viernes, 30 de septiembre de 2016

Max Brod no perdió los papeles.

Miles de opúsculos que se alimentan con los ecos de la lluvia, esto es especulan e intentan indagar infructuosamente en una de las figuras más misteriosas de la literatura mundial, Franz Kafka, han escarbado en vano en su vida y en algunas de sus decepciones amorosas. Las experiencias burilan más de lo que parece la obra de un escritor, sin embargo, poco sabemos de este personaje casi literario, que buscó el remanso de paz del Callejón de los alquimistas en el Castillo de Praga, para en su bucólico silencio de rúa medieval, encontrar la inspiración de las musas, junto a su hermana Ottla (la inspiración es el oro/piedra filosofal de los novelistas/alquimistas). Porque él fijó mejor que nadie el inefable rostro del siglo XX, quizá un mundo sin faz, con su ejército de burócratas que nos hicieron menos comprensible y sin duda kafkianos los engranajes de las sociedades modernas. 


El joven Kafka, que dudaba de su calidad literaria,
le hizo una encerrona a su querido Max Brod.


Repleto de la burocracia que bendijo su compatriota Max Weber(1) y que convino como sino ineludible de las sociedades contemporáneas, muchos han sido los retratos que denunciaban la sinrazón de una excesiva reglamentación que se erige capa sobre capa. El hombre sin atributos de Musil, aparte de su inverosímil y comienzo científico, de los mejores posibles que se hayan perpetrado jamás, nos habla de la locura de una Kakania, lleno de orates y de oficios que rellenar. Mientras la carcoma se va adentrando cada vez más en las estructuras del Imperio Austrohúngaro, la verdadera Kakania. Instituciones esclerotizadas, pompa militar de charreteras y discursos vacuos e hilarantes nos llenan de oquedades los oídos a los lectores . 

A la misma altura, sólo que desde dimensiones y apriorismos diferentes, llegamos al brillante  Proceso de Kafka. Con suma angustia y algunos delirios surrealistas, como el episodio del Pintor Titorelli que advierte al protagonista de los profusos laberintos que anidan en los procesos similares al suyo, al mismo tiempo que unos niños aviesos le cosquillean los pies al artista. Ni Luis Buñuel con su Perro Andaluz hubiese parido escena tan onírica, que nos divierte y escamotea por algunos segundos el interés en la trama principal de la obra. Por no hablar del magistral cuento que se halla en la misma novela, Vor dem Gesetz, Ante la ley, en la que un ciudadano que pretende traspasar el quicio de una puerta, se topa con un guardián acodado en la misma,  que se interpone en su paso. No le deja traspasar aquel umbral, no sabemos tampoco el cometido que lleva al ciudadano a querer trasponerlo, no obstante, la amargura invade cada poro de nuestra piel. Kafka es así, desconocemos las causas lo que hace más kafkianos valga la redundancia, las vidas con las que alimenta sus personajes. Pasa el tiempo, las arrugas trepan por el rostro de aquel ciudadano, que cuando cree que va a expirar con su último aliento, observa cómo el guardián recostado sobre la jamba, deja de mirarle, recoge su silla y se va. ¿ Por qué no le permitió atravesar dicha puerta? Lo desconocemos. Esta maravillosa fábula de lo absurdo, es una metáfora válida en muchas circunstancias de la vida(2)


Praga sigue rindiendo culto a su literato más afamado.


Añadamos  la desconcertante Metamorfosis, relato o novela breve que entraña con todo, con deliberada maestría, la sensación que en ocasiones nos apelmaza cuando en el lecho, nos duele comenzar un nuevo día o encontrar alguna razón para que el Sisífo de Camus que llevamos dentro vuelva a coger la piedra y subir la cuesta pina de nuestros demonios personales. ¿O si en realidad fuésemos un gusano que sueña ser hombre? El Castillo, América, todas unas novelas en las que de jóvenes nos asomamos  a un universo extraño azuzados por la Metamorfosis, pero que peligró sin duda. Imaginémonos en el sanatorio Wiener Wald en Kierling donde expiraba un tuberculoso Franz Kafka. Su hermana Ottla(3) le tiene asido de la mano, y el todavía joven escritor,  delira afiebrado. Hasta que le vienen unos segundos de extraña lucidez. Mira con ojos que penetran a su representante y querido amigo, Max Brod que se encuentra en la que será la cámara mortuoria del gran escritor ¿Estará mirando al más allá? se pregunta el ingenuo de Max. Pero de pronto, surge de lo más abismado de la garganta de Franz una petición  que suena a últimas voluntades. Aunque no lo crean, le solicitó al custodio de su obra que quemase todos sus papeles y composiciones. ¡¡¡¡No valían nada!!!! Como sabemos, Franz murió unas horas después de que formulase dicha petición, más propia de un lunático. 


¿Cabe pensar en la literatura del siglo XX sin un Gregor Samsa? ¿ Y sin un Proceso? Harold Bloom, reputado crítico, esgrime con vehemencia que más que el siglo de Freud, de Einstein o de Keynes, el siglo XX pertenece por completo a Kafka, que ejerció una mayor influencia que todos ellos a través de la literatura en cualquiera de los órdenes de la vida. ¿Exagera Bloom?   El fue el que mejor definió lo extraño de un mundo sin rostro. Gracias al desleal Max Brod, podemos disfrutar de una literatura inigualable. Con sus papeles no obstante hubo litigios como el emprendido por el Gobierno de Israel, contra quien pretendió sacar de aquel país parte de la obra no publicada del autor checo. Dice la leyenda que hay escritos que no vieron la luz- en manos del estado hebreo o dispersos en otros lugares, con un punto de partida en la Gestapo, que incautó a su última amante aquellos escritos- y que como con el baúl del excelso poeta luso, Fernando Pessoa, cambiarían o mejor dicho, completarían los mundos de ambos literatos y por tanto de la literatura universal.  No deja de ser kafkiano que una obra en la que no creía su propio autor, se convirtiese  a la postre en asunto de estado.


Max Brod, más fiel a la obra que a su amigo
para nuestro consuelo.
(1) Viena engendró como verdadero hervidero a personajes muy relevantes del siglo XX. Quién nos hubiese librado de nuestras ataduras sexuales, sino Freud. Stefan Zweig nos hizo cabalgar a los lomos de sus novelas y de la historia. Max Weber, pensador austriaco pululaba por allí y vislumbraría el futuro presidido por grandes organizaciones de burócratas, o intuyó que el poso de la religión institucionalizaba determinadas interpretaciones teñidas de cristianismo. En economía, la Escuela austriaca, en Música Schoenberg produciría una revolución musical, Klimmt aventaría de la mano de las teorías freudianas nuestros pudorosos convencionalismos. Se resalta París como capital cultural, pero Viena quizá fuese mucho más y esté por debajo, en nuestro subconsciente de hombres modernos, con sus corrientes, imantando comportamientos que tuvieron su origen en las ideas vienesas de la época. 

(2)En una ocasión, nos sirvió como metáfora para explicar la endemoniada dualidad de nuestro mercado laboral ( el sujeto que encadena contratos temporales y que no sabe, pese a su preparación, porqué no puede atravesar el umbral de una mayor estabilidad laboral).
(3) La pobre de Ottla morirá en el funesto Auschwitz.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Viajes de Herodoto

Aquel griego resonaba en la lontananza con dejos  de cosa plúmbea como reconoce Kapuscinski en su Viajes con Heródoto. En realidad, a los lectores modernos, nos es ajena la fascinación por el mundo clásico, y podemos decirnos que nos sentimos incómodos en esa camisa, con la lluvia de nombres y leyendas que escapan a nuestra comprensión, aunque el maestro de universidad de Kapuscinski lo hubiese sacado a colación de pasada junto a su sonora obra, Nueve libros de historia de  Heródoto de Halicarnaso, que cubría una amplia panoplia de géneros. El periodista  afirma en Viajes que el griego por su afán pesquisidor, podría pasar por ser el primer corresponsal de la historia. Incombustible, el de Halicarnaso viaja y pregunta, teniendo en cuenta testimonios que la memoria deforma por su plasticidad y adaptabilidad, pero con los que va reconstruyendo el rastro de viejos imperios como el del persa Jerjes

Sin embargo, antes de embarcarnos en la obra del griego, Ryszard nos sorprende con su singular introito, pues cualquiera hubiera imaginado a tenor del título, una introducción más sesuda. Así, nos mete de lleno en su papel de joven risueño que anhela los libros en un periodo caracterizado por todo tipo de carencias, incluidas las intelectuales. Todavía enjugadas las bocanadas humeantes de la II Guerra Mundial, frente a  los edificios donde se apilaban los cascotes y se adivinaban los nidos de ametralladoras, correteaba aquel muchacho lleno de ilusiones que simulaba hazañas bélicas. Va creciendo el tierno Kapuscinski, hasta que comienza a laborar en una redacción y como enviado a provincias se gana sus primeros cuartos. Con ojos tenaces  observa cómo a medida que se abisma con un Skoda al borde de las fronteras, su país se despuebla, y triunfa la soledad. Es difícil toparse si no es con personajes huraños o las guerreras de los militares que custodian los pasos, armados hasta los dientes. Las fronteras se nos revelan gracias a la fascinación del escritor con esta índole onírica y de sima mágica, que les confiere el telón de acero.

Vaijes con Heródoto, maravillosa fábula de
periodismo moderno e historia antigua

En cualquier caso, el primer encuentro con el sabio de Halicarnaso tendrá lugar más tarde. Cuando solicita destino en Praga en su trabajo e inesperadamente al cabo de un tiempo, le ofrecen la corresponsalía del magazine ¡¡¡en la India!!! Su redactora jefa ante su perplejidad, y para superar el mal trago, le regala un ejemplar de la historia de Heródoto - la India es un universo caleidoscópico y para un país confinado en sí mismo como lo era Polonia entonces, sonaba tan remoto como Marte. De esta guisa, Heródoto se asomará en la narración de Kapuncinsky, con el que apreciamos evidentes los paralelismos. El joven reportero viaja, pregunta, indaga como dos mil quinientos años antes lo había hecho su admirado historiador. Ryszard se siente más identificado con esta forma de rebullir sobre el terreno para comprender la noticia que con sus coetáneos que monitorizan las redes sociales como verdadero cedazo de la información (recomendamos leer la hermosa exposición de motivos que hace de su profesión el maestro Kaspuncinski en este hilo http://www.clasesdeperiodismo.com/2013/03/04/10-reflexiones-de-ryszard-kapuscinski-sobre-el-periodismo/ ). Nos recuerda a la vieja distinción de uno de nuestros grandes de la literatura, Pío Baroja, que discernía en sus apreciaciones entre los periodistas de mesa y los de pata, que no pisaban la redacción. Añadiríamos a los talentosos que como Mariano de Cavia poca falta les hacía y se permitían la excentricidad de anudarse chalinas mordidas por el polvo y portar un gato que se posaba en sus hombros. Todo un personaje cargado de malas pulgas y no precisamente las de su minino.



Periodismo de mesa. Onetti fue un monstruo nacido en la redacción,
que se calentaba al amor de las linotipias y de suculentos cafés.


Retomando el hilo, el ejemplar de Nueve libros de historia acompañará al polaco en las sucesivas corresponsalías que ocupa, India, China, diversos países de África, y mientras el lector viaja espacialmente por aquella gira que emprende el maestro del reporterismo, está viajando a la vez por el tiempo. Cabe destacar su parada en Argelia. Allí llega tras el chivatazo de un legatario de aquel país, que le advierte que en Argel iban a acontecer cosas extraordinarias. Llega, y frente a la calma chicha muestra su decepción, hasta que súbitamente y de manera vertiginosa se suceden los acontecimientos. Un golpe de estado incruento, luego luchas fuego, cristales rotos, que como aprende Ryszard son la espuma de la noticia. El legatario argelino devenido en nuevo pope de la dictadura naciente, le enseña que los medios occidentales llegan con el ruido y se van cuando se acaba el mismo. Jamás entran en la raíz de los problemas que provocaron aquellos marasmos, de ahí que le hubiese invitado a que llegase antes de se desencadenasen los acontecimientos más gruesos. Kapuscinski cree que la Argelia de aquel golpe le reveló la doble naturaleza de los países islámicos donde progreso y tradición, campo y mar, se enfrentan con golpes espasmódicos de una violencia a veces incontrolada.

 Es cuando arribamos a sus últimas páginas y deseosos de que este maravilloso libro no acabe nunca, que se nos desentrañan los verdaderos motivos que impulsaron al polaco a escribir su novela biografiada, o su libro de viajes, o de reportajes, porque la obra del maestro del periodismo es todo eso y mucho más. El nos dice de su puño y letra que “temía caer en la trampa del provincianismo, noción que solemos asociar con el espacio: provinciano es aquel cuyo pensamiento está centrado en un limitado espacio al que el individuo en cuestión atribuye una importancia desmesurada, universal. Sin embargo, T. S. Elliot advierte de otro provincianismo, no del espacio sino del tiempo: “ En la época actual – escribe en 1944 en un ensayo sobre Virgilio- en que los hombres parecen más inclinados que nunca a confundir sabiduría con conocimiento y conocimiento con información, y a tratar de resolver problemas vitales en términos de ingeniería, está naciendo una nueva especie de provincianismo, que quizá merezca un hombre nuevo. No es un provincianismo espacial sino temporal (Viajes con Heródoto Ryszard Kapuscinski). Es nuestro fin denunciar la rabiosa modernidad que enaltece a los vivos y se olvida de los muertos, que emprendieron una parte, quizá la más importante, del camino. Esa especie de exaltación de lo moderno, limitado a un marco temporal tan reducido, revela en realidad nuestro provincianismo histórico.

Otra novela altamente recomendable a los nuevos
periodistas, sobre un periodismo a caballo de la
literatura



(1) Hay un debate entre muchos historiadores, por considerar a Heródoto al primer historiador de la humanidad, que recurrió a métodos homologables a los modernos. Fiaba mucho a los testimonios orales, a pesar de que él mismo los pusiese en cuarentena ( de sus razonamientos sobre la memoria, deberían tomar nota muchos políticos actuales). Si bien la presencia de lo sobrenatural en Heródoto todavía es patente, lo que hace que una porción nada desdeñable de los historiadores, no le reivindique como un profesional de la historia sino es al uso de aquellos tiempos. Mientras que Tucídides busca explicaciones más plausibles en lo telúrico o mundo material, sin deus ex machina, lo que le acerca  a estos criterios más modernos de registrar los acontecimientos.


viernes, 23 de septiembre de 2016

Gerda Taro, la fotógrafa con mucho Garbo



Aun guardaba en sus ojos develados por la tristeza, los lacónicos campos alemanes. Con el traqueteo del tren y su apaciguado discurrir, trató de acumular en sus retinas todos los detalles, porque con el aliento de los nazis que la perseguían por su doble condición de judía de izquierdas, Gerta, se temió que no volvería a su querida Alemania. Aventados sus derechos como comunidad desde las Leyes de Nuremberg y mucho antes, ella creyó el momento de la retirada para luchar en la distancia por su patria. Fue entonces que la colosal urbe parisina se abrió maternal a su inmensos anhelos de construir algo grande,aunque todavía impreciso. Vagó sin destino con su maleta de cartón prensada, hasta que conoció a una muchacha con sus mismos fines y con la que iba a compartir apartamento. Había que comenzar en cualquier caso por la subsistencia.

La inolvidable Garbo que inspiró a Taro
(Gentileza de wikimedia commons)


Largos paseos por el Jardín de Luxemburgo, o desde la distancia una mueca admirativa mientas contemplaban el Arco del Triunfo: las compañeras de apartamento se patearon la ciudad de arriba a abajo. Ella, una muchacha rubia pizpireta, que había soñado con ser como Greta Garbo. Por supuesto, le habían llamado la atención las fotografías de la diva con el león de la Metro Goldwyn Mayer o las piruetas de Chaplin,mientras se debate en la subsistencia,y la miseria les llevaba a ahorrar hasta en lo más exiguo para ir al cinema.Fue cuando se topó con un apuesto joven húngaro, que llevaba colgado como ornato una cámara fotográfica. El muchacho tenía algo de primigenio y muy apuesto. Sus rasgos agitanados y su cuerpo atlético de bravucón, no se compadecía de una timidez, que logró vencer un día para asediar a la bella Gerta. Poco a poco aquella relación en la que él le enseña los gajes de los oficios de la fotografía, va cuajando.

Entrenamiento de una miliciana, ¡¡¡con zapato de tacón!!!
Retrato de Taro (Gentileza de Wikimedia)


La nueva pareja amorosa y profesional va tirando a duras penas con el acuerdo casi institucionalizado por el que las revistas pagan a cincuenta francos la instantánea publicada a cualquier profesional. El jodido húngaro guarda en su mirada arriscada muchísimo talento, pero hemos de recordar que en aquella época los reporteros gráficos como se les llamaba, son una nube nutridísima de aspirantes a ganarse la vida y por tanto es difícil desmarcarse de los ineluctables cincuenta francos. Sin embargo, André se juega los bigotes con cada toma de una imagen. No es difícil verle entreverado con los manifestantes mientras diversas cargas con fuego entre contrarios(1) y aún a riesgo de su vida, capta fotografías en movimiento que reflejan el desgarro de la sociedad gala, que se abría como dos aguas eternas y separadas por la temida hiel de la ideología que no sólo cosifica al contrario, sino al que no coincide punto por punto con uno. La Croix de Feu particularmente no se arredra en esta limpia necesaria de elementos peligrosos ideológicamente y como decíamos, la ultraizquierda le va a la zaga, sin rehuir el choque.

Su bello rostro y su garboso andar, conmocionaba 
a los milicianos españoles, mientras escuchaban 
el silbar de las balas (Wikimedia)


La cosa es que a pesar de los logros en la profesión de André,  pues va colocando fotografías una tras otra en los distintos semanales, su caché no crece de los manidos cincuenta francos. Gracias a ellos es verdad que tienen una economía saneada, pero en las tertulias que se conforman entonces espontáneamente no es difícil escuchar barbotar a un Picasso, a un Aragón, todos llenos de una grandeza que conmueve al auditorio (añadimos que un gran magisterio en lo que se destaca no tiene porque venir acompañado de grandeza en cualquiera de los otros actos de la vida, pero debe conmover escuchar a un gran pintor, suponemos). Entonces, a la maquiavélica joven judía,ansiosa de grandeza, se le ocurre la famosa impostura. Inventan un personaje mítico, Robert Capa, perteneciente a la floreciente aristocracia del dinero americana(2).

Es un fotógrafo prestigioso, con una buena cuenta corriente, por lo que cuando se arriesga por una fotografía, se está jugando en realidad el prestigio profesional. Los medios gozosos sueñan con contar con una instantánea del afamado artista- en realidad André- es así como nace el famoso Robert Capa, el gran monstruo de la fotografía internacional en el siglo XX, con un caché de doscientos francos por cada una de las instantáneas colocada. Él será el primero de los reporteros gráficos en desembarcar en Normandía con las tropas americanas, o el que retrató al famoso miliciano republicano en Cerro Muriano, Córdoba. También conocemos el dramático final de la pequeñita y hermosa Gerda  a la que no le acobardaban el rugir de la artillería ( en este enlace se trata la polémica de lsa fotografías que se hicieron a la otra Greta una vez muerta, ¿la cazadora cazada? http://elpais.com/diario/2007/10/27/babelia/1193439968_850215.html). Ella creía fielmente en lo que pensaba y sobre todo en lo que inventaba. Digamos que André cada vez se separó más de Gerda y se acercó al  personaje que su partenaire había creado y llegado el momento se transmutó en Robert Capa como el actor esquizofrénico que revive sus personajes de forma completamente real  .    Quizá André quisiese huir de lo que fue y subirse a al pedestal de Robert Capa al que todos admiraban. La sociedad necesita héroes como recordamos de la magistral pieza cinematográfica Quién mató a Liberty Valance, independientemente de quién desempeñe dicho rol.

PD: Por último recomendaríamos la novela de Susana Fortes, Esperando a Capa, que narra con gran hondura psicológica el personaje de Gerda Taro. Un retrato muy ameno y con el oficio de una buena literatura, pues la veterana escritora, cuida el lenguaje y se agradece mucho en tiempos donde el fondo se ha comido la forma.  



(1) No es difícil que con ignorancia supina, achaquemos al gobierno de Blum de indolencia con la República. Cabe recordar dos hechos, que el país estaba profundamente dividido ideológicamente y con grupos armados, predispuestos a resolver sus rencillas con fuego. Estaba por un lado, la extrema derecha representada por la Cruz de Fuego y enfrente una amalgama de ultraizquierda, que preferían el fuego redentor de las armas para lavar a su patria de los males que siempre representaba el otro. La violencia no se circunscribe a estos extremos, sino que lentamente va anidando y reproduciéndose en cada una de las capas de la sociedad gala. Muchos editoriales pensaban entonces que Francia se abocaba a una guerra. En segundo lugar, la estrategia seguidista de una Gran Bretaña que no quería inmiscuirse en conflictos ajenos aun cuando el agujero negro de la guerra arrastraría a dicho país con una lógica incontestable.

(2) En aquella época los ricos americanos venían a Europa de grand tour como los ingleses o a desposar jóvenes patricias para que por su descendencia fluyese algo de la nobleza aparte del vil metal, por lo que recrear la imagen de un rico americano tenía fuerza

jueves, 15 de septiembre de 2016

Hotel Florida, circo ambulante y literario


Al Madrid literario le mocharon una aguja y ventanales recreados por un hado de la arquitectura, llamado Antonio Palacios. Fruto de la especulación que algunas lenguas malhadadas circunscriben al entorno más cercano de Carmen Polo, mujer del dictador Franco, el Hotel Florida como testimonio de una época aventurera iba a ceder su lugar a un espacio comercial destinado a Galerías Preciados, que también el deletéreo paso del tiempo ha condenado al desván del olvido. Es cierto que por sus estancias de buen tono, un peldaño por debajo de los dos trasatlánticos de la época de la hospedería en Madrid, el Ritz y el Palace (1), resonó el repiqueteo de la mítica Underwood de Hemingway, quien fielmente todas las noches, desde su habitación número 109 recreaba con incisivos artículos el rastro que dejaba nuestra Guerra Civil en los cuerpos y sobre todo en las almas de los supervivientes ( los muertos ni sueñan ni padecen como los vivos).



Hotel Florida, Madrid 1920
https://urbancidades.wordpress.com/2010/08/03/arquitecturas-perdidas-hotel-florida/

Eran los tiempos dorados del Florida, que se convirtió en la residencia preferida de los corresponsales de guerra, que cubrieron nuestro conflicto. Habían preferido este enclave, más cercano a los frentes y desde el cual se escuchaba lontano pero pertinaz, el tableteo de las ametralladoras. " La puerta de mi cuarto está abierta, se escucha el tiroteo del frente a unas cuantas manzanas de nuestro hotel" Confesaba un Hem que tenía esa mezcla de congoja y adrenalina que produce enfrentarse al burladero metafórico de la guerra, cuando arreciaba el vuelo de los obuses ( la cercana Gran Vía fue bautizada popularmente como Avenida de los obuses o del quince y medio por el calibre de los mismos ). Era mejor sin duda estar tentando las sábanas a cierta distancia de las refriegas del frente como reconoce Hem, dormitando y lo que nos oculta, palpando las curvas de una voluptuosa Marta Gellhorn. Una cópula incestuosa y animal, que era la comidilla en el hotel, hasta que llegó John Dos Passos y se originó la tormenta telegrafiada entre viejos amigos, no sabemos si porque le ponía en evidencia a Hem con aquella relación prohibida o como apuntan otros autores, ambos literatos se abismaron en diferencias ideológicas, debido a que el locuaz John disparaba con sus comentarios críticamente contra la República. En cualquier caso, había que tener cuidado con el futuro Nobel americano, por su propensión a boxear ante la más mínima adversidad ( en esto nos recuerda a un barbilampiño Luis Buñuel, que en su juventud no dejaba los guantes de boxing) Posteriormente Gellhorn y Ernest se casarían para consuelo de los lectores más románticos.  


Como decíamos, esta comedia de amores y de amistades aventadas se desarrollaba entre una nube de corresponsales, la flor y nata del cuerpo de enviados especiales, escritores en ciernes, novelistas consagrados o hasta el actor más que trabucaire, Errol Flynn, que maltraía a los directivos de las grandes productoras cinematográficas por sus bravuconadas. No cabía en sus estrechas mentes  que el gran intérprete tuviese tantos atributos(2) como para plantarse en una ciudad en llamas y asediada como Madrid. Por no hablar de las comisiones de Parlamentos europeos, que venían al gran parque de atracciones de la guerra, y fingían desmayarse ante la bulba de la sangre. " Serán bárbaros estos españoles". Tampoco podía faltar a su cita con el bullidero en el que se había tornado el hotel y la urbe madrileña, André Malraux. Éste formaría la famosa escuadrilla de aviones menguante llamada España,.Por otra parte, se habrá percatado el lector que en la capital se reunieron buenos histriones como Hemingway, Malraux y el que reseñaremos más adelante, Robert Capa, en los que el personaje se devora en muchas ocasiones al genio. 


Marta Gellhorn, redimió sus pasiones con Hemingway.
(Gracias a Wikimedia commons) 

¿Pero qué buscaba aquel circo ambulante de las corresponsalías entre las ruinas humeantes de una urbe asediada? La catarsis en algunos casos que les salvase de la molicie en la que se habían estancado sus carreras profesionales o quien sabe si el espoletazo que lanzase su nombre en las redacciones de los medios más prestigiosos, para lo cual, jóvenes y viejas glorias del periodismo habían tomado la decisión de ir al teatro de las operaciones de una guerra que estaba en boca de todos. Como recordaba el que luego fuese el famoso espía soviético, Kim Philby, un enardecido profesor de Cambridge hablaba del único conflicto en la cual se podía hablar de los males y bienes absolutos, lo que espoleó a los muchachos del Trinity College para que no sólo volasen con su imaginación sino a que prendiesen con fervor los máuser. El último ilustre del Florida, sería Robert Capa, el fotógrafo literario, que adobaba sus instantáneas con buenas dosis de romanticismo y que había creado el personaje del fotógrafo americano, junto a su partenaire Gerda Taro. Sabemos el triste final de ella en Brunete, pero abordaremos en una entrada, cómo recrearon la figura de un mítico fotógrafo que multiplicaba por tres la cotización de la instantánea en el mercado periodístico parisino. 





Todavía reverberan en nuestro recuerdo los testimonios de los trabajadores del Florida, que se quedaban atónitos con aquella hermosa fotógrafa, Gerda, chiquitita pero con mucha personalidad que bamboleaba sus caderas con aires de la Garbo  o con las barbas hispidas  de un Hemingway, que a pesar de la gravedad de su cuerpo rodaba ágilmente bajo una mesa con el merodeo de los Heinkel 51. Sin duda, el bombardeo tenía algo de carnavalesco como recogió el propio Dos Passos, puesto que  los pecadores salían de sus madrigueras como las bellezas encantadoras e irreconocibles sin el barniz de cosméticos, o los caballeros disfrazados no se sabe porqué motivo erótico, todos ponían sus pies en polvorosa cuando la cita ordinaria con la muerte tenía lugar en el Florida. Si nos fijamos en las ironías del destino, tiene bemoles que los bombardeos no pudiesen acabar con el hotel y la  especulación sin embargo, lo echase abajo como un tigre de papel. ¡Bendita España!


(1) Aquellos hoteles fueron improvisados como verdaderos hospitales de campaña.

(2) Los atributos de Flynn fueron descritos en  Hollywood, Babilonia de Anger y en las Memorias de Truman Capote, donde en una conversación íntima entre el autor y Marilyn Monroe, la bellísima actriz, icono de los sueños masculinos, alude a la anécdota de que Errol, la tenía tan grande que aporreaba el piano en las fiestas con su miembro, para locura de los invitados que rayaban el éxtasis. Son recomendables las memorias de Capote, porque aparte de su gran magisterio narrativo, nos humanizan a personajes como la rubia prodigiosa, que se revelan con un humor muy inteligente en algunas ocasiones procaz.  

(3) En el caso de Malraux, los numerosos tics nerviosos que crispaban su cara no le restaba un ápice de aplomo, que lograba salvar con una personalidad arrolladora y un dandismo aventurero que el francés cultivaba con mucho tino. Venía asimismo, con la aureola de haber escrito La Condición humana, un libro sobre la revolución china y tenido como manual del revolucionario por muchos comunistas. Una gran novela que comentaremos en otra publicación,casi en el mismo lugar que ocupaban en el panteón revolucionario los Diez días que estremecieron al mundo de John Reed una crónica en primera persona de este periodista que fue testigo directo de los acontecimientos de la Revolución rusa y que por supuesto deformó por su prisma subjetivo de encajar aquellos sucesos. 


domingo, 11 de septiembre de 2016

El ultimo malvado de la literatura francesa

Quizá sea su enfant más terrible, por los oprobiosos opúsculos antisemitas que provocaron algo más que el rubor en el país vecino. Ese chico algo botarate, que antes de asentarse en la medicina, vagó sin horizonte ni frontera por medio mundo, lo que iba a dejar una huella profunda en su personalidad y en cualquier caso en una carrera literaria, donde volcará como en un espejo, todas aquellas experiencias personales. Pero Luois Ferdinand Céline, el endemoniado tipo que escribía como los ángeles y que hubiese merecido - si sólo hablamos de literatura-  unos cuantos premios nobeles, les salió un perfecto cretino. Con tres panfletos infamantes e hilarantes en contra del judaísmo se va cavando su propia tumba, hasta convertirse en un proscrito en el período de posguerra. Mea culpa (1936), Bagatelas para una masacre(1937) y La escuela de los cadáveres (1938), en los que los hebreos se convierten poco más que en gárgolas hediondas(1).

Aunque normalmente en los prontuarios de literatura, colocan a Viaje al fin de la noche como una de las obras europeas más influyentes del siglo XX. Seguro que no llega a la musicalidad de En busca del tiempo perdido con la que habitualmente se contrapone, por ser de estilos claramente antagónicos: uno estridente y moderno, el de Céline, y el otro, de un romanticismo que se niega a morir, veteado de sombras de gran hondura psicológica. Proust remueve cada átomo de nuestra memoria, con el recuerdo de la manzana que ha quedado como una de las estampas de mayor fijeza en la historia de la literatura. Elegancia, casi rima que transforma cada párrafo en una poesía, y a la saga de Marcel en todo un canto a la belleza. Con todo, las congojas adolescentes del personaje, el propio Proust, sus zozobras en el amor, algo infantiles, nos transportan a una atmósfera algo irreal en la que el lector se topa con un excelente ejercicio estilístico, pero remoto a su entorno más próximo.


El malvado de la literatura francesa
De Agence de presse Meurisse - Bibliothèque
nationale de France, Wikimedia



Llegados a Céline, que gracias a su alter ego Bardamú y en su pieza más famosa, Viaje al fin de la noche, da una vuelta de tuerca a la literatura a través de una jerga hiriente y muy al cabo de la calle. A Céline le incomodaba la mendicidad impostada, todo lo que sonase o remedase impostura. Asimismo, combate con gran antirromanticismo cualquier apriorismo estético. ¿Quién se atrevería a comparar el Sena con un moco? ¿ O a los trastoques del azar con "eructos del Destino"? Así, con Bardamú que entra en la guerra por una baladronada, nos va ofreciendo una galería de personajes bélicos con su atroz sentido crítico, donde la soldadesca aparece también como una perfecta colección de idiotas ( nadie se cae de este panteón de la estulticia, ni la obediente carne de cañón). Novela con tintes autobiográficos, el protagonista como Ferdinand es destinado a una compañía de caballería, y de esta guisa, con fusta en ristre y envuelto en un sueño perenne, que es algo así como un velo protector contra toda la barbarie de la contienda, vamos cabalgando por las páginas de esta pieza trasgresora en cualquiera de los sentidos. Morfeo y la falta de descanso como decíamos, parecen las mejores vacunas contra el horror de la Gran Guerra. Para desasirse de aquel mundo de orates, finge como buen cuerdo, pasar por loco, con lo que consigue de este modo burlarse de las autoridades de la guerra. Son antológicas sus reflexiones sobre la misma "Cuando los grandes de este mundo empiezan a amarnos es porque nos van a convertir en carne de cañón"

Más tarde, toma rumbo en una embarcación donde están a punto de arrojarlo por la borda, debido a un conflicto latente con el resto de la tripulación, que al final con mucha pomada y facundia de Bardamú, resuelve para bien de su propia salud. Llega entonces al mundo colonial en el que hunde sus acerados ojos y desata su lengua, con el fin desentrañar sus abusos, que tienen en el negro el pilar sobre el que se asienta todo el régimen de explotación. Otra vez, desfilarán personajes excéntricos, su prosa burlona nos desnuda los convencimientos de la acción benefactora de la colonización de los mismos colonizadores, que en las pupilas del lector están más que develados. El currelar ha curado todos los males, antes los famélicos lanceros se morían de enfermedades o guerreando, como dice el colono convencido, ahora  desfallecerán uncidos al yugo laboral, olvidando sus rencillas. “Más currela, más currela” que les volverá más civilizados.  Por no hablar de los episodios en los que el nativo, independientemente de su edad, es un mero objeto sexual(2)

Proust tenía un pie en la modernidad y retazos decimonónicos.
A pesar de no ser coetáneos, se les comparaba.
(Gentileza Wikimedia)


Como un saltimbanqui, huye a América en un estado casi de esclavitud, recorre Nueva York que remeda con tiento una urbe de robots, con sus habitantes que corretean sincronizadamente por sus munificientes  calles. Las mujeres para un giróvago son una tentación prohibida hasta que se topa con Molly, una prostituta, que tiene rasgos de su amante en la realidad Elisabeth Graig,  ( también Lola, otro de los personajes de esta obra guarda semejanzas con su pareja en la vida real). Imaginemos a un Celine, gabán en ristre y fumeteando de su cigarrillo, que retorna a su patria donde termina sus estudios de medicina y malvive porque apenas cobra emolumentos en un vecindario donde la miseria hiere su sensibilidad. También se quejará amargamente de los vanos que son los honorarios medicinales para su clientela, mientras otros vicios de esta patulea donde prescribe el nuevo médico, se llevan por el delante toda la soldada. Vicios nocivos. Las últimas páginas que evidencian su currela en un psiquiátrico, resultan memorables.

La novela sorprende por su dureza, tanto por el lenguaje con el construye toda una poesía acerba, como por la disparidad de argumentos, que responden a la naturaleza de saltimbanqui de su protagonista/autor. A veces, nos apiadamos de su personaje –la aventura del barco en la que tememos por su integridad física en un entorno demasiado claustrofóbico-  en otras ocasiones resulta odioso por su sinceridad. Muy recomendable y una de las obras que brillan con más vigor en el firmamento literario europeo. Porque con él vino la modernidad, pese a que el Gobierno francés suspendiese homenajes merecidos en el ámbito en las letras, pero cuya necedad en otros terrenos como el humano no hizo posibles. 

Excelente novela de Céline.
Editorial Edhasa 2011


(1) “Los judíos, racialmente, son monstruos, son híbridos, lobos cazadores que deben desaparecer” escribió Céline ( ver estupenda reseña en La Tercera de sus controversias contra el judaísmo, donde el flamante escritor judío, Philip Roth, muestra las contradicciones que le inspira la figura del gran escritor francés,  http://www.latercera.com/noticia/cultura/2016/04/1453-677733-9-pelicula-reaviva-el-debate-sobre-celine-el-controvertido-escritor-frances.shtml ). En esta reseña se aborda la polémica debida al estreno de una película que recrea la figura del literato francés.

(2) Más ácida que El corazón de las tinieblas de Conrad cuyo lance final “horror, horror” todavía nos sobrecoge como si contempláramos con nuestros propios ojos una escena del averno del Bosco, Céline no deja tampoco títere con cabeza. El escritor dibuja las colonias como el paraíso de los pederastas: mujeres ligeras de ropa son tomadas sin más prevenciones que el deseo carnal, que el colonizador puede saciar sin embozo. Así se trasluce en las páginas de Viaje al fin de la noche.

martes, 6 de septiembre de 2016

La serpiente del exilio llega a Argeles

Furtivamente, en carromatos y camionetas habían llegado a los confines de la frontera, que adquiría a sus ojos aquella calidad brumosa y legendaria, que intuyese Rysard Kapuncinsky años más tarde. Pero el embotellamiento que se produjo seguidamente fue tan frustrante que al cabo de unas horas, decidieron desasirse de los estribos a los que se habían aferrado y con un exiguo equipaje - habían dejado atrás la parte más importante de sus pertenencias - se encaramaron al puesto de la aduana y gracias a las gestiones de Corpus Barga, aquella pléyade con una Doña Ana que acezaba, logró atravesar el borde imaginario de Francia. Durante el viaje habían flotado las camarillas de individuos famélicos, algunos con casacas desabotonadas del Ejército Republicano, o familias enteras que llevaban la derrota entrañada en unas arrugas prematuras y por supuesto, el cansancio escrito en sus ojos.  Una galería de medios de transporte, meditaba como ido el poeta Antonio Machado un huido más que se agarraba con sus manos de garfio a cualquier saliente de alguno de los  vehículos que componían la serpiente cenicienta que renqueaba por el camino,  y que vomitaba una nube densa de humo.Parecía que la sinfonía de sus motores, que tabaleaban al unísono iba a expirar en cualquier momento, pero muchos de aquellos medios de locomoción, alcanzaron sin embargo  la frontera adonde en sus más íngrimos sueños, a los refugiados los recibían con aclamaciones.


Antonio Machado, refugiado de oro, no sabemos si la pena
por un país desagarrado en sus odios, le llevó a la tumba
(Gentileza de Wikimedia)


Es verdad que gran parte de los vencidos fueron a parar con sus huesos a la playa de los doscientos mil brazos, que evocaba el poeta catalán Agustí Bartra. Retazos de la memoria que vivaqueaban en sus labios, cuando refería sus experiencias en la Playa de Argeles, entre la muchedumbre que apenas esbozaba dos palabras en francés. Con señas los soldados senegales, de piel bruna y pupilas amarillas, les iban conduciendo como a ganado, hasta que desembocaban en fila en el redil arenoso. Un lugar que como resaltan y resulta obvio, no estaba preparado para los restos de piltrafas y de  vagabundos que  iba a llegar, de modo que los fueron hacinando y de vez en cuando caía un mendrugo de pan húmedo. "Ciudad de derrota, arena, viento, lluvia y ratas " como la describen Jesús Torbado y Manu Leguineche en su fabuloso libro de testimonios Topos. Así, en las largas noches los refugiados españoles contaban afligidos a las caracolas cuáles eran sus miedos respecto la nueva vida que empezaba, y que había sido provocada es verdad por una congoja mayor: las represalias de los vencedores.. 

En la serpiente del exilio, hubo otros quebraderos de cabeza. Por la de Manuel Azaña, del que se decía que era un gran escritor sin lectores(1), revoloteaba el pesar de cuál sería el periplo de las obras de arte del Prado, que habían sido evacuadas por la amenaza que representaban los bombardeos en el Madrid asediado de noviembre de 1936.Muy discutida había sido esta decisión, pero el bombardeo del Palacio de Liria abrió los ojos a las autoridades frentepopulistas por lo que decidieron evacuar la colección. También fue muy criticada la frase de Azaña que en pleno camino al exilio pontificó que " El museo del Prado es lo más importante para España, más que la Monarquía y la República juntas" Siempre de una facundia brillante y que encontraba hallazgos interesantes que resumían una situación, aquella frase fue desafortunada, no porque ese patrimonio acumulado durante generaciones estuviese en riesgo, sino porque no hubo ni una palabra de aliento para las masas que se despedían forzosamente de su patria. Frialdad intelectual que no dejaba de negar ni el círculo más próximo al político de Alcalá de Henares, que a veces se tornaba en falta de tacto. Con todo, hemos de decir que hubiésemos compartido su preocupación y que luego el traslado de obras fue imitado por algunos  museos durante contiendas posteriores, y duele que en otros casos no se tomase esa decisión, cuando las obras legado de la humanidad como en Mesopatamia, quedaron al albur de bárbaros(2).


El melancólico político, discurseaba en el Ateneo,
y saltó a la arena política con severos prejuicios
(Gentileza de Wikimedia)


Volviendo a la caravana del exilio, Antonio Machado y su madre Doña Ana se hospedarom  en Colliure,  donde al poeta le flaquearon las fuerzas y falleció un 22 de febrero de 1939. Día nefasto para la poesía, las penurias de la larga marcha habían estragado el frágil corazón del vate. Intentaron disimular ante la madre la ausencia del hijo, con engañifas, aunque quizá reververase en su cabeza la promesa que había dicho a su Antonio. Yo me iré contigo, y efectivamente, arrasada de horror y dolor, la mujer dejó de respirar tres días después de Antonio. Ambos ponían fin a su existencia en poco menos de tres días. Dicen que su hermano Manuel, llegó al túmulo de sus familiares retrepado en un hondo silencio. Aquel era el tributo a pagar por las dos Españas que tan bien adivinase su hermano Antonio y que nos iban a helar el corazón. Compañero de correrías literarias, habían jugado juntos al modernismo y visitado a Juan Ramón Jiménez, oráculo de los jóvenes rapsodas; les había caído tan bien el bonachón de Cansinos Assens. Las imágenes de su hermano se apilaban en su memoria, sonriente, triunfante y ahora, la ideología y la maldita guerra les había separado también de su madre  Don Manuel, ahíto de dolor,  dejó esfumar en el aire la idea de que con más  Juanes de Mairena jamás hubiese llegado nuestro país a tamaño desastre . Al mismo tiempo, el otro exilio menos dorado, se debatía en la arena de los Argeles con cómo hacerse con algo de sustento, que no es poca filosofía. No en vano, Gandhi repuso a su amigo el poeta Tagore que no hay más bello poema para un pobre que un pedazo de pan. La subsistencia continuaba firme y como única andadura posible para los pensamientos de los refugiados de Argeles, que no se podían entretener en otras bagatelas.  



Tumba de Antonio Machado y Doña Ana Ruiz en Colliure
 (Gentileza de su autor Quinok)


(1) Así lo atestiguamos, pues sus memorias tienen mucha calidad literaria o en El Jardín de los frailes nos revela una prosa exquisita, aparte de sus prevenciones y prejuicios con los religiosos, contra los que siempre su figura emerge intelectualmente victoriosa.  Esta impronta literaria asimismo latía en sus discursos, con veneros como  "los burgos podridos", un repertorio de frases del político alcalaíno que era abrumador y con el que martilleaba como gran orador, al adversario político. 

(2)  No sabemos si afortunadamente, pero curiosamente más tarde, estos mismos bárbaros han hallado en el tráfico de obras de arte una de sus fuentes de financiación. Bueno, por un lado, porque nos enfrentamos a una cruel disyuntiva, que este legado desaparezca o bien vaya a colecciones particulares. Claro que el dinero recaudado acabará financiando más barbarie. Lo que es una realidad es que donde el ISIS y otras plagas de la barbarie avanzan, crece el tráfico ilegal y el mercado negro de obras de arte, que llega a París y otros centros donde bajo cuerda se distribuyen piezas de civilizaciones antiguas, que engrosarán colecciones privadas.  

viernes, 2 de septiembre de 2016

Oteros del dolor


Cuando el dolor se retrepaba deletéreo en mis huesos y me carcomía por dentro como las termitas, me vinieron las imágenes de Fatty, uno de los primeros actores en  besar el Olimpo del celuloide y en probar también, la amargura de su desdén. Evocaba entonces de manera tortuosa su celebridad, que habría de exaltar incluso a un iconoclasta como Lenin. El padre de la Revolución de Octubre que no creía en el individuo y sí en quimeras orgiásticas colectivas, quiso conocerle en persona cuando se enteró de que se hospedaba en el mismo hotel. Cuenta Jerry Dahl en Yo, Fatty, que la tiesura que siempre adornaba el semblante del revolucionario, se desvaneció en una sonrisa al observar a  aquella mole cerca de él. “ Con qué es él” debió pensar el sátrapa, el mismo saco de michelines y curvas que le hacía desternillarse con sus piruetas en la pantalla. "Más alto de lo que pensaba" seguiría  Vladimir  esbozando sonrisas, por un momento risueño y enternecido por el viaje inesperado a la infancia ,que le propició dicho encuentro



Magnífica elegía a una estrella repudiada,
de Jerry Stahl. Gentileza Ed. Anagrama


 Así  Dahl da con el tono de la biografía novelada en torno a la figura de este gigante, y discurre por los años de los pioneros del celuloide. Con anécdotas como la de Lenín va bosquejando la personalidad del primer actor de talla internacional; escarba en la psique como recurre al diálogo interior de Fatty, para pergeñar una de las piezas literarias y de cine más conmovedoras de los últimos años ( en cierto modo recuerda por su dureza a los ídolos convertidos en marionetas de sus propios vicios de la clásica Hollywood, Babilonia del cineasta Keneth Anger). Con su fábula psicológica, nos metemos en el terno de un adulto marcado por una infancia  en la que había predominado el miedo cerval a la figura paterna. Un Fatty joven que por este motivo deambula en compañías y triunfa en el vodevil (este hecho le unirá singularmente a Buster Keaton y Chaplin, que comenzarían en la tierna infancia en el espéctaculo de variedades y music hall).Al mismo tiempo, Roscoe Arbuckle comienza a sufrir el tormento derivado de una mala salud: la espalda y las rodillas son un endeble sostén para cientocuarenta kilos de humanidad. 


Chaplin y Fatty, compartieron cartel y amistad
Cortesía de Wikipedia.

Poco después,llega a un cine por supuesto mudo, con unos cineastas que como describe Jerry Stahl buscan contenidos, por lo que se apostaban pacientemente  en las estaciones de bomberos o de policía en pos de una secuencia trepidante, con la que saciar el ansia de metraje de las productoras de cine.Eran lugares donde la realidad tenía más posibilidades de hervir y proporcionar escenas de tropezones que despertaban la hilaridad del público. Podemos deducir de las páginas de Yo, Fatty, que se improvisaba en grado sumo puesto que los primeros guiones eran bastante simples y consistían en una serie de gags, con recursos primarios como el slapstick, que nos remiten a este cine prístino, sin casi elaboración.  Pero hemos de decir, que nunca estuvieron la ficción y la realidad más tenazmente entreveradas.En este entorno creativo donde las ideas caían del cielo o se hallan tras un incendio estrepitoso, Arbuckle se lanza en una carrera hacia el éxito casi imparable.

Como casi siempre, las dos almas de América salen a su encuentro y desfiguran al nuevo ídolo  a raíz de una juerga con un final dramático.  La América más pacata entrevé una oportunidad de escarmentar a la amoral industria del cine, y toma como chivo expiatorio a un Roscoe Arbuckle, cuya estrella declinará  es verdad, tras una muerte acaecida en circunstancias muy poco claras. La víctima, una hermosa  meritoria a actriz, llamada Virginia Rappe,  acude a una de esas fiestas que acababan en orgías, y muere al cabo de tres días de peritonitis. A Fatty se  le acusa de homicidio involuntario; son sin embargo, los detalles escabrosos y la depravación  moral la que va a condenar frente a la opinión pública al que antaño fue su ídolo. No hay testimonios claros respecto a la causa de la muerte de Rappe, pues éstos cambian, se enredan, así que la prensa arroja distintas luces antagónicas,que acrecientan la ceremonia de la confusión en la que se tornó el juicio. Algunas versiones afirmaban que a la pobre muchacha le causó el estropicio el enorme peso de Fatty, mientras realizaban el acto sexual. Otros testimonios de una prensa amarilla naciente, hablaban de que la introducción en la vagina de una botella de champagne o de Coca Cola tuvo como consecuencia la rotura del peritóneo. Correremos un velo sobre los detalles que desconocemos, porque sería conjeturar en vano.




Virginia Rappe, la desgraciada muchacha,
que murió en una trágica fiesta. Cortesía Wiki.


Randolph Hearst, el magnate de la prensa que atisbamos en la obra de Welles, Ciudadano Kane, no dejó pasar el escándalo para iniciar una cruzada ética contra la Meca del cine ¿De fondo, una carrera política en ciernes o el mero ejercicio del poder? Quizá la estupidez de los valores que cuando se convierten en una andanada contra un individuo concreto, se revelan como tremendas injusticias. Es en realidad el alma de la urbe angelina, depravada, la que se sienta en el banquillo y pese a la absolución del gordinflón, este escándalo pesará sobre su popularidad.El acrobático Roscoe es reprobado por el gran público que se apiada de la desventurada Virginia.  Sólo su amigo Buster Keaton le recuperará en papeles de cierta importancia. Oficiosamente la Oficina Hays, que aglutinaba a la patronal de productoras de cine, no había condenado al ostracismo a Fatty, sin embargo, su postergamiento fue real, pues el sacrosanto público había pasado con el grueso actor de la risa a la mueca desangelada, azuzada por las filípicas moralistas de los medios de Hearst. 


Pero los coqueteos de Roscoe Arbuckle con las drogas habían comenzado mucho antes, no son sobrevenidos por sus escándalos.El verdadero calvario, si acaso como le sentenció una de sus esposas, no fue verse languidecer en el fondo de una botella por una carrera que nunca saldría de la vía muerta, sino las dolencias de su espalda, que habían empezado a una edad muy temprana.  En aquella época el viaje al sufrimiento tenía paradas forzosas como la heroína, que venía a sustituir paradójicamente a la morfina,que se consideraba más adictiva. El cuadro de un maquiavélico dolor ,que se transmite y trepa al cuello, baja a las rodillas,infunde al orondo intérprete-según las crónicas, el primero en cobrar el millón de dólares anuales- de miedos que le retrotraen a la funesta infancia . Dolor físico y espiritual, que de este modo sobrevoló por mi lecho asido al fantasma de Fatty y del sufrimiento humano. Con Stahl viajamos a la íntima geografía del padecimiento, a los oteros del dolor, que nos devuelven el recuerdo de un enternecedor Roscoe Arbuckle, al que sus sufrimientos le redimen.


El moralista Hearst. Cortesía Wikipedia