trasladó a Houdini un mensaje en inglés de su madre fallecida. La mujer emigrante apenas chapurreaba una mezcla de alemán y yidish, por lo que la desfachatez de la espiritista encendió los carrillos de Harry que tuvo un acceso de ira. Curiosamente una serie de televisión reproduce los avatares de la amistad de ambos.


Los implicados o afectados en el fraude, analizando
el que creían colosal hallazgo
De John Cooke -
http://blog.geolsoc.org.uk/2012/12/13/a-tale-of-three-meetings/geological/
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Con todo, nos escaparemos por otros derroteros de la vida de Conan,  a fin de evitar cierto repelús en los lectores, aunque puede que removamos aún más sus entrañas. Sabemos que fue un escritor genial y peculiar a partes iguales, padre de Sherlock Holmes y del Sabueso de los Baskerville, debido a su profesión de médico detallaba con precisión cada uno de los casos de asesinatos que resolvía el detective en sus novelas. Unos conocimientos de anatomía, que a algún orate, o quizá con algún hecho indiciario, le hizo sospechar de él como uno de los posibles Jack el destripador. No  en vano, el asesino en serie tenía gran pericia con el bisturí, puesto que diseccionaba órganos sin desgarrar miembros solidarios. ¡¡¡ No nos imaginamos la amargura que los espíritus de las meretrices provocarían en Doyle, para el que no había más allá ni más acá, todo estaba entremezclado!!! Suponemos que perseguirían al escritor por su presunta vesania hasta los lugares más recónditos. Nosotros nos negamos en rotundo a fabricar semejante especulación, con el objeto de vender libros (ver entrada de misterio y miedo   donde se trata esta hipótesis más detenidamente). De hecho, hay más de un centenar de teorías acerca de la identidad del asesino, a cada cual más peregrina. En este caso y en el de Piltdown ( en el que no se pudo hacer el test del carbono 14 isótopo descubierto en 1940), los investigadores se toparon con las limitaciones de una ciencia todavía demasiado embrionaria.






El gran Arthur Conan Doyle una vida para la
literatura y llena de misterios.
De Arnold Genthe - PD image from
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Sin disiparnos en otras batallas, nos gustaría retomar el engaño de Piltdown, por donde sobrevuela también la sombra del ubicuo Conan Doyle. No tenemos claro mucho tiempo después cuáles habían sido las motivaciones para llevar a cabo el engaño, aun cuando proponemos como en un juego de Cluedo, una lista de sospechosos, con diferentes intereses. El cui prodest  adquiere tintes un tanto turbios. Dado que se hablaba de unos restos de una calavera de mentón prominente, los expertos aventuraron que la barbilla sobresaliente era un indicio de que se trataba de la evolución intermedia desde el mono al hombre, como postulaba Charles Darwin. A pesar de algunos recelos iniciales, fueron considerados durante mucho tiempo la prueba palpable de que se había encontrado el eslabón perdido, además, en el mismo Condado de Sussex. ¡Más británico imposible! Así que los habitantes de la isla hundieron con rebozo sus narices en los diarios que dispararon sus ventas porque dicho hallazgo había revolucionado a la sociedad de entonces Frente a los grandes descubrimientos que tenían lugar en Francia ( mucho más tarde, en pleno siglo XX llegaría la eclosión del gran Atapuerca), y unas Cuevas de Altamira que destacaban por su belleza, pero que arqueólogos franceses intuían que se trataba de una mala catalogación de los doctos hispanos en la materia, Inglaterra se anotaba el tanto definitivo.


Pues como decíamos, habían encontrado en Sussex la pieza perdida que permitía establecer una línea de continuidad en la evolución humana. Algún periodista sesudo de la época sublimaba el hallazgo por encima de la Troya de Heinrich Schliemann(2)  Pues a esa altura situaba el plumilla a ese cráneo  que un obrero  se había encontrado, removiendo un terreno en el año 1912. Enseguida se los entregó a un arqueólogo aficionado un tal Charles Dawson que junto a una eminencia de la región, el paleontólogo Smith Woodward, hicieron partícipes del increíble descubrimiento a la Sociedad geológica de Londres. Aparece un tercer hombre al que se dirigen casi todas las miradas acusatorias, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, al cual se considera el autor de la broma que  como sabemos le fue imposible parar. Una tesis poco probable, porque en 1917 se descubre un segundo ejemplar de dicho homínido, que sugiere la existencia de una población mayor. Los escépticos por esta baza del  azar que jugaba a favor de las tesis de Piltdown, fueron acallando sus críticas. Winston Churchill llamó a los ejemplares de transición a los homínidos, "los señores de la creación".


Churchill también estuvo metido en el ajo de Piltdown,
con sus frases que acuñaban perfectamente las circunstancias
De Desconocido -
http://media.iwm.org.uk/iwm/mediaLib//8/media-8244/large.jpg
Collections of the Imperial War Museums.,
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Pasaron los años, hasta que rondamos el 1953, cuando por fin se destapa el montaje de un cráneo de hombre medieval, mandíbula de gorila y dientes humanos limados, todo en un baño de cromo para envejecer los restos. Además, el fraude se extendía a los dos conjuntos de restos, el de 1912 y 1917, empleando la misma técnica, que señala la autoría de una mano única . ¡No había pieza sin manipular! El escándalo llegó a sede parlamentaria, ya que representaba el nadir de la ciencia británica, que remontaría el vuelo  con la radioastronomía algunos años después, en los sesenta (ver entrada del Azogue del LGM1 ).   El hombre de Piltdown nos enseña muchas cosas. En primer lugar, el científico no debe dejar contagiarse por un entorno de euforia. Lo que sorprendió al observador que desveló el entramado y propició el análisis del carbono catorce, fue el encaje de la mandíbula en el cráneo, demasiado chapucero. En su momento se habían desdeñado estas mismas observaciones por parte de otros científicos y las acusaciones de falsedad como una anatema. Es verdad que el estado de la ciencia no permitía grandes alardes técnicos, sin embargo, una observación fría del material hubiese hecho llegar a las mismas conclusiones que en el año 53. A Conan Doyle le metieron en la rueda de sospechosos habituales por sus enredos paranormales: hemos de tener en cuenta que vivía a pocos kilómetros del "yacimiento" y que desde el primer momento tuvo un vivo interés por el homínido ¿Habría tratado de ponerse en contacto con él, a través de una sesión de espiritismo? Por último, fue tal el desprestigio de los científicos evolucionistas, que muchas asociaciones de creacionistas se aferraron a este engaño, y a los juegos de intereses que presionan para que la verdad tarde en aflorar, a fin de tejer una teoría conspiratoria en torno a Piltdown y todo el darwinismo.





(1) Como malévola curiosidad personal, decir que de joven me motejaban el gran Houdini. Perdón por esta alusión tan personal. De farra, de pronto, había un momento que todos se preguntaban que dónde estaba Muna. Desaparecía en medio de la noche sin decir ni mu, rumbo a lo desconocido, y con el mayor misterio. Hablando del mago judío, como buen abuelo cebolleta y eso que tengo poco más de cuarenta años, recuerdo a los jóvenes que no jueguen a lo de golpearse en el abdomen - no soy médico. El final dramático que en uno de sus juegos, pidió al que llamaban hombre más fuerte del mundo que golpease su vientre. Unas horas más tarde, el increíble ilusionista padecía fuertes dolores estomacales que se fueron complicando, hasta que se reunió con su querida madre por peritonitis. Esperemos que nos aclare dentro de muchísimo tiempo si en este caso se puso en contacto con su venerada madre. No es un misterio que nos corra mucha prisa saber. Es un personaje por el que siento predilección, pues su nombre me evoca a aquellas noches de escapismo - si podía ser acompañado mejor- en las que improvisaba las últimas horas de oscuridad.


(2) ¿Les suena la historia? El tendero alemán enamorado de la cultura clásica, y que leyendo precisamente a los clásicos, llegó a los pies de la mítica ciudad griega, que se habían disputado seres casi mitológicos, y que incluso el mismo Heródoto hubo recitado casi de memoria hace unos cuantos miles de años. Sí, Homero era más antiguo todavía, aunque todo lo griego nos suene a la misma época.

jueves, 23 de marzo de 2017

La fría conciencia de una generación


Como grajos negros, varios personajes extraños habían  revoloteado  en torno a su casa. Un individuo zafado en la farola, embozado en su overol y un pitillo cuyo humo le hubo delatado, pasaba las horas muertas en la acera de enfrente. El escritor, presa de miedos inconfesables, se enervó cuando el eco de un ruido casual retumbó en su casa silenciosa ¿ Se habrían atrevido a entrar? George Orwell (su verdadero nombre Eric Arthur Blair) receló entonces  de los servicios secretos  de una democracia como la británica. ¿Y si hubiesen quemado las pruebas de imprenta? No importaba, tenía el original a buen recaudo. Una vez más retiró el visillo, y oteó más allá de la callejuela donde se apostaba el espía. ¡ Allí seguía el desgraciado! Hasta editores que creían que la obra merecía la pena, no se atrevieron a aventar el clima de confianza que las necesidades habían convertido en virtud para el Primer ministro Winston Churchill. ¡ Sería desafiar al Número 10 de Downing Street! El político orondo y de puro llameando había bogado en los años 30 en solitario en su afán de combatir los dos totalitarismos que se cernían sobre Europa pero en pleno año 1944, creyó conveniente que no se enojase de forma gratuita a Pepe Stalin y la novela de Eric, Rebelión en la granja, llamaba sin tapujos cerdos a los comunistas. No en vano, la guerra entraba en su fase más cruda, como describe Ian Kershaw en su famoso Descenso a los infiernos, entre el 40%-50% de las bajas y muertes se produjeron en estos compases finales.




De Branch of the National Union of Journalists (BNUJ).
- http://www.netcharles.com/orwell/,
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Por eso, la novela de George Orwell, llegaba en un momento más que complicado. El Gobierno británico no quería que una chinita pusiese en riesgo el complejo entramado de las relaciones con los rusos, reconstituidas por necesidad desde que los nazis se lanzasen en pos del gigante euroasiático, en la famosa Operación Barbarroja. Con la capa tan fina que gastaban los "amigos soviéticos" para estas cuestiones de la cultura y de la libertad de expresión, el Ejecutivo de Churchill pidió que se pospusiese su publicación y como no tenía los instrumentos de una dictadura, los métodos de persuasión no podrían ser de otra forma más que alegales. Presionando a editores, al propio autor, quizá el eslabón más difícil de todos. De Eric se dijo que se había constituido en "la fría conciencia de una generación", puesto que sin regomello, vivía conforme pensaba para anteponer sus principios a razones de cualquier otra índole. En todo caso, capaz de llevar al extremo sus convicciones, no se apeaba fácilmente de sus ideales. 



La Conferencia de Yalta, donde los tres titanes que pondrían
las condiciones de la paz, jugaron papeles antagónicos.
De War Office official photographer
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El carácter austero de Eric y el objetivo de distanciarse de una clase acomodada, le hizo vivir con mucho desapego al lujo.  Jeffrey Meyers, uno de sus mejores biógrafos, habla que se rebozaba con gozo en las cochiqueras, aunque anhelaba el oscuro secreto que se hallaba tras el amor. Comprender esos arcanos para gozar de las hembras, supuso el único talón de Aquiles, que si los servicios secretos hubiesen explotado convenientemente. A Orwell sin duda no se le convencería por razones de oportunismo de alta política. Así, con los comunistas al otro lado,  que no entendían de libertades de expresión, el conflicto estaba servido. (1).  En Rebelión en la granja, los cerdos que se erigen en líderes de la revuelta, son fácilmente reconocibles en la nomenclatura soviética. De esta fábula maravillosa, proviene la frase " todos somos iguales pero unos más iguales que otros" y es que el autor había vivido en sus carnes el totalitarismo comunista, en un conflicto que fue clave para la intelectualidad de la época, nuestra Guerra Civil(2).

Este viajero infatigable, que se había enrolado en la milicia del POUM, y que recorrió el frente de Aragón donde le sorprendió la anarquía que brillaba ya desde Barcelona, casi tanto como el amateurismo militar de algunos románticos, o iletrados, que apenas habían salido de su pueblo, y sin instrucción, se atrevían a coger un fusil.  Todas sus experiencias en el frente español, las plasmó en Homenaje a Cataluña. Sin duda, aquella patulea caótica  debió herir su alma acostumbrada al orden más riguroso como alumno de la prestigiosa escuela de Eton. Pero lejos de cualquier abandono, Eric, un gigantón que chapurreaba bastante bien el castellano y algunas palabras de catalán, se hizo con la situación. Impartía instrucción con su colt al cinto y una cazadora de cuero que le había regalado su amigo, el escritor Henry Miller, que por aquella época había provocado un maremagno con sus trópicos ( ver entrada en revista yaconic). Uno de los agravios que más dolor produjo a Orwell fue la indiferencia de Miller respecto a la Guerra de España( ambos se habían congraciado por su espíritus de giróvagos, aunque el de Henry tenía más que ver con el lujo). Eric quiso atraerle para la causa,con el objeto de que partiesen a esa guerra romántica, llena de lógica  por su lucha contra el fascismo, hasta que el americano  le repuso que no sentía ninguna inquietud por aquel conflicto. Odiosamente hedonista, provocador, el americano pese a la evidente amistad que había nacido entre ambos, detestaba el aura de idealismo de la que se imbuían todos los británicos y en especial su amigo Eric. Para Miller verse impelido por alguna obligación moral a luchar en aquel conflicto " constituye una verdadera estupidez". Hagamos un inciso, y reconozcamos que serían necesarios más este tipo de amantes de la vida infatuados como el señor Miller,  para que el espanto de las contiendas no tuviesen lugar. A su amigo Eric que "a pesar de ser maravilloso", le calificó de estúpido por esas ínfulas de luchar contra las fuerzas del fascismo.  


Philby, comenzó sus andanzas en una guerra idealizada.
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Llegado a España, George Orwell se mantuvo adrede a distancia de la intelligentsia, de cenáculos como los de Rafael Alberti y de la bella María Teresa León, que atesoraba una pistola de plata para luchar en lo que para el británico se trataba de una guerra de pacotilla, por lo que quiso mezclarse con el ejército que hacía frente de verdad al fascismo, sin privilegio alguno.  De esta forma fue testigo directo de los acontecimientos de nuestro conflicto. Aparte de la indisciplina, también denuncia el mal estado  de las armas - alguien se enriquecería con gruesas comisiones- sospechó entonces. Sin embargo, lo que le iba a convulsionar definitivamente al novelista británico, fue la persecución a la que se sometió a la organización hermana del POUM, por parte de los estalinistas. Cómo el hombre del NKVD en España, Alexander Orlov hizo desaparecer  a un Andreu Nin, que había sido acusado de troskysta y al que como luego supimos, despellejó vivo en Alcalá de Henares. Con el fin de sembrar las dudas, la propaganda soviética dejó escapar la especie hecha copla de : "Andreu Nin, donde estás ¿en Roma o Berlín? " A veces se cambiaba uno de aquellos destinos por Salamanca, ya que para desacreditar al miembro del POUM, se sacaron a colación una serie de pruebas de su implicación  con el espionaje fascista, que por supuesto habían sido falsificadas por la inteligencia soviética. Orwell choca para tomar conciencia con la bestia estalinista que estaban alimentando.

Por eso, cuando Gran Bretaña unió sus destinos en la IIGM a la dictadura estalinista, pesaron sobre el escritor los más hondos agravios: "Confío en que el hecho de que ese repugnante asesino esté temporalmente de nuestro lado, y de ese modo se olviden de repente las purgas, no se haga realidad". Su desconfianza y odio hacia el dictador soviético nació en la Guerra Civil española. No cabe duda que tras el Gran Hermano de su famosa novela 1984 que publicó años más tarde, se escondía Joseph Stalin. Y en la Rebelión en la granja, puso en solfa a toda la nomenclatura del partido comunista. Las presiones surtieron efecto, y el manuscrito de Rebelión concluido en 1944 y con todas las pruebas de imprenta hechas, se publicó un año más tarde. Las relaciones entre los aliados se fueron enturbiando, y en Yalta casi se podría hablar con criterio de un divorcio en ciernes. Por eso, en 1945 la fabula del gran escritor Orwell no causaba tantos problemas. Objetivo logrado por el ejecutivo de Churchill. ¡¡¡Qué se apunte un tanto Winston!!!






Por supuesto aquí no acaba la historia,
Orwell seguirá viviendo en sus lectores.
De Brian Robert Marshall, CC BY-SA 2.0,
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(1) No en vano, Koba lanzaba diatribas en forma de columnas en el Pravda, bajo seudónimo claramente reconocible, contra los artistas burgueses que no habían tomado el socialismo real como frontispicio de su actividad creativa Si los artistas tentaban mucho la suerte tras una reprobación del líder máximo en una columna de Pravda, no sólo los concernidos, sino sus familias, se tendría que atener a las consecuencias ( la fabulosa trilogía de Shentalivsky, refleja la compleja relación de la atroz dictadura con la intelligentsia rusa ). A la familia de Tolstoi y su secretario se les persiguió, puso en jaque. Otros autores como Mijaíl Bulgakov, a pesar de las reprobaciones y algunos castigos de índole menor, se le respetó porque se decía que al supremo líder le había caído en gracia. Otros escritores como Mandelstahm cayeron en los infiernos. Ni siquiera el apoyo de Massim Gorki les salvaría del purgatorio. 

(2) Kim Philby que comenzó sus andanzas de espionaje en nuestras tierras, recordaba que un profesor del Trinity College en un alarde de maniqueísmo, voceaba que la única guerra donde había buenos y malos absolutos, era la que se producía en España.

domingo, 19 de marzo de 2017

Chaves Nogales, desde Rusia con amor


Uno de los héroes de un panteón que trasciende a la pura inventiva de palabras, sería el maestro del periodismo, Manuel Chaves Nogales. En todo el remolino de acontecimientos que rodearon una vida tan baqueteada - la Guerra Civil española, la debacle francesa en la IIGM, o los bombardeos de los acólitos de Göering a un Londres desprotegido- siempre hizo gala de un juicio mesurado respecto al contrario, sin un ápice de rencor, lo cual nos resulta fascinante. Intelectuales de la talla de Manuel Azaña (1), que ocupó las más altas magistraturas de la II República, herido por toda la ponzoña que instilaban muchos artículos contra su fealdad - poco menos que batracio le llamaban para discutir su hacer político- luego  se mostró jactancioso en una época en la  que los destinos personales pendían del capricho de un soldado o miliciano mal encarado. Sin embargo, en esta tesitura, Chaves Nogales ayudó siempre que pudo al menesteroso, independientemente de las rencillas pasadas. El maestro sevillano supo entrever a personas en medio de la batahola de ideologías y de pasiones ebrias, periferias absurdas de una época, en la que el hombre se tornó en el cieno que moldear o directamente destruir.

El temible Joseph Stalin, el terrible dictador,
parece un joven afable.
De Desconocido - Scanned from:
"Сталин. К шестидесятилетию со дня рождения."
Москва, Правда, 1940., Dominio público,
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Dicho esto, el periodista tuvo acertadas incursiones en la narrativa, como su maravillosa biografía del torero Juan Belmonte o el que es aún mejor en nuestra modesta opinión, un prontuario de relatos de nuestra guerra, A sangre y fuego. Nos cautivó la fascinante galería de monstruos que se orearon entonces en la contienda. El sevillano no deja títere con cabeza, puesto que con demoledora compasión, hurga en las pasiones y vilezas de ambos bandos. Pese a que sus simpatías como liberal se decantaran por la causa republicana - bien es cierto que abominó los dos totalitarismos entre los que se debatía una Europa cuyas democracias languidecían- su mucho patear por las calles madrileñas pobladas de milicianos, y su afán por ponerse en el lugar de todos, le ayudó a construir una de las crónicas de relatos más contenidas e impersonales de nuestro conflicto, en el sentido de que el autor rehúye de cualquier protagonismo(2). Y literariamente son una maravilla que raya a la altura de los mejores relatos de Francisco Ayala, que se destacó en este rubro guerracivilista por encima de otros ( más psicológicos en el caso del granadino).



Milicianas en el todavía ambiente festivo de un
Madrid que esperaba sin saberlo
sus peores días 
De Bundesarchiv, Bild 146-1968-048-15 /
CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de,
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Desde mucho antes, Manuel Chaves Nogales había cultivado  como plumífero un tipo de periodismo que gastaba suelas de zapato, mientras  portaba un cuaderno y una pluma con varios recambios ( no fuese que en el momento culmen, se le secase la tinta y se le escapase el reportaje). Con vocación de escucha, callejeaba  en pos de la inspiración como si la noticia se la fuese susurrar una sirena en cualquier esquina. Entrometiéndose en el tintineo que reverberaba más allá de un taller, o en los bastidores sacros en nuestros días de una cocina, más tarde desgranaba en sus artículos las penurias o alegrías de los personajes de lo cotidiano, que habían sido objeto de su interés. Este tipo de reporterismo sacaba de quicio a una de las primas donnas del periodismo de la época, Mariano Benlliure, que desaprobaba aquella insustancialidad , porque carecía de ideas y por supuesto de alma. Don Mariano gastaba un porte más clásico tanto en su vestimenta como en sus columnas preciosistas, que se alargaban con jeribeques y verdaderas contorsiones lingüistas.

En cualquier caso, el periodista sevillano al que le daban lástima las polémicas con figuras que respetaba como Benlliure, se acercaba más a lo que propusiera el gran Stendhal, respecto a la actividad creativa del periodista/escritor. Para escribir una gran obra o un simple artículo, no basta con testimoniar unos hechos, sino que debemos adentrarnos en las circunstancias que se relatan para que nuestra historia no le parezca al lector una  impostura. Charles Dickens y Fiodor Dostoyevksi son dos vivos ejemplos de lo que defendía Stendhal: sus novelas contienen la luz de sus experiencias. Un Pío Baroja más cercano, discernía entre un periodismo de mesa y el que se pateaba la calle como Chaves Nogales. Y es que para Chaves el periodismo fue sin duda algo más, alejado de las crónicas "embozadamente literarias" y que se entretenían en la apolillada cuestión del estilo, como  vindicación para una postrera carrera literaria, o la ansiada plaza en la Academia de la Lengua.

El periodismo literario prácticamente desaparecido en nuestros días, era una plaga entonces. El  lo sustituyó por un  oficio más dinámico. Como cuenta Jorge Solís en esta deliciosa crónica , intuyó en la hazaña del avión Plus Ultra que había cruzado el Atlántico, un filón de historias que inaugurarían el aventurerismo de reportajes entre los informadores. Tras ser reconocido con el Mariano de Cavia, nos narra Solís, comienza a labrarse un futuro de reportero intrépido que con sus crónicas, espolean al lector más circunspecto para que huya del tedio. En nuestros días, que estamos acostumbrados a los rostros de Pérez Reverte, Alfonso Rojo, o al gran maestro de todos, Kapucinski no nos sorprendería el eco que logró La vuelta a Europa en avión. O la otra amalgama de reportajes que se centran en su paso por Rusia, Un pequeño burgués en la Rusia roja, que iba a dejarle muescas de dolor a Chaves. Por un lado, el retrato más que amable que hace el sevillano en 1927, presuntamente liberal y que es reprendido por sus afines ideológicos, de un país que se quería levantar de siglos de atraso atávico. Justo cuando se cumplen diez años de la Revolución, y Serguei Eisenstein comienza a trabar parte de la impostura oficial en su conocido filme ( Lenin nunca estuvo en el Palacio de Invierno) y por otro, el tipo de periodismo que algunos como Benlliure, calificarían de banal, puesto que se queda en la superficie, sin escarbar en lo más profundo y que no es tan evidente para el lector.


La leyenda del Plus Ultra que cautivó a Chaves Nogales.

Aunque como nos extracta Solís en su fabulosa crónica, Chaves no engañó a nadie en sus intenciones de llevar a cabo una labor más centrada en lo humano del país, que precisamente era de lo más inhumano: «Más que la discusiones teóricas del partido y que las estadísticas, más que todas esas disposiciones gubernamentales que los bolcheviques adaptan a millares sobre el papel, me interesa la realidad, la obra viva, lo que en realidad pueda haber llegado hasta el fondo de estos valles y a la cima de estas montañas». Lo curioso del gran escritor sevillano, era que a pesar de ser artículos desenfadados, su estilo lejos de ser despreocupado, cuidaba primorosamente de la palabra. Habría llegado a académico de la Lengua por otros rubros, que no fuesen los de su época. En todo caso,nos preguntamos qué opinaría de esta profesión que por el vil metal, abusa de los flashes de agencias o descuida el estilo, con el fin de cumplir con el marketing online. Quizá diese un paso todavía más en la dirección que ninguno de nosotros adivinamos, pero siempre fiel a un estilo que nunca descuido Como decía él de si mismo, tras su paso por distintos países y cuyo poso era un francés para salir del paso: la lengua castellana o española, era su preciada herramienta de trabajo, que por tanto debía mimar y no "desaprender" para instruirse en otros idiomas.




(1) Azaña se decía que fue un estupendo escritor sin lectores. Animal del Ateneo de Madrid, en su hábitat desarrolló una encendida oratoria,  que le catapultó al quehacer político, y que nos hizo perdernos un gran literato. Su Jardín de los frailes, lleno de remembranzas personales, es una gran novela en la que observamos los claros rasgos anticlericales que cobraron la forma de prejuicios. En las memorias se muestra despectivo cuando algunos republicanos que le censuraron durante sus gobiernos, le vienen a pedir ayuda. Son de adscripción ideológica contraria. Aquí tenemos al Azaña más sectario y quizá más humano. Chaves Nogales nunca tuvo la tentación de recuperar y llevar a cabo viejas vendettas en un mar de acontecimientos tan ajetreado.
(2) Los milicianos que trabajaban en el rotativo que dirigía Don Manuel, a pesar de sus aires burgueses, reverenciaron a aquel caballero que llevaba sombrero entre una bosque de monos azules y menestrales.

(3) En ambos se prodigaba tan finamente el extravagante Mariano de Cavia, un huraño que salía con su secretario y un  gato aferrado a sus brazos.Cavia bisbiseaba en toda la noche dos o tres palabras, aunque anotaba mentalmente las imágenes nada frugales y de lo más turbadoras, con las que alimentaría sus prodigiosos ejercicios periodísticos.  

lunes, 13 de marzo de 2017

Don César, ¿el Céline español?


"El oficio del periodista es tocarle los cojones a los ángeles"

Unas veladas sombras se ciernen sobre la figura de uno de los mejores articulistas españoles, tanto que en el año 2014, la fundación Mapfre retiró el nombre a uno de los premios de periodismo mejor dotados del universo literario  (ver cambio de rumbo de la compañía de seguros, que instituía ese premio y luego lo rebautizaba por su propio nombre, más aséptico,  Premios Fundación Mapfre en un artículo de El País) . Su cara de pipa y normalmente atezada como bon vivant costero, los rieles del bigote bien finos, y su eterno cabello perfectamente pegado al cráneo, le convirtieron en una de los personajes públicos dominadores de la escena cultural española durante la primera mitad del siglo XX. Sus inicios algo esperpénticos, resonaron en las marmóreos veladores de la cultura, pues el púber en su primera comparecencia en el Ateneo de Madrid, pareció demasiado pagado de si mismo, para haber juntado unas pocas letras, que llamaba pomposamente versos.  



Una pesadilla, Hitler en París, como en la bellísima
parodia de Lubitsch, Ser o no ser cambiando
Varsovia por Lutecia
De Desconocido or no especificado -
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No en vano, César González Rúano se había presentado  al templo del saber español a recitar un poemario, Alma, con un  chillón chaleco amarillo. ¿Alguien no le había dicho al muchacho, que Moliere murió encima de un escenario con un sayo de ese color? No auguraban un gran futuro por motivos que poco tenían que ver con el fetichismo, para aquel tipo terne. Los versos por su modernidad hubieran dejado destemplado al auditorio, que no estaba acostumbrado a las veleidades de los modernistas de melenas hirsutas ( dicen las crónicas que en el caso de Don César, llevaba el pelo oxigenado). Aunque pudo más la osadía del muchacho, que perpetró el sacrilegio sin embozo de decir que Cervantes tendría que ser manco, porque escribió El Quijote con los pies o que uno de los mayores pensadores de nuestra historia Ortega y Gasset era demasiado plúmbeo por resultar tan ceñudo en todo lo que trataba. Su obsesión iconoclasta con ánimo faltón le jugó una mala pasada, porque si bien los poemas reunían cierto mérito, el público por su insolencia no le dejó que llevase a cabo el recital ni tampoco la prensa  le perdonó sus aires de suficiencia. La concurrencia del Ateneo, le gritó despavorida, qué se fuese semejante alimaña. El se encaró, faltaba más, por lo que las crónicas periodísticas le hicieron un traje a medida al irreverente, que no se respetaba a si mismo, de modo que no era extraño que faltase el respeto al público. El Heraldo de Madrid fue sin duda el más vitriólico de todos ellos, como recogen en El Marqués y la esvástica (1), un libro que ha asentado la leyenda negra del escritor con mucho indicio y alguna prueba circunstancial.

Una obra con alguna especulación,
mucha investigación, pero que es
deliciosa para los amantes de
aquella época


Así, con ardor y seguridad en sus propias capacidades, Don César(2) fue progresando en el proceloso mundo del periodismo, y se convirtió en una referencia obligada en las prensas. También coqueteó con los movimientos vanguardistas de Madrid. El asalto a los cielos de Madrid con el Ultraísmo, llenó sus noches por la capital de un lirismo sin fondo. Aquella aventura apadrinada por el gran Rafael Cansinos Assens - curiosamente de orígenes judíos- y en la que participaron tanto César González Rúano como Jorge Luis Borges, que arrepentido escondió las rimas que rellenó en su cuaderno prolijamente en aquella época. Hasta Cansinos Assens, ¡qué gran escritor! reponía aturdido que realmente el Ultraísmo era, ¿qué era? El recuerdo de un Borges siempre aferrado al brazo de su bella hermana Norah, que le acompañaba porque la neblina de su ceguera comenzaba a  cernirse sobre sus pupilas. Este movimiento llegó a ser una colección de aventuras, un brindis a las vanguardias, que asolaban el panorama europeo con sus manifiestos, con excepciones, repletos de pretensiones que pocos cumplieron.

Ruano, sin embargo, iba madrugándose  corresponsalías de peso: Berlín donde nacía la bestia nazi y asistió a la noche de los cristales rotos (Kristallnacht), Italia, Francia, que combinaba en algunos casos con el ejercicio diplomático. Testigo de primera mano de mucho de los acontecimientos que convulsionaron una Europa que se debatía entre los totalitarismos, Don César se ungía de su pluma para categorizar conceptos que desde un prisma lejano, nos llegan parecer absurdos. Su camino de nómada de la cultura le conduce a París, donde el diapasón de la historia suena con trancos graves, allá por junio de 1940. La capital francesa tras la debacle del ejército galo, y a pesar de la propaganda, que le calificaba como el mejor del mundo , y la suma del dominio de la tierra, con el dominio  de los mares por parte británicos, parecían un conjunto disuasorio para el Reich. De ahí, que la debacle fuese inopinada y sobre todo inesperada.¡ Consternación! Fue la palabra que se repitió hasta la saciedad en aquellos negros días para la patria francesa y que Manuel Chaves Nogales plasmó brillantemente en La agonía de Francia, texto que recomendamos de manera encarecida a los lectores.   De la capital huyeron aproximadamente dos millones de personas, a las que cabría restar o sumar, los casi tres millones de que provenían a su vez de Bélgica y Holanda, escapando de las iras nazis.



Se firma el Armisticio, con el aval del antaño héroe de Verdún, el Mariscal Petain, y lo más vergonzoso de todo, es que Francia se torna un país colaborador y participa en los crímenes horrendos de los nazis. Cada vez más, se legisla en contra de los judíos, retirándoles de las profesiones liberales, estigmatizándoles con los usos de la Edad Media, de coserles la cruz de David, hasta recluirles, confinarles para deportarles a los tristemente famosos campos de concentración, toda una constelación hórrida en pleno siglo XX. Recordemos que los fusilamientos causaban traumas hasta en los SS, personas sin corazón ni dignidad por antonomasia,  y que al ver caer aquellos bultos exánimes, una fibra ignota vibraba en lo más recóndito de sus almas. Con estos antecedentes, Heinrich Himmler urdió junto a su odioso lugarteniente, Heydrich, la temible Solución final. Irene Nemirosky, la famosa escritora nos dejó un legado con la Suite francesa de aquellos días de diáspora  e incertidumbre, en el propio territorio galo, que nunca concluyó porque le aguardaba el fuego fatuo e inhumano de Auschwitz. Para la historia de la infamia quedó la redada del Velódromo de Invierno. Francia fue en aquellas circunstancias menos Francia que nunca.



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El infame colaborador de los nazis, Petain
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En este ambiente revuelto, pulula la figura de César González Ruano, que se lucra según algunos testimonios que no son ni mucho menos definitivos, con el tráfico de  visados. Se pagan cantidades desorbitadas por escapar del Averno nazi - algún testigo preguntado por Rose y Placid en el Marqués y la Esvástica, hablan de  cien mil francos de la época, por pasar a España, cantidad que nos parece muy exagerada. De acuerdo a diversas acusaciones circunstanciales, sospechas que se levantan a raíz de una detención de la GESTAPO, materia literaria para el propio escritor que plasmará en un poema largo y en varios intentos narrativos , se sitúa a Ruano en el epicentro de aquel lucrativo tráfico que se produce en la Embajada española. El dinero que se genera en torno a este negocio, lejano de ser humanitario en algunos casos, es un fuerte  reclamo para un  ventajista como nuestro escritor.   A partir de estas pruebas circunstanciales, y a acusaciones de miembros de la Resistencia, que coinciden en el presidio de Cherche- Midi donde fue a parar el escritor tras la detención de la Gestapo, se teje una leyenda negra sobre él, acrecentada porque presumió en varias de sus declaraciones de un antisemitismo ramplón ( una enfermedad propia de la época, buscar el chivo expiatorio a todas nuestras frustraciones como sociedad, y lo que tiene fundamentos, verter toda una gavilla de obsesiones como una montaña de basura y de prejuicios contra el más débil, es decir, el judío). 

Algunos maquis, con lo tenebroso que se vuelven los recuerdos, también describen a un español larguirucho, con bigote que rondaba por aquellos somontes pirenaicos. Además, en El Marqués  y la Esvástica, aducen que repentinamente,  el señor González Ruano salió indemne de todas las acusaciones de la Gestapo y con un buen fajo de billetes a juzgar de su gran tren de vida. ¿Quizá comprase su salida a cambio de delatar a todo quisque? Disfrutó de un  dolce far niente en las playas de Sitges, y juzgado in absentia por colaboracionismo, fue condenado veinte años en Francia, sentencia que posteriormente le fue revocada. A beneficio de inventario, digamos que en Sitges y en una de sus crónicas, acuñó la palabra chiringuito que hizo fortuna para aquellos locales, que buscamos como refugio en cualquier playa.

Por último, Rose y Placid rastrean en el Pirineo andorrano, donde un testigo judío  que sobrevivió a una emboscada propiciada por los que se suponía que eran los pasadores, afirmaba que se habían enterrado a sus correligionarios masacrados. Pensaban  que para cerrar la historia y la condena de Don César, sería necesario encontrar restos humanos. Hilar todas estas pruebas para condenar al escritor, nos llevaría más que a hilar, a la hilaridad. Son pruebas circunstanciales, más propias de una necesidad de condena que surge de antemano a cualquier investigación.  Qué Don César era un antisemita hediondo, no nos cabe ninguna duda. ¿ Llegaría a la altura nauseabunda de Luois Ferdinand Céline? Nos tememos  que no (en su momento hicimos esta semblanza de Céline) Qué fuese un pillastre, de una moralidad cuestionable, lo dejó en sus escritos. Qué colaboró con los nazis, probablemente, en cuanto  te leyeran la matrícula los de la Gestapo, ablandarse formaba parte de una lógica.  Para condenar a cualquier persona, en nuestra opinión, se han de hallar indicios más sólidos. El libro que he leído es muy interesante, pues añade verdadera investigación y rescata del olvido muchos documentos que nos sirven para retratar a un personaje de una moralidad inversamente proporcional a su enorme talento. Es más, El Marqués y la esvástica resulta un excelente ejercicio de periodismo literario, que disfrutaremos aquellos que valoramos tanto la forma como el fondo.   En otra ocasión, hablaremos acerca de las peripecias literarias de César González Ruano, que fue testigo de momentos claves de la historia más reciente de la humanidad.  

 (1) Escrito por Rosa Sala Rose y Placid García- Planas, ambos con mucho bagaje en el periodismo y en el caso de Rosa, prolífica investigadora de las entrañas nacionalsocialista, su lectura a pesar de las especulaciones que se apartan de lo que se insinúa en la contraportada, es más que placentera. Se agradece el cuidado por las formas, una excelente y literario redacción de los hechos y pruebas que giran en torno a un personaje, que a pesar de sus debilidades y maldades, les atrapa y lo que es mucho mejor, nos atrapa a sus lectores. Te transporta con facilidad a los años veinte y treinta de nuestra literatura, que vivió sin duda  una época dorada, más que de plata ( podemos leer la entrada que hicimos del viaje que relatábamos Alejo Carpentier en el Madrid de 1932 ).
(2) Tras el incidente del Ateneo como ex
plican Rosa y Placid, durante una época firmará sus crónicas con un Rúano a secas, por temor a que le relacionasen con el tipo grosero que traspasó con insolencia más  de una raya, con un bagaje más que exiguo.


jueves, 9 de marzo de 2017

Un rayo nada corriente


Rostros rudos que brillaron en la oscuridad, mientras rogaban un rayo de calor, que poder hurtar al samovar. Embutidos en mantas, bisbiseaban en un ruso de huraños, sin embargo, el más joven, Yuri,  un físico matemático que escapó de la miseria del campo, recelaba de todo  fetichismo y al  mismo tiempo anhelaba su aldea, tan bucólica y atemporal como un cuadro de Chagall. Padre e hijo discutían, de vez en cuando elevaban la voz, y súbitamente entraron en faena sobre un acontecimiento que había azorado  a toda la comarca. Una inmensa bola de fuego que había barrido el cielo y anegado sus oídos de un estertor sordo. Llegó el día del juicio final según el padre, de dentadura hedionda, que mal fumaba unos hierbajos. - ¡Qué Dios nos tenga en su seno, Yura, cuando llegue nuestro día!


- Padrecito, no creo en las advertencias divinas como usted dice y ese día llegará en cualquier momento, con la cantidad de meteoritos que andan pululando por el espacio- Se enfrentaban visceralmente, pues el científico contraponía argumentos ajenos a cualquier trascendencia. A su pesar, el padre que se veía desbordado, un profesor retirado, había llegado a la conclusión, erróneamente por supuesto, de que poco podría enseñar a su hijo en adelante. Acaso Olga, la madre, que se posa cercana a ellos, para recoger los rastros de la  comida parva, entorna alevosa su cara, porque aquellas cuitas le exasperaban. Qué sabían cualquiera de los dos. El incendio había durado varios días, ¿ o no había habido incendio? Lo que parecía seguro era que no había restos de ningún arma ¿Andarían los japoneses tras esos hechos? Sonaban muy lejanos los ecos de aquella guerra, tres años era tiempo suficiente para olvidar, aunque que se lo dijeran a las madrecitas de los soldados que había movilizado el Zar y que habían fenecido en ella. Olga creía como el padre que se trataba un castigo divino, por las veleidades de una juventud, que no aceptaba el yugo y el orden social. ¿A dónde irían con tanta revolución ? Menos mal que su Yura había salido más apaciguado.



El genio croata de origen serbio tuvo
una florida imaginación
De Napoleon Sarony - Marc Seifer Archive,
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- Entonces qué ha sido, no hay arma tan poderosa, Yura. - Insistió el progenitor que se llamaba Mijaíl.-Te digo yo que ha sido una advertencia divina. ¡El día del Juicio Final se acerca!

- Son cosas complicadas de explicar.- Rezongó Yura, que se había paseado la mañana anterior por una población cercana a Tugunska, donde seguían conmocionados por aquel parteaguas estridente, que había resquebrajado el mismo cielo. Corrían rumores de todo tipo: el Arcángel San Gabriel con su trompeta que aquietará a las almas, los marcianos, un arma secreta del Zar - Pero yo me temo lo peor. Hay una científico malvado, que es el único capaz de crear este tipo de armas.

- Yo no creo que sea obra humana.- Oreó Misha (1)  con una taciturna pesadumbre una serie de versículos de la Biblia.- Ahí tienes mis evidencias.

- Se llama Nikola, Nikola Tesla.- Prosiguió el hijo haciendo oídos sordos de las letanías celestiales de Misha. - El dice que inventará la forma de transportar grandes cantidades de energía por la tierra. Además, cuando estuvo en París, le confieso que asistí a una de sus conferencias.

- ¿Nikola Tesla, ja?

- Nos contó entre grandes aspavientos, que había conseguido crear un arma, un rayo poderosísimo.- Tesla, ingeniero de orígenes serbios  dominaba el escenario gracias a sus largas zancadas. Cada tanto, se esponjaba en una sonrisa irónica, toda una celebridad, que sobrecogía al auditorio con algunos de sus faroles.  Hilachas de la memoria transportaban a Yura a aquel hotel parisino en la Rue des Capucins. Reclutado por el ejército del Zar, Yuri como científico tenía que estar al tanto de las innovaciones armamentísticas. - Aquel rayo poderoso,  evitará todas las guerras. Podrá según Tesla destruir a toda la marina real de una sola descarga.

- No me lo creo.- El padrecito entretenido en roer un cusco de pan, continúo con el denodado ayuntamiento entre el pan y su estómago, repleto de oquedades y agujeros más reales que el pegamento de la materia o los rayos que inventase aquel científico loco.


De Евгений Леонидович Кринов,
Tunguska event. -
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Por muy fantasioso que nos parezca este relato, fue una de las causas que se esgrimieron como posible explicación a aquella deflagración de 30 megatones ( dos mil veces más poderosa que Little boy en Hiroshima). El arma del zar, o de Tesla. Incluso, más recientemente, algunos admiradores lunáticos de Nikola, proponen que quizá el serbio-croata hubiese descubierto la antimateria en alguna de sus divagaciones, y habría creado un miniagujero negro ( temores que reverdecieron en el CERN, en su famoso acelerador de hadrones). ¿Cómo llegó entonces a explotar en aquella localidad lejana de América? ¡ Cómo no hemos caído! A través del sistema de transporte electromagnético, que nos ayudaría a prescindir  de la distribución eléctrica y que utilizaba la atmósfera ionizada como conductor.Para cerrar el círculo de este razonamiento, el miniagujero negro habría llegado desde los cielos(2). De paso continúan fantaseando, las empresas eléctricas confabuladas entre si, ocultan esta innovación que reduciría los costes de transporte. Volviendo al bólido, la realidad no es menos increíble, puesto que en Tugunska explotó un meteorito de hielo antes de tocar tierra: por esa razón no dejó de huella el clásico cráter. Pese a que resultó un fenómeno detectado en todo el globo, y que alteró la atmósfera de la tierra durante meses,  en las autoridades zaristas, más entretenidas con contemporizar el ambiente revolucionario, despertó poca o ninguna curiosidad. Sólo Leonid Alekseyevich Kulik experto en minerología se tomó  las investigaciones con la circunspección que requería un fenómeno tan extraordinario, para las que contó  todo sea dicho, con  recursos exiguos.



Tugunska, diana del meteorito.
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Aclaremos que en cuanto al ingeniero Nikola Tesla, en numerosas ruedas de prensa había presumido de la creación de un rayo mortífero que sería disuasorio para los estados, los cuales se pensarían  emprender cualquier contienda por el rastro de destrucción que reluciría tras cualquiera de esas descargas. Nos parece una idea un tanto ilusa si tenemos en cuenta que la carrera armamentística postrera, rozó en varias ocasiones los tintes de la tragedia más absoluta, a pesar de lo letales que resultasen las bombas nucleares ( la estulticia humana llega a cotas inimaginables). Por otra parte, no es descabellado que se hablase de Tesla en la mísimisima Rusia, ya que se había convertido en una celebridad mundial gracias a sus éxitos en el terreno de la ingeniería.Los orígenes eslavos enorgullecían especialmente a los rusos, que le consideraban toda una estrella. La guerra  de las corrientes  del período finisecular, que al final ganaría frente a Edison, copaban las portadas de medio mundo (éste había desarrollado la corriente continua, y por cuestión económica, se zafó para combatir a su rival hasta con las artes más arteras, como difundir rumores infundados de la peligrosidad y sabotear algunas instalaciones). Fue un trampolín para la fama de Tesla, que no tuvo  como sabemos su prolongación en el ámbito económico, porque perdió o ganó la guerra de patentes demasiado tarde. Incluso en la batalla por los derechos de invención de la radio con Marconi, logró los reconocimientos mucho tiempo después, cuando la caja no sonaba tan próspera.


No obstante, en el acervo popular,  la imagen de misterio que cultivó el científico croata-serbio, con unos terrenos en los que afloraban aquellos rayos desde su famosa torre, y que asolaban toda una comarca,  sirvieron además para crear el personaje del científico malvado, al que le falta un tornillo, y que quiere acabar con el mundo. Paradójico en Tesla que era un pacifista militante. Que su rayo estuviese inmiscuido en el incidente Tugunska, parece una broma que no nos molestaremos en comentar más. Elogiemos a esta mente privilegiada, sin la que no se habría producido este salto de productividad -el desarrollo de la corriente alterna parte de su modelo- de cuyos frutos disfrutamos ahora. Fue tal su ingenio, que muchos de los innovadores de la década de los sesenta y setenta relacionados con las tecnologías de la información, se topaban con una red de patentes que les impedían el avance, y que el señor Tesla había ideado algún tiempo atrás ( la lógica booleana y sus circuitos lógicos, fundamentalmente). Hasta de su muerte se escriben páginas intriga. ¿Realmente el nazi caracortada Skorzeny, el mismo que liberase a Mussolini para que refundase la República de Salo, acabó con la vida del científico? Una vez más, la figura de  Nikola se sume en el más despiadado de los suspenses, que es el de las vagas certezas que se tienen sobre su vida. Lo único tangible fue su genio irrepetible.

PD: En otro hilo desarrollaremos su personalidad, que es de lo más curiosa, casi tanto como sus vivencias.


(1) El diminutivo de Mijaíl es Misha, para no perdernos como el protagonista de la entrada que titulamos El Aleph  .

(2) Tesla había anunciado que utilizaría la atmósfera para el transporte de la energía eléctrica. El ingeniero tenía una visión de la tierra más cercana a la realidad. A nosotros se nos revela como los campos hermosos y floridos, hermosos tapices que tapan un milagro dentro de un  universo colosal. Él en cambio, lo veía como una inmensa bola fundamentalmente de hierro, en torno a la cual giraban toda una serie de campos electromagnéticos que se podrían aprovechar para crear corriente y transportarla. Líneas que atravesaban el globo, y que lo protegen de la intemperie del espacio y sobre todo los rayos solares. Si no paramos a pensar, la vida en la tierra es posible gracias a una serie de casualidades, entre ellas, la distancia al sol y su composición, que generan una magnetosfera que hace de paraguas frente a las tormentas solares, que borrarían de no existir aquella cualquier vestigio de vida en nuestro planeta. Tesla tenía clara esta visión.